El sol dándome en el rostro fue lo que me recibió al despertar. Suelto un gruñido y me siento en la cama matrimonial tallando mi ojo sano, bostezo y me estiro tratando de deshacerme del sueño que aún tenía.
Una vez el sueño desapareció me levanté de la cama y me dirigí al baño por cuestiones de higiene personal. Cuando salí, me coloqué la camisa desgarrada del día anterior sobre mi pecho desnudo. Acomodé mis cosas y me preparaba para salir, pero una conversación fuera del cuarto me hizo detenerme con la mano apunto de tomar el picaporte.
—Oh si, no miento. Ayer entró un chico joven y pidió un cuarto. Traía bastante oro y estaba herido y vulnerable—escuché la voz del hombre de ayer, el que estaba en la recepción del lugar. Fruncí el ceño cuando unas risas le respondieron. —Seguro sigue durmiendo, aún es muy temprano—terminó de decir y el ruido de unas llaves y los pasos a acercándose me hicieron retroceder.
—¿Era un niño bonito?—preguntó otro, el hombre anterior rió.
—Claro que si; Joven y bonito, justo lo que buscaban—
Miré alrededor y apagué la luz del cuarto, con rapidez cerré las cortinas de la ventana y me escondí dentro de un armario que estaba al costado de la cama contra una pared del lado derecho, dejando la puerta entreabierta para ver. Empuñando un punzón* con mi mano derecha, esperé el ingreso de los hombres.
El ruido de las llaves y la puerta siendo abierta, me hizo llevar mi mano libre a mi boca para callar mi respiración.
Escuché los pasos y luego la luz siendo encendida me permitió ver a los hombres. Parecían de 20 años para arriba y era un grupo de cinco, sin contar al hombre de la recepción.
—No está—afirmó uno luego de revisar la habitación, sin percatarse de mi presencia, por suerte.
—¿Que? Pero tendría que estar aquí, no salió en ningún momento—dijo el recepcionista con tono confundido.
Otro de los hombres que no habían hablado todavía, se asomó por el marco de la ventana y negó con la cabeza.
—A menos que haya saltado por la ventana...— sugiere el más joven.
—No lo creo. —negó el que se había asomado. —Estamos en un tercer piso y parece que se fue en un apuro, hasta dejó sus cosas — señaló, los demás lo miraron y después dirigieron su vista entre ellos.
—Bueno, mejor nos llevamos sus cosas. Seguro nos volveremos a encontrar con él pronto—
—Tú quédate aquí —dijo el que parecía de cuarenta hacia uno un poco más joven. —Si vuelve, no dejes que escape. Nosotros iremos a ver si lo encontramos fuera. Vamos chicos—
Los demás se fueron y el susodicho se quedó en el cuarto, pude ver como este se sentaba en la cama del lado izquierdo, de espaldas a mi, mientras se quejaba por lo bajo.
—Siempre yo, siempre yo—repetía por lo bajo.
Luego de unos segundos, abrí un poco más la puerta y me deslicé entre ella para pasar gateando. Vigilando los movimientos del hombre y los míos para no hacer ningún ruido por las tablas de maderas salidas que rechinaban.
Me subí arriba de la cama con cuidado, cuando ya estaba lo suficiente cerca de él, dejé que se percatara de mi presencia. Pero antes de que pudiese reaccionar, pisé su mano izquierda con mi pie para que no pudiera sacar la pistola que escondía en su pantalón, rodeé su cuello con un brazo y el punzón que aún tenía lo coloqué en su garganta del otro lado, haciendo una leve presión.
Sentí su frecuencia alterarse y como tragaba en seco.
—Yo no me movería mucho si fuese tú— le sugerí, hablando en su oído. —Ahora tomaré tu arma, si te mueves te clavaré el punzón en tu carótida, así que más te vale hacer caso, ¿Entendiste?—
Él asintió con dificultad y tomé su arma, aún manteniendo el punzón en su garganta. Luego de verificar que estuviera cargada –y que no tuviese más armas escondidas– le apunté con la pistola a la cabeza y me bajé de la cama lentamente, dejando de ejercer presión con el punzón.
—Buen chico —dije y sonreí levemente, él sólo me miró aún temeroso. —Ahora —empecé, poniéndome serio otra vez, quitando el seguro del arma —Dime tu nombre y edad. No estás en posición de negarte—
—Me llamo Lucas —comenzó, su voz temblaba pero trataba de parecer fuerte. —Tengo veintiséis años— dijo, viendo atentamente como me sentaba en una silla frente a él.
—Muy bien, Lucas. ¿En qué año estamos?—pregunté, él me miró incrédulo.
Seguro creía que le tomaba el pelo.
—Estamos en el 2020, 16 de Julio—asentí y fruncí el ceño pensativo.
—¿2020, eh?—murmuré para mí. Lucas trató de moverse y yo volví a apuntarle con el arma y negué con la cabeza. —Ah, ah. Que ni se te ocurra — advertí y él se volvió a quedar quieto.
—Tranquilo niño. No haré nada. ¿Por qué no me das el arma? Podrías lastimarte—me dijo, sonriendo y alzando sus brazos. Sonreí levemente.
—Buen intento, pero no soy idiota.—
Los dos nos quedamos callados, él nervioso mientras yo lo analizaba minuciosamente, buscando algo para usar en su contra. Hasta que un emblema tatuado en su cuerpo me dió una idea.
—Dime cuál es tu grupo, cuántos son, qué hacen y dónde están —dije, el se estaba por negar así que me acerqué más y pisé su pie con fuerza aún apuntando a su frente. Lucas soltó un quejido de dolor. —Por favor~—
—¿Cómo sabes que estoy en un--? ¡Agh!—se quejó cuando pisé su otro pie.
—Yo hago las preguntas aquí, ahora responde o quizás termines con algo clavado—enseñé el punzón y jugué con él entre mis dedos.
—Bien bien—accedió. —Mi grupo es "Carna", ahora mismo somos casi 90 hombres y nos dedicamos a la venta de armas y oro. Aunque aveces también vendemos niños bonitos, como tú—amenacé con volver a pisarle pero él continuó. —Ahora mismo nos reunimos en el bar que está al final de la cuadra, ese rústico que se llama "Rollx's"—
Gracias a que estaba bastante cerca de su rostro, busqué signos de mentiras en sus ojos y frecuencia. Pero no encontré ninguna anomalía.
Parecía estar diciendo la verdad.
Suspiré y me aparté, volviendo a sonreírle.
—Gracias por tu cooperación— dije, y antes de que Lucas pudiera decir algo, golpeé un punto nervioso de su cuello, haciendo que se quedara inconsciente, cayendo hacia el frente.
Volví a escuchar las pisadas, así que escondí el cuerpo de Lucas debajo de la cama y yo me escondí en el baño.
Los hombres de antes entraron hablando entre ellos.
—No puedo creer que se nos escapara así. —gruñó uno.
—Supongo que tendremos que conformarnos con sus cosas y ya—respondió el otro. —Y lo que es peor, Lucas se fue y nos dejó tirados—
Mientras el más grande se quedaba callado, el primero que habló comenzó de nuevo.
—Bueno, iré al baño. Esperenme —pidió y yo me preparé para recibirlo detrás de la puerta.
Cuando entró y cerró detrás de él, me puse a su espalda e hice lo mismo que con Lucas, golpee su nuca para dejarlo inconsciente. Sostuve su cuerpo para que no hiciera ruido al caer y lo dejé tirado.
Entreabrí la puerta un poco para observar el panorama; sólo quedaban dos hombres, mientras el joven registraba mis cosas, el que parecía ser el líder estaba sólo apoyado en la pared fumando.
Esto sería difícil, volteé para buscar algo que sirviera en el baño. Mirando alrededor, logré encontrar algo que llamó mi atención.
Había una trampilla debajo de la alfombra del baño, la abrí sin hacer mucho ruido y observé.
Parecía que llegaba a la habitación de al lado, así que sin más opciones entre en el lugar.
Tuve que pasar gateando por el lugar estrecho, pero al final tuve razón, el túnel llegaba hasta la habitación de al lado. Abrí la trampilla y salí, tosiendo un poco por el polvo que había ahí dentro.
Mi brazo herido ardía por tanto movimiento. Decidí ignorarlo.
Por fortuna la habitación estaba vacía y me dispuse a revisarla. Todavía tenía que regresar por mis cosas.
Salí del cuarto, luego de revisar que no hubiera nadie en el pasillo. Seguido de eso llegué a la puerta de la habitación de donde vine y con fuerza la toqué un par de veces.
Cuando escuché pasos viniendo me escondí en la habitación conjunta.
Vi salir al chico joven, este estaba bastante confundido, pero salió completamente del cuarto luego de intercambiar algunas palabras con su compañero.
Cuando se alejó lo suficiente, entré a la habitación haciendo un poco de ruido, el líder estaba de espaldas mirando por el balcón.
—Volviste rápido Marcos, ¿Encontraste a Lucas?—preguntó sin voltearse, yo no dije nada y me acerqué hasta estar detrás de él y le apunté con la pistola en sus riñones.
—Lamento no ser quién esperabas—le dije, él se tensó. —dame todas tus armas y luego levanta las manos lentamente —
Hizo lo que le pedí porque no le quedaba de otra, me guardé sus armas y le hice darse vuelta. Él se sorprendió.
—¡Eres--!—
—Si, soy el niño que buscaban—le sonreí fingidamente, él gruñó, seguramente por su orgullo herido al ser sometido por alguien más joven.
—¿Cuándo fue que llegaste? Antes no estabas-- —
—Estuve aquí todo el tiempo, bueno; Fue divertido y todo pero tengo cosas que hacer. —retrocedí y tomé mis cosas, aún apuntándole. Por su frecuencia seguro pensaba hacer algo, pero sentí la presencia del otro chico detrás mía.
Ambos se dedicaron unas miradas, podía sentir que se acercaba para agarrarme por detrás. Sonreí levemente y alcé el arma, apuntando al techo.
Presioné el gatillo y disparé, dando al techo. Aprovechando su distracción corrí hacia el balcón, esquivé al hombre y me subí a la barandilla. Hice una seña de despedida a ambos y salté a un árbol que había enfrente, cuyas ramas estaban lo suficientemente cerca.
Bajé rápido del árbol y me escondí en un callejón entre el edificio y una tienda. No pasó mucho para ver a ellos dos corriendo junto al recepcionista de antes.
Cuando pasaron sin verme, coloqué una mano en el costado de mi estómago. Sintiendo una punzada por los movimientos bruscos que hice. Tratando de regular mi respiración me senté a descansar un momento.
Eso se había sentido tan familiar, como si ya estuviera acostumbrado a hacer todas esas cosas.
Verdaderamente no tenía idea de cómo usar esa arma, supongo que sólo fue instinto o algo así.
Pero sólo por un momento...
Y sólo por uno.
Sentí la necesidad de dispararles a ellos.
Palabras: 1788
Cuánto hace que no escribía tanto, ah.
—Fujo
; Punzón.
"Instrumento para hacer agujeros que consiste en una barra metálica fina y puntiaguda. "
