Capítulo 4; {Complicaciones}
Conan suspiró. Finalmente había podido descansar después del alboroto que se había armado cuando Ran encontró esa noticia durante el caso. Aún no sabía que debía hacer, pero no dejaría que su imagen fuese manchada, definitivamente no. Se recostó en el colchón que tenía, mirando de reojo el móvil. Kaito le había prohibido volverse Shinichi o entrometerse, pero... ¿Cómo podía? Esto le resultaba demasiado confuso, pero algo sabía con claridad, amaba a Kaito y no podía dejarle solo en un momento así.
Por otra parte, el coincidente y muy afortunado antídoto de ahora podría ser la solución. Solo quizá, pero debía cuidar sus excusas, Ran había estado activa últimamente.
— ¡Ran-nee!—la llamó, la chica apareciendo segundos después a su llamada.
Ahora Kaito estaba por delante, quería arriesgarse.
— ¿Qué pasa, Conan-kun?
— Mañana el profesor Agasa me pidió que fuese a almorzar con él. Haibara y yo haremos un experimento de la clase ¿Está bien?
Ran asintió desconfiada.
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Se colocó la capucha y echó andar. Kaito había fijado un robo en cuatro días más, aceptando el reto del supuesto Kudou Shinichi. Había pensado ya todo, y esto causaba un gran problema. Los que perseguían a Kaito se habían enterado de que él estaba vivo y era una 'debilidad' para el ladrón, pues sabían su identidad civil, y por otro lado, la organización de los hombres de negro debían ya saber que su muerte no era verdadera, él seguía vivo.
La cantidad de problemas que enfrentaban su mente era demasiada, se sentía desesperado, preguntándose si podría sobrellevar una situación tal. Esperábamos que sí.
Revisó el móvil, viendo el mensaje de Kaito que le hacía recuerdo él estaría por allí a las cuatro, aún eran recién las dos.
— Aquí comienza todo.—se dijo así mismo, mientras miraba de reojo la impotente mansión de Agasa.
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La sonrisa ladina de Shiho no le indicó nada bueno. La palidez anormal de la piel y aquel aspecto de debilidad impropio de ella le decían inmediatamente alguno de los riesgos del antídoto. Prefirió no hacer comentarios de ello, pero el silencio se había hecho meramente sepulcral, manteniendo miradas, compitiendo por quién tenía la razón en una batalla mental en la que solo ellos eran participes.
— Ya lo sabes.—Shiho se encogió de hombros, mientras se inclinaba hacía él— Esto te traerá muchos efectos secundarios y no sé si resistirás... La debilidad, fiebre, poca movilidad y dependiendo, diferentes ataques. No quiero arriesgarte Kudou, una vez sobreviviste a la transformación, pero para volver a la normalidad, tendrás que pasar un proceso más doloroso. Si dices que no, está bien, puedo buscar otros componentes menos arriesgados, pero piénsalo bien.
El más pequeño bajo la mirada. Entendía los riegos que corría, pero no podía esperar. Esto no debía esperar.
— Quiero tomarla.—afirmó decidido, fijando su mirada en la de Shiho.
— Te aconsejo tomarla hoy. Tu cuerpo podrá tener mejor resistencia en unos días. Ya sabes, dura una semana. Necesito investigar tu reacción para medir si resistirás la definitiva.
Conan asintió.
Agasa sonrió mientras levantaba el móvil marcando el número de Ran. Debía buscar una excusa lo suficientemente convincente para que pudiese creer que Conan estaría ausente por algunos días.
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Respiró con dificultad, tratando de recuperar el aire que había perdido corriendo en el transcurso del camino. Ya había llegado a casa del profesor Agasa, necesitaba ver a Conan y saber de una vez que era lo que pretendía. Además, en este momento no podía dejarle solo. Muchas personas en este momento lo estaban persiguiendo y Kaito lo sabía a la perfección.
Tocó el timbre, esforzándose por mostrar su mejor sonrisa, a pesar de sentirse tan hundido en una situación tal.
Le recibió la sonrisa del profesor... Y una gran Miyano Shiho, con su irónica sonrisa más marcada que como Haibara Ai. ¿Qué estaba pasando?
— Kaito...—la voz de Shinichi le llamó. Dirigió su mirada al baño, de donde salía el cuerpo de su Meitantei-san, al parecer recién vuelto a la normalidad.
Apenas Kaito llegó hasta Shinichi, este cayó entre sus brazos. Se notaba la debilidad a leguas.
Maldijo en voz baja, antes de dirigirse al detective imprudente. ¡Esto no le gustaba! Entendía que Shinichi quisiese volver a su cuerpo, pero resultaba contraproducente justo en esta ocasión. ¡En este momento! ¡Dos organizaciones tras de él...!
— ¡Shinichi! Maldición, no deberías...—reclamó, mientras sujetaba con toda su fuerza al detective que de no ser por él, hubiese dado en el suelo.
La debilidad y la palidez de la piel habían sido los primeros síntomas en mostrarse.
— Y-yo que-quería...—Shinichi pronunció con cierta dificultad, el aire casi escapándose.
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Ran caminó sigilosa entre las calles. Debía mantener cuidado, porque esto era meterse en la privacidad de alguien, de Conan en especial. No le había seguido horas antes porque hubiese sido peligroso, además la extraña llamada de Agasa con una excusa como esa la hacía dudar. De ser así, quería despedirse, de todas formas.
Llegó hasta la gran mansión, pasando las rejas que yacían abiertas. Se sentía horrible de querer espiar por las ventanas, pero quería averiguar algo, y esto no la detendría, por supuesto. Cuando vio por la ventana... Lo que vio dentro la dejó helada.
¿También Shinichi? ¡¿Con el mismo chico?! ¡Si es Shinichi y aquel desconocido de la cafetería estaban besándose! ¿Qué estaba pasando?
Reprimió un grito a punto de salir, echándose a correr antes de que alguien pudiese verla. Algo más que agregar a su lista de cosas inconclusas que debía resolver;
Comenzando con; Conan se deja besar por KID. Conan le miente para ir a una cafetería y encontrarse con un chico que tenía casi la misma edad que ella misma, y no parecen ser solo amigos. Conan le dijo hoy que vendría a casa de Agasa para una tarea con Ai, pero ninguno de ambos estaba ahí, solo una chica parecida a la pequeña Haibara. Aparte Shinichi había vuelto y estaba besándose con el mismo chico que vio aquel día en la cafetería con Conan.
Ya verían... A ella no se le puede mentir.
— Tsk.—se quejó, revisando con detalle cada una de las ideas que pasaban por su cabeza en este momento.
Conseguiría averiguar y desmentir cada cosa de la que ahora tenía duda; especialmente las relacionadas con sus mentirosos, Conan y Shinichi.
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— ¡No te dejaré hacerlo!—exclamó Kaito, con su voz finalmente encendida.
Esta discusión no era necesaria, y el ladrón no cedería.
— ¡No te estoy pidiendo permiso, Kaito!—la voz débil de Shinichi trató de reclamar, sin embargo decayó rápidamente en las primeras palabras.
Lo sabía, sabía que el ladrón jamás cedería a sus ideas, pero no había vuelto a ser Kudou Shinichi por nada. En cuatro días, un falso Shinichi Kudou se enfrentaría a él, quizá para matarlo y le crearía mala fama al detective, tanto como podía herir a Kaito que le resultaba mucho más importante. La organización de los hombres de negro descubriría que él vivía, pero nada de eso le importaba, su única misión era velar por Kaito, con su permiso o sin él.
— ¡Entiéndelo, Shinichi! Si te pasa algo, no sé que haré. Estás débil, no puedes.—afirmó Kaito, tratando de hacerle entender.
— ¿Qué haré yo si algo te pasa a ti? ¡El que está en peligro eres tú, Kaito!—continuó, reclamando, para finalmente suspirar.—No asistiré solo si me prometes algo; Tienes que volver.
— No te preocupes.—el ladrón asintió, volviendo a acercarse al detective para besarle.
Era una preocupación mutua por ambos, no querer permitirse arriesgar al otro en ninguna circunstancia, pero este era un juego, estaban jugando ambos y a su vez colocando las manos al juego. No por lo que sobrevenía... Si no por la dama que decidía investigarlos.
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— ¿Uh? ¿De verdad te han ido a buscar?—Ran le cuestionó, claramente sin creer la mentira que le contaban.
— Uh, sí, Ran-neechan.—la voz de Conan del otro lado de la línea confirmó— Será algunos días, mis papás quieren que pase con ellos, lo siento, Ran-nee.
— No te preocupes, Conan-kun—Ran se encogió de hombros, revisando las pocas palabras que había escrito en su cuaderno, los apuntes de todo lo que tenía sobre las mentiras de Conan hasta la actualidad.— Regresa pronto.
La línea quedó segundos después en silencio, mientras que Ran sonreía, mirando de reojo al armario. Ya verían Conan, Shinichi, aquel chico y ese ladrón, con quién se metían al tratar de engañarla. A una Mouri no se le engaña.
