Ninguno de los personajes de Zootopia me pertenecen.
4
Aquellos que muerden
Nick despertó con un sobresalto, al escuchar que una ventana se cerraba con brusquedad. Su vista estaba borrosa, la cabeza le dolía como si se hubiera pegado varias veces contra la pared y tenía la boca seca. Cada nervio en su cuerpo gritaba en agonía, y él no lograba entender porque. Se enderezo en el sillón y miró a su alrededor: la televisión estaba encendida, pero con el volumen bajo; otro sillón estaba a su lado y en el piso estaban esparcidas varias botellas de lo que parecía ser vino. En el aire se podía oler el humo de cigarro. Las cortinas estaban corridas y sólo se escurría un rayo de sol por un espacio muy pequeño.
Inclinándose ligeramente hacía delante, tapó sus ojos con ambas patas.
¿Estuve en una fiesta, acaso? ¿En esta casa? ¿Qué carajos paso?
La preguntas asaltaron al zorro y no supo que pensar. Ese no era su departamento, obviamente, pero entonces... ¿dónde estaba? No lograba recordar nada.
Soltó un gruñido al sentir una punzada en su sien izquierda. Dios, estaba hecho mierda. Nick quitó las patas de sus ojos y se levantó lentamente, con mucho dolor en sus piernas. Oh vaya, fuera lo que fuera que hizo, de seguro que no era nada bueno…
Comenzó a caminar hacía el pasillo que estaba más cerca y miró en ambas direcciones; el vulpino escuchó sonido en el fondo del pasillo y sus puntiagudas orejas se levantaron. Frunció el ceño y se dirigió a la puerta. El sonido de sus pasos hizo en eco en cada parte de la casa, entonces miró hacía el suelo para encontrarse con un rastro de sangre seca. Sus ojos se abrieron como platos y un escalofrío le recorrió la espalda. ¿Qué había detrás de esa puerta?
Puso una pata en la puerta e inhalo con fuerza.
Algo aquí está mal. Terriblemente mal.
Nick abrió la puerta de par en par y miró con horror la escena frente a sus ojos: un leopardo ensangrentado y con la ropa hecha jirones, estaba tendido sobre la cama a lado de la ventana. Las cortinas cubrían la ventana y luz se escurría débilmente por un espacio sin tapar. Varios juguetes y muñecas estaban tirados en el suelo. La habitación estaba pintada de un color morado fuerte, aparte dibujos de aviones de papel y globos de diversos colores. El zorro volteó y se encontró con que otro pequeño zorro (al principio creyó que era un cachorro) que estaba sentado en una silla alta, mirando profundamente al cadáver del depredador. Tenía las manos entrelazadas, cubriendo su hocico y parecía meditar.
Y entonces, un torrente de recuerdos tomó a Nick por sorpresa. Ahora, todo tenía sentido. La pesadilla del día anterior; las alucinaciones de sus ojos amarillos; las bombas del muro; la muerte de John; Carnivore... todo estaba volviendo.
Fue así como el zorro recordó el peor día de su vida.
Luego de unos segundos de estar perdido en sus recuerdos, Nick volteó a ver al cachorro junto a la cama. Tras pensarlo bien, recordó que ese era Finnick, su amigo y compañero.
Unos instantes después, sintió una gran tristeza al ver como él miraba al cadáver con unos ojos rojos y con grandes ojeras debajo. No sabía decir si había llorado o era por lo poco que durmió. Fuera lo que fuera, no tenía buen aspecto. Sobre todo por los cortes sangrantes y moretones esparcidos por toda su cara. La verdad, Nick no podía juzgarlo, acababa de perder a su compañero y ahora su cuerpo yacía a su lado.
Dios, que horrible...
Así, el vulpino se quedó quieto, parado, con la pata en la puerta, pensando y examinando todo lo que estaba pasando a su alrededor. Y la palabra que acudió a su mente fue "muerte". Y con esas seis letras podría describir todo lo que pasó la noche anterior.
Sólo atino a soltar un suspiro y posar una pata en su frente, pues el terrible dolor de cabeza se volvía peor. Finn volteó, con una mirada fugaz y miro al zorro sin mucho interés. O al menos eso pensaba él. A decir verdad, no lograba descifrar la expresión en el rostro de su amigo, pues se debatía entre la tristeza y la rabia.
El vulpino sacudió la cabeza y encaro de nuevo a su amigo. El dolor de cabeza continuaba creciendo, pero ahora era más importante el ver que ocurría.
Nick dio una larga aspiración y abrió el hocico. Después de unos segundos de pensarlo, imagino que sería mejor no hablar, sobre todo si tenía un maldito cadáver delante de él. Y fue entonces que Nick volvió a encarar a la imagen, que al bajar levemente la mirada, pudo notar que había algo en el suelo. Frunció el ceño y ladeó la cabeza, con duda. Parecía una hoja o algo por el estilo. El zorro camino hasta el objeto, esquivando una par de juguetes pequeños que estaban esparcidos por el suelo. Fue entonces que una pregunta llegó a su mente:
¿Es este el cuarto de un niño?
Frunció más el ceño, para luego quedar al lado izquierdo de la cama. Miró el suelo, luego a Finnick y nuevamente al suelo. Parecía que su amigo no notó aquel objeto en el suelo. Aunque si era sincero, Finn parecía totalmente perdido en sus pensamientos e hipnotizado por la imagen del su amigo muerto. De verdad que Nick se empezaba a preocupar. Pero entonces se agachó y recogió el objeto que terminó siendo una fotografía pequeña, lo suficiente para entrar en un bolsillo. En la parte de atrás venía una frase, escrita a mano con tinta:
"Antes de todo. 28 de mayo"
El vulpino volteó la foto y se encontró con 4 leopardos, que estaban sentados un sillón. De todos los que aparecían, John era el que más resaltaba, pues era el más alto y que con un brazo abrazaba a una leopardo hembra y con el otro a un cachorro leopardo de no más de 8 años. Luego, a lado del cachorro, había otro pero era una hembra y parecía de unos 3 años. Fue entonces que Nick notó algo que al principio, no pudo ver: todos en la foto estaban sonriendo. Y eso no era algo muy acostumbrado en esos días.
Y fue entonces que todo cobró sentido. Esa era la familia de John. No había otra conclusión. Las palabras escritas en la parte de atrás debían significar que la foto fue tomada siete u ocho años atrás, cuando el "Muro" era todavía una fantasía en las mentes de los animales más poderosas en Zootopia. Pero de nuevo, la mente del zorro divago ante lo que aparecía en la imagen. Una familia, feliz, tranquila.
Nick miró el cuerpo de John. Él tenía una familia. Un trabajo. Una vida.
Luego miró a Finnick.
―Tenía familia, ¿verdad?― la voz suave inundo el aire. Aquel silencio incomodo fue roto y el zorro del desierto por fin miraba a su amigo. Nick hubiera querido no haber dicho nada, pero el ambiente tan tenso que lo estaba matando.
La única respuesta que recibió de Finnick fue un ligero "¿Qué?", apenas audible. Él otro extendió la fotografía y se la entregó a su amigo. Tomó la foto con una pata temblorosa y miró con cuidado. Luego de unos segundos soltó un gruñido y dejo la foto sobre una pierna del cadáver. Tapó su cara con ambas patas y se inclinó para adelante, maldiciendo. Esto causo que Nicholas abriera muchos los ojos. No esperaba una reacción así. Bueno, sí que esperaba algo como eso, pero no en un tono tan enojado y lleno de frustración.
―¿Finn...? ¿Estás bien?
El tono preocupado salió sin más en la voz de Nick. No era bueno lo que estaba viendo. Nada bueno. El silencio volvió y la tensión en el aire igual. Los segundos pasaban y el fénec seguía sin decir nada. Sabía que su amigo debía procesar mucha información, por ello, tomó la decisión de que debía dejar sólo a su amigo y que pensara todo. Fue cuando se volteó y comenzó a caminar que escuchó la grave voz de su amigo:
―Sus nombre son Ivan y Mead.
Él volteó y miró a su amigo con sorpresa. Sin duda eran los nombres de los hijos de John. Pero entonces le llegó la pregunta más importante de todas.
―Y... ¿dónde están?
―Pues... eh... ―la cansada voz de Finn se escurría entre sus patas, que aún tapaba su cara―, sí recuerdo bien, ellos estaban en... em... ah, ¡las Afueras! John dijo que Lina, su... viuda... estaba visitando a un pariente o algo por el estilo...
La exclamación del fénec hizo saltar a Nick. ¿De verdad estaba en las Afueras? ¿Tan sólo para visitar a un "pariente"?
―¿Los... Los niños están con ella? ―la respuesta era muy obvia, aun así, tuvo que preguntar.
Finnick quitó sus patas de su cara y lo miro profundamente. En su rostro, una expresión de enojo le dijo todo. El zorro simplemente suspiro y puso una pata en su frente; el dolor de cabeza ya era una terrible jaqueca. Nick mostró sus colmillos, en una expresión de dolor. Sí ir a las Afueras como adulto era un suicidio, para un niño sería como una de las peores torturas jamás creadas. Muerte, violación, enfermedades; uno de los peores lugares en la Tierra (sino que el peor).
¿Pero qué rayos...? ¿Llevar a dos niños a las Afueras? ¿En qué estaba pensando Lina?
Y como si Finnick hubiera escuchado los pensamientos, la respuesta llegó:
―John y Lina habían tenido... problemas últimamente... económicamente y ya sabes... ―Finnick volteó a mirar al cadáver de John―. Según me dijo, ambos necesitaban su espacio. No se separaron, pero peleaba mucho y eso no ayudaba a sus hijos.
Entonces era eso. Por se fue, y junto con sus hijos. Sus problemas económicos lo llevaron a eso.
―¿Pero sabes lo peor de todo? Lina iba a volver el fin de semana. Ellos se habían reconciliado.
La triste sonrisa apareció en el hocico de Finn. Él volteó a ver a John, con una mirada triste y los ojos muy abiertos. Él murió sin poder volver a ver a sus hijos...
Vaya mierda...
De repente, el semblante de Nick cambió a uno colérico. La culpa de esto era del tal grupo... Carnivore. ¿¡Cómo se atrevían a separar a una familia de esa manera?! ¡Joder, el leopardo estaba en el "Muro" para hacer frente a toda la mierda que estaban viviendo! ¿¡Y estos tipos explotan todo?! ¿¡Pero qué carajos!? ¡No era justo, de hecho, nada de eso era justo...! ¿¡Pero qué le pasaba a este mundo!?
Escuchó el pitido de su collar de domesticación, y vio de reojo el puntito amarillo, pero eso, lo traía sin cuidado.
Su ira subía a cada segundo y el zorro hizo tronar sus nudillos. Mostró sus colmillos y no pudo evitar gruñir ligeramente. Entonces, su respiración se aceleró y pudo sentir en cada parte de su cuerpo algo que podría definirse como "enojo", pero no, eso era algo más. Igual que cuando escuchó a Glenn decir que Finnick estaba muerto, algo en su pecho comenzó a arder. Su corazón latía rápidamente. Luego de unos cuantos gruñidos, Nick experimento cierto dolor punzante en la parte de atrás de sus ojos. Primero pensó que sería su jaqueca incrementada cada vez más, pero al voltear hacía una dirección contraria, se miró en un espejo de tocador que estaba cerca de él.
Sus ojos eran de nuevo amarillos...
Esto causo un escalofrío en la espalda del zorro. Otra vez su halucinación... Oh, diablos, no de nuevo, ¿porqué le pasaba eso? Y sobre todo en esos instantes de tanto...
...enojo.
Y algo hizo "click" en la mente del zorro. Sólo cuando estaba enojado, sus ojos se tornaban de ese color. Lo mismo le paso en su departamento... ¿Sería que por tanto estrés acumulado, había comenzado a imaginar sus ojos de esa manera? Quizá, cuando sus emociones se disparaban, algo en su mente le causaba ver eso...
¿Qué carajos me pasa?
Pero entonces, mientras estaba sumergido en sus pensamientos, la voz de su amigo lo sacó de su epifanía.
―¿Sabes? Creo que nuca me sentí tan devastado ―Nick miró a Finn con confusión― Es decir... John... está muerto...
Y fue así como todo llegó a su clímax. Ahora el zorro sabía porque el fénec miraba con tanta atención el cuerpo. Trataba de asegurarse que fuera cierto. Tenía que saber su amigo en realidad estaba muerto. Esto causo cierto impacto en Nick que se quedó boquiabierto de las palabras de su amigo. Finnick estaba aceptando la muerte de John, su compañero, su amigo. Algo que el vulpino nunca pensaría sería que su pequeño amigo declarara así como se sentía.
Pero él no es el Finnick de hace siete años.
Eso ya lo sabía, pero aun así, estaba sorprendido. Sin duda, su amigo había cambiado de ser el amargado hijo de puta, a alguien sensible. Antes, el mismo Finnick habría calificado este acto como "una mariconeria" y que era de "viejas" el llorar. Pero ahí estaba él, tratando de aguantar el llanto. Ese zorro era como cualquier otro en Tusk City; débil, asustado, pequeño... mortal.
Nick no se movió, petrificado por los pensamientos que circulaba por su mente. Luego se acercó a su amigo y lo miró profundamente. Él apenas y levantó la mirada. En sus ojos se demostraba la triste más pura que Nicholas jamás presenció.
Él no es el Finnick de hace siete años.
Ahora las palabras tenían más peso que nunca. Nada, ni nadie era igual que antes. El "Muro" lo cambió todo, para mal, por supuesto. La opresión, la violencia, la muerte... el zorro no sabía cómo es que los depredadores aguantaron tantas cosas durante tanto tiempo. Pero la resistencia de que seguía en muchos espíritus y uno de esos estaba enfrente de Nick. El fénec quería hacer de este nuevo mundo un lugar mejor, pero en realidad no obtuvo más que desgracias.
Debemos soportarlo. Igual que siempre.
Se agachó y miró a su amigo. Le puso una pata en el hombro. Él otro lloraba con amargura.
―Vamos.
Fue lo único que le dijo, pero al parecer, las palabras lo dejaron frío. Era cierto. Ahí, ya no podían hacer nada. Al parecer Finnick captó el mensaje y bajó la cabeza, para luego asentir levemente. Nick se levantó, dándose la vuelta y escuchó como Finnick se bajaba de la silla. Ambos comenzaron a caminar a la puerta, para luego salir del cuarto y cerrar la puerta, dejando atrás, el cuerpo sin vida de John.
Los dos se quedaron parados, en medio del pasillo, sin decir, ni hacer nada. Nick vio como su amigo se calmaba y se limpiaba las lágrimas en silencio. Los segundos pasaban en silencio, hasta que se volvieron minutos. El fénec se encontraba mejor, o al menos eso parecía, sobre todo por las palabras que dijo, en realidad aliviaron un poco de la tensión.
—Necesito un cigarro.
Comenzó a caminar hacía la sala, con postura encorvada y gruñendo. Se escuchó el sonido de la televisión encendida, seguida de voces. Pero todo eso al zorro lo traía sin cuidado ya que su mente divagaba sobre sus alucinaciones de los ojos amarillos, y mientras más lo pensaba, preguntas surgían sin quererlo. ¿Por qué veía esas cosas? ¿Realmente eran alucinaciones?
Y... ¿y qué tal si no son alucinaciones?
Nick no podía decir nada con seguridad. Todo era demasiado extraño. Quizá si le contaba a Finn…
No.
La vocecita en su cabeza, que ahora podría llamarse conciencia, tenía razón. Su amigo ya tenía suficientes problemas. La muerte de John acarraría varias consecuencias; el entierro, la llamada a su esposa —ahora viuda—, Lina, para decirle lo que ha ocurrido.
Muchas cosas pasarían a partir de esa este suceso y ninguna buena. Pero todo eso parecía más adelante y en ese momento, Nick sólo quería cerrar los ojos por cinco minutos y pretender que el mundo no existía. Comenzó a caminar hasta la sala, donde agarró el sillón más cercano, dejándose caer con un largo suspiro de derrota.
Finn carraspeó tras unos minutos y miró a su amigo, extendiéndole la botella de vino que la otra noche tomaba y no se acabó. El otro lo miró, con duda. El fénec gruño ante la cara de Nick. Con un simple "bebe", le entregó la botella, que él aceptó. Entonces, lo miró de nuevo, mientras el fumaba, prestando atención a la televisión. Comenzó a beber y se dejó recostar en el sillón, cerrando los ojos.
Cinco minutos. Cinco malditos minutos.
Las pisadas resonaron en las escaleras del edificio. El silencio era tan pesado que uno pensaría que todos los departamentos estaban deshabitados. Si era sincero, Nick de verdad creía que esto era lo que ocurría. Pero luego de echar un vistazo por el pasillo del 3 piso, pudo ver a varios depredadores, afuera de sus departamentos, hablando entre ellos y mirando por la ventana más cercana. Obviamente, el tópico del que conversaban, era el ataque al "Muro" y la reconstrucción del mismo.
Siguió subiendo las escaleras, hasta llegar al 5 piso. Se dirigió a su departamento. Sus pasos indicaban lo cansado que estaba. Ya no podía más.
Buscó en sus pantalones las llaves y las sacó, pero enseguida notó que no tenía su celular.
No me jodas...
El miedo fue lo primero y lo hizo buscar en los poco bolsillos de sus pantalones; luego de encontrarlo, vino la resignación, ya que sólo podían haber dos opciones: se le había caído durante el ataque al "Muro" o lo dejó en la casa de Amber. Él prefería pensar que era la segunda razón, porque, a decir verdad, ese celular viejo le había costado mucho dinero.
Nick abrió la puerta, entró en su casa y miró alrededor. Estaba igual que el día anterior, excepto por un par de cosas caídas y una fina capa de polvo que se acumulaba en la pequeña cocina.
—Hogar dulce hogar.
Un suspiro salió de su hocico y se dirigió a su cama, que estaba a lado de la cocina, ya que en realidad no tenía una habitación, por su departamento siendo muy pequeño. Miro a su alrededor, para luego dejar escapar un grito y dejarse caer de cara en la cama. Se quejó de lo duro que era el colchón, pero ha decir verdad, había estado pensando durante las ultimas 24 horas en acostarse en su cama y no levantarse por una semana. Quizá por fin sacara aquella cerveza que había guardado desde hace tanto en la nevera del ya poco funcional refrigerador. No lo sabía, pero sin duda ya se merecía una recompensa, después de todo, las cosas que pasaron después de ver aquel noticia de la reconstrucción del "Muro", fueron realmente truculentas:
Finn tuvo que llamar hasta las Afueras, para hablar con la esposa de John. Luego de unas horas de conexión lenta por que las líneas se habían caído, lograron establecer contacto. La llamada fue de lo más triste e incómodo, sobre todo el tono de preocupación en la voz de Lina, seguida de un llanto horroroso. Después de hablar con ella, tuvieron que llevar al cadáver al Hospital general, para que lo guardaran en la morgue, hasta que su esposa regresara. Cuando volvían, fueron a la oficina donde trabajaba Finn. Glenn estaba ahí, sorprendido de ver a ambos vivos. Por lo menos Nick se alegró de que salió vivo del callejón.
Luego el zorro dejo a su amigo con Glenn, quienes comenzaron a buscar al desaparecido King, su otro compañero.
Y así fue como llegó a ese punto: tirado en su cama, cansado, con sangre por toda la ropa e igualmente con una herida que ya se curaba, gracias a un par de vendajes por parte del fénec. Lo unico que le molestaba (y siempre lo hacía) era su collar de domesticación, que ahora parecía bastante caliente y parecía apunto de explotar. Joder, le estaba causando una picazón tremenda.
Malditos collares...
Él seguía rascándose la parte de arriba de su cuello, mientras su picazón le comenzaba a arder de verdad. Tras varios minutos, supo que debía distraerse con algo y no pensar en los collares. Tras examinar su departamento, creyó que lo mejor sería tratar de sintonizar las noticias en su televisión analógica, después de todo, no había escuchado nada de nada acerca de los ataques de ayer. Aparte, en su camino a casa había evitado las partes más concurridas de la ciudad.
Se enderezó en su cama y buscó el control remoto. Tras verlo, lo agarró y prendío la television. Comenzó a saltar canales sin mucho interes. Se encontró con un canal de noticias, en el que el conductor, un alce, miraba directamente a los expectadores
"Queridos televidentes, queremos informarles que nos ha llegado nueva información, relacionada al caso del Muro"
Nick susurró un leve "oh, mierda" y miro con atención la pantalla.
"De acuerdo a un vídeo subido en las redes sociales y numerosos comentarios y mensajes; Omni City ha comenzado la reconstrucción del Muro. Ahora mismo, una grúa dirigida por elefantes, está cargando bloques de concreto, dedicados para llenar aquellos hoyos que ha dejado las bombas del ataque terrorista de la noche de ayer, organizado por el conocido grupo Carnivore. Ante todos estos acontecimientos, el alcalde de Omni City, Jack Savage ha dado varias declaraciones..."
Nick se quedó boquiabierto, sin saber que decir. ¿Cómo es que ya habían empezado a reconstruir el "Muro"? ¡No habían pasado ni 7 horas! ¿¡Pero qué le pasaba a ese Jack Savage!?
Tan concentrado estaba el zorro, que no fue hasta el tercer pitido de su teléfono que sacudió la cabeza y salió de la cama de un salto. Enseguida y sin saber que ocurría de verdad, corrió hasta el mueble, enfrente del espejo, levantando el auricular, pero como la televisión estaba muy fuerte, bajo el volumen para escuchar.
—¿Diga?
—¡Oh Dios mio! ¡Nicholas Piberius Wilde, te he tratado de llamar desde ayer! ¿¡Dónde carajos estabas!? ¿¡Eres imbécil!? ¡Salir corriendo de esa manera fue una terrible tontería! ¿¡De verdad, qué ocurre contigo!?
Los gritos de Amber Wright eran mucho más agudos de lo Nick recordaba. Tuvo que alejar el auricular, pues sumado al pitido del collar de su amiga ―que fue completamente audible― su oído no soportaría más de escuchar tales regaños. Pasaron los minutos, y la zorra no parecía necesitar el aire y sus insultos eran cada vez más dolorosos.
—¡... malvado, hijo de la grandisima puta, zopenco, poco inteligente, zorro de mierda!
El silencio se hizo presente en la llamada y lo único que se oía eran los crujidos de la linea, provenientes del otro lado.
—Yo también te quiero, Amber —la voz de Nick estaba empapada con el tono más sarcástico posible. La zorra gruño y soltó un largo suspiro ante las palabras de su amigo.
—Agh... Lo siento... yo...
—No, no te preocupes, te entiendo. El salir de tu casa de esa manera no fue de lo más inteligente.
Entonces ella comenzó a reir de una forma gélida que le heló la sangre al zorro. Realmente estaba enojada.
—No, de hecho, fue la cosa más estúpida que te vía hacer desde hace mucho tiempo.
Nick soltó una risita nerviosa y se rascó la cabeza. Soltó un "Lo siento", al escuchar que Amber lo reprendía de nuevo. Entonces, una pregunta surgió en la mente del zorro.
—Oye, déjame preguntarte algo —dijo él, con cierta duda—, ¿cómo es qué conseguiste el número de mi casa?
—Oh, dejaste tu celular en mi departamento, después de que salieras corriendo —respondió ella, con calma—. Luego de un rato, encontré el teléfono de tu casa en tu directorio.
Pues vaya... Al menos ya se donde está mi celular...
Lo bueno es que lo había contactado tan rápido, obviamente se notaba que estaba nerviosa por los sucesos ocurridos, su voz temblorosa lo denotaba. Aunque a decir verdad, el zorro también se había preocupado por ella, sobre todo por el hecho de dejarla de esa manera, pero ahora que la escuchaba y que estaba sana y salva, estaba realmente alegre. Incluso mostró una sonrisa que ella no vería.
—Y... ¿te encuentras bien? Ya sabes... tras todo lo que paso...
La pregunta asaltó a Nick por sorpresa y realmente no sabía que decir. Tenía sentimientos encontrados acerca del ataque del "Muro"; ya que por una parte, se sentía bastante bien el que alguien por fin desafiara la autoridad de Omni City, aunque en por otra parte, miles habían muerto en la detonación de las bombas y muchos otros estaban desaparecidos.
―No... no lo sé... Han sido demasiadas cosas... No se que pensar...
Amber suspiró y lo único que dijo fue un "lo sé". El zorro se recargó en la pared y se dejo caer de lleno en el suelo, aún con el auricular en su oreja. Estaba cansado. El silencio duro unos minutos, pero fue interrumpido por Amber.
―Oye, Nick ―su voz ahora sonaba temblorosa, casi temerosa―, yo... eh... la razón por la que te habló es... agh... tengo algo que quiero discutir contigo...
El zorro, confundido, preguntó qué era lo que le quería decir.
―Bueno... Eh... Es sobre ayer, cuando saliste de mi casa... De verdad, es muy importante, ¿crees que puedas venir a mí casa, por favor?
El zorro levantó la mirada del suelo, entusiasmado. Tras pensarlo un par de minutos, respondió:
―Voy para allá.
No dijo nada más y colgó.
Las puertas de cristal se abrieron y un manchon rojo fue visible. De aquella sombra salió una voz que hizo voltear a Mary. Un rápido "hola" y la sombra desapareció. La loba recepcionista se quedó quieta, tratando de racionalizar lo que acababa de ver.
Se dio la vuelta y miro las escaleras. No había nadie ahí, ya que el destello rojo ahora se encontraba agachado, en el segundo piso, en medio de las escaleras, tomando grandes bocanadas de aire para calmarse. Ahora se podía notar que era un zorro, vestido con una sudadera gris y encima, una chaqueta de color negro, así como unos pantalones de azul oscuro.
Nick enseguida retomó su carrera, subiendo las escaleras a toda prisa. Así, en pocos segundos llegó al tercer piso, donde estaba el departamento 505, la casa de Amber. El zorro sonrió y cuando vio el largo pasillo, sintió una extraña sensación de comodidad, como, si de alguna manera, estuviera yendo a su verdadera casa. Era realmente raro, pero se sentía bien. Quizá el hecho de ver a su amiga tras todo lo que paso, le hiciera sentir de está manera.
Comenzó a caminar con soltura, sin preocuparse mucho. La llamada y el tono de la zorra todavía le parecían misteriosos, pero de seguro que todo tendría una muy buena razón.
Nick interrumpió su pensamiento al ver que la puerta del departamento de Amber estaba abierta ligeramente. Era apenas notable, pero cuando toco con su pata, se abrió de par en par. Al principio, él se quedó quieto, sorprendido de sobremanera. Frunció el ceño y se preguntó la razón de porque estaría abierta la puerta. Fue entonces que atravesó el umbral y se encontró con un escenario que lo dejo aterrado:
El sillón estaba volcado, al igual que el mueble y la televisión frente a este. El gran ventanal de la sala tenía varios hoyos del tamaño de una pelota de beisbol. Las cajas que contenían las cosas y objetos personales de la zorra estaban botadas por el suelo. Varios zarpazos eran visibles en las paredes de la sala. Nick entró de lleno en la casa y caminó hasta la cocina, a lado de la estancia principal, donde la mesa del antecomedor estaba volteada, con varios platos y vasos rotos a su alrededor. Todo a su alrededor era un desastre y, llegados a ese punto, el zorro estaba realmente confundido. Esa era una escena bastante desconcertante.
Entonces logró escuchar un fuerte crujido en una habitación cercana. Elevó sus orejas y corrió hasta el pasillo de a lado, que daba al cuarto de Amber. La escena era mucho menos tranquilizadora:
Varias manchas de un líquido rojo estaban por todo el piso y un rastro llegaba hasta la habitación de la zorra. Un escalofrío recorrió su espalda. Comenzó a caminar con lentitud, pegado a la pared y esquivando la sangre, mientras continuaban los sonidos de golpes y muebles cayendo, al fondo del pasillo. Su respiración se aceleraba y su corazón estaba en el mismo estado.
¿Qué habrá pasado? ¿Por qué carajos hay sangre en el suelo?
Lo único que el zorro deseaba era encontrar a Amber, y que estuviera bien. Llegó a la puerta y puso la pata en la perilla. Los sonidos que venían de adentro, se detuvieron.
Dios, no me hagas esto...
Tomando todo su valor, Nick giró la perilla y azotó la puerta. Adentró, todo estaba hecho un caos. La cama y el colchón estaban detenidos contra la pared de la esquina izquierda. Los zarpazos cubrían el suelo por completo. La sangre estaban esparcida y cierto olor a quemado llegaba a la nariz de zorro. Los muebles, entre ellos la cajonera y la mesita de noche estaban con los cajones salidos y tirados. En sí, el cuarto de Amber era la definición de desastre.
Nick dio una rápida mirada a su alrededor, completamente horrorizado. Sin duda, aquí se había suscitado una pelea, aunque la razón era un misterio. ¿Por qué ahí? ¿Por qué en el departamento de Amber? Nick no lo entendía. Eran demasiadas cosas por asimilar en tan poco tiempo.
El olor a quemado continuó y está vez más fuerte. Él sacudió la cabeza y siguiendo a su nariz, fue hasta al origen del hedor. Provenía dentro del closet, que ahora estaba cerrado. Se acercó y abrió una de las dos puertas, sin pensarlo mucho. Lo que descubrió adentró, lo dejo horrorizado. La habitación estaba en la oscuridad, ya que el sol se ocultaba, pero uno de los últimos rayos del sol cayeron sobre el incinerado cuerpo de una hiena.
La respiración del zorro se aceleró y comenzó a acercarse al cadáver. Era horrible. Estaba totalmente quemado y el olor emanaba, gracias a su pelaje, que todavía tenía partes rojas del fuego. Había muerto hace poco, según pensaba él. Se agachó a lado del cuerpo, con el corazón en la boca.
¿Quién pudo hacer esto?
Y como respuesta, la otra puerta del closet, del cual, una sombra salió corriendo. Nick se levantó con un grito, pero cayó de lleno en el suelo al sentir el puño del sujeto estrellarse contra su cara. Levantó la mirada, todavía aturdido, y se encontró con que la sombra se subía al alfeizar de la ventana, volteando y dándole una larga mirada. Los dos se quedaron hipnotizados. El sujeto tenía cubierta la cara, con una gorra y un pañuelo que llegaba hasta sus ojos, los cuales estaban también tapados, con unos lentes grandes de color negro, como para el sol. Vestía una gabardina de igual, color negro sólo que en su ante brazo, estaba marcado algo... El símbolo de Carnivore... El ojo...
Luego de unos segundos, saltó y Nick se levantó con todas su fuerzas del suelo. Fue hasta la ventana y se asomó. El tipo ya estaba en el techo de la casa de a lado y comenzaba a correr.
Entonces, Nick supo lo que debía hacer.
Atraparlo, si quieres saber que ocurrió con Amber.
Comenzó a correr y salió del departamento.
Él llegó a la parte de atrás del edificio. Buscó rápidamente la ventana de Amber y cuando descubrió cual era, observó como aquella sombra de antes, ya no estaba.
No lo pierdas. No lo pierdas.
Nick corrió por el callejón entre los dos edificios, dando la vuelta en la esquina, escurriéndose entre más casas. Sí estaba en lo correcto, aquel sujeto debía estar ahora saltando al techo de la siguiente casa. Debía apurarse si quería atraparlo.
Salió a otro callejón del otro edificio y tal como pensó, el sujeto estaba ahí, sólo que estaba bajando a la calle por medio de una tubería. Cayó al suelo con agilidad y miró de reojo a Nick, antes de salir corriendo. El zorro hizo lo mismo y terminó persiguiéndolo, mientras gritaba que se detuviera. Ambos corrían a alta velocidad. La sombra daba vueltas cerradas en muchos callejones y parecía que no sabía a donde iba.
Luego de unos minutos de esto, Nick se había cansado y ya se estaba quedando rezagado. Sólo le quedaba una cosa por hacer. Se detuvo en secó y de un bote de basura cercano, sacó un pedazo de madera viejo. Sólo tenía tiro y no iba a fallar. Así, lanzó la tabla al sujeto, que en ese instante miraba, y le cayó de lleno en la cara, tirándolo.
Nick corrió a su lado. Se agachó y miro al sujeto. Le iba a ser unas preguntas y quizá luego lo dejaría en la policía. Lo tomó por el cuello y lo elevó lentamente.
―Bien, hijo de puta ―le dijo, entre jadeo y jadeo―, vas a responder mis preguntas y luego...
Nick no pudo decir nada más, ya que un dolor en su cabeza le dejo aturdido. Al parecer, el sujeto había tomado la tabla de madera y la uso en contra del zorro. Soltó al tipo y se levantó, tambaleándose. Sacudió la cabeza, y cuando todo dejo de dar vueltas, se encontró con el sujeto, que blandía la tabla en lo alto.
Segundos después, el zorro cayó al suelo, inconsciente. Mientras su agresor soltaba la tabla y de su bolsillo rápidamente sacaba un celular. Marcó un par de números y dijo unas pocas palabras.
―Lo tengo. Voy para allá.
Despertó con un terrible dolor de cabeza. Su mente daba vueltas y su vista era borrosa. Era la segunda vez en el día que despertaba de esa manera, pero ahora, sabía muy bien lo que ocurrió y esa amnesia no nublaba su pensamiento. Todo estaba fresco en su cabeza y si era correcto, debía empezar a levantarse y seguir al hijo de puta ese, que mato a la hiena y que sabe el paradero de Amber.
Con esto, Nick sacudió la cabeza y se encontró con una fuerte luz que le hizo gruñir, para luego cerrar fuertemente los ojos. Se enderezó lentamente y volvió a abrir los ojos.
Ese no era el callejón. De hecho, no sabía bien donde se encontraba. Era como la habitación de un hospital, sólo que en realidad no tenía ningun aparato medico a su alrededor, ya que no le gustaba mucho las agujas. Había varios muebles al fondo del cuarto, entre ellos algunos almacenes de medicinas y antibióticos. Nick volteó y noto que la cama en la que estaba no tenía sabanas y el colchón era muy duro.
Joder, con razón tengo todo el cuello torcido.
Nick se iba sobar la nuca, pero no pudo alzar su pata ya que tenía unas esposas en su muñeca derecha sujetadas a los barrotes a lado de la cama. Miro esto y siguió jalando, mientras comenzaba a gritar.
¿¡Pero qué carajos pasa!? ¿¡Dónde estoy!?
Nick tomo su muñeca con su pata que no estaba encadenada y trató de zafarse. Obviamente, fue imposible.
―Joder, ¿qué le pusieron a estas cosas? ―la ronca voz de Nick lleno la habitación, seguido del tintineo de las esposas. Pero la verdad, es que Nick no esperaba que le respondieran.
―Nada, sólo eres muy débil.
Una voz suave y casi femenina llegó desde el extremo de la habitación. Él volteó y se encontró con una figura recargada en pared a lado de la puerta. Era el mismo tipo que antes había perseguido. Ambos se miraron por un momento. El sujeto sí que resaltaba en la habitación pintada de blanca y él vistiendo negro por completo.
―Tú... Tú eres...
Nick tartamudeo, sin saber qué hacer. Ese era el tipo que asesino a la hiena, en la casa de Amber, ¿qué carajos hacía? Entonces recordó algo. El zorro fijo su mirada y descubrió el símbolo de Carnivore en el brazo de su gabardina. Entonces ¿realmente el sujeto era un miembro de Carnivore? ¿Qué hacía él ahí?
―¿Dónde estoy? ―preguntó el zorro. Esa era la verdadera pregunta que ansiaba hacer.
El sujeto levantó la vista del suelo y lo miró profundamente. Tras unos minutos, respondió:
―En el estómago de la bestia.
Esa respuesta al principio no tenía nada de sentido, pero luego de pensarlo, supo lo que significaba. Estaba en las instalaciones de Carnivore. Oh, mierda.
―Y... ¿Amber? ―la pregunta era más para si mismo, que para el sujeto, pero aún así debía intentar. El tipo sólo lo miró, sin decir nada. El enojo en Nick ante está negativa, creció― ¿¡Qué carajos paso con Amber!?
Nada, silencio.
Y entonces, el sujeto se levantó de su silla y tomó la perilla, dispuesto a irse. Pero entonces, escuchó el pitido del collar del zorro y volteó.
Nick se levantó de la cama.
―¿¡QUÉ LE HICISTE A AMBER!? ―Nick entonces jaló las esposas y, por increíble que parezca, las rompió. Sus ojos se volvieron amarillos y se abalanzó sobre él, tirándolo. La sombra se defendió, pero el enojo del zorro era mayor y mordió su brazo con fuerza, al punto de hacerlo sangrar. Nick gruño y golpeó de llenó la cara del tipo, que para sorpresa, sollozo.
―¡Nicholas Piberius Wilde, quítate de encima!
Ahora no cabía duda, esa era una hembra y la voz era muy conocida por el zorro. Se levantó y dejó que el sujeto también se levantara. Se quitó el polvo, mientras su brazo temblaba por la gran herida y la sangre que escurría por todo el blanco suelo.
―Te enojas muy fácilmente...
Entonces él recordó de quien era la voz. La había tantas veces, que era imposible que no la reconociera. El cuerpo de Nick tembló y su mirada quedó clavada sobre la figura ante él. Retrocedió lentamente, mientras susurraba "no". La sombra se quitó su gorra, sus lentes y su pañuelo, que cubrían enteramente su rostro, dejando ver quien era. Y por un momento, Nick creyó ver un brillo amarillo en los ojos azules de Amber.
La zorra suspiró, mirándolo.
―Hola, Nick.
N/A: Este ha sido el capítulo más complicado de todos. Necesito mi café y una cama caliente. Simplemente diré unas pocas palabras y me iré:
Durante las dos últimas semanas, he estado atascado en este capítulo, desesperado y sin saber qué hacer. Cambiaba unas cosas, remplazaba otras, pero no quedaba nada. Era como si todo lo que quería fuera mierda y realmente me estaba enojando. Luego vinieron los exámenes, lo que me quito tiempo, ya que estudiaba la mayor parte del tiempo, después de la escuela. Y cuando ya tenía el fin de semana completo para mí, ¿adivinen que paso? ¡Acertaron! ¡Me enferme del estómago! ¿Y qué es lo que pasa cuando Hydrus no duerme, no toma café, está enojado y no escribe? ¡Acertaron de nuevo! ¡Un Hydrus hecho mierda por completo!
Pero bueno, ya he vuelto y quiero comentar algo de suma importancia: lo largo que son los capítulos. He venido diciendo desde el principio que quiero hacer los capítulos de 3,000 a 4,000 palabras, cosa que no he logrado. La mayoría terminando siendo de 6,000 y 7,000 palabras. Ahora sé que está es la razón por la cual muchos no leen este fic, ya que es extremadamente largo y esto me ha llevado a desanimarme mucho, hasta el punto de querer dejar de escribir.
Pero entonces, ví los reviews y esas palabras de aliento me llenaron de alegría. El escribir en FF no se trata de ser famoso, si no de compartir una historia, de hacer que una persona se sorprenda, se asuste y que incluso se ria. Así que seguiré escribiendo, terminare el fic y luego, ya veremos.
Bueno, tras este discurso, necesito un descanso.
Yo soy Hydrus y nos leemos.
