CAPITULO 4
(Pov Judit)
Era de noche, no sabía bien qué hora, no tenía dinero encima pero igualmente entré en el primer sitio donde pude, iba a llover.
Era un bar, había chicas y chicos, se reían y jugaban al billar y a las cartas y bebían.
Abrace a clara y vi a una camarera que se acercó a mí.
-Hola- me guiñó un ojo y la miré sin entender-.
Me senté en una silla mirando hacia la barra.
-¿Que te pongo guapa?-.
-Un vaso de agua- susurré-.
-¿Por qué no mejor una cerveza?-.
-No tengo dinero...-.
-Yo la invito-.
Un hombre con barba de unos días se sentó a mi lado y me puso el brazo por encima apestaba a tabaco y a alcohol barato, me dieron ganas de vomitar.
-Vale- susurré- pero yo no bebo-.
-¿Por qué no?-.
-Porque no...-.
-¿Entonces qué bebes?-.
-Zumo...-.
-Yo tengo zumo en mi coche ¿quieres venir?-.
-¿Y de que es el zumo?-.
-De... naranja-.
-Es mi favorito- susurré-.
Me bajé del taburete.
-Vale, vamos-.
Le seguí bajo la lluvia, tenía frío pero su coche estaba cerca, abrió la puerta
y subí.
-¿Donde está el zumo?-.
-Si te portas bien te daré lo que tú quieras-.
Le miré sin saber a qué se refería.
-¿Como portarse bien?-.
Desabrochó su pantalón y me tapé la cara, no quise mirar.
-Puedes hacerlo por las buenas o por las malas-.
(Pov Troy)
Entré al segundo bar que encontré y allí me senté en la barra.
-¿Ha visto a una chica con el pelo naranja pasar por aquí?-
-Puede- dijo el camarero-.
Dejé un billete de cincuenta sobre la barra-.
-Se ha ido con un tipo a un coche a por "zumo de naranja"-.
Salí de allí lo más rápido que pude, desenfundé mi navaja y me acerqué a los coches que había allí.
-Puedes hacerlo por las buenas o por las malas- escuché y me acerqué despacio hacia ese coche al fondo de un callejón-.
-Quiero salir...-.
"Es ella"-.
-¿Y eso porque?-.
-Quiero irme-.
-No... .
-¡No me toques!-.
Abrí la puerta del coche prácticamente la descuajé y saqué al tipo tirándolo al suelo.
-¡No sabía que era tuya tío lo siento!-.
Clavé la navaja en su yugular sintiendo la sangre resbalar y manchar su ropa, mi mano y gotear por el pavimento del callejón, intentaba respirar, pero sin tráquea era jodidamente difícil.
Se ahogó en su propia sangre. Saqué la navaja del cuello del tipo y subí al coche.
Cerré la puerta y la miré fijo y por un largo tiempo, abrazaba su muñeca y lloraba.
-¿qué te ha hecho?-.
-Me ha tocado-.
-¿DONDE?-.
-En el brazo y en la pierna-.
Le di una cachetada que le giró la cara.
-No vuelvas a irte así JAMÁS-.
Ella asintió y lloró todavía más.
Arranqué el coche y puse rumbo a la casa Casannova. Hannival me tendría que dejar su sala, esto debía ser castigado.
