Avatar, el último maestro aire y sus personajes no me pertenece, esta historia sí.
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-¡Muy bien, ahora vamos a jugar! –Sokka los reunió a todos fuera del agua para explicarles en qué consistía su juego –Vamos a formar equipos y cada equipo esconderá una bandera en el bosque, cuando de la señal irán a buscar la bandera del otro equipo, podrán defender y cazar las banderas como quieran. El primer equipo en capturar la bandera enemiga, gana.
-¿Cómo formaremos los equipos? –Preguntó Haru.
-En este bolso tengo los nombres de todos en trozos de pergamino, sacaremos dos nombres y ellos serán los capitanes y podrán elegir a su equipo.
Todos estuvieron de acuerdo. Sokka le guiñó un ojo a Aang, habían preparado todo para que Zuko fuera uno de los capitanes y así podrían ver si elegía a Toph como su primera opción o no, según Sokka esa sería una clara señal de que Suki tenía razón.
Aang metió la mano en la bolsa y, como estaba planeado, tomó el único trozo de pergamino que no estaba arrugado y el nombre de Zuko fue escogido. Él dio un paso al frente y Aang repitió la operación. Ahora sólo quedaba sacar un nombre más y verían su plan en acción.
-El otro capitán es… ¡¿Toph?!
-¡¿Qué?! –Sokka abrió los ojos y la boca por el terrible error que había cometido ¿Cómo pudo dejar el nombre de Toph dentro de las opciones? Era estúpido, estúpido, estúpido. Escuchó cómo Suki y Katara se reían detrás de él.
-¡Muy bien! Te destrozaré, chispita.
-Me encantaría ver como lo intentas, pequeña.
-Apagaré tu fogata, ya verás.
-Primero deben elegir sus equipos –Les advirtió Suki aun riendo.
-Eh… yo no quiero jugar –Les dijo Teo –Prefiero hacer de árbitro.
Los demás le preguntaron si estaba seguro y él les dijo que sí, que estaba realmente agotado por haber nadado tanto.
-Entonces yo quiero a Suki, pies ligeros y Sokka –Escogió Toph rápidamente.
-¡Oye! Se supone que debemos escoger por turnos.
-¿Vas a llorar antes de perder, llamita? –Se burló ella sonriendo malvadamente.
Él apretó los dientes. Lo estaba provocando y estaba teniendo éxito.
-No voy a perder.
-Si estás tan seguro ¿Por qué no apuestas algo? –Lo retó Toph.
-Lo que sea, no podrás ganarme.
-Hecho –había caído demasiado fácil –Si yo gano tendrás que ser mi sirviente. Para siempre.
Zuko estaba tan seguro de su éxito que no pensó en las consecuencias, tenía un alma intrínsecamente competitiva y un sentido del honor extremadamente desarrollado, no podía rechazar ningún desafío, menos uno tan tentador.
-Bien, lo mismo si yo gano, serás mi sirvienta.
-Oigan esto es sólo un juego –Aang intentó relajar el ambiente pero ya no podía hacer nada, ellos se daban la mano sellando el trato. Estaban metidos en una retorcida batalla.
Ambos equipos se internaron en el bosque con las banderas que había confeccionado Sokka amarrando un trozo de tela a una vara de madera. La de Toph era roja y la de Zuko amarilla. Toph levantó un montículo de tierra y en la punta enterró la bandera, habían acordado que Haru haría lo mismo con la bandera del equipo contrario para saber qué buscar exactamente. Una vez la bandera estaba en su lugar comenzaron a trazar un plan.
-Quiero que Suki y Sokka se queden escondidos a cuidar la bandera, pies ligeros y yo iremos por la otra –Ordenó Toph.
Todos asintieron y comenzaron la cuenta, tenían 30 segundos antes de que empezara el juego. Cuando el tiempo de espera se acabó oyeron a Teo dar la partida. Toph le dio indicaciones a Aang y corrieron para adentrarse en el territorio enemigo.
Se alejaron corriendo y sin avisar Toph se paró en seco. No podía ser cierto. Maldición. Ese jodido maestro fuego tramposo.
-Maldita fogata andante –Susurró ella furiosa.
-¿Qué pasa Toph? –Le preguntó Aang, el plan que le había contado Toph no contemplaba pararse así. Iban a ir buscando a los demás, Toph los detendría mientras Aang se iba por la bandera.
La maestra tierra se puso en posición firme y pisó la tierra con un decidido movimiento para captar mejor las vibraciones y cerciorarse de lo que estaba sintiendo.
-¡Maldito! –Era cierto, el muy listo la había puesto en desventaja.
-Toph ¿Qué pasa? –Aang se estaba desesperando.
-No veo a nadie, eso es lo que pasa.
-¿Se fueron?
-Claro que no, están aquí pero yo no puedo verlos.
Aang no entendía nada, si estaban ahí cómo podía ser posible que Toph no los viera, ella podía sentir todas las vibraciones de lo que tocara la tierra. Toph apuntó hacia arriba.
-Están en los árboles. El muy maldito de Zuko sabe que ahí no podré encontrarlos, supuso que vendría yo por ellos y acertó –No podía negar que era un movimiento inteligente, él conocía muy bien sus debilidades y sin duda tenía experiencia planeando emboscadas, pero no contaba con la astucia de Toph –No sé dónde están ellos pero sé dónde está la bandera. Vamos, bailarina, cambio de planes.
Se pusieron en marcha. Aang subió a los árboles y siguió a Toph cuidadosamente desde arriba. Se le había prohibido usar todos sus poderes para que su equipo no tuviera ventaja, así que escogió el aire control para jugar. Toph intentaba meterse en la mente de Zuko, si había supuesto tan bien que iría ella por su equipo, seguramente sabía que iba con Aang, después de todo fue para lo que lo eligió, sus pasos ligeros y su aire control eran perfectos para mantenerse oculto y dar ataques sorpresas. Si había adivinado eso tenía que hacer algo al respecto y para decidir qué hacer debía suponer las cosas que él haría. Pensaba que habría puesto a Katara a cuidar la bandera, sería la única que podría detener a Aang si lograba llegar hasta ella y estaba completamente segura que el mismo Zuko vendría por la bandera enemiga, no iba a confiarle la tarea más importante a Haru o a El Duke, y justamente ellos eran el problema, no sabía si los habría dejado con Katara o estarían con él. No importaba, acabarían con todos, no podían perder. Un sonido sobre ella la hizo detenerse. Las hojas se movían. Esperó atentamente hasta oír el silbido de Aang imitando con destreza el canto de un ave, sonrió y se preparó.
Zuko la había visto desde lo alto y, justo como ella había previsto, le lanzó fuego y saltó a la tierra. Avisada por el silbido de Aang en el justo momento en que desaparecía bajo el fuego de Zuko hizo un movimiento de manos y se cubrió detrás de un muro de rocas.
-Buen movimiento para no ver nada –Le dijo Zuko después de caer desde los árboles.
Toph sonrió y adoptó una postura de ataque. Sólo tenía que distraerlo un momento para que Aang hiciera su trabajo.
-¿Sin charla? Como quieras.
Zuko le lanzó una ráfaga de fuego con un movimiento de su brazo y Toph volvió a bloquearlo, no era necesario pelear. Esperó atenta el siguiente movimiento de Zuko, él se preparó para lanzar un ataque más grande, levantó una pierna con la intensión de separarla de la otra y tener así una postura más firme, pero en cuando volvió a tocar el suelo la tierra se movió bajo su pie y resbaló, cayendo sobre su rodilla. Toph se movió y le lanzó una roca a la pierna en la que se apoyaba para volver a pararse, devolviéndolo al suelo.
-¡Basta! –Zuko lanzaba fuego interrumpidamente, sin poder ponerse de pie ni apuntar bien un golpe, cada vez que lo intentaba Toph golpeaba sus puntos de equilibrio y estaba comenzando a enfurecerse.
Las copas de los árboles se movieron violentamente. Zuko miró hacia arriba justo a tiempo para ver caer desde ellos a su compañero de equipo, El Duke. Inmediatamente le siguió Haru con un grito de sorpresa. Ignorando la fuerte ráfaga de viento que se había originado con las caídas, Toph se puso a trabajar. Capturó los cuerpos de los caídos y los dejó sujetos a la tierra inmovilizándolos de pies y manos. Zuko aprovechó su distracción para atacarla desde atrás pero el fuego se detuvo al chocar en el fuerte viento que levantó Aang al bajar de los árboles e interponerse entre él y Toph.
-Fuiste muy inteligente, Zuko –Le habló Toph con una socarrona sonrisa sin voltear su rostro hacia él –Pero no puedes vencer a ¡la mejor maestra tierra del mundo! ¡muaajajaj!
Mientras reía malvadamente hizo un par de movimientos y la tierra comenzó a tragársela y rápidamente desapareció bajo ella.
-¡Vuelve aquí, no he terminado contigo! – Arrojó fuego en el lugar donde había desaparecido bajo tierra.
Zuko estaba furioso e impresionado, sabía que ella adivinaría que se ocultaban en los árboles pero estaba seguro que se quedaría a pelear con él mientras enviaba a Aang por la bandera. Maldición, no sabía si Katara podría detenerla si no la veía llegar. No podían perder, no podían perder.
Cegó a Aang con una pared de fuego y corrió a liberar a sus compañeros. Consiguió dejar libres las manos de Haru y eso era suficiente, el maestro tierra deshizo el resto de las ataduras y todos estuvieron de pie. Un fuerte viento los arrojó hacia atrás, Aang los estaba retrasando.
-Haru, Duke, quédense con Aang ¡iré por la bandera! –Zuko comenzó a correr todo lo rápido que pudo ignorando los reclamos de El Duke por haber dicho mal su nombre. Había pensado seguir a Toph pero no le quedaba tiempo y no podía dejarle la difícil tarea a alguien más, ahora sabía que Sokka y Suki la custodiaban, debía apresurarse y tomar la bandera antes que Toph.
Aang quería retenerlo pero Haru bloqueó el aire que le estaba arrojando con una pared de roca, dejando que Zuko desapareciera detrás de ella.
….
Te aplastaré, Katara, pensaba Toph mientras se movía bajo tierra directamente al montículo que sostenía la bandera enemiga. No sabía dónde se encontraba la maestra agua, así que no tenía idea de dónde aparecer para que no la viera, no era una opción aparecer por cualquier lado, no le apetecía un baño por la espalda, debía saber dónde estaba. Recordó a su buen amigo Sokka.
-¡Ataque sorpresa! –Gritó mientras salía de la tierra con un gran salto, luego cayó violentamente con sus dos pies sobre la tierra y alzando sus manos con las palmas hacia abajo hizo que la tierra se moviera bajo sus pies.
Con el susto y el movimiento de la tierra Katara se tambaleó sobre la rama, perdió el equilibrio y se cayó del árbol.
-Ahí estás, princesa azucarada.
-¿Cómo me llamaste? –Katara llevaba un tiempo molesta con Toph por pasar tanto tiempo con el traidor de Zuko y confiar más en él que en ella, pensó que sería una ocasión perfecta para desahogarse. Rápidamente se puso de pie –Retráctate.
-Oblígame.
Toph separó sus piernas y puso sus brazos frente a ella, lista para pelear. Le gustaba mucho luchar contra Katara, ella parecía del tipo que no se ensucia las manos pero cuando estaba en una pelea no había definición más lejana. Sin embargo, era difícil sentir los movimientos del agua, que cambiaba de forma y dirección en el aire sin que ella tuviera idea. Tenía que ir con cuidado y no entretenerse, el verdadero objetivo era la bandera.
Katara dio el primer golpe, controló el agua como un látigo que dirigió directo a los pies de Toph, la que retrocedió y alzó una roca para lanzársela a su oponente. Katara desvió el proyectil y corrió para acercarse a Toph. La maestra tierra minó su camino con rocas afiladas que crecían del suelo. Con dificultad Katara logró esquivarlas todas y logró alcanzar con agua una mano de la maestra tierra y la congeló.
-Mierda –Exclamó Toph, eso era un verdadero inconveniente. Decidió terminar con todo lo más rápido posible.
Hizo aparecer montículos de tierra a su izquierda y derecha. Katara se interponía entre ella y la bandera, eso era todo lo que necesitaba saber. Bloqueó un ataque de la maestra agua juntando dos montículos frente a ella y, con rápidos movimientos de la mano que tenía libre, cortó los montículos horizontalmente, formando discos que lanzó uno tras otro, Katara podía esquivarlos pero tocarla con ellos no era el objetivo de Toph. Una vez alcanzaban el suelo los discos se destruían dejando una nube de polvo en su lugar. Katara no podía ver bien después de unos cuantos discos, el polvo se lo impedía. La pequeña maestra sintió la inseguridad en los pasos de su amiga y supo que era el momento, volvió a desaparecer bajo la tierra. Lo próximo que pudo oír Katara fueron unos pasos apresurados alejándose de ahí. Comprobó que la bandera ya no estaba en su lugar y maldiciendo corrió tras Toph.
Zuko en esos momentos odiaba intensamente a Sokka y sus estúpidas trampas, lo habían retrasado demasiado. Cuando pudo divisar la bandera enemiga Suki se interpuso en su camino, sabía que era buena, pero no lo suficiente. Lucharon ferozmente pero Zuko tomó la ventaja, al momento de dar el último golpe una fruta aterrizó en su cabeza.
-¿Qué demon…?
-¡Aléjate de mi chica, malvado sujeto-ladrón-de-banderas! –Sokka estaba sobre un árbol lanzándole todo lo que tuviera a mano.
Primero las trampas y ahora esto, pensó Zuko, voy a freír a ese tonto. Zuko estaba harto y pensó en ponerle el punto final a este estúpido juego, giró mientras el fuego salía despedido de sus manos, provocando una espiral de fuego que Suki debió esquivar escondiéndose detrás de un árbol, dejándole despejado el camino hacia la bandera. Sokka saltó de su árbol para no ser alcanzado por las llamas, no sin gritar exageradamente.
Zuko corrió y tomó la bandera, ahora sólo tendría que llegar hasta Teo y habría ganado irremediablemente. Comenzó la carrera seguido de Suki y Sokka. Salieron del bosque con el corazón en la garganta, pero fueron detenidos por el sonido de un silbato. Buscaron con la vista y vieron a Toph junto a Teo levantando la bandera amarilla. Zuko no lo podía creer, dejó caer sus brazos y la bandera roja. Había perdido.
Toph sonreía ampliamente y celebraba junto a Suki y Sokka, que habían corrido junto a ella para abrazarla.
-¡Te lo dije, perdedor! ¡Soy la más grande maestra del mundo! –Súbitamente su rostro se volvió perverso –Y ahora, chispita, eres mío.
Zuko sintió cómo el alma se le caía a los pies.
...
Rodeando una fogata se sentaron todos a cenar para luego volver al templo del aire del oeste. Se relataban los planes y los movimientos que hicieron durante el juego de la tarde.
-Entonces defendí a mi chica con todo lo que tenía –Fanfarroneaba Sokka abrazando a Suki como si fuera un gran héroe.
-Sí, Sokka, esa fruta que me arrojaste era temible –Se burló Zuko dando detalles que el narrador de la proeza quería evitar.
-Por salvar a Suki te hubiera arrojado mi ropa interior –Se defendió Sokka.
Todos pusieron cara de asco y agradecieron que no fuera necesario que llegara a esos extremos.
Toph se estiró apoyando su espalda en una de las patas de Appa, que estaba junto a ellos.
-Ah… estoy tan cansada… ¡Ya sé! –Tomó su plato de comida y se lo tendió a Zuko, que estaba al lado de Aang –Aliméntame.
-¿Qué? –Zuko se indignó. Primero tenía que aguantar la derrota y ahora ese tipo de humillaciones, él era un príncipe tenía que ser atendido, no atender –Ni pienses que voy a hacer eso.
-Ser un buen perdedor y cumplir tus promesas es parte del honor –Le dijo Aang disfrutando la escena.
-Sí, Zuko, resígnate, ahora eres un vil esclavo –Se burló Katara.
-Silencio, sólo yo puedo humillar a mi esclavo –Les advirtió Toph –Ahora trae tu perdedor trasero hasta acá y haz lo que te digo. Cargarás con todas mis cosas desde hoy.
Zuko aguantó las ganas de cocinarlos a todos y se fue a sentar al lado de Toph, ella podía llegar a ser muy temible, se sentía cansado y no tenía muchas ganas de pelear, por ahora decidía resignarse. Miró a Toph, que tenía la boca abierta esperando su comida. Suspiró y le dio una cucharada. Ella sonrió triunfante.
Continuaron hablando y riendo alrededor del cálido fuego. Momo dormía tranquilamente en las piernas de Aang.
Suki recordó la conversación que habían tenido en el agua sobre Zuko y quiso indagar más.
-Oye, Zuko, esa chica que nos salvó en la prisión es tu novia ¿verdad?
Los demás interrumpieron sus acciones y la miraron sorprendidos, no pensaban que fuera a ser tan directa. Miraron a Zuko esperando interesados una respuesta, él se incomodó con toda esa atención.
-Eh… -Dudó, no sabía bien qué decir, era algo complicado, además… Miró a Toph de reojo, estaba seria con la cabeza inclinada hacia abajo. ¿Por qué le preguntaban eso ahora?
-Es la chica sombría ¿no? Gracias a ella pudimos escapar de ahí –Dijo Sokka intentando que hablara.
-No creo que deba hablar de eso…
-¿Por qué no, chispita? –Preguntó Toph con una extraña sonrisa –Todos queremos saber.
-¿Tienes novia? –Preguntó Haru, no había escuchado nada de eso.
-¡No tengo novia! –Soltó Zuko –Es decir, tenía pero… -No tenía ganas de recordar esas cosas pero ya lo habían arrinconado, no quedaba mucho más que hacer –Terminé con ella cuando dejé la nación del fuego para seguirlos.
-Vaya, seguramente no estaba feliz –Supuso Aang.
-No lo sé… le dejé un pergamino.
Los demás se sorprendieron.
-¿Por qué no me cuesta imaginarlo? –Comenzó Katara pronunciando las palabras como si estuvieran llenas de veneno –El traidor de Zuko ni si quiera tuvo el valor de terminar con su novia cara a cara.
-Katara… -Quiso frenarla Aang, pensando que se estaba excediendo.
-¿Qué? Estoy diciendo la verdad, incluso el "buen" camino de Zuko está lleno traiciones.
Zuko no dijo nada. Tenía razón. Había sido un cobarde con Mai, pero lo había hecho para no arrastrarla con él. Cerró los ojos, sintiéndose culpable.
-Entonces debe quererte mucho, aun cuando terminaste con ella nos salvó en la Roca Hirviente –Opinó Sokka –No es tan sombría como parece.
Suki miró apenada a Toph, que no había cambiado su expresión seria.
-Después de todo esto ¿piensas volver con ella? –Le preguntó la guerrera pensando que era lo que quería saber Toph.
-No lo sé… Es complicado.
-¿Por qué? Es bastante obvio que aun te quiere –Opinó Haru refiriéndose a lo que había dicho Sokka.
-Sí, Zuko, probablemente te esté esperando cuando todo esto termine –Le sonrió Aang.
-Anímate, amigo -Le dijo Sokka.
-¡Basta! –Explotó Zuko –No lo entienden, no es por ella ¡es por mí! Ni si quiera había pensado en Mai desde que volvimos de la Roca Hirviente ¡no sé lo que haré!
-Entonces… ¿No la quieres? –Suki se atrevió preguntar.
Zuko iba a responder cuando Toph se puso de pie.
-Suficiente de charlas estúpidas –Dijo –Voy a ponerle la montura a Appa, si quieren hacer algo útil.
Sokka se paró para ayudarle, el resto se quedó en silencio. Zuko se sentía mal pero no sabía exactamente por qué, los demás comenzaban a creer posibles las locas ocurrencias de Suki.
Se dispusieron a subirlo todo al bisonte. Toph tenía sus cosas a sus pies, estaba frente a Appa. Zuko la vio detenida y se acercó para ayudarle con ellas, recordaba algo que sonaba como a que tenía que llevar las cosas de Toph.
-Toph, ¿quieres que te ayude con…?
Ella rápidamente le dio una patada a la tierra y sus cosas volaron impulsadas por tierra control directo a la montura de Appa.
-Pensé que querías…
Toph se impulsó con la tierra y saltó ella misma sobre Appa. Zuko la miró aferrarse a la montura con el ceño fruncido ¿qué significaba todo eso? Primero estaba ansiosa por darle órdenes y luego pasaba de él olímpicamente. Se subió él también al animal volador y prontamente se pusieron en marcha.
Al llegar al templo comenzó la descarga. Zuko quiso intentarlo otra vez pero Toph tomó sus cosas y las arrojó al suelo con rabia, luego saltó y desapareció arrastrándolas. Él no estaba dispuesto a dejar que se fuera así, tomó sus cosas y la siguió. La única que los vio irse fue Katara.
-¿Qué demonios te pasa? –Le preguntó Zuko entrando a la habitación de Toph y cerrando la puerta detrás de él.
-Sal de aquí.
-No hasta que me digas qué pasa. Pensé que querías que cumpliera el trato. Quería ayudarte con tus cosas.
-Te libero del trato, ahora desaparece si no quieres que te saque yo misma.
-¿Qué? ¿Ya no te importa después de todo lo que hiciste?
-¡No, no me importa!
-¡No te entiendo!
-¡Yo tampoco! –Toph estaba furiosa y sentía que algo la quemaba por dentro desde que escuchó la conversación en la fogata- ¿Cuándo ibas a decirme que tienes novia?
A Zuko se le escaparon las palabras. Era verdad ¿cuándo pensaba decírselo? Habían pasado varias cosas juntos, habían hablado de sus vidas, se llevaban bien, ella lo había apoyado en uno de sus peores momentos, incluso habían pasado una noche juntos pero a pesar de todo eso nunca le dijo nada de Mai. En realidad, ahora que lo pensaba bien, no se había acordado de ella durante todo el tiempo que pasó junto a Toph, ni si quiera esa noche, mucho menos esa noche. Era como si nunca hubiera existido.
-Escucha, sé que debí decírtelo, pero…
-Pero nada –Toph intentaba controlarse. Quería gritarle todas las cosas que pasaban por su cabeza, quería destruirlo, había tantas cosas en su mente y no estaba muy segura de cuáles quería decir –No entiendo cómo no me di cuenta antes, ni Katara ni Suki te servían, así que viniste por mi mientras arreglabas las cosas con tu novia.
-¿Qué? –Zuko se sintió ofendido -¿De dónde estás sacando eso?
-¡No lo sé! No lo sé… -Toph ya no estaba segura de lo que decía. Sabía que Zuko no era así, pero no le importaba, quería pensar mal de él, convencerse que todo había sido una trampa y ella había caído, no quería ser ella la culpable, porque aunque no estuviera segura sabía algo de la novia de Zuko y no se lo preguntó nunca, no quería saber de ella. Prefirió ignorarlo y no tener eso en la consciencia.
-Toph, yo…
-No, Zuko, quiero estar sola, vete –Esperó un momento y al sentir que no se iba le gritó -¡vete!
Él guardó silencio y apretó los dientes. No sabía qué decir, se sentía tremendamente mal ¿Tan terrible había sido el error de no hablarle de Mai? No quería estar mal con Toph pero justo ahora no entendía qué podía hacer para disculparse, ella no lo quería escuchar. Salió de la habitación apretando los puños. Ella le había llamado por su nombre y eso le dejaba un sabor horrible.
