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La muñeca de porcelana y la sonrisa perenne
Nota inicial: Esta es una versión reeditada del capítulo cuatro. Hay una escena nueva que en un primer momento no me habia dado tiempo al principio, pero ya lo he remediado. ¡Espero que disfuteis!
Cuando por fin oí que mi abuelo colgaba el teléfono, no pude evitar contener el aliento. Por que vale, lo admito, estoy nervioso por si me deja o no ir esta noche al barrio de Funbarigaoka, a dormir. Y ahora vais vosotros y me preguntáis: ¿Y a ti que leches se te ha perdido en el último barrio de Tokio, y que está lleno de hoteles y balnearios para viejos, a un mínimo de una hora de cualquier núcleo de la ciudad y que dicen que huele a gato callejero que tira de espaldas? Pues, a mí, perdérseme, perdérseme, nada. Pero mi gran dolor de muelas (llamémosle Asakura Shiratori, el Pelmazo) y mi nuevo mejor amigo (llamémosle Tao Umi, el Que Sí Que Me Cae Bien De Verdad) viven temporalmente en el susodicho barrio y, aprovechando que tienen una noche completamente libre de peleas hoy, me han dicho de quedar en la casa de Shiratori para dormir ahí, ya que mañana es domingo y no hay clases que valgan, por lo que no tendremos que madrugar.
Yo tengo dos (tres) motivos para ir. El primero es que Umi y yo nos llevamos la mar de bien (¿pilláis lo de "mar"? Bah, es igual, dejadlo…) (será porque somos compañeros de fatigas en cuanto a aguantar al principito bonito del Lago de los Cisnes) y cualquier plan en el que él esté incluido, plan al que un servidor se apunta pero echando mixtos, que dicen. El segundo es que Shiratori ya se quedó aquí una vez, y creo que me lo debe. (El tercero es que Shiratori también es mi am…ami…ami…a-mi-g-g-go…ya está, ya lo he dicho y ya no lo repito en todo el capítulo. Palabra.)
Oí los pasos de mi abuelo acercándose a la puerta y los pelillos del cogote se me erizaron involuntariamente. Por cierto, si pensáis que lo que oí fueron movimientos erráticos acompañados del constante toc toc de un bastón golpeando contra el mármol amarillento del suelo de mi casa, vais listos. Oí pasos seguros y firmes acompañados de la risilla de mi abuelo.
¿Qué por qué digo esto? Pues porque el so marujón apenas si puede contenerse la risa que le está entrando de que yo tenga, no un amigo, sino ¡DOS, DOS AMIGOS! Y, claro, el tío va que lo flipa. Además tiene un morro que se lo pisa. Ante las visitas se hace el inválido y el enfermito y el anciano, pero yo sé la cruda verdad al desnudo: que está como una rosa y que lleva más energía y vidilla en todo el cuerpo de viejo que toda una guardería de niños hiperactivos de tres años. Lo que pasa es que sabe que si finge, la gente le tiene pena y le mima, y él va, y se aprovecha. Si lo suyo es genético, no quiero llegar a viejo.
Bueno, total que después de haberos roto yo toda idea preconcebida que deberíais tener sobre mi abuelo, y hablando del Rey de Roma, por la puerta asoma, apareció mi yayo con el puño entre los dientes y me dijo, aguantándose la risa:
-Jo-jovencito,…pfff, ¿qué haces aún aquí…pfff? Vamos, pfff, ve a preparar tus cosas para irte… pfff pfff…
Grrrr… mal rayo parta a este tío con un morro que se lo pisa, a ver si así empiezo a ver el rayito de sol de la situación. Dios, ya no sé ni lo que digo.
Total, que tal y como me dijo mi abuelo recogí mis cosas en tiempo récord (juro que lo raro ahora sería que no apareciera en un Guiness) y baje hasta la planta baja, salí a la calle y subí en el coche de nuestra casa. Mi abuelo me había contado que había acordado con Shiratori que iría hasta Funbari en coche.
El nuestro en concreto era un elegante modelo azul marino. Como todos los coches, tiene unas formas aerodinámicas y ovaladas, que me recordaron al oráculo de Shiratori y/o al de Umi, que por cierto era igual que el de Shiratori pero con una brumilla interior dorada en vez de color azul clarito.
El chófer, un robot acoplado en lo que vendría a ser el asiento del conductor e inseparable del mismo, arrancó en cuanto le especifiqué la dirección que Shiratori me había dado como suya y me hubiera sentado en el largo y amplio asiento trasero.
Saliendo de mi elegante barrio para ir a Funbari. Así estaba yo, viendo pasar las luces fluorescentes de las farolas con bulbos rellenos de Helio y Selenio para iluminar las calles. Según avanzaba el coche, el diseño de estas se volvía menos finolis, y más objetivo e impersonal, a lo largo de la carretera.
¿Cómo? ¿Qué por mi tono parece que en vez de ir a dormir a casa de un amigo parece que vaya al matadero? Pues, para que os enteréis, so listos, si estoy así es porque estoy que me como las uñas de las uñas de los nervios. Quiero decir,…yo soy humano. Sí vale, y todos nosotros también, no os estoy llamando animales (por que no sois animales, ¿verdad?...), pero Shiratori y Umi son chamanes. Que ven fantasmas, muertos. Y yo no se exactamente que se puede esperar de una casa de chamanes. Vale que Shiratori me contó que Umi se había alojado en el mismo antiguo hotel que había pertenecido a su familia (a la que le sobra la pasta), junto a él y su hermana: una supuesta femme-fatale de armas tomar y que hace que hasta el ramplón de Shiratori Asakura se echase a temblar.
Creo que más que la supuesta casa-hotel, lo que más tenso me ponía era el hecho de que fuese a conocer a la famosa hermana malvada. ¿Cómo había dicho Shiratori que se llamaba…? ¡Ah, sí! ¡Hime! Pues eso, que iba a conocer a la terrible Hime Asakura.
Tal y como me había temido, Funbari era un barrio-hotel. Los únicos edificios eran de hospedaje o de tiendas de veinticuatro horas y algunos carriles exclusivos para viandantes. Vamos, el colmo de lo cutre-cutrísimo.
-Solicito permiso para repostar, Chisai-sama.-dijo la mecánica e intercalada voz del conductor (es que es un coche muy viejo, de antes de la Tercera Guerra…Tienes más de veinte años….Uff ahora me siento mal por tener una antigualla como esta…). Al parecer, el viaje había durado más de lo inicialmente previsto por un ordenador tan obsoleto y la batería estaba bajo mínimos. En esa situación yo podría llegar al hotel donde vivían Umi y Shiratori, pero el coche no tendría energía suficiente para llegar al garaje de casa, seguramente se quedaría estancado en mitad del camino. Quizá a menos de un kilómetro de mi hogar, pero eso seguía siendo mucho para el pobre automóvil, que bastantes palos había recibido ya.
-Sí, sí, claro, no importa. Ve -le permití al robot.-. De hecho vamos con tiempo de sobra para llegar a la hora.
Bueno, ¿Qué pasa? ¡Me gusta llegar puntual a cualquier cita y la mejor forma de hacer eso es ir con un poco de adelanto, vale!
Total, que el fiel deportivo clásico se paró en una estación de reportaje, junto a una de las preciosas columnas de cristal a rebosar de plasma gaseoso, cuyo color era indefinido. Mientras nos acercábamos, parecía de un gris plateado muy bonito, pero cuando nos paramos definitivamente, este se había vuelto anaranjado y jaspeado. Como la piedra ojo de tigre. Mi abuelo tenía antes una colección de minerales y de pequeño aquella era mi gema favorita por que me recordaba al tigre de un cuento que me gustaba mucho leer. ¡Sí, que pasa, yo también tengo mi lado sensible, vale!
El encargado de la estación, enfundado en su uniforme caqui de trabajo se nos acercó y sacó la conexión de alimentación que el coche tenía justo encima de uno de los faros delanteros y la conectó a la columna de plasma, que ahora era de un verde turquesa. El coche no tardó ni cinco minutos en repostar. Es lo bueno que tienen los coches antiguos, son rápidos y nunca te abandonan. Por eso mi abuelo se niega a deshacerse de él. Dice que es su otro nieto. Vale, y yo soy solo "el jovencito", ¿verdad?
No, todavía no le he perdonado el trato que le dio a Shiratori el día que vino, encontramos a Kusaki y fue el ojito derecho de mi abuelo, mientras que a mí me partía un rayo…
Y hablando de Kusaki, acabo de acordarme de que apenas le he visto desde hace unos días. Normalmente, ese pequeño espíritu se queda revoloteando a mi alrededor mientras estudio, sobre todo por la cabeza (mi cabeza). Y, por curioso que os resulte, no es molesto, al contrario, noto que desde que él hace eso me concentro incluso mejor que antes y como tardo menos en aprendérmelo todo tengo más tiempo libre. Un tiempo que suelo gastar en intentar hacer algo con él. Pasar el rato, verle dar más vidilla al invernadero de mi abuelo,… Cosas así. Pero esta semana le había visto poco y me daba palo haber hecho algo que le enfadase o molestase. Porque tengo que admitir que le he cogido un tremendo cariño a ese bichillo verde como el puré de calabacín ("sopa galáctica" que la llamaba yo de crío), un cariño inmenso, y no quería separarme de él.
El coche volvió a ponerse en marcha y seguimos buscando el hotel de Shiratori.
-Es muy viejo- me había dicho-. Y tampoco es que esté muy bonito o grande. Pero lo encontrarás enseguida, destaca entre todos los otros hoteles modernos y la gente del barrio sabe de sobra cuál es.
Sí, le pegaba a Shiratori, vivir en un cuchitril hotelero del año de la patata en pleno siglo XXV, casi XXVI. Muy made in Shiratori. Pero tenía razón, no nos costó nada encontrar el susodicho hotelito.
Tal y como el Grano en el Culo había dicho era viejo y pequeño y destacaba enseguida. Estaba hecho según un modelo tradicional de yeso y madera, can teja en el techo, pero se notaba que era reformado (quizá por las placas solares que de seguro no estaban en la versión original, o por la falta de innecesarios y antiestéticos cables de televisión y luz por lo largo y ancho de la fachada impoluta). Junto a la valla de bambúes secos colgaba un cartel del más brillante metal, bien limpito y que parecía que todavía llevar la etiqueta del precio, de nuevo que debía estar. En la placa ponía:
Posada-Balneario
"En"
Familia Asakura
Ese era el nombre que me había dado Shiratori, y además ponía "Asakura" ¿Qué más necesitaba yo ¿ ¿Una flecha luminosa gigante que se viera desde la estación científica de Marte y que pusiera "¡Oye, tú, qué es aquí!"? ¡Venga ya!
Bajé del coche y ordené al robot que volviera a casa, que yo ya estaba donde debí. Obediente y diligente, el coche se alejó de allí y yo veía su culo metálico y reluciente despidiéndose de mí, por entre las calles, antes de atreverme a entrar por la puerta de la valla. Cuando ya lo perdí de vista en la lejanía, pasé por debajo del arco y… entré
Bueno, no sé lo que me esperaba (¿quizá algo tétrico y chamanico? Je je, vale un chiste malo…) pero no había nada salvo un pequeño jardincito y un caminito de piedra que llevaba a la puerta principal, por supuesto de diseño tradicional.
Caminé hasta la puerta algo nervioso, y justo cuando la iba a abrir…sí, efectivamente, la abrió otra persona.
Al principio pensé que era un ángel, pero los ángeles no te congelan al mirarte y la chica que yo tenía frente a mí tenía los ojos más helados y fríos del mundo.
Ella era mayor que yo, alta, esbelta, perfecta como un maniquí de Chanel, y con la piel igual de blanca y mortecina que un cadáver tirado al río en invierno. Como una muñeca de porcelana sobre la que la nieve y el hielo han empezado a crecer imparables El largo pelo de un rubio tan platino que parecía auténtico oro le caía ondulado como una nube de humo amarillo, dándole un aspecto fantasmal.
Era guapísima, con un tipo de belleza que parecía más bien europeo, de por el norte. Como una de las walkyrias germanas o sirenas danesas que protagonizaban muchos de los cuentos que mi abuelo me contaba para que me durmiera. Exactamente así era su cara. Nórdica y escarchada. Con facciones pequeñas y finas, de boca dura y recta, cerrada de forma hermética. Pero lo peor eran sus ojos.
Verdes. Más verdes que Kusaki. Del color verde botella del mar en los casquetes polares cuando más frío hace, con pupilas negras y tan diminutas que al principio no las vi, eran incluso un poco alargadas. Y las pestañas eran largas y tan rubias como su melena y las casi invisibles cejas que marcaba la frontera con su frente lisa y pulida.
Solo con verla me entró frío. Pero cuando ella me miró a mí y me atravesó con aquellas agujas esmeraldas, casi creí sentir la escarcha corroyéndome las entrañas. Era estremecedor.
-¿Y tú quién eres?- me dijo amenazadora y estoica. Tenía voz de sirena, tal y como había supuesto, pero hablaba el japonés sin ningún problema y ni rastro de un acento urséo (N/A: Acordaos del país europeo de Urséa, del que hablé en el capítulo anterior).
Yo estaba temblando tanto que no pude contestar.
-¡Chisai-kun, que bien, si ya estás aquí!
Nunca, jamás, en toda mi vida me alegré tanto de ver la cara de bobo de Shiratori y su sonrisilla tonta, que aparecieron de detrás de aquella Reina de las Nieves como si tal cosa.
-¡Shiratori!-le dije echándome a él- ¡Menos mal que estás aquí, creía que me había equivocado! ¿Quién es esta chica?
-Tú- oí que volvía a decir la chica de hielo, y por un momento temí que me hablase a mí-. Más te vale que cuando vuelva no hayáis roto nada o lo lamentarás. ¿Está claro?
Noté que Shiratori temblaba un poco, no sé si de frío o de miedo, mientras respondía:
-T-Tranquila, hermana. No vamos a hacer nada malo.
…
…
…
No jodas… que a estos dos los trajo el mismo útero.
Pero… venga ya, es que, no sé, vamos, pero Shiratori y esa chavala son todo lo opuesto el uno del otro…
Así estaba yo de flipando, exactamente igual que vosotros, por que, sí, así es señoras y señores: ese hermoso y gélido témpano de hielo era la diecisiete añera hermana mayor de Shiratori. Era la temible Hime Asakura.
Tengo que admitir que yo me había esperado otra cosa. No sé, cuando Shiratori me repetía el miedo que daba su hermana, yo pensaba en una pandillera con cara de tío, cejas depiladas, pecho vendado, falda larga, chaquetón negro y mascarilla. Hombre por lo menos parecía que no tenía cejas, aunque en la realidad era por rubísimas y no por la cera o las pincitas.
La chica se marchó y nos quedamos allí, Shiratori y yo, temblando del puro canguelo durante un rato hasta que al final vino Umi a buscarnos, harto de esperar.
-Oye, parejita feliz, ¿vais a dignarme con vuestra presencia o me vais a tener esperando hasta que me convierta en Rey?
-¡Ay, Umi-kun, perdona, nos hemos quedado traspuestos!
-¡Cómo que "parejita feliz", oye tú, traidor chaquetero de mierda!
Así que, nada, que entramos en la casa, que tenía el mismo tipo de diseño por dentro que por fuera. Aún no eran ni las siete y media y el veranito estaba ya a la vuelta de la esquina, así que aún teníamos luz del día para dar y tomar. Lo habíamos decidido así por que sino el tiempo se nos quedaba en nada, una caquilla. Estuvimos haciendo…pues lo que hacemos los chicos, si tú fueras uno lo sabrías de sobra, y si eres una chica ¡pues a ti que más te da… S-Son cosas de chicos, para qué te interesa! ¡Y no, no estoy cortado!
No sé muy bien en que momento, le dije a Shiratori:
-De modo que esa es tu hermana mayor, ¿eh?
-Sí, ella es Hime-onechan.-comentó con una sonrisa incómoda al recordar la escenita de hace un rato.
Umi nos oyó y dijo:
-Ah, ¿ya has conocido a la Reina del Mal? Da miedo, ¿eh?
Shiratori se quejó de que Umi hablara tan mal de su hermana. Haya él…
-¿Y tú tienes que vivir aquí con ese par?- le pregunté condescendiente al pobre de Umi.
-Bueno, tampoco es para tanto, en realidad solo vivo con Shiratori, él es el que se encarga de todo en la pensión. Hime está siempre encerrada en su cuarto o en clase.
Yo hice memoria y me acordé de algo de lo que antes apenas me había percatado: Hime llevaba un uniforme escolar cuando me la había encontrado. Uno fácilmente reconocible pues estaba diseñado a imitación de uniformes antiguos de colegios europeos para señoritas. Marrón con chaleco, falda tableada, camisa blanca y corbata negra. Era el uniforme de un instituto femenino de tope lujo llamado Heisa Ôkyû Kôkô, Escuela Preparatoria del Castillo Cerrado, y era básicamente la crême de la crême, la flor y nata, la cumbre, el Olimpo del pijerío y el lujo en educación para chicas.
Parecía que ella, al contrario que su "precioso" hermanito pequeño Shiratori quería dejar bien claro que venía de la familia que mueve aquí todo el cotarro de las finanzas, la política, … el poder en general, vaya, que Hime quería que se supiera que era la hija de los Reyes del Mundo (¡anda, a ver si por eso la llamaron "princesa" ¡ ¡Cómo, básicamente es la Princesa del Mundo…!), no como el Moco que Umi y yo nos vemos obligados a soportar.
- Ya, ya vi su uniforme- dije tras pensar en todo aquello- Un cole de niñas pijas… Pero hoy es domingo, ¿tiene clase?
Shiratori me respondió con su sempiterna carilla inocente de Niño Jesús:
- En realidad hoy lo que tiene es un exámen. Es el último que hace hasta el año que viene, cuando entre a Tercero de Bachillerato, durante lo que les queda de curso hasta Marzo van a estar haciendo una especie de selección de universidades o algo así, no estoy muy enterado del tema.
Pos pa no saber mucho, vaya parrafada que te has soltado tú solito, eh, guapico de cara… Al menos yo pensaba eso, pero estaba seguro en un noventa y nueve coma nueve nueve nueve nueve nueve nueve por ciento de que Umi también lo hacía.
En cualquier caso él preguntó:
-¿Y que tal se le da estudiar a esa ogresa?
-¡Ah, pues siempre saca unas notas buenísimas!- por supuesto, ese era Shiratori- Y desde luego, nunca la han llamado la atención por usar fantasmas. ¿Te acuerdas, Umi-kun, cuando a aquel chico de primaria que te conté le dio por meter a un shikigami en la sala de profesores para ver como corregían los exámenes?
Umi se rió y rodó los ojos, recordando algo sobre lo que yo no tenía la más remota idea.
- Ah, sí, como se llamaba, Shun, creo… da igual todos hemos hecho algo parecido. Yo una vez le pedí a un fantasma que me dijera las respuestas de los deberes que me habían puesto. El profe me pilló por banda y me encerró en el baño durante el recreo.
- Shiratori se rió y dijo:
- Yo una vez mande otro a ver si era cierto que en el lavabo de chicas la pared era rosa y con florecitas. Tenía seis años y la idea me daba mucha grima.
-¿Y era verdad?- pregunté de repente intentando hacerme un huequito en la conversación, pues me sentía algo excluido- Lo de la pared del baño de chicas.
- Nunca lo legué a saber, a mí también me pillaron y me castigaron. Aunque solo en el colegio. Me tuve que quedar a escribir en la pizarra holográfica "No debo usar mis habilidades con fines egoístas y frívolos, ni abusar de unos difuntos que merecen mi respeto, tal y como ya debería saber.".
Umi y yo nos quedamos de piedra.
- Joder, tú qué ibas, ¿a un colegio ultracatólico?
-¿Cómo puedes acordarte de todo eso doce años después?
Shiratori siguió sonriendo, aunque ahora más incómodo y triste que hasta antes de recordarlo:
- Bueno, tuve que quedarme toda la tarde hasta que se puso el sol. Fueron casi seis horas y legué a copiarlo casi quinientas veces. Je, je,…
Jo…der, y parecía tonto, el desgraciao. Pero, toma, claro, si a mí me someten a semejante tortura también me vuelvo medio lelo, del shock que me iba a dar, no te jiba… La madre del cordero…Seis horas…Quinientas veces, la frasecita de marras. Así a uno se le quitan las ganas de volver a intentar nada parecido, pero jamás en la vida, chaval…
- El caso es que todos los niños que damos positivo en el test de ocuóleo hemos hecho algo parecido a esas cosas siempre, cuando éramos niños, pero siempre nos pescaba algún mayor- comentó Shiratori-. Pero Hime nunca a echo algo así. O, por lo menos, si lo ha hecho, no la han pillado nunca, ni siquiera en el colegio, y eso es igual de meritorio. Siempre ha sido muy especial…
Llegados a este punto, tengo que reconocer que me dio la sensación de que quizás había algo bueno y admirable en la temible y desalmada hermana mayor de Shiratori, por que por el tono de sus palabras, parecía que el la tenía cariño…
O algo así…
¡Yo que se! ¡Jamas he tenido hermanos!
Vaaaaaaaaale... lo admito, estoy disfrutando de haber venido a Funbari. Puede que el encuentro con la "Terrible Hime Asakura" fuese una de esas cosas que todo el mundo quiere olvidar siempre (como la ultima visita al fisioterapeuta, encontrarme con Shiratori aquella noche, escribir un fic de tropecientas paginas para descubrir que nadie te ha puesto un solo review, encontrarme con Shiratori aquella noche, que te hagan una colonoscopia, encontrarme con Shiratori aquella noche,... y así hasta un laaaaaaaaargo etcétera), pero ahora mismo me lo estoy pasando pipa.
Quiero decir que, ¿cuantas veces en tu vida puedes cenar al aire libre viendo el atardecer y sumergido hasta los hombros en un baño termal cien por cien natural y a sabiendas de que en menos de media hora podrías volver a bañarte, pero esta vez bajo un cielo casi estival cuajado de estrellas, como diamantitos sobre un vestido de noche de alta costura? Pocas o ninguna, ¿verdad? Bueno pues eso era lo que habíamos estado haciendo nosotros tres justo ahora. Cenando en las termas naturales que había tras la casa de Shiratori (por cierto, Umi y Shiratori comieron un udon natural, pero a mi me habían comprado uno sintético que es como a mi me gustan, osea, ¡que hasta tuvieron esa consideración conmigo!) viendo como se ponía el sol. Fue una de las experiencias más bonitas de mi vida. Además no tuve que soportar a Kyûbi (alias: el puñetero zorrucho infernal de las narices y tocapelotas). Mientras estábamos en el agua termal, el puñetero bichajo había aparecido ara hacer lo que mas le divertía en el mundo entero: jorobar al prójimo.
Claro que Shiratori le echo con viento fresco (eso si, con un estilo muy "Shiratori") en cuanto menciono que si no había traído a Kusaki, o, como el lo había llamado, su "cena":
-No sabes el hambre que me entra al pensar en esa ensaladita ambulante, ñam...
Nada mas decir esto, Shiratori hizo no se que con las manos (él me dijo que un sello desterrador o algo así...) y Kyûbi desapareció a mitad de un taco muy gordo que soltó contra nosotros.
¡Ah, sí! ¡Pues yo tengo otro insulto para ti, zorro de mierda! ¡Que te zurzan!
Tras el baño esperamos a que se hiciera definitivamente de noche, pues estábamos en esas horas tontas en las que el Sol ya se ha puesto pero aún no sale la Luna, y nos metimos en una cápsula de juegos, que Shiratori nos enseñó en una de las plantas con un aspecto más nuevo del hotel.
-Es un poco vieja pero funciona muy bien y tiene unos juegos muy buenos- nos explico mientras se iniciaba la aplicación.-. Yo ya soy todo un maestro del Black War Hole.
-¡Ja!- le espeté yo burlón.-. Eso es por que aún no me has visto a mí. Yo sí que soy un maestro del Hole.
-Te reto a un nivel diecinueve con limitadores de balas y sin poder usar las pociones, Chisai-kun.- me dijo emocionado.
Yo estaba a punto de aceptar sabiendo que iba a ganarle (Buaaa, por favor… ¡¿Un nivel diecinueve con limitadores de balas y sin poder usar las pociones? ¡Estaba chupáo!), cuando oímos una voz gélida, y que sin necesidad de gritar ni de soltar ninguna amenaza o palabra atemorizante, nos puso a los tres los pelillos de la nuca tiesos como escarpias.
-Shiratori, ¿dónde estás?
Sí. Efectivamente. Era la voz de sirena/Reina de las Nieves de Hime Asakura, desde el recibidor, en el piso de abajo. Y, efectivamente, apenas hubo esta dicho "Shi…" cuando el desgraciado a torturar en cuestión, bajaba las escaleras a la velocidad del sonido elevada a la de la luz (¡Coño, qué rápido!). Eso, sí, con cara de ir al matadero…Pobre…
Umi y yo nos quedamos junto a la cabina de videojuegos encendiendo un par de velitas y rezando por el malparado Shiratori.
-Probablemente habrá vuelto de ese examen más enfadada que una mona y está machacando a Shiratori
Yo me lo imagine.
-¿Suele portarse así a menudo?
Por que, entonces… ¡ay, de Shiratori!
-No, solo cuando está de mal humor…Lo malo es que Hime, es un tantoooo… humm, ¿cómo decirlo suavemente…? Irascible. Sí, eso es. Es un tanto irascible.
-Y, ¿crees que ahora estará de mal humor?
Los doradísimos ojos de Umi brillaron con un brillito raro.
-Bueno..- me sonrió de esa forma suya entre arrogante y sé-algo-que-tú-no-sabes y que hacia dudar a las chicas de nuestra escuela sobre si les gustaba más está, rodeada de un innegable halo de misterio, que no se donde hoy que atrae mucho a las chicas, o la cálida, dulce y suave de Shiratori. En cualquier caso, con ambas se derretían.- Sí no te importa que utilice a mi Isônade un momentín, podemos averiguarlo…
Yo tragué saliva al oír el nombre del tiburón de Umi.
Era su espíritu acompañante, de naturaleza Agua, por lo que me dijo una vez mientras comíamos en nuestro sitio de la azotea del cole (jobar, con la azotea, que ya nos pasamos por ella como Pedro por su casa, se va a convertir en nuestro cuartel general, nuestra base secreta o algo por el estilo, leñe…). Según él no es ni de lejos tan desagradable como Kyûbi.
-De hecho es bastante dócil -dijo esa vez- , mucho más de lo que me esperaba de un espíritu como él. Aunque era de esperar. Por que es un ente de Agua.
Yo recuerdo que le pregunté:
-¿Y eso que tiene que ver?
-Verás, los chamanes creemos que los caracteres de la gente siguen patrones de los cinco elementos Tierra, Metal, Agua, Madera y Fuego. Cada elemento es distinto de los otros y tienen sus propias características, aunque dentro de ellas también puede haber variaciones, o incluso una misma persona podría tener características hasta de dos a tres elementos. Las personas de un único y exclusivo elemento son las que los humanos normales llaman "simples", aquellas a las que enseguida calas. Las que tienen dos, que suelen ser la inmensa mayoría, son un poco más complejas, dependiendo de la cantidad que tengan de cada elemento. Casi nadie tiene tres, por que sería una personalidad demasiado enrevesada y caótica para cualquiera, y ya no digamos cinco o cuatro. Eso es imposible.
También me dijo que si habían acabado llegado a esa conclusión (los chamanes, digo) era por que de vez en cuando nacían niños cuyo ocuóleo era mucho más potente que el de la media, y eso les permitía ver no solo el alma de los muertos sino también la de los vivos. Claro que está aparecía de una forma especial, como si estuviera conectada a sus cuerpos. Como si fuera una especie de "aura".
Mmmm…que curioso, ¿A quién conozco yo, que me dijo que ve el aura de las personas?
Bueno, total, que lo importante es que Umi me habló de su espíritu, de Isônade, pero que yo no había vuelto a verle desde lo de la Plataforma Titánic, hace ya varios meses, casi un año de hecho. (Bueno, que pasa, no voy a estar contándoos lo que hago todos los días, ¿no? Y sí, sí he ido a los combates de Umi, y también a los de Shiratori, pero en ellos tanto uno como otro entraban en estado de Oversoul tan rápido que a mí no me daba tiempo de ver ni al zorro ni al tiburón)
A mí nunca me han hecho mucha gracia esos peces carnívoros y la idea de ver ahora a uno que era más grande que las tetas de Pamela Anderson (pasaron a la historia por ser la primera de las cien cosas más grimosas del año 2. 186 según una lista de la revista crítico-cultural Spencer de la antigua Gran Bretaña) no era precisamente la ilusión de mi vida.
Pero antes de que yo pudiera decir nada y sin poner atención a mi cara de súplica,…sí, sí, ya lo sé, Umi trajo al puñetero bicho.
Lo primero que ví fue una especie de ondulación, en color cobalto, del aire. Las ondas comenzaron a concentrarse cerca de Umi y yo me di cuenta entonces de lo que estaba haciendo. Finalmente, el miedo me pudo y grité:
-¡Umi, para, no saques ese bicho tan gran…
Pero no terminé de decir "grande" por que entonces, flotando en el aire, apareció Isônade.
Solo que no era como yo creía. De hecho era una espacie de bola con forma ovalada con dos círculos amarillos por ojos, tres colas esmirriadas, aletas de chichinabo y una enorme y sonriente boca llena de unos triángulos encajados que se supone que deberían ser los colmillos.
¿En resumen? Que yo me esperaba a Gozzila y me encuentro con el lagarto Juancho.
El pez me miró y dijo con una voz ronca, pero que curiosamente, no sonaba perversa como la de Kyûbi:
-Anda, ¿y este crío? ¿Qué hace aquí, Umi? Bueno, olvídalo, más bien dime por que me has llamado.
Umi le respondió sonriente y con buen tono:
-Yo también me alegro de verte, Isônade. Por cierto, me parece que no te he presentado a mi amigo Chisai. Uff, que calor hace hoy, ¿no crees? Personalmente, espero que el verano no sea muy fuerte este año, ya sabes lo mal que soporto yo el calor, y…
No hacía falta ser muy listo para saber que Umi estaba disfrutando como un enano de la situación. Claro que no podía decirse lo mismo de Isônade.
-¡Corta el rollo, Umi, que sé que lo haces a posta! A ver, ¿para que me has llamado?
El quejido del tiburoncito (que estaría en versión parodia de la tele, pero incluso así seguía imponiéndose, un poco), pareció llegarle a Umi al corazón por que le dijo directamente.
-Mira a ver que le está haciendo hime a Shiratori, que creo que está dejándole echo un Cristo…
-Seguro que sí, esa tipa es muy mal bicho. Tú ya sabes a que me refiero, Umi…-admitió Isônade- En fin, ahora vuelvo. Por cierto, encantado de conocerte chaval.
Eso último me lo dijo a mí, antes de sumergirse en el suelo como si este fuera la superficie del mar o alguna otra cosa intangible. De echo hasta creí ver algunas ondas en el punto donde el espíritu se zambullía, como las que se forman cuando tiras un guijarro a un charco de lluvia, cuando eres pequeño y juegas con todo lo que se te pone a tiro.
Me quedé un rato contemplando ese mismo punto aún sin creérmelo del todo. Lo que acababa de ver, digo.
Umi se rió un poquito de mí:
-¿Flipante, verdad? Como es un tiburón gigante asesino de tres colas, pensé que tendría un carácter de mil demonios, pero tras un tiempo descubrí que en realidad no es mal tipo. Quizá algo brusco, a veces, pero no malo. No es como Kyûbi.
Despertando de mi autoimpuesto trance, dije:
-¿A eso te refieres cuando dices que es una esencia de Agua?
Umi asintió.
Por lo que yo sabía hasta entonces, las personalidades de tipo Agua suelen ser gente con la que es agradable estar, por que son "transparentes y cristalinos". Gente, o en su defecto, tiburones gigantes asesinos de tres colas, como había dicho Umi.
Miré a mi amigo y con tono amistoso (¡no, no soy borde e hiperracional, de sol a sol, yo también tengo mis momentos de dulzura!) le pregunté:
-¿Como os conocisteis Isônade y tú?
-Bueno, verás- me contó- al igual que los Asakura, los Tao somos una de las más, por no decir la más, antiguas castas de chamanes de la Tierra. Yo no tengo hermanos mayores como Shiratori, así que soy el heredero, por lo que desde niño fui entrenado para estar a la altura de otros grandes lideres del clan. El caso es que la fuerza de un chamán depende en gran medida de que tenga un espíritu poderoso, y por eso, cuando cumplí siete años mis padres decidieron que ya era hora de que tuviera el mío propio y me regalaron a Isônade, que llevaba un tiempo bajo la custodia de los Tao. Y, esa es toda la historia.
Me quedé mirándole con una innegable admiración durante un buen par de minutos. Pensaba "¡Que guay, como molaría un regalo así!"
-Oye, ¿y con Shiratori, qué fue, algo parecido?- pregunté.
Pero en vez de contestarme en seguida, Umi me miró con los ojos dorados abiertos de forma considerable. Cuando al final me respondió, pude notar la tensión que su voz cargaba una tensión que hasta yo pude percibir sin necesidad de ningún poder especial:
-Bueno, sí algo parecido…
Por supuesto, aquel tono me escamó y seguí con mis preguntas:
-Umi, ¿cuánto hace que conoces a Shiratori?
-¿Humm? Desde los cinco años, ¿por?
Justo entonces llegó Isònade y Shiratori por el mismo lugar por el que se habían ido, cada uno de ellos.
Shiratori venía con cara de cansancio.
-Jopé, Hime-onechan me tiene tanta maníaaaa…
Umi se olvido de mí y dijo:
-¿Qué te ha hecho esta vez?
-Hacerme, hacerme, nada. Dice que se va a su cuarto y que no se nos ocurra acercarnos o nos convierte en un colador. Ni siquiera quiere que la lleve la cena, que ya es raro. Pero, es que me lo ha dicho todo con un tonooo…
-Dice la verdad- se metió Isônade-, esa chica es una ogresa. No me extrañaría que tuviera un alma de tipo Demonio, dentro de ese cuerpo asesino.
A pesar de que el viento soplaba suave y sinuoso, ni uno solo de los pelos bermellones del ectoplásmico cuerpo de Kyûbi, se mecía a su ritmo. Pero, por el contrario, si que balanceaba casi todas sus colas como al compás de alguna envolvente melodía que solo él oyera.
El zorro, con los cuartos traseros sentados sobre las tejas verdeadas del tejado de la posada, calculaba los pocos minutos que faltaban hasta que el cielo se oscureciera definitivamente y pudiese ver la luna en él.
Sin embargo tuvo que apartar su etérea mente de aquellos románticos asuntos cuando vió una centella verde volando destacada por el cielo multicolor, hacia su posición.
La esencia de la Hierba, que había descubierto con Shiratori aquella noche, en casa del mocoso humano y retaco, del que su médium parecía haberse encaprichado, cesó su vuelo de hada cuando quedó enfrente suyo.
No le costaría nada adelantar el hocico y atrapar a aquel bichito del elemento Tierra entre sus fauces, para no soltarla nunca jamás, pensó el siniestro zorro babeando tras su retorcidísima sonrisa plagada de colmillos como punzones. Pero se contuvo. Shiratori le descubriría en seguida y aunque iba de bueno, la ira de aquel chico podía ser devastadora. Bien lo sabía Kyûbi.
En vez de eso, trató de ser bueno con la esencia, que jadeaba agotada frente a sus narices. Al menos por unas horas.
-Respira, chico no vayas a morirte. ¡Ja, ja! ¿Lo pillas?
-¡Ki-kiii!- protestó la esencia. Pequeña pero matona.
-¡Oye, tranquilo, no hace falta insultar, mierdecilla hippy!- rebatió Kyûbi- Cambiando de tema, ¿tú también lo has percibido, verdad? El aura que te dije.
La esencia verde asintió, cobrando mayor seriedad.
-Ki. ¿Kiii, ki-kii?
- ¿Chisai? ¿Quién es Chisai? ¡Oh, sí, el crío humano, tras el que te escondiste en el invernadero! No, no creo que ella le haga nada si Hakuchô-chan le protege. Pero para ello primero habrá que avisarles.
Dicho esto, Kyûbi se dejó desvanecer con un nuevo soplo de vientecillo, para reaparecerse cerca de la ventana a través de la cuál podía ver a su médium, el pringao que cargaba con Isônade, y al tal Chisai.
Sin pensárselo dos veces, dio un largo salto, hasta entrar en la habitación (tras lo que todos soltaron un gritito histérico) y aterrizar frente a Shiratori, el cuál le riñó diciendo:
-¿Qué quieres ahora, Kyû…?
El zorro le tapó la boca con una de sus colas, como acostumbraba a hacer, y sin mediar palabra dijo:
-Shojo está en Tokio. Está peleando.
Nada más volver a su casa, en el inmensamente desagradable barrio de Funbarigaoka, y pegarle los cuatro correspondientes gritos a su aún más desagradable hermano menor, Hime subió a la planta de arriba del edificio, a su dormitorio.
No merecía llamar "cuarto" o "habitación" a aquellas cuatro paredes de yeso y escayola blancos. Era un receptáculo meramente funcional, que Hime utilizaba única y exclusivamente para dormir, pues cualquier otra cosa podía realizarla perfectamente en el sitio que fuera de la casa. De hecho, tampoco tenía por que pasar exclusivamente allí las horas de sueño, pero era muy cansino trasladar la manta y el edredón de un lado para otro noche sí y noche también, y llegaba tan cansada y enfadada de las clases en aquel campo de reclusión para niñatas de papá, que trabajar era lo último que se le habría pasado por la cabeza.
Sea como fuere, Hime realmente nunca había considerado ningún lugar en el que había pasado más de dos segundos de su vida como suyo. Tanto Tokio en sí como aquel hotel de Funbari, como el colegio o la mansión de Izumo donde había nacido y crecido, para ella no habían sido más que los tristes escenarios de su vida, afrontada con nihilismo, casi desde el primer momento.
"Hasta ahora…", pensó la joven. Al entrar en su alcoba, vió que esta estaba vacía, salvo por el futon que nunca retiraba. Eso provocó en ella dos sentimientos contrapuestos. Por un lado le alivió ver que lo más parecido a "su espacio" que podía encontrar no había sido invadido sin su permiso. Pero por el otro, significaba que aún tendría que esperar hasta que él viniese.
Y ella odiaba esperar.
Ahogando un resoplido, Hime se acercó a la puerta corredera de su armario y sacó su vestido favorito de andar por casa. El negro, largo hasta la mitad de las tibias, de tirantes finos y con unos pequeños volantitos blancos de encaje. Con ese vestido y el pequeño lazo que ataba uno de sus ondulados mechones platinos, por detrás de la cabeza, parecía una muñequita victoriana, gracias a su piel blanquecina y sus ojos de un verde gótico. O por lo menos, eso le había dicho él.
Con gesto aburrido, Hime miró el reloj, el único adorno (si es que se le podía llamar así) de su cuarto, en la pared muy cerca del techo. Era tarde. Demasiado tarde. Suspiró pensando que quizá él no viniera hoy.
Entonces sintió una presencia tras ella y se giró con rapidez, acumulando las nubladas ondas violetas de su Oversoul en la mano. Pero la persona que había tras ella se la sostuvo en el aire sin inmutarse lo más mínimo.
-Me esperaba otra bienvenida, pero supongo que me lo merezco por retrasarme- admitió la suave y sugerente voz del chico que le sujetaba la muñeca con delicadeza, pero algo fuerte.
Todo el cuerpo de Hime se relajó en cuanto lo vió, plantado a su lado con esa tenue sonrisa socarrona de su maravilloso rostro.
-No sabía que eras tú.-se disculpó la joven- Me asusté.
El chico sonrió un poco más y acarició la mejilla blanca y lisa de Hime.
-No importa, me gusta que no bajes la guardia.
Y entonces la beso ligeramente en los labios.
Cuando se separaron, Hime paseó su mirada por él, como hacía siempre que le veía para acordarse más tarde y cada vez mejor de cualquier detalle de su descripción. El hombre que tenía ante ella era un chico alto, esbelto. Cuando se conocieron, él admitió tener la misma edad que ella, aunque, Hime sospechaba que era más mayor de lo que pretendía aparentar. Sentía eso por algo que de vez en cuando creía ver en sus ojos, del negro color de una noche sin luna ni estrellas: algo como de antiguo. Su cara era perfecta y preciosa, con el perfil que cualquiera se imaginaría siempre que tienen los mejores príncipes y reyes de los relatos. Con los rasgos no demasiado angulosos ni redondos en exceso, unos labios finos y blancos (y que Hime ya había comprobado que eran un poco más blandos de lo que aparentaban), la nariz completamente recta y sus ojos llenos de pestañas largas. El larguisimo pelo castaño oscuro, le caía tras la espalda recogido en una cola de caballo, que le hacía parecer aún más delgado y fibroso, junto a su ropa negra y con algunos detalles rojos.
-Takumi…-susurró Hime, llamándole, aunque le tenía a menos de unos pocos centímetros de la cara.
Él entorno sus ojos y se acercó más a ella:
-Estoy aquí, Hime. Estoy aquí…
Y luego volvió a besarla, pero con más ardor que antes.
No sé por qué, pero esta noche ha pasado de ser una libre de peleas a una en la que vamos a una de la que ni siquiera somos participantes. Bueno, vale, de la que ni siquiera son participantes ni Umi ni Shiratori.
Pero el caso era que ahora estábamos en plena carrera para llegar hasta Hachiko Basho, en el más puro centro de la ciudad.
Un enorme pulmón de color verde cuyos árboles nunca se marchitan y rara vez pierden sus hojas hasta reducirse a ramas mustias y desnudas.
Por entre los recovecos del gigantesco parque, hay tiendas, y edificios, pero está todo diseñado de tal forma que todo está escondido y oculto entre los árboles. Como si fuera una ciudad de hadas de cuento.
Seguro que hasta hay hadas en Hachiko Basho. Quizás por eso se celebra hay un combate de chamanes.
Hadas, espíritus del bosque, chamanes,… ¿no lo pilláis? Es igual, dejadlo…
Cuando llegamos al inmenso bosque urbano, Shiratori y Umi se dirigieron al corazón del mismo sin darme una sola explicación, pero yo, como soy así de tonto, los seguí tan ricamente.
No entendía por que ambos se habían alterado tanto cuando Kyûbi entró en nuestro cuarto y nos dijo que no sé quien estaba allí. Debía ser alguien muy importante si habían salido de Funbari con sus ropas de batalla y echando leches.
Tenían como guía a Kusaki, que volaba a toda velocidad por entre la maleza del mismo color que su centelleante cuerpecito, esquivando sin ningún problema cualquier obstáculo que las ramitas pudieran suponer para su veloz carrera.
El echo de que él fuera quien les ayudase, cuando hacía un tiempo que estaba algo distanciado de mí me dio algo de envidia.
"Pero no puedo culparle", pensaba mientras corría todo lo rápido que mis cortas piernas me permitían para no perder de vista a mis amigos, "Él es una esencia de la Hierba, un espíritu. Quienes mejor pueden comprenderle son los chamanes y otros espíritus, y yo no soy ninguna de las dos cosas. Es lógico que los prefiera a ellos que a mí, un simple humano"
Es extraño. Nunca en mi vida he deseado ser un chamán, pero pensar aquello sobre mi relación con Kusaki me hizo desearlo de todo corazón. Por que quería ser capaz de comprender a mi amigo tanto como pudiera.
Había un sacerdote pache junto a la escultura de Hachiko en el centro del Hachiko Basho. Tenía la cara chupada y aire prepotente y repipi, como de un esnob estirado, y estaba más calvo que un huevo. La placa de su pecho parecía la cabeza de un ciervo, por las ramificaciones en forma de asta que le sobresalían.
El sacerdote nos miró sonriente y nos dijo con una vocecilla desagradable:
-Oh, espectadores, seguro que las niñas se alegran muchísimo, de…
Pero Shiratori se adelantó diciendo:
-Somos Asakura Shiratori, Tao Umi y Ôyamada Chisai. ¿Quién eres tú, sacerdote?
El pache por un momento dejó de sonreír, pero enseguida recuperó esa curva de su boca y nos dijo:
-Me llamo Tungsten, joven Asakura. Y si eres quien dices ser creo conocer el motivo que te trae a ver este combate.
Esta vez fue Umi quien habló:
-¿Dónde están los combatientes? No se ve a nadie por aquí.
Tungsten se rió un poquito.
-Bueno, ambas se han escondido para cazarse mutuamente, son fieras como leonas y este va a ser un combate digno de ver, os lo aseguro.
Justo entonces, una figura salió de los árboles a toda velocidad. Era una chica negra, con rastas y labios como salchichas que nos sacarían varios años y varias cabezas. Vestía de forma que le daba un aspecto salvaje y un Oversoul naranja se acumulaba en sus codos y rodillas.
Tungsten la miró y dijo con esa hipercargada voz suya de prepotente:
- Oh, Yenene, amante: as-tu vu ? Ton jeune rival et toi avez un public pour votre combat. Qu'émouvant, vérité! Ils parient par la jouvencelle Shojo mais je suis sûr que toi seras, celui qui se convertit en Reine, amante... (Oh, Yenene, querida, ¿has visto? Tu joven rival y tú tenéis público para vuestro combate. ¡Qué emocionante, verdad! Ellos apuestan por la jovencita Shojo pero yo estoy seguro de que serás tú quien se convierta en Reina, querida...)
Eso de que hablara en francés nos sorprendió a todos, pero viendo que la tal Yenene, tenía aspecto africano supuse que era lógico, pues aún hay muchísimos sitios en África donde se habla ese idioma galíaco.
Pero Yenene no se dejó achicar por las palabras de su tutor y dijo con una voz que a mí me recordó más al rugido de un león:
- Tais-toi, prêtre! Tu me distrais et ainsi je ne peux pas trouver à ce petit renard japonais! Où se sera-t-il mis, la condamnée? Je lui arracherai les jambes quand je la trouverai! (¡Calla, sacerdote! ¡Me distraes y así no puedo encontrar a esa pequeña zorra japonesa! ¡Dónde se habrá metido, la condenada...¡Le arrancaré las piernas cuando la encuentre!)
Justo entonces otra centella salió de entre las copas y se abalanzó sobre Yenene, pero esta lo esquivó sin dificultad aunque soltó una maldición por el camino:
-Merde!
Debido a que su atacante tuvo que pararse un momento para repostar, pudimos verla.
Era japonesa y tendría nuestra edad. Sonreía de forma angelical en su carita de camafeo, y con los ojos tan entornados que parecían cerrados. Levaba el pajizo pelo cortado un poco más abajo que los hombros, y llevaba un jersey rosa de cuello y manga largos, aunque no le cubría nada por debajo de la mitad de las costillas. También, vestía una diminuta falda tableada y gris sobre unos anchísimos vaqueros que parecían de chico.
En las manos, sostenía lo que parecía una vara que, como mínimo, la doblaba en altura.
Sin perder esa sonrisilla de su boca dijo con una voz clara y cantarina como le de una alondra:
- Pardonnez, madame la sorcière, il voulait seulement la diviser en deux, mais il va me coûter s'il se meut tant. Il a de bons reflets pour son âge, vieille sorcière... (Perdone, señora bruja, solo quería partirla en dos, pero me va a costar si se mueve tanto. Tiene buenos reflejos para su edad, vieja bruja...)
Yenene la miró con puro odio y gritó mientras se abalanzaba sobre ella.
-Tu, pute blonde!(¡Tú, puta rubia!)
La otra chica, fue más rápida que Yenene y esquivó el derchazo que ella dirigía a su perfecta carita y justo después, contraatacó, a la velocidad del rayo, golpeándola en el cuello con el canto de la vara.
- À la fin tu n'as pas résulté être plus qu'une vieille sorcière bavarde. Combien de temps perdu! (Al final no has resultado ser más que una vieja bruja parlanchina. ¿Cuánto tiempo perdido!)- dijo la vencedora, con el ceño fruncido hacia arriba, como si le diera lástima, pero sin abrir los ojos.
Digo que ella ganó por que, tras el golpe, Yenene cayó inconsciente al suelo perdiendo el estado de Oversoul.
Intentando ocultar su descontento por la derrota de su favorita, Tungsten, proclamó con toda la solemnidad que pudo, teniendo en cuenta su horrible vocecilla:
-La vencedora de este combate, en la edición de 2.500 de la Shaman Fight, es la participante Utsukushii Shojo, de Japón.
Apenas hubo terminado de decir, eso, Utsukushii echó a correr hacia nosotros. Parecía que iba a llorar de la emoción:
-¡Ay, no puedo creer que te hayas tomado las molestias de venir a verme!
Noté que Umi me susurraba al oído:
-Prepárate para las escenitas pastelosas…
-¿Cómo?
Pero antes de que pudiera contestarme, Shojo se echó al cuello de Shiratori y gritó:
-¡Shiro-kun, te he echado tantísimo de menos!
-¡Shojo!
Vaaaaaaaaaaaaaaale. La escenita se habría entendido si Shiratori se hubiese apartado de ella como un cerdo de una tarjeta limpiadora para la ducha. Pero, tal y como podéis suponer, Shiratori hizo todo lo contrario.
La abrazó y se echó él también a lloriquear:
-¡Shojo-chan, yo también te extrañaba tanto! ¿Pero por qué no me dijiste que venías a Tokio, te habría ido a buscar?
-¡Es que quería darte una sorpresa, Shiro-kun! ¡Como te quiero taaaaaaaaaaaaaanto!
Entonces abrió sus ojos y pude ver que no tenían pupila y eran de un intensísimo color coral. Eran bonitos, pero siniestros.
Pero eso no quitaba que Shiratori la mirara completamente acaramelado.
-¡Bueno, ya está bien, que pasa aquí!- grité separando a la parejita, sin poder contenerme más.
A lo que recibí una especie de bola de algodón de azúcar arañándome la cara y gritando con voz aguda:
-¡Tamaaaaaaaaa! ¡Tama, tamaaaa!
-¡Ni "tama" ni "tomo"! ¡Quita bicho!
Aparté aquella cosa de un manotazo y ví que era una especie de bola rosa y fucsia con una cola llameante que me miraba desde dos círculos amarillos. Era transparente pero parecía que dentro de aquella cosa había una segunda bola, más opaca.
Era un espíritu.
Lo siguiente que recuerdo es una bofetada y la voz de aquella chica, gritando:
-¡No molestes a Tama-chan, niñato!
Genial, soy un imán para las chicas. O más bien para sus insultos y tortazos.
Cuando la encaré, Utsukushii llevaba a aquel espíritu en sus brazos como si fuera un tierno gatito (de hecho, la bolita de marras ronroneaba y se dejaba mimar igual que uno, soltando su "tama, tama"), pero ya no tenía la vara de antes.
Sin embargo, Shiratori se adelantó y le dijo:
-Shojo-chan, espera, Chisai-kun es mi amigo, pero aún no está acostumbrado a los espíritus, no es que sea malo.
La expresión de esa chica se suavizó un poco pero no dejó de mirarme como si fuera un microbio (bueno, vale, ya sé que no soy muy alto, pero, jobar…).
De repente noté el calorcillo de Kusaki en la mejilla donde me habían pegado la torta.
-Eh-le dije con cariño y alegre de que se me acercara-, hola, bichillo. Últimamente me has evitado bastante y eso duele, ¿sabes?
-¿Kii?- me preguntó con sus llorosos ojos negros. Yo le sonreí con calidez.
-Tranquilo, las bofetadas duelen aún más. Pero quiero que sepas que yo me preocupo por ti, ¿vale? De mi puedes fiarte.
Entonces, Kusaki me miró como si no entendiera. "¿Ki?", dijo. Y entonces, oí la voz de Kyûbi diciéndome al oído:
-Tu bicho ha estado raro estos días por que yo le pedí que buscara un rastro por aquí, por Tokio, a cambio de no volver a intentar comeros el alma a ninguno de los dos. El rastreo puede ser agotador para una esencia un poco débil, como él.
El zorro de marras se había colgado de mi hombro, pero a mí no me importó y sin hacerle el más mínimo caso a él, volví a mirar a Kusaki y dije:
-¿Así que solo estabas cansado? ¡No era que me estuvieras evitando! ¡Solo necesitabas descansar!
Mi pequeña esencia asintió algo turbada, pero contento. Y yo no pude sentirme más feliz en toda la noche.
Pero como soy demasiado racional, en seguida volví a mirar a Kyûbi (que seguía en mi hombro) y le dije:
-Pero, ¿qué querías que rastreara?
-¿Eh? Ah, pues a ese shikigami.- dijo señalando con la cabeza a la bola que Utsukushii (de nuevo, acaramelada con Shiratori).- Es un poderosísimo espíritu, con naturaleza conjunta de los cinco elementos, llamado Tamashii. Ya quedan pocos shikigamis tan bien hechos como él.
-¿Hecho? ¿Quieres decir que es artificial?-pregunté.
-Sí.-afirmó, Kyûbi.- A los shikigamis debe crearlos el chamán que los vaya a usar. Es algo muy útil, por que no existe la posibilidad de que médium y espíritu se desentiendan, lo que disminuye las capacidades de fracaso de un combate. Pero también son muy difíciles de crear. Que Tamashii esté tan bien hecho, demuestra que Shojo es la indicada para Shiratori.
Aquello último me desconcertó:
-¿Indicada? ¿Indicada para qué?
Pero esa vez no fue el zorro quien me respondió, sino que Shiratori me llamó y dijo:
-¡Chisai-kun! Ven, que aún no he podido presentaros.
Yo me acerqué hasta él y Utsukushii, que seguía lanzándome miradas envenenadas por haber pegado a su shiki-lo-que-sea.
-Chisai-kun, esta es Shojo-chan, mi prometida.
¿¡COOOOOOOOOOOOOMOOOOOOOOOOOOOO!
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Notas finales: ¡Lo siento! Sé que soy una guarra bruja del infierno por haber tardado tantísimo en haber colgado el nuevo capítulo, y que no es excusa decir que no pude actualizar antes, tal y como quería, porque he estado en Inglaterra y allí los teclados son una p*ta mierda (ni ñ, ni ¿, ni ¡, ni tildes, ni nada). ¡Perdón!
De todas formas, cada capítulo se me va alargando más que el anterior, por lo que supongo que eso servirá como penitencia ¿no? Acabo de pasarme toda la tarde encadenada al teclado, escribiendo la mitad del capítulo que me faltaba (¡Ay, mi espalda!) pero al final….¡LO HE LOGRADO!
Muchas gracias por todos los reviews que he recibido de momento, en especial a anna-rocio 15. ¡Eres la leche, tía!
El título hace referencia a Hime y Shojo respectivamente. Sobre Yenene, la chica africana contra la que pelea Shojo, he disfrutado bastante con ella, aunque no creo que vuelva a salir más que de relleno (joo, que pena T_T). Su nombre es africano, pero de origen indio, y significa "hechicero". Cómo es una chamán, me pareció apropiado, y tal. Por cierto… ¡NO TIENE NADA QUE VER CON CHOCOLOVE!
En fin, creo que con esto ya está todo dicho. Espero que hayáis disfrutado del capítulo. El próximo, ya vendrá cuando pueda terminarlo (T_T), pero si la espera se os hace interminable, podéis ver otro de mis fics, que escribo a la par que este (Shinkû no Mura, es de Naruto).
Dejadme algún reviewcito bonito, ¿vale? n_n ¡Ya nos leeremos!
