Tercera parte: El alce.

Gabriel y los mellizos corrieron al encuentro con sus amigos. Dean iba vestido de Batman como había dicho pero Sam estaba notoriamente triste e iba vestido de un alce. Gadreel corrió a los brazos de Chuck y ahí se quedo un rato, escuchando la charla de los adultos que no hablaban de otra cosa que no fuera sus vidas. Dean fue a buscar a Castiel, ya que este se tomo muy enserio su papel y se encontraba afuera recolectando miel de las flores, así que Gabriel y Sam se quedaron solos, al más grande no le gusto notar a su amigo triste.

-¿Qué pasa Sammy, no es divertida la fiesta?-

-Si Gabe, todo está genial, pero mi traje es feo, todos van vestidos de lo que ellos quieren y yo tuve que resignarme con el ultimo traje en renta de la tienda, ya que el traje del Capitán América me quedo chico.- Bajo la mirada y tomo sus astas de alce, lanzándolas lejos, conteniendo sus lagrimas.

Gabriel fue corriendo por las astas y se agacho frente a Sam, volviendo a poner las astas en la cabeza de su amigo con cuidado.

-No estés triste Moose.- Se sentó, buscando la mirada de su amigo.- Gadreel va vestido de Harry pero no hay nadie que vista de Ron, Dean va vestido de Batman pero no hay nadie vestido de Robin, Castiel va vestido de abejita y no veo algún otro insecto por ahí, pero tú y yo somos dos animales de la selva que son amigos, les ganamos a todos, Sammy.

Las palabras de Gabe sirvieron para que Sam se sintiera a gusto con su traje y se pusiera de pie, ayudando a su amigo.

-Feliz cumpleaños Gabe.- Y le abrazo.

La fiesta transcurría como cualquier otra reunión familiar, porque eso eran, o al menos así lo sentía Chuck, ya que los Winchester fueron una familia para él y sus hijos en aquellos días difíciles y sabía que Mary y John también les veían así.
Los adultos hablaban sobre sus respectivos trabajos, los logros de sus hijos, alguna ocurrencia de los mismos entre algunas otras cosas que rondaban en lo mismo, una vida cotidiana y monótona, pero que no podían pedir algo mejor.

Los niños más pequeños junto con el cumpleañero jugaban por toda la casa obedeciendo a Gabe porque:

"Los leones le ganan a todo, se pueden comer a las abejas, a Harry Potter y a Batman, también a los alce pero no porque son amigos".

Ahora mismo jugaban a ser un trenecito bailador que buscaba todos los dulces escondidos por toda la casa. Todos iban en hilera tomados por los hombros y movían sus piernas "bailando". Para esconder los dulces recibieron ayuda de los mayores, Michael y Luci. Pronto "el diablo" decidió unirse a los más pequeños, pero Michael se sentía muy grande para jugar las tontadas que de repente se les ocurrían, así que fue con los adultos pero estos rápidamente le aburrieron, por lo cual, volvió con los pequeños, pero no para unirse al juego, simplemente se quedo observándolos, divirtiéndose por lo que hacían y decían.

Llego la hora del pastel la cual se convirtió en una guerra de comida, ya que a Gabriel se le había ocurrido embarrar de chocolate a su hermano Lucifer el cual respondió pero al intentar manchar a Gabe mancho a Castiel y este tomo un trozo de pastel para lanzarlo al azar. Al final nadie comió pastel y todos se encontraban ayudando a limpiar la cocina.

Llegada la noche, con un John y un Chuck ligeramente ebrios, el matrimonio se despidió de su mejor amigo y encargo a su pequeños no causar más desastres, cuando Chuck se retiro a su habitación no sin antes despediré de todos sus hijos (incluidos los dos pequeños Winchester) de un abrazo, los pequeños comenzaron a planear que hacer durante la noche.
Lucifer encontró una oportunidad para jugarles una broma a los pequeños.

-Yo me iría a esconder a mis mantas si fuera ustedes.- Les dijo interrumpiendo los planes de volver a jugar al tren bailarín pero sin dulces. Los pequeños rápidamente le pusieron atención, intrigados por lo que el mayor acababa de decir.

-No entiendo porque habría de hacer eso, Lucifer.- Dijo Gadreel.- Mis amigos están aquí y mañana no hay escuela.

-Está bien, pero cuando los atrape el monstruo no digan que no les advertí.- Insistió el mayor, utilizando sus dotes teatrales.

-¿Qué monstruo?- Pregunto Castiel, ya asustado.- ¿Del que escribe papá?

-Ese mismo, vive aquí, su jaula es el estudio de papá, por eso papá escribe sobre él y también por eso mismo no deja que nos acerquemos al estudio, papá teme por nuestras vidas.

Castiel estaba al borde del llanto y sus otros dos hermanos se veían preocupados y muy asustados.

-Los monstruos no existen.- Dijo un convencido Dean Winchester.- Sammy le temía a un monstruo las vacaciones pasadas (por vacaciones se refería a algún fin de semana no muy lejano) y papá descubrió que era un ratón lo que hacia ruido en el armario.

El pequeño Winchester lo había arruinado, ahora todos sus hermanos estaban alrededor de él preguntando montones de cosas sobre los monstruos y este respondía con que su papá aseguraba que estos no existían, que siempre habría una solución. Entonces a Lucifer se le ocurrió una travesura.