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Reagrupando fuerzas

El estudio en la casa de Bobby Singer era un desorden de libros viejos, frascos llenos y vacíos, una calavera sobre un estante y demás cosas particulares que lo convertían en un lugar único de reunión de los hermanos con su viejo amigo y camarada de combate. Después de que Drácula los echara de Nueva York, literalmente, Dean y Sam habían vuelto a ese, el lugar de partida de tantas aventuras en el pasado para reagruparse y charlar sobre lo sucedido…

-¿Y los dejó ir así nomás? – preguntó Bobby, incrédulo. Estaba sentado detrás de su escritorio.

-El maldito nos tenía apretando las pelotas. Era así de sencillo – dijo Dean, fastidiado – Teníamos que irnos, pese que acá James Bond mezclado con Rambo y Blade, todo junto en uno, quería hacerle frente – al decir aquello, le echó una mirada a su hermano. Sam se encogió de hombros, a modo de disculpa – Necesitas urgente tu alma, Sammy. Sin ofender, pero te prefiero a como eras antes.

-¿Y lo del Purgatorio? ¿Puede ser cierto? – siguió preguntando Bobby.

-A mi no me mires. Puede ser verdad. Después de todo, para algo quiere Crowley todos esos monstruos que venimos cazando.

Se hizo un breve silencio. Los tres pensaron un momento en la cuestión.

-¿Saben qué? Yo se lo preguntaría directamente a nuestro mejor asesor en temas espirituales – sugirió Bobby.

-¿Te refieres a…?

-¡Castiel!

La exclamación de Sam había sido por la súbita aparición de Castiel en la habitación. Mirándolos serio, el ángel vestido con una gabardina asintió.

-Supongo que estás al tanto de lo que pasó…

-Efectivamente.

-¿Y bien? ¿Qué hay de cierto en lo que ese vampiro dijo sobre Crowley y el Purgatorio? – Dean se cruzó de brazos. Castiel se tomó su tiempo para responder.

-Es verdad – dijo – Crowley desea encontrar la forma de acceder al Purgatorio. Él quiere a todas las almas para sí.

-¿Para qué las necesita? – inquirió Sam.

-Drácula se los ha dicho. Piensa que absorbiéndolas se convertirá en un ser de enorme poder.

-¿Puede hacer eso?

Cass asintió.

-Las almas humanas contienen mucha energía dentro de ellas. Imaginen cuanto más la tienen las almas de los monstruos…

-Mierda. Eso suena feo – murmuró Dean.

-Se pone peor – afirmó Castiel – En el Purgatorio no solo hay almas. Existen otras cosas. Si Crowley abre la puerta, esas cosas podrían entrar en esta dimensión y destruirnos a todos.

-Muy bien. Entendí el punto: no podemos dejar que Crowley encuentre el Purgatorio – Dean asintió – pero sucede que el hijo de puta nos tiene entre la espada y la pared: o le damos lo que quiere o no nos devolverá el alma de Sam.

Silencio. Todas las miradas recayeron en él.

-Ya sabes cual es mi opinión al respecto – dijo – Sammy es prioridad.

-Estoy de acuerdo con él – agregó Bobby.

Cass suspiró.

-En ese caso, no puedo ayudarlos – reconoció – Recuerden que hay una guerra allá arriba y Rafael es el principal oponente. No podemos permitir que otro peligro se sume a la lista.

-Cass, sabes que Sammy es prioridad – insistió Dean - ¡No podemos dejarlo así como está! Necesita su alma.

Al ángel asintió.

-Intentaré averiguar dónde se oculta Crowley, pero lo único que puedo decirles de momento es que no podemos dejar que llegue hasta el Purgatorio. Es todo.

Un pestañazo y Castiel ya no estaba. Se había esfumado en el aire.

-Odio cuando hace eso – Dean meneó la cabeza.

-¿Cómo seguimos? – preguntó Sam.

-Una cosa es clara: tenemos que cazar a Drácula. ¡No podemos dejar que esa sanguijuela se alimente como si nada en Nueva York!

-Coincido contigo – Bobby se puso de pie – pero olvidas el pequeño asunto de que es probable que a estas alturas, todos los vampiros del país estén con él y lo protejan. Dean, no podemos solos con esto.

-Bobby tiene razón – admitió Sam – Creo que es hora de llamar a los refuerzos.

-No sé… ¿Crees que Buffy esté disponible?

Bobby y Sam lo miraron, perplejos.

-¿Qué? ¡Era linda serie! Yo la veía, en mis ratos libres. La daban en FOX los martes.

-Hablo de Samuel y su grupo, Dean.

La mención de su abuelo materno no le agradó al muchacho. Hacía rato que habían tratado de separarse de su grupo de cazadores y de él. No eran buena compañía. De hecho, Dean cuestionaba los métodos de Samuel para hacer su trabajo, pero su hermano tenía razón: no podían hacer aquello solos.

-Okey – concedió – Llamémoslo. Si no queda otra…


Samuel Campbell los esperaba en el interior del punto de reunión: un viejo deposito abandonado de los suburbios. Cuando sus nietos terminaron de contarle lo sucedido, se hizo patente que el hombre mayor estaba dispuesto a colaborar con ellos en la cacería del señor de los vampiros.

-Puedo tener lista a mi gente cuanto antes – dijo – A mí también me llegaron los rumores de que el Padre de Todos los vampiros estaba en el país.

-Necesitamos trazar un plan – apostilló Dean – Son muchos vampiros y al parecer se esconden debajo de Manhattan. Es de suponer que ahí está su nido principal.

-Eso déjenmelo a mí – Samuel asintió – Organizáremos el ataque de modo que ni Drácula ni sus engendros puedan escapar.

-Lo quiero vivo, Samuel.

-Dean, no podemos dejar suelto a ese monstruo…- empezó Sam. Su hermano lo acalló con un gesto.

-Debemos dejarlo vivo. Es la única garantía de que Crowley te devuelva tu alma.

-¿A poco crees que lo hará? Digo, ¡es un demonio! ¡Seguramente no cumplirá su promesa!

-Odio admitirlo, pero Sam tiene razón – dijo Samuel – Crowley no es garantía de nada.

-Lo será si quiere a su monstruito chupasangre vivo.

-Pero… ¿Y el tema del Purgatorio?

Dean guardó silencio. Sam esperó.

-Una cosa a la vez, Sammy. Una cosa a la vez…

-Muy bien. Manos a la obra – Samuel se dirigió a la salida – Vamos a preparar la trampa.