Muchísimas gracias por todos vuestros reviews. Me encanta saber que os gusta, y me anima a seguir escribiendo más y más. Los reviews son algo así como mi alimentación creativa. ¡Gracias de nuevo!

Espero que este capítulo os guste también. Me encantó escribirlo, si os soy sincera XDDD.

¡Y sin más dilación, allá va!

EL DE CUANDO A HERMIONE SE LE VA DE LAS MANOS Y TERMINA AMENAZANDO A UNA COMPAÑERA DE CLASE

Draco estuvo varios minutos sentado en el frío suelo del baño. Con la cabeza enterrada entre las piernas y los dedos entre los mechones de su platino pelo.

Respiró una vez más antes de armarse de valor para poder afrontar el mundo que existía fuera de la estancia en la que se escondía de su vergüenza.

Se obligó a sí mismo a aceptar que aquello que había ocurrido era algo normal. Él era un hombre, y como tal, tenía necesidades. Necesidades que en aquellos momentos ninguna mujer cubría. Así que aquello había sido el desencadenante de tan bochornosa actuación. Sólo tenía que liberar tensión por otro lado para que no volviera a suceder. Pensó en quedar aquella misma noche con Pansy en los baños de los prefectos. No tenía duda alguna de que la chica acudiría a la cita, al fin y al cabo, ella siempre había sentido una adoración casi acosadora por el rubio.

Sintiéndose feliz y satisfecho con su conclusión, se levantó y se miró en el espejo. Se recolocó el pelo, que estaba extremadamente despeinado debido al hecho de haber pasado su mano por él en repetidas ocasiones en los últimos minutos, y giró el picaporte del baño.

-¡Malfoy!,-sonó la alegre voz de Hermione, que parecía sorprendida de encontrarse con el muchacho. Cargaba la mochila sobre su hombro izquierdo-.

-Escúchame,-le cortó Draco secamente-. Si le cuentas a alguien lo que acaba de pasar en tu habitación, me encargaré personalmente de arrancarte la lengua. ¿Comprendes?,-le susurró al oído con un tono de voz que le helaría la voz al más valiente-.

-¿Disculpa?,-preguntó la castaña sin llegar a comprender el por qué de la actuación del chico-. Mira, Capitán Peróxido,-continuó comenzando a perder la paciencia-, si te creías que iba a contar por todo el colegio emocionada el hecho de que hayas sido amable por una vez en tu condenada vida conmigo, siento desilusionarte. Sigo sin soportarte, ¿comprendes?,-le susurró esta vez ella al oído, imitando su amenaza-.

-Por sí acaso. Recuérdalo, Granger,-dijo él, mirándola desde toda su altura y entrecerrando los ojos levemente. Sopesando si la chica hablaría en serio-.

-Siempre tan egocéntrico ¿eh? No cambias nunca, querido,-dijo colocando la palma de la mano sobre su pecho, empujándole levemente y dejando caer la mochila al suelo-.

-Sin tocar, Granger,-contestó él alejándose levemente del cuerpo que tenía frente a sí. En el momento en que sintió el contacto de su suave piel sobre su persona, un calor irracional comenzó a instaurarse en su cuerpo, y decidió alejarse lo más posible de la tentación allí presente-.

-Eso ya lo haces tú muy bien ¿verdad?,-entonó sensualmente al tiempo que le acorraló levemente contra una pared-. Tienes unas manos mágicas, Malfoy,-le susurró a unos pocos centímetros de sus labios-. ¿Nunca te lo habían dicho?,-continuó, estrechando la distancia y rozándolos levemente con su propia boca. Mientras, no despegaba su mirada de los ojos gris hielo del rubio, que le correspondían a ella, comenzando a dilatarse a velocidades inhumanas-.

El corazón de Draco bombeaba sangre a toda velocidad. Una lejana voz en su cabeza le decía que se alejara de aquella chica endemoniada, pero su cuerpo no parecía prestarle la más mínima atención.

Hermione continuó rozando sus labios con los propios, sin llegar en ningún momento a sellar el acto con un contacto más ínimo. Sólo un ligero roce que empezaba a volver loco a Draco. El calor comenzaba a instaurarse en su rostro, dándole un tono sonrosado para nada habitual en el muchacho. Movió la cabeza a un lado y a otro, rozando la delicada piel del Slytherin, que comenzaba a hacer mella en su débil fuerza de voluntad.

La chica se alejó levemente del rubio, sin dejar de mirarle a los ojos con provocación, y fue entonces cuando él mismo la cogió por los hombros con fuerza y casi desesperación, y recorrió la escasa distancia que les separaba, con un beso húmedo y más que pasional.

La chica no tardó en responder al beso, pero tras haber pasado unos escasos segundos, se separó del rubio con rapidez, mordiendo su labio inferior en un acto de provocación como colofón final, que hizo que el poco juicio que le quedaba al chico, se fuera volando con la voz que le gritaba peligro.

-Espero que tú no cuentes esto, Malfoy,-ronroneó en voz baja, sonriendo con malicia-. Tengo una reputación que mantener ¿sabes?

A continuación le sonrió pícaramente, recogió la mochila del suelo y se largo del lugar con prisas, dejado a un Malfoy desconcertado y con un rubor rojo más que evidente por todo su rostro.

El chico sentía su labio inferior palpitante, allí donde la chica había mordido levemente y con seguridad.

Un frío sudor comenzaba a recorrerle la espalda, y su respiración era irregular y agitada.

En menos de un día aquella maldita Gryffindor había provocado que cometiese dos errores más que evidentes y humillantes para el rubio. Respiro profundamente y cerró los ojos.

-Pansy,-susurró comenzando a ser consciente de lo que acababa de hacer-. Es hora de que quede con Pansy.

Hermione fue a la biblioteca y comenzó con el estudio. Por mucho que le molestase admitirlo, le había gustado la confrontación que había tenido con el hurón. El hecho de verle perdido y casi indefenso ante sus ataques le hacía ver tan rematadamente vulnerable que a Hermione se le ponían los pelos de punta. Le gustaba esa sensación. Sólo esperaba que eso no entorpeciera su malévolo plan. No había olvidado el por qué de todo aquello. Cuando acabase con él suplicaría por su pequeño corazoncito.

Le costó concentrarse más de lo que había esperado. Entre frase y frase aparecían los labios de Malfoy, o su iris gris plata. A pesar de la dificultad que le entrañaba, consiguió ponerse al día con las asignaturas, y habría continuado con Transformaciones si no hubiera sido por la risita que escuchó, que la desconcentro de nuevo.

-¿Ha vuelto a quedar con ella? No me puedo creer la suerte que tiene esa maldita Parkinson,-decía una voz más que conocida para la castaña-.

Elevó la vista y vio a Lavender y Parvati cuchicheando a escasos metros de ella. Craso error, puesto que en cuanto la pareja de amigas fue consciente de que Hermione las había visto, se acercaron a gran velocidad y se sentaron. Una a cada lado de la Gryffindor.

-Hermione. Tú seguro que lo sabes,-dijo Lavender, con los ojos entrecerrados y a gran velocidad, como siempre que se ponía nerviosa o estaba impaciente por algo-.

-¿El qué?

-¿Es cierto que Parkinson y Malfoy han vuelto a salir? La hermana de Parvati, le contó, que una amiga suya de Ravenclaw, que conoce a una Slytherin que es prima de una chica que conoce a una amiga de Parkinson se lo dijo.

-¿Qué le dijo?,-preguntó Hermione, extrañada y sin llegar a comprender del todo quién le había contado lo que fuera que la tenía en tal estado de nerviosismo y necesidad de cotillear-.

-Que han quedado esta noche en los baños de los prefectos.

Una bombillita se iluminó en la cabeza de Hermione. Y una sirena de peligro sonó en su conciencia, pero hizo caso omiso de ella.

-No sabía nada, Lavender,-dijo prestando atención a cada palabra de la rubia-. ¿Y sabes a qué hora han quedado?

-Eso no me lo han dicho,-contestó ella, que parecía decepcionada por la falta de información de su excompañera de cuarto-.

-Seguro que es un rumor tonto,-finalizó la conversación Hermione, quitándole hierro al asunto-. Bueno, tengo que irme a…, a hacer cosas de Prefecta,-sonrió forzadamente-.

Recogió sus cosas y salió pitando de la biblioteca.

Hermione caminaba muy rápido por los pasillos de Hogwarts ¿Sería capaz de realizar la idea que le había venido a la cabeza? ¿Podría controlar la situación o se le terminaría por ir de las manos como terminaba de suceder hacía unas horas en la Sala de los Premios Anuales?

Respiró profundamente, pensando sobre ello. Cuando se quiso dar cuenta había llegado a su destino.

-Musarañas,-susurró levemente a las estatuas-.

Cuando se abrieron para darle paso, entró silenciosamente en la Sala, decidida a llevar a cabo aquel acto, que más de uno podría llegar a calificar de suicida.

-¿Otra vez con Pansy?,-sonaba la voz de Blaisse en la Sala-. No sé que le ves. A mi no termina de gustarme,-decía, muy seguro de sí mismo-.

-Cállate. Ya se quién te gusta. Créeme. No paras de repetirlo a todas horas. Tal vez debería dejarte a solas con ella, para que se te pase la tontería de una vez por todas,-le cortó Draco secamente a su amigo-.

-No es una tontería. Es una atracción… diría que casi animal. No sé que es lo que tiene pero…

-¡Basta!,-le cortó subiendo demasiado la voz el rubio, que parecía realmente furioso-.

-¿Qué te pasa?,-preguntó Blaisse, que parecía molesto con la actitud de su amigo-.

-Perdona. No…, no me pasa nada,-contestó torpemente. Su voz parecía dubitativa, cosa rara en el platino-. Esta noche se me habrá pasado. Demasiado estrés,-finalizó escuetamente-.

-¿Esta noche…? Oh. Comprendo,-Hermione escuchó una risa contenida-. Así que habéis vuelto a quedar a las 10 de la noche en el baño de prefectos. Creí que habías acabado con esa costumbre tan insana. Volverá a prenderse de ti, y será insoportable. Como antes.

-No me importa Blaisse,-escupió el rubio-. Y ahora vete, por favor. Me duele la cabeza.

Escuchó una protesta por parte del moreno, y se escabulló en el cuarto de baño para evitar ser vista.

Hermione sabía la hora y el lugar en el que habían quedado. Así que, cuando pasó un tiempo prudencial, se escabulló de la Sala y fue a la de Gryffindor. Dispuesta a evadirse un rato antes de volver a la realidad.

Harry, Ron y Ginny habían vuelto del entrenamiento. Estaban llenos de barro y sudorosos, pero parecían realmente felices.

-¿Y has oído lo del ojeador?,-escuchó Ron contarle a sus amigos-. Dicen que vendrá para el próximo partido.

-¿Gryffindor contra Slytherin?

-Así es,-afirmó enérgicamente el pelirrojo-. Están buscando nuevas promesas para el mundo del Quidditch.

-Habrá que entrenar duro, entonces,-sentenció Harry, muy serio-.

-¿Creéis que alguno tenéis posibilidades?,-se entrometió Hermione en la conversación-.

-Eso espero,-dijo Ron, sonriendo enormemente-.

Estuvieron hablando sobre el tema media hora más por lo menos, y luego bajaron a cenar.

Durante la cena, para alegría de Hermione, cambiaron de tema, y el complicado hechizo de la última clase de Transformación salió a la luz.

La chica estaba muy interesada en la conversación, pero algo en la mesa de Slytherin la distrajo. Ese algo era una chica morena, que sonreía tanto que parecía que le hubieran grapado los labios a las orejas, y reía tontamente hablando con una compañera que tenía al lado. Miró de soslayo a su izquierda, y su sonrisa se incrementó aún más. Hermione siguió la dirección de su mirada, y se dio cuenta de que Pansy Parkinson miraba a Draco Malfoy como si fuera un dulce prohibido en plena operación bikini.

-…forma?,-le devolvió a la realidad la voz de Neville-.

-¿Qué?,-contestó, sobresaltada-.

-Digo que si se hace de esa forma,-le dijo chico, ajeno a que ella no le había prestado el más mínimo interés-.

-Sí, sí. Claro que sí,-dijo sin prestarle mucha atención-. Chicos tengo…, tengo que irme,-dijo al ver como Parkinson se levantaba de su asiento y salía con rapidez del Gran Comedor.

La castaña respiró hondo durante unos segundos, no muy segura de lo que iba a decirle a Pansy aún. ¿Qué Draco no la soportaba, que le partiría las piernas ella misma si se acercaba al baño de los prefectos aquella noche? Ninguna de las dos opciones terminaba de gustarle por completo.

No le dio tiempo a pensarlo mucho porque la morena volvía sobre sus pasos y se chocó directamente con la Gryffindor.

-Granger,-dijo con voz chillona-. Mira por donde vas.

Hermione decidió sobre la marcha su modo de actuación. Y creyó que la mejor forma de tratar con una Slytherin era comportándose como una Slytherin.

Ella era bastante más alta que la morena que tenía delante, unos 8 centímetros, así que utilizó su superior altura para intimidarla levemente. La miró desde arriba con cara de mala uva.

-Mejor mira tú por donde vas, Parkinson,-escupió la castaña, intentando sonar hostil y empujándola bruscamente-.

La chica recuperó el equilibro y se quedó mirándola con asombro. No se creía que la perfecta Prefecta de Gryffindor terminara de hablarla como lo había hecho y mucho menos que hubiera atentado físicamente contra su persona.

Era la típica tonta que se limitaba a ignorar a la gente que se metía con ella. ¿Qué le pasaba?, se preguntaba Pansy, contrariada.

-¿Qué…?,-comenzó a pedir explicaciones la morena, pero Hermione la corto mucho antes de que su frase llegara a buen puerto-.

-Y otra cosa te voy a decir, querida,-dijo acercándose a ella lentamente y con la palabra peligro grabada en su gesto-, si aprecias tu vida, esta noche no te acercarás a los baños de los prefectos.

-¿Qué es lo qué...?

-Chist,-le cortó sacando la varita de entre su túnica-. He dicho, que no te acercarás. ¿O acaso quieres ver cómo pruebo mi varita en tu ridícula persona, Parkinson?

-Pero…

Hermione no dijo nada, sólo la miro como había visto hacer tantas veces a Malfoy cuando se dirigía a alumnos de cursos inferiores.

-Y como le cuentes a alguien lo que acaba de pasar, me encargaré personalmente de arrancarte la lengua,-concluyó con un tono agresivo y cortante-.

La morena que estaba frente a ella tembló levemente. Le echó una última mirada, miró indecisa en dirección al Gran Comedor y salió corriendo hacia las mazmorras.

Granger se quedó mirando por donde terminaba de largarse Pansy. No podía creerlo, pero había funcionado. Y menos mal que había funcionado, porque era incapaz de hacer daño a una mosca, se dijo a sí misma.

Intentó normalizar su respiración. Aquello no era normal en ella, pero notaba la adrenalina a borbotones, nadando por sus venas. Sentía una sensación de plenitud y euforia que pocas veces había sentido antes. Sonrió abiertamente e imaginó la cara que pondría Draco cuando la viera a ella en el baño en lugar de a su amiguita. No pudo evitar que una carcajada saliera de su garganta.

Draco, por su parte, estaba en el Gran Comedor. Había observado como su "cita" de aquella noche se iba con prisas, seguramente para adecentarse y estar un poco al nivel de un Malfoy. Aquello era complicado, ya que Pansy era demasiado delgada para el gusto de Draco, apenas tenía curvas. Su baja estatura hacía que le diera dolor de cuello si la besaba durante mucho tiempo seguido. Y su palidez casi enfermiza no ayudaba demasiado a su conjunto. No se parecía nada a su propia tez, que aun siendo blanquecina le daba un aspecto tremendamente atractivo, se decía el chico para sí mismo.

Sin querer se descubrió evocando ciertas curvas con piel dorada, y se odió internamente.

Aquello podía llegar ha convertirse en una obsesión, y no estaba dispuesto a ello. ¿Qué pensaría su padre si se enteraba de eso? Tenía bien presente que su familia descendía de un ancestral linaje mágico. No podía manchar el lienzo de perfección por una debilidad como Granger.

Observó como la susodicha salía pocos segundos después de Pansy. Por la mirada que parecía dirigirle cualquiera diría que iba a darle caza a su compañera de Casa. Agitó la cabeza. Desde luego estaba comenzando a perder el juicio. Si la Gryffindor se definía por algo era por su sosez supina, su personalidad aburrida y aberrante al peligro o lo prohibido, una buena chica a fin de cuentas, pensaba el chico, sonriendo malévolamente. Su sonrisa se desvaneció cuando recordó la forma en que le mordió el labio aquel día. Una buena chica no hacía ese tipo de cosas ¿verdad?

-Como te lo digo… Pelo de unicornio,-escuchó decir a Blaisse, con una sonrisa satisfecha en sus labios-. No querrás nada más.

-¿De qué demonios estás hablando?,-preguntó su amigo, escandalizado-.

Blaisse mantuvo la sonrisa un poco más, y la ensanchó cuando se dirigió a Draco.

-Pociones revitalizantes, amigo.

-¿Revitalizantes?

-Ya sabes…,-dijo mirando su entrepierna pícaramente mientras sonreía de medio lado-.

-¿Necesitas…?

-No. Pero es una sensación increíble. Después de probarlo no puedes hacerlo sin ella. Es… como si te faltara algo.

-Tal vez deberías empezar a tirarte a mujeres que te exciten realmente,-contestó el rubio sonriendo con maldad-. No lo necesitarías, ¿sabes?

-Más quisiera yo…,-escuchó susurrar a su amigo, taciturno, que terminaba de ponerse muy rojo y parecía estar rememorando algo-. Tengo… tengo que ir al baño,-y se levantó de su sitio, caminando de una forma extraña-.

Draco puso los ojos en blanco, ignorando a su amigo y su repentino problema. Vio entrar de nuevo a Granger en el Gran Comedor, y decidió que era hora de largarse del lugar. Cuanto menos tiempo pasará cerca de aquella sangresucia, mejor que mejor.

El rubio pasó las siguientes dos horas en su habitación, pensando en que no necesitaría pelo de unicornio ni nada similar para revitalizarse. Creía que tenía amor para dar y tomar. Y estaba deseando poder sacarlo todo de su cuerpo.

Hermione, por su parte, se dedicó en cuerpo y alma a leer un tratado sobre pociones somníferas. Sería la siguiente clase que tendrían en pociones, y quería estar a la altura. A las 9 y media salió de su cuarto, dispuesta a hacer su ronda nocturna como Prefecta. Pero antes de nada, cogió su toalla favorita, y también se llevo una sonrisa satisfecha prendida en su rostro.

Caminó tranquilamente hasta el baño de Prefectos, y llenó la tina con burbujas de mil y un colores. Agua caliente y burbujas. Buena mezcla se dijo a si misma mientras esperaba y veía como los minutos pasaban, y como la tina se iba llenando poco a poco.

Lentamente se fue desprendiendo de su uniforme. Prenda a prenda. Se imaginó que los guerreros antiguos harían lo mismo antes de lanzarse al fragor de la batalla, solo que al revés. Vistiéndose y no desvistiéndose. Sonrió.

Cuando estuvo completamente desnuda se enrolló la toalla alrededor, asegurándose de que no se le viera nada que no quisiera, y se sentó a la orilla de la tina, con lasa piernas dentro del agua, esperando a Malfoy, con un cosquilleo inminente en su estómago, que iba aumentando en profundidad a medida que los minutos pasaban.

Pasados tres minutos de las diez comenzó a pensar que aquello había sido una pésima idea, así que se levantó, dispuesta a largarse sin ser vista del lugar.

Cuando estuvo de pie, escuchó un sonido a sus espaldas. Malfoy la examinaba con el rostro desencajado y una mirada lasciva que nunca creyó haber visto en su afilado rostro.

-Granger,-consiguió vocalizar tras varios segundos de analizar su cuerpo a conciencia-.

-¡Malfoy!,-contestó ella, haciéndose la sorprendida-. ¿Qué haces aquí?

-No. La pregunta es qué haces tú aquí.

-Bueno. Estaba aquí, esperándote. Y decidí hacerlo en toalla para conseguir llamar tu atención,-contestó con evidente tono de sarcasmo, y riendo internamente al darse cuenta de que era cierto-.

El rubio se quedó quieto mirándola, sin saber muy bien qué hacer. Abrió la boca y la cerró en un par de ocasiones.

-¿Dónde…dónde está Pansy?

-La vi rondar los baños hace un rato, pero entré y no se nada más sobre ella,-contestó haciéndose la inocente-.

Draco miraba a la muchacha allí plantada. Con las piernas mojadas, y tan sólo una prenda de algodón separando la visión de su cuerpo desnudo y vulnerable. Tragó saliva sonoramente y se perdió en su piel dorada.

Se llevó una mano a la boca, y apretó la mandíbula. Su respiración volvía a ser irregular, y el corazón parecía ir a salírsele del cuerpo en cualquier momento.
Debería irse del lugar. Insultar a la chica allí plantada. Pero su cuerpo no respondía a las órdenes que su cerebro le iba dictando. Ni tan siquiera a la de "date la vuelta y lárgate de aquí antes de que cometas una estupidez".

-¿Querías algo más?,-continuó ella volviendo a sentarse junto a la tina e introduciendo sus piernas en ella-.

-Quiero muchas cosas, Granger,-dijo con el ceño fruncido y sin ser dueño de su lengua-. El problema surgirá cuando me decida a cogerlas por la fuerza,-y dio un par de pasos hacia la castaña-.

Hermione se quedó helada ante sus palabras. No había marcha atrás en aquel juego. ¿Sería capaz de controlar la situación, o la situación terminaría por acabar manejándola cual muñeca de trapo?

O-O-O-O-O-O-O-O

Fin del capítulo. La cosa se va calentando más y más. ¿Qué será capaz de hacer Draco si Hermione continúa con su plan? ¿Será ella capaz de asumir las consecuencias de despertar al animal que vive en el Slytherin?

Dejadme vuestro review contándome que os ha parecido.

Un besosote.

Joke.