DISCLAIMER: LOS NOMBRES DE LOS PERSONAJES ASÍ COMO CARACTERÍSTICAS FÍSICAS PERTENECEN A STEPHENIE MEYER, LA TRAMA Y PERSONALIDADES DE ESTOS SON DE MI TOTAL AUTORÍA.
Nota de la autora al final, disfruten la lectura :)
Silencio
-Lo siento, lo siento, lo siento, lo siento –repetía una y otra vez con desesperación intentando disuadir al hombre que se encontraba a unos cuantos pasos pero sus súplicas se detuvieron repentinamente cuando el objeto de metal se estrelló contra sus manos, las lágrimas se tornaron aún más abundantes de ser posibles mientras su respiración hacía más errática y temblorosa pero al pasar pocos segundos volvió a sus súplicas.
El sonido de la puerta principal al abrirse le trajo un deje de esperanza que desapareció al poco tiempo, los pasos de su madre le alertaron ¿cuántas veces había esperado que ella llegara para salvarle? Pero desde aquella vez se dio cuenta que nada pararía con su presencia, su pecho dolía al pensar que ella aceptaba lo que sucedía. Con la vista baja percibió sus sandalias al pasar por el pasillo, ignorando la situación en que se encontraba pero, como siempre, sus labios la traicionaron al llamarla y lo último que vio fue a Phil quitándose el cinturón de cuero antes de abandonarse a aquel lugar.
-¿Podrías dejar de refunfuñar? –murmuró una irritada Alice.
-¿Podrías dejar de hablar?
-¡Niños, basta! Casi no nos vemos durante la semana y ahora que vamos a salir deciden pelear -les reprendió la mujer que iba sentada en el asiento de copiloto, el vehículo permaneció en silencio por unos segundos hasta que un resoplido perforó el supuesto pacífico ambiente.
-¡Mamá! ¡Dile que pare! –exclamó la pelinegra.
-Edward, deja de hacer eso, a tu hermana le molesta –suspiró en respuesta la progenitora de ambos adolescentes.
-¡Ya me hartaste!
-¡Quiero tener un momento de calma así que Alice deja el berrinche y Edward ya sabemos que estas peleado con la vida así que limítate a estar en silencio! –su rubio padre estalló cuando la pelinegra se disponía a golpear a su hermano mayor.
El resto del viaje transcurrió en un silencio sepulcral y, una vez dentro del centro comercial, hombres y mujeres se dividieron, los primeros caminaron hasta las tiendas de electrónica simplemente para pasar el rato mientras que ellas se detuvieron para ver ropa no sin antes ser advertidas por sus acompañantes de no tardar tanto.
-Hija ¿por qué está enojado tu hermano? –preguntó Esme mientras la pelinegra se cambiaba en el probador.
-Es que el viernes pasado le dijo a una chica que se vieran el lunes pero ella no llegó y tampoco fue el resto de la semana –contestó pasados unos minutos.
-¿Rosalie?
-Ella se dio por vencida desde hace meses, ahora está saliendo con Emmett… al menos a alguien se le cumplió –añadió segundos después mientras contemplaba de forma crítica el cómo lucía el pantalón rojo que había elegido.
-Entonces ¿quién es? No sabía que tuviera más amigas.
-Hasta donde yo sabía no lo son, sólo se han visto tres veces por lo que sé… se llama Isabella, es lo contrario a Rose pero es bonita, me gustan sus chaquetas.
-Le debe gustar mucho para invitarla a salir tan pronto, ¡La primera novia de mi hijito! –exclamó aliviada la castaña.
-Mamá… no son ni amigos, aunque me sorprende que le haya pedido verse otra vez, siempre ha sido reservado con las mujeres ni si quiera con Rosalie se toma tanta confianza.
-Tienes razón, es más confianzudo con Jazz… -su frase se vio interrumpida por las carcajadas de Alice.
-¡Por dios, mamá! Mi hermanito no es gay, si no me crees pregúntaselo tú.
Se detuvo unos segundos frente al espejo que se encontraba en el pasillo, sonrió satisfecha por su aspecto y después de retocarse el labial salió del sanitario, sus caderas se mecían suavemente conforme sus pasos la transportaban, ocasionalmente captaba la atención de algún hombre debido a su físico hecho que le incrementaba poco a poco su ego y le hacía sentir bien, una vez frente a la mesa y después de dirigirle una sonrisa a su acompañante, tomo asiento. Ante los ojos de comensales que desviaban su atención de la mesa correspondiente se podría tratar de una pareja juvenil que, como máximo, alcanzaban los treintas pero la realidad era que hace tiempo que habían rebasado ese aproximado más, sin embargo, su energía y aspecto pulcro daba una idea completamente equivocada.
Al terminar su ameno almuerzo se incorporaron y decidieron dar un paseo por el parque que estaba frente a ellos para hacer algo de tiempo, entre risas la bella mujer castaña tomó la mano de su pareja y después de entrelazar sus dedos comenzó a balancear hacia adelante y atrás sus extremidades, al cabo de unos metros la mano del pelinegro llamó su atención, con un encogimiento de hombros talló su uña con el pulgar eliminando la mancha rojiza que había en ella; entonces de forma involuntaria su mente regresó a su cálido hogar, aquel lugar dónde era el nido de su amor y se había convertido en el gran álbum de recuerdos que tenía con su amante.
Por un momento su alegre rostro adoptó una expresión que rebozaba de seriedad, a tal grado que pareció verse de una edad un poco más avanzada, afortunadamente, antes de que la molestia e incomodidad que comenzaba a inundarla se agudizara el pelinegro le besó, olvidando su último pensamiento le correspondió y, una vez satisfechos, le propuso ir a bailar; aquel día no tenía ganas de regresar a su adorado hogar.
Sus piernas se columpiaban una y otra vez mientras esperaba sentada, con la intención de evadir el aburrimiento miraba detenidamente el pavimento e intentaba adivinar hace cuanto habían colocado ese cemento, el aire mecía su cabello suavemente lo que provocaba que al cabo de unos minutos volviera a recorrerlo para que este no le causara malestar en el rostro. Esculcó nuevamente en su bolso aunque esa vez se detuvo como si el caminar impidiera que su mano se moviera, resopló, giró los ojos y finalmente su tiempo se vio recompensado, con una sonrisa extrajo las llaves y retomó su camino, lanzó su cabello hacia atrás repetidas veces hasta que algo llamó su atención y le impidió que efectuara aquella acción nuevamente.
-Srta. Swan, deseo platicar desde hace días con usted –mencionó después de cerciorarse de que no se tratase de otra persona, en particular de cierta jovencita muy similar a ella-. Pronto se publicará la convocatoria para un concurso que pienso podría interesarle –continuó después del asentimiento de la susodicha-, a lo largo de estos meses su trabajo ha captado mi atención y pienso que está totalmente preparada para dar una buena presentación, además de que el premio es realmente bueno…
Liberó todo el aire contenido en un profundo suspiro, había esperado pero al no darse la ocasión no había pensado en lo que haría, por un momento considero dar la media vuelta y dirigirse a su casa por otra ruta aunque, al final, después de reprenderse por su repentina cobardía y pena caminó a paso decidido, una postura un tanto engañosa pues las palmas de sus manos pronto fueron recubiertas por una capa de sudor mientras que la temperatura de estas disminuyó notablemente, ¿decidido? ¿Quién sería el iluso que creería eso? Con molestia escondió ambas extremidades en sus bolsillos con un movimiento bastante torpe.
Su mirada permanecía fija en el piso mientras escuchaba atentamente, su peculiar forma de actuar en dado caso de no pasar desapercibida resultaba ligeramente extraña aunque era fácil para habituarse al igual que su poca acción verbal, en las conversaciones se limitaba a contestar con monosílabos solo cuando consideraba necesario y, cuando no, simplemente permanecía en silencio y movía su cabeza casi imperceptiblemente.
-Ahora no tengo mucho tiempo pero mañana búscame en una hora libre que tengas y continuaremos platicando, te veo en clase.
Asintió nuevamente con la cabeza y después de estar segura de que se encontraba lejos retomó el movimiento de sus piernas, observaba su pequeño reloj dispuesta a partir después de diez minutos cuando un sonido atrajo su atención, de reojo se dio cuenta de que habían tomado asiento a su lado y, aunque parecería descortés, después de pensar por un momento en ello se decidió a levantarse y buscar lugar en otro lado, el contacto con desconocidos le resultaba increíblemente incómodo por no decir que le intimidaba en cierta forma.
-Isabella, cuanto tiempo –aquella voz que le resultaba conocida le hizo detenerse cuando se disponía a levantarse.- No esperaba encontrarte otra vez.
-Querías verme –murmuró en respuesta a la nota molesta en la voz del muchacho.
-Fue la semana pasada.
-Entonces ¿qué haces aquí? –inquirió en el mismo tono.
-Aprovechando la oportunidad.
Los dos permanecieron en silencio, uno que parecía haber sido determinado previamente, repetidas veces el muchacho separó ambos labios en un intento de emitir alguna palabra pero este hecho siempre resultó fallido pues no encontraba las palabras adecuadas, había esperado aquel momento por varios días cuando en realidad nunca tuvo un propósito, como muchas de sus decisiones esta fue totalmente impulsiva ¿de qué hablaría con una desconocida?; mientras él se reprendía la joven se encontraba de forma similar aunque, ella parecía disfrutar simplemente de la compañía pues ya se había resignado a la carente conversación por lo que, sin pensarlo, había reanudado el movimiento de sus piernas.
-Tu libro –por fin logró hablar después de alcanzar la valentía que le permitió pronunciar dos palabras pero pronto se sintió ridículo e incómodo pues había atraído la atención de la muchacha quien le había dirigido una mirada fugaz por lo que se sintió obligado a continuar y, nuevamente sin pensar, retomó la palabra,- quiero decir, tú, en realidad me resultas interesante –sin poder evitarlo la castaña le miró, aquel contacto visual le resulto intimidante a ambos pero, incapaces de romper esa mirada tan intensa, retomaron el silencio.
Por la mañana escuchó a unas compañeras conversando entre la multitud pero hubo un momento en que su forma de hablar captó su atención, mencionaron a un hombre de cabello largo acompañado por una pelinegra quienes habían hablado fugazmente con una de ellas el día anterior, su mente le recordó a cierto cobrizo con quien se había cruzado, no pudo evitar pensar en que resultaba agradable para la vista pero, por otra parte, su actitud le contrariaba demasiado, aquella confianza repentina con la que había tratado con ella le resultaba en cierto modo desagradable aunque despertaba cierto interés en ella quien no acostumbraba mantener conversaciones tan largas con personas más él había provocado que le esperara aún después de haber pasado días de la reunión acordada.
-Alice ¿con quién hablaba tu hermano hoy? –preguntó mientras ambas colocaban esmalte en las uñas de la otra.
-No lo sé. Rose, no te interesa aún ¿o sí?... pero ¿y tu novio? –preguntó ante el silencio de la rubia.
-Emmett es muy lindo y detallista, pero yo… hemos estado saliendo por meses y créeme que lo intenté de todas las maneras posibles pero no siento ni si quiera atracción hacia él.
-Odio tener que decirlo pero mi hermano…
-Lo sé, siempre lo supe. Es solo que, Alice, no me quiero rendir tan fácilmente – ¿es tan difícil cambiar de página? No pudo evitar cuestionarse la pelinegra- y no puedo intentarlo estando atada con alguien que no causa nada en mí; además tengo oportunidad, como siempre él no habla con otra mujer ni muestra mucho interés.
Sin pensarlo se dejó caer en la cama junto al cobrizo, a veces se preguntaba cómo su amiga se había enamorado de alguien como su hermano y, peor aún, como él no era ni un poco más sutil pues repetidas veces había dejado en claro que nadie le interesaba situación que hería a la rubia; su rostro lucía más serio que costumbre, pensativo, desde que pasó por ella –bastante tarde- le había visto con aquella expresión ¿qué significaba aquello?
-Sé precavido con Rose –murmuró al cabo de unos minutos interrumpiendo así el silencio.- Va a dejar a Emmett para intentarlo, otra vez.
-Volverá a que la consueles.
-¿Cómo es posible ser tan frío respecto a los sentimientos de otra persona?
-No es mi culpa que no quiera aceptarlo –pasaron varios minutos antes de que la pelinegra contestara.
-Mencionó que te vio hablando con alguien, ¿te encontraste con ella y por eso tardaste? –como respuesta obtuvo un simple silencio y después que este le pidiera estar solo se retiró mientras protestaba.
El sonido de las hojas al crujir llamó su atención por lo que elevó su rostro y mirada examinando el árbol cuyas ramas pasaban sobre su persona, en ese momento el cobrizo le observó y producto de ello fue que notara dos borrones en la piel de la castaña pero antes de poder cerciorarse de que su mente no le estuviera jugando una broma se encontró con la mirada fija de la muchacha quien había notado la suya y, en respuesta, esta le dirigió una sutil sonrisa ¿qué había sido aquello? Después de no llegar a nada decidió distraerse por lo que se volteó a su mesita de noche, ¿quién eres Isabella? Fue lo último que pensó antes de reanudar su lectura.
¡Feliz Año Nuevo!
Gracias por leer esta historia y espero les haya agradado este capítulo, una disculpa por la tardanza al actualizar pero me había dedicado a editar el contenido de mi otro escrito el cual les invito a leer, la historia se llama: Bella & Alice Troublemakers y es más enfocada a la comedia.
Agradezco a quién sigue el texto y quiénes marcaron la historia como favorita, debo recalcar que en este texto en particular estoy trabajando de forma más seria y en caso de haber dudas, la narración en tercera persona no solo sigue a Edward y Bella sino que se extiende a más personajes, estas partes se van a ir entrelazando y poco a poco completarán el rompecabezas de esta historia.
Finalmente, nos leemos pronto, Mrs. Blackbird.
