Disclaimer: los personajes de The 100 no me pertenecen.

CAPÍTULO 4

[Polis, Templo de los Guardianes de la Llama, meses antes...]

Las primeras semanas que Lexa pasó encerrada en el templo de los Guardianes de la Llama fue un período borroso en su mente, donde se alternaban las pesadillas con escasos momentos lúcidos y tan sólo algunos de descanso en los que su cuerpo poco a poco, parecía mejorar y ofrecerle una tregua. Gaia cuidaba, sin que nadie la descubriera, de las necesidades básicas de la antigua portadora de la Llama y de Madi, la pequeña niña que gracias a su sangre negra le había salvado la vida. Pero a la sacerdotisa cada vez se le hacía más complicado escabullirse en secreto a causa de todo lo que ocurría en el exterior. De modo que fue instruyendo a la jovencísima Natblida para que mantuviera entre ellos el cuerpo y el espíritu de Heda. Así que a menudo Lexa se despertaba mientras Madi le movía las piernas, ambas eran prisioneras la una de la otra.

- Hola Heda! quieres jugar conmigo? – era la primera frase que casi siempre escuchaba al despertar.

Lexa estaba habituada a instruir a los discípulos del cónclave, pero esto era diferente, nunca había jugado con ellos, sus clases e instrucciones eran de una seriedad absoluta. De hecho ni siquiera recordaba ningún juego de su infancia, ya que todo su tiempo estuvo siempre destinado a convertirse en la portadora de la Llama. Sin embargo Madi se sentaba sobre sus piernas y empezaba a cantar y a palmear, o le hacía abrir y cerrar los ojos mientras recitaba un par de frases y la pequeña avanzaba desde la pared más lejana hasta a ella, o le pedía que adivinar un objeto en el que estaba pensando. Heda no tenía fuerzas ni corazón para negarse. Los juegos a menudo llevaban a conversaciones sobre sus vidas antes de ser encerradas en aquella habitación a penas iluminada cenitalmente y escasamente ventilada. La Commander cada vez se encontraba mejor y le habla de los clanes, el cónclave, la Coalición, la Llama, a veces incluso nombraba a Clarke y los Skykru. Madi por su parte añoraba a su familia, sus padres y su hermano mayor, a pesar que parecían siempre estar riñendo como el perro y el gato. A menudo la pequeña le hacía sonreír y olvidar la gravedad de todo lo que había ocurrido y de lo que probablemente seguía ocurriendo en Polis, ya que poco conseguía averiguar a través de la fugaces visitas de Gaia que muchas veces se limitaba a facilitarles agua y comida.

- Gaia, necesitamos salir de aquí lo antes posible, no puedes seguir manteniéndonos encerradas por más tiempo, es una orden!

- Heda, Roan ha ocupado tu puesto, la gente de los clanes está tomando algo que la convierte en otra persona y están asesinando a sus propios padres y hermanos…no podemos fiarnos de nadie.

- Pero, cómo? – la Commander no daba crédito a las palabras de la sacerdotisa – qué toman?

- Esto Heda- Gaia alargó la mano y mostró la pastilla hexagonal para entrar en la Ciudad de la luz. – afirman que quien la toma no tendrá más sufrimiento ni dolor.

Lexa la sujetó entre sus dedos, el símbolo que llevaba le resultaba muy familiar.

- Pero que hay de Ontari?

- Jaha le golpeó en la cabeza y aunque no está muerta…como si lo estuviera. Debo marchar lo antes posible he oído mientras espiaba a los Skykru que Wanheda quiere aprovechar la sangre negra del cuerpo de Ontari para colocarse la llama ella misma.

- Clarke? Porque querría hacer eso? – Lexa cada vez comprendía menos lo que escuchaba- Si su cuerpo rechaza la llama la matará…

- Parece que piensa que si asciende y toma la pastilla podrá liberar a quien la haya tomado de su efecto…

Lexa apretó el pequeño hexágono en su puño, que la rubia arriesgara a su vida por los suyos, era lo único que tenía sentido de todo aquello, tenía fe en ella y no podía quedarse de brazos cruzados.

- Gaia, llévame hasta Clarke ahora mismo, volveré a ser la portadora de la Llama y tomaré la pastilla, es mi responsabilidad!

- No podemos correr el riesgo Heda, no sabemos el efecto que tendrá sobre ti y por tu estado supondría exponerte a una muerte segura por parte de cualquiera que la haya tomado.

- No me importa! Gaia, sácame de aquí ahora mismo! Llama a Indra de una vez, o a quién sea, tengo que parar esto!

- No Heda, no podemos correr ese riesgo, primero tienes que dejar de ser vulnerable, lo siento. Tengo que irme.

La sacerdotisa de la Llama salió corriendo de la estancia, cerrando de nuevo la puerta desde fuera, ante la sorpresa y impotencia de la antigua Commander. Madi, sintiendo su desasosiego se abrazó sobre ella.

- Entonces aún no podemos salir Heda Lexa?

- No, pero Gaia ha olvidado algo que puede que nos ayude. Pequeña, será mejor que te alejes de mí, tenemos que intentarlo.- dijo mientras se llevaba la mano a la boca.