..:: Las Chicas de la Lista ::..

IV

.- Fíjate – susurró una joven Hufflepuff de quinto curso a una compañera – En el especial de Corazón de Bruja anuncian en breve una entrevista en exclusiva con "Las Chicas de la Lista".

La reacción de su compañera fue inmediata: abandonó los deberes de pociones y le arrancó prácticamente la revista a su amiga de las manos. Tras un breve vistazo comentó:

.- ¡Qué ganas! Me encantaría saber quiénes son.

Frente a ellas en la mesa que compartían en la Sala de Estudio, un par de chicos bufaron exasperados.

.- ¿Para qué? – Preguntó uno de ellos – Seguramente hagan otra lista con alguna cualidad más que no pusieron en la primera.

.- Sí, como que "El hombre perfecto siempre debe bajar la taza del váter" – se burló su amigo.

Los Hufflepuff se olvidaron completamente sobre el motivo por el que se encontraba precisamente en una Sala de Estudio para empezar a discutir sobre la dichosa lista. A decir verdad, que grupos de amigos se enzarzaran en pequeñas disputas a favor o en contra se había convertido el algo rutinario en el colegio. Y en general hasta ahora los chicos siempre estaban en contra y las chicas a favor, salvo las Slytherings, aunque nadie sabía muy bien por qué. Tampoco es que nadie le importara lo que pensaban.

Un par de mesas de distancia, Amanda susurró:

.- Mierda, sabía que nos habíamos olvidado de algo importante.

Sophie y Alyssa estallaron en carcajadas sonoras que llamaron la atención de toda la Sala de Estudio. Lily en cambio le dio un pequeño puntapié por debajo de la mesa, a pesar de que no conseguía disimilar del todo la sonrisa de su cara.

Habían pasado un par de semanas desde que recibieran la "ofrenda de paz" de Rita Skeeter, tiempo suficiente para calmarse y replantearse una estrategia de actuación. La invitación para una entrevista en exclusiva habían tenido que aceptarla porque, por citar las palabras de Lily, "la grandísima zorra nos ha cogido bien de los ovarios". A sabiendas, la periodista les había dado un reducido plazo de tiempo antes de cumplir su amenaza: el partido de quidditch fue ese mismo fin de semana. El acuerdo había sido aceptar el trato, pero encararlo como una oportunidad para enfrentarse cara a cara con ella y decirle abiertamente por dónde se podía meter sus reportajes.

No habían pasado siquiera veinticuatro horas desde que le mandaran la respuesta a Skeeter cuando recibieron nuevamente otra lechuza con una contestación. Esta vez llamaron más la atención porque la carta llegó durante la cena, fuera del horario normal en el que se solía recibir el correo. Una lechuza negra de ojos ámbar voló por todo el Gran Comedor bajo la atenta mirada de los alumnos hasta posarse en la mesa de Gryffindor, justo delante de las cuatro chicas: Sophie y Amanda seguían pasando más tiempo con los leones que con las águilas.

Precisamente fue la reacción de Amanda, que había reconocido la lechuza, lo que les dio el aviso de que no era una noticia que fuera a agradarles. Su primer impulso había sido incorporarse en la silla, aunque Sophie, sentada a su lado, tuvo los suficientes reflejos como para sujetarla contra el banco.

No obstante este gesto no pasó inadvertido para los Merodeadores, sentados a una calculada distancia de sus respectivos objetos de afecto. Remus observó el brazo con el que Sophie había impedido que Amanda se levantara completamente de su asiento. Por su parte, James y Sirius estudiaban la mirada que Lily y Alyssa se lanzaban, sin atreverse a coger la carta de la lechuza.

Finalmente fue la propia Lily la que sujetó a la lechuza y le arrebató el trozo de pergamino. Alyssa siguió comiendo como si nada hubiera pasado y segundos después, Sophie y Amanda la siguieron. Lily se guardó cuidadosamente la misiva en un bolsillo de la túnica y siguió el ejemplo de sus compañeras. Segundos más tarde se volvía a oír el sonido de la cubertería reverberando por el Gran Comedor.

Esperaron pacientemente para no ser las primeras en abandonar la cena, y se reunieron otra vez en su habitación particular. En la contestación que le mandaron a Rita Skeeter le habían prometido que durante la próxima salida a Hogsmeade, justo antes de las vacaciones de Navidad y la vuelta a casa, se reunirían con ella. Sin embargo en la contestación la periodista se había negado abiertamente. De ser así "la entrevista no saldrá hasta el número de Enero, y mi jefe no está dispuesto a esperar tanto tiempo". Sorprendentemente las citaba para ese mismo Domingo por la tarde, a última hora, semiescondidas en el Bosque Prohibido.

Si acudieron a la cita fue más bien por la curiosidad de saber si la mujer iba a aparecer o no. En fin, colarse en los terrenos de Hogwarts no era algo fácil. Así que el Domingo por la tarde, cuando ya estaba oscureciendo, las cuatro se encaminaron hacia el claro a la entrada del Bosque que Skeeter les había descrito.

Sophie seguía murmurando improperios contra el equipo de Gryffindor en general y contra Alyssa en particular después de haber perdido el día anterior el partido de quidditch. Aunque era casi una tradición que la rubia Ravenclaw se picara con los leones, esta vez estaba más rabiosa de lo habitual. O tal vez fuera simplemente que como sabía que Alyssa no podía soltar ningún taco contra ella sin pagar, estaba buscándole las cosquillas más de lo normal.

.- Oye – murmuró Amanda al llegar a la entrada del Bosque – ¿Y si es una asesina psicópata y nosotras somos sus próximas víctimas?

Eso pareció hacer efecto en Sophie, que frenó en seco. Sin embargo las Gryffindor, que como buenas leonas no olían el peligro ni aunque estuviera debajo, relajaron la tensión acumulada con risas.

.- No deberíamos haberte llevado al cine a ver películas de terror, Mandy – consiguió vocalizar Lily – No creíamos que fueran a afectarte tanto.

.- Y si resulta ser una psicópata asesina, siempre podemos soltar a Sophie para que le diga cuatro cosas – Alyssa miró maliciosamente a la rubia – Que con la lengua que se gasta hoy lo mismo la espanta.

.- ¡Vaya! Un comentario sarcástico sin tacos – Sophie ironizó – Parece que sirve de algo eso de haberme quedado con todos tus ahorros.

Alyssa apretó las mandíbulas pero no contestó a la pulla de la Ravenclaw. En cambio se giró y fue la primera en entrar al Bosque Prohibido. A pesar de todo, sus amigas casi pudieron oír los gritos mentales que debía de estar lanzando la morena al verse privada de su afilada lengua.

Las cuatros chicas esperaron pacientemente en lo que era un pequeño claro a la entrada del bosque, pero lo suficientemente escondido como para no ser vistas por nadie de los terrenos del colegio. Rita Skeeter apareció de la nada, surgida desde detrás de uno de los altos árboles.

.- ¿Cómo ha llegado hasta ahí? – fue todo el saludo de Alyssa al identificar el brillante pelo platino de la periodista.

.- Buenas tardes a vosotras también.

Skeeter sonrió complacida al comprobar que las cuatro amigas habían acudido a su cita. Pero ellas no le devolvieron el saludo, y es que la pregunta sin respuesta que había lanzado Alyssa les estaba dando cada vez peor rollo.

.- Antes de ponernos cómodas, debo daros las gracias por aceptar reuniros conmigo.

Rita agrandó unas cuantas piedras del suelo hasta hacerlas parecer unos asientos improvisados. Se sentó en una de ellas y con un ligero movimiento de manos invitó a las chicas a hacer lo propio.

.- Oh, no, gracias a usted – Sophie fue la primera, cruzando las piernas con fuerza sin apartar los ojos de la mujer – Gracias por chantajear a cuatro estudiantes menores del colegio… Por favor, haga hincapié en lo de menores – añadió al ver como una ostentosa pluma Vuelapluma tomaba notas a gran velocidad.

.- Deduzco por ese tono que seguís sin cambiar de opinión respecto a lo del anonimato, ¿cierto? – Rita hizo un gesto de irritación con los labios en señal de desacuerdo por esa decisión.

.- Cierto – confirmó Lily.

.- ¿Por qué? – preguntó Skeeter – ¿Algún chico en especial al que no le gustaran ciertos puntos?

La tía era buena, había que reconocerlo. Las había puesto contra las cuerdas sin que se dieran cuenta.

.- Hay muchos "chicos especiales" en nuestras vidas – Alyssa sonreía forzada – Pero es simplemente que después de que usted publicara nuestra broma sin nuestro consentimiento, y además la manipulara descaradamente, pues no nos fiamos de cómo nos haría quedar en público.

.- ¿Y vuestros padres? – le preguntó directamente a ella – ¿No creéis que les interesaría saber a qué se dedican su cándidas hijas en su tiempo libre?

.- Usted misma lo ha dicho: nuestro tiempo libre – Lily saltó – Además, seguro que más de una madre nos daría la razón.

Rita volvió a hacer ese gesto irritante con la boca cuando vio a las chicas reírse por el último comentario.

.- Sin embargo, no a todas las mujeres les ha gustado la Lista: muchas consideran que, después de todo lo que las mujeres hemos luchado por ser tratadas y respetadas como iguales, ahora vosotras habéis dañado todo ese trabajo.

.- Nosotras no hemos dañado nada, simplemente nos limitamos a ser sinceras – Amanda, que no se destacaba precisamente por hablar en público, estaba empezando a cansarse – Además, como le hemos repetido varias veces desde que empezó este asunto, se trataba en todo momento de una broma: si alguien ha dañado algo ha sido usted al malinterpretarlo todo.

Parecía que Rita había comprendido que aunque se hubiera salido con la suya y conseguido una pequeña entrevista con las cuatro chicas, estas no estaban dispuestas a ceder ni un poco en lo que a temas morbosos se refería.

.- Bien – continuó – Habéis dicho que hay muchos chicos especiales en vuestras vidas, pero ninguno de ellos es perfecto… ¿No creéis que vosotras sois el problema al poner el listón demasiado alto?

Skeeter se sorprendió al escuchar una serie de carcajadas que coreaban su pregunta. Aún sin entender muy bien la broma oculta que debía de haber dicho, Alyssa le preguntó:

.- ¿Y por qué hemos de ser nosotras las que bajemos el listón?

A partir de ahí la conversación giró en torno a desenmarañar algunos trapos sucios para publicar, aunque las chicas no hubieran dado el visto bueno a eso de citar sus nombres. Pero Lily, que cuando se calmó y dejó de acordarse de todo el árbol genealógico de Rita Skeeter pudo pensar con claridad, se imaginó cuál iba a ser el tema central de la entrevista. Por eso se pasó los días antes a la misma detrás de sus amigas estudiando hipotéticas respuestas a hipotéticas preguntas. Y de ahí las risas a la pregunta de Skeeter sobre el listón demasiado alto: todas habían apostado a que caía.

En conclusión, que Rita Skeeter se fue a casa con menos material del que había previsto y, en consecuencia, iba a tener que echar mano de su imaginación e inventarse algunos trozos. Los cuatros jóvenes por su parte volvieron al castillo con la extraña sensación de haberse quitado un peso de encima, pero a la vez el sentimiento de que no iba a ser por mucho tiempo.

Recordando algunas de sus contestaciones favoritas, Alyssa se giró en lo alto de las escaleras que daban acceso al Gran Comedor y preguntó:

.- Somos muy complicadas, ¿no?

.- Que va – Sophie la alcanzó – Simplemente somos mujeres normales.

.- Pues eso es lo que he dicho, rubia – Alyssa le sonrió mientras Lily y Amanda se reían caminando a la mesa de Gryffindor para la cena.

sss…SSS…sss…

Lily recogió lentamente sus libros y los guardó en la mochila. Había días en los que sentía que cada volumen pesada tres veces más de lo que aparentaba. Y desde que empezó su último curso esa sensación era cada vez más constante. Entre las clases, los trabajos y las tareas de Prefecta, todas las noches caía rendida en la cama. Y a todo eso se sumaban los dolores de cabeza que le daban cada vez que pensaba en Rita Skeeter y cuál sería su próximo movimiento. Sus amigas le habían dicho que lo dejara, que cuando llegara el siguiente golpe, pues que ya pensarían en cómo devolvérsela. Pero Lily simplemente no podía, no entraba en su carácter.

Precisamente estaba tan absorta pensando en Rita Skeeter y sus maquinaciones que no se percató de que, camino a la Sala Común, se había quedado sola en uno de esos desérticos pasillos que abundan por Hogwarts. Y en los tiempos que corrían, que una sangre sucia anduviera sola por el castillo era malo, pero que una Gryffindor sangre sucia anduviera sola era aún peor.

Acelerando el paso intentó doblar la esquina más próxima, pero un grupillo de Slytherings de su curso le cerró el paso.

.- Maldita sea – murmuró Lily para sí misma cuando reconoció a algunos.

Rabastan Lestrange, el hermano pequeño de Rodolphus Lestrange, se había consolidado como el cabecilla de la cuadrilla de futuros mortífagos cuando Lucius Malfoy acabó Hogwarts el año pasado. Y cubriéndole las espaldas le flanqueaban Rosier y Wilkes. Pero no eran los únicos: un poco más atrás Lily distinguió cuatro figuras que debían ser de cursos inferiores.

.- Vaya, vaya – Lestrange habló con una sonrisa torcida – Pero si es la sangre sucia Evans.

Algo es sus palabras debía de ser un chiste porque los acólitos se rieron con ganas.

.- ¿Qué, Lestrange? – Lily señaló con la cabeza a los chicos pequeños que no conocía – ¿Vas a usarme para enseñarle el oficio a las nuevas generaciones?

.- Es una buena idea – Rabastan se giró brevemente para indicar a los cuatro chicos que colocaran delante – Aunque la verdad es una pena que hoy no te acompañen tus amiguitas: habría más diversión para todos.

Pero Lily casi ni le dio tiempo para acabar la frase. En las películas siempre le había parecido muy estúpido que el malo de turno soltara un discurso antes de atacar y que el héroe se quedara escuchando como si no tuviera que salvar el mundo. Después llegó a Hogwarts, y aunque ella sabía que nunca salvaría el mundo, no pensaba tragarse los discursitos fanáticos del capullo que estuviera de guardia. Así que sacó la varita con rapidez y lanzó un encantamiento escudo en mitad del pasillo.

Mientras corría en dirección contraria escuchó los hechizos que lanzaba la cuadrilla de Slythering detrás de ella, pero afortunadamente encantamientos era su punto fuerte. Aunque como nunca se fiaba de dejar al descubierto su retaguardia, se olvidó de la vanguardia, y como suele pasar cuando uno va corriendo sin mirar hacia delante, acabó por derribar a otro alumno.

.- Siempre supe que acabarías lanzándote a mis brazos, Lily.

James la observaba divertido debajo de ella, aparentemente sin ningún atisbo de vergüenza por la posición. Desparramados por el suelo se encontraban su escoba y la bolsa del entrenamiento, que se habían sumado a los libros, pergaminos, pluma y tinta de la mochila de Lily.

Pero a James la ilusión de que la pelirroja por fin hubiera asumido su pasional amor por él le duró poco. Justo el tiempo en que Lily tardó en rodar para quitarse de encima, mirar alarmada hacia atrás y sujetar la varita con fuerza. Semejante actitud defensiva hizo saltar las alertas del buscador, que poco tardó en desenfundar la suya.

Por el final del pasillo se asomó la cuadrilla de los Slytherings, que al ver ahora a James frenaron en seco. Lestrange hizo un imperceptible gesto con la cabeza ordenando la retirada: había sufrido demasiadas veces las venganzas de los Merodeadores como para encararse abiertamente con uno de ellos. El propio buscador estuvo tentado de lanzar unas cuantas maldiciones, pero atacar por la espalda no era su estilo. Lo que no sabía Rabastan era que había estado a punto de atacar a la madre de los hijos de James (aunque Lily aún desconociera esa parte de su futuro), y eso era una osadía que iban a pagar caro.

Cuando los Slytherings desaparecieron finalmente, James se levantó y le tendió una mano a Lily.

.- ¿Estás bien? – le preguntó mientras tiraba de ella y estudiaba su cara – ¿Te han hecho algo?

.- No, no… - contestó un poco nerviosa la pelirroja – Yo he atacado primero, no quería darles tiempo a acorralarme más.

El buscador asintió mientras recogía las cosas de la chica y las guardaba en su mochila.

.- Chica lista… - murmuró más para sí que para su compañera – Menudos cabrones…

Lily le miró sobresaltada. Era la primera vez que escuchaba a James insultar abiertamente a alguien: las innumerables maldiciones y/o bromas no contaban.

.- De esta se acuerdan, te lo digo yo…

El Gryffindor seguía maquinando para sí mismo mientras esta vez recogía sus propias cosas y se las cargaba al hombro.

.- ¿Vienes a la Sala Común? – preguntó de repente.

Lily, que le había estado estudiando en silencio, sólo consiguió asentir con la cabeza. James lo achacó a un estado de shock por haber estado a punto de ser el objeto de diversión de unos mortífagos en potencia, pero la verdad es que a la pelirroja el susto se le había pasado rápido. Si estaba tan distraída era porque algo no encajaba, es decir, que llevaba más de tres minutos con el chico y aún no le había pedido salir.

.- Oye, ¿seguro que estás bien, pelirroja?

James seguía caminando a su lado mientras subían por las escaleras hasta el séptimo piso, observándola con el entrecejo fruncido.

.- Que sí – acabó contestando Lily un tanto exasperada – Es sólo que…

Dejó la frase a medias. La sola idea de que él intuyera que el hecho de no acosarla después de tantos años inexplicablemente la irritaba, era algo que no quería ni imaginarse.

.- Sólo que, ¿qué?

.- Nada, tan sólo me preguntaba si tú estabas bien.

Las carcajadas de James asustaron a la Dama Gorda, que dormitaba en su cuadro guardando la entrada a la Sala Común de los leones.

.- Yo estoy en la gloria, pelirroja – Lily le miró con una ceja alzada en señal de incomprensión – Hoy ha sido la primera vez que te has lanzado a mis brazos sin que fuera uno de mis extraños sueños.

Y entró en la Sala Común mientras Lily pensaba en qué consistirían esos extraños sueños. Le llevó unos segundos descubrir qué había querido decir el buscador, pero cuando atravesó el retrato de la Dama Gorda, James ya había subido a su habitación, y en la Sala Común sólo se encontraba Alyssa estirada en el suelo frente a la chimenea y con una bolsa de dulces de Honeydukes sobre el estomago.

.- ¿Por qué tienes cara de estar a punto de explotar? – le preguntó la morena mientras buscaba una nueva golosina que llevarse a la boca.

Lily le contó lo que había pasado con los Slytherings, cómo se había llevado a James por delante y cómo, cuando estaban a punto de entrar en la Sala Común, el chico le había insinuado que tenía ciertos sueños no aptos para menores con ella de protagonista. Al llegar a la última parte Alyssa había dejado los dulces a un lado para incorporarse y poder reírse en condiciones.

.- La verdad, no sé de qué te quejas – le confesó su amiga – La mitad de las chicas del colegio sueña con que uno de la pandilla de esos tres piense en ellas de la misma manera.

.- Ya, pero es que yo no soy "la mitad de las chicas del colegio" – Lily respondió – Y me molesta lo que pueda "hacerme".

Alyssa volvió a reírse.

.- Ya, lo que a ti te molesta de verdad es que en vez de que lo soñara, te gustaría que "te hiciera cosas" en la realidad.

La cara de Lily se volvió del color de su pelo mientras contradecía a su amiga.

.- Además – añadió Alyssa – no es como si nunca hubieras tenido tú un sueño de ese estilo con él de protagonista, ¿verdad?

La reacción de Lily le indicó que, a pesar de que había lanzado la acusación a ciegas, al parecer había dado en la diana. Incapaz de contenerse, Alyssa acabó por tumbarse otra vez en el suelo mientras se limpiaba las lágrimas con la mano.

.- ¿Y de dónde has sacado todas esas guarrerías de Honeydukes? – preguntó finalmente la pelirroja a ver si conseguía desviar el tema de la conversación – Porque ayer te quejabas de que las tuyas se habían acabado, y no ha habido ninguna salida improvisada al pueblo en las últimas horas.

Alyssa cogió su tesoro de chocolatinas y las observó con devoción.

.- ¿Esto? – Respondió – Son un regalo.

Y con esa enigmática contestación siguió comiendo mientras mirada de vez en cuando a Lily y soltaba alguna que otra carcajada.

sss…SSS…sss…

No sé cuánto tiempo hace desde la última actualización. De verdad, que no lo sé. Y no quiero saberlo, porque eso me hará recordar lo vaga que soy ya que más de la mitad de este capítulo estuvo en algún lugar en alguna carpeta del ordenador, y nunca me vagada en acabarlo. ¿Cuándo lo he acabado? Pues como siempre, cuando se suponía que debía estar estudiando. Pero heme aquí de nuevo resurgida, esta vez, desde lo más profundo de la teoría archivística…

Me dijeron que era obligatorio, según Fanfiction, el poner el Disclaimer este… A ver, que si no lo pongo es porque a estas alturas todos sabemos ya qué personajes son de HP y cuáles no. Además, es evidente por mi cuenta corriente que yo no soy JK. Pero sí vuelvo a repetir que la historia en la que se basa esta idea es en El hombre perfecto, de Linda Howard.

Y una vez más, muchas gracias a todos los que leéis, dejéis o no dejéis reviews. Be happy todos!!