Bueno, agradezco nuevamente todos los reviews, ustedes definitivamente alientan a la gente, se los agradezco con toda el alma, en verdad. Espero que el siguiente capítulo también sea de su agrado.
Nuestra Dulce Aventura
El nuevo plan
Luego de una segunda y estruendosa disputa entre ambos a la hora del almuerzo asegurándose que Inu no Taisho no los escuchaba, Kagome se negó rotundamente a decir los nombres de las personas que le habían facilitado la ropa de sirvienta, ya que si los decía un despido inminente era lo que les esperaba, Inuyasha junto con toda su ira, intentó hacerla hablar pero ella sólo respondía con nuevos insultos y frases doble sentido. Luego de semejante batalla verbal, no se habían vuelto a ver en lo que restó de día.
Esa misma noche, Inuyasha había preparado todo para su viaje y bajo hasta la sala del comedor real para cenar y prepararse para el siguiente día, al dar con el lugar buscado, estuvo rodeado de finas obras de arte, tanto en cuadros como en imágenes talladas en caoba, las paredes adornadas por candelabros de oro, que con la luz de las innumerables velas, alumbraban todo el lugar, al posar sus ojos sobre la imponente y hermosa mesa, se encontró con su padre que lo miró desde la otra lejana esquina del largo mueble. Inuyasha tomó asiento en la esquina contraria y se dispusieron a esperar la cena sin ningún tipo de comunicación. Luego de unos minutos, a la sala entró Kagome, que vestía un hermoso y despampanante vestido, junto con un collar que mostraba una perla rosada y un peinado que dejaba cortos mechones de pelo por fuera. Inu no Taisho inmediatamente se levantó de su silla en señal de respeto, pero Inuyasha en su mundo donde veía asombrado a Kagome ni siquiera se había movido hasta que escuchó un leve carraspeo por parte de su padre y al girar su cabeza se encontró con la mirada acusadora de su progenitor; inmediatamente se levantó al saber el por qué del regaño implícito. Kagome no dio mucha importancia al acontecimiento e hizo una leve reverencia antes de acercarse a la mesa, pero para mala suerte de Inuyasha, ella se dirigió a una de las sillas que matemáticamente (por dos asientos) estaba más cerca del lado de él y nuevamente Inuyasha se había quedado inmóvil. Su padre contó hasta diez mentalmente y le hizo una discreta seña a su hijo, una vez más, Inuyasha reaccionó después, se acercó a una fastidiada Kagome y le movió la silla para que se sentara. Ella agradeció el gesto falsamente para después observar como ambos hombres volvían a tomar asiento. Luego de unos segundos, las sirvientas empezaron a entrar, trayendo consigo la abundante comida que se iba a servir. Mientras se dejaban los manjares sobre la mesa, Kagome acomodó la servilleta en sus piernas y luego Inu no Taisho rompió el silencio.
- Me alegra que esta noche nos honre con su presencia, princesa Kagome. – Dijo cortésmente mientras que Inuyasha soltaba un leve pero audible bufido. Kagome quiso decirle de todo al príncipe pero recordó que para su desgracia no estaban solos.
- Muchas gracias majestad, pero no es necesario que me tenga que llamar princesa si es como un hermano para mi padre y un tío para mí. – Respondió con una sonrisa que hechizó a Inuyasha pero que Kagome no notó.
- Gracias Kagome, y hablando de tu padre… - Empezó a decir algo incómodo. – Él se está recuperando y…
- ¿En verdad? ¡Que alegría! – Interrumpió con suma felicidad.
- Lo malo es que él ha enviado para acá a tus pretendientes y… - Kagome se sonrojó con tal aviso pero no interrumpió a Inu no Taisho. – Estamos apunto de estallar en una guerra.
- ¿Qué? "Cuando dije que esto era la guerra no lo decía tan literalmente" – Preguntó incrédula y asustada.
- Tendrás que huir también para no quedar involucrada e Inuyasha alertará a los príncipes que intenten venir. – Terminó por decir para luego ver como la expresión de miedo de Kagome pasaba a una de asombro.
- ¿Tú? – Preguntó Kagome señalando y mirando a Inuyasha.
- Yo no iba a dejar que mi padre arriesgara su vida por tus estúpidos planes de boda. – Dijo Inuyasha sin mucha emoción.
- ¿Disculpa? ¿Mis planes de boda? Acabo de enterarme, idi…- No pudo terminar la oración y el insulto porque Inuyasha la interrumpió antes de formar una guerra delante de su padre.
- Padre, ¿cómo va a ser ella para escapar? – Preguntó desviando la conversación.
- Pues, no lo sé, sabes que ella es un buen rehén y llevarla en una carroza, bueno…es arriesgado. – Dijo pensativo Inu no Taisho.
- Pienso que sería bueno que se disfrazara de sirvienta para que pasara desapercibida. – Dijo burlón al ver como Kagome se ahogaba con el agua que estaba tomando en ese momento.
- Kagome ¿estás bien? – Preguntó preocupado Inu no Taisho.
- Sí, no se preocupe. – Dijo limpiándose la boca con la servilleta y dirigiendo una mirada furibunda a un sospechosamente sonriente Inuyasha.
- Pienso que sería buena idea, pero Kagome ¿estarías dispuesta a eso? – Preguntó el rey confuso.
- Oh, no debes preocuparte padre, estoy seguro que estará a gusto entre la misma gente de su clase, después de todo no será una experiencia nueva. – Dijo Inuyasha olvidándose de mantener las apariencias.
- ¿Qué…? - Empezó a preguntar Inu no Taisho pero fue interrumpido por Kagome.
- Él lo que quiso decir fue que como yo no soy una persona que vive de las apariencias sino que soy más espontánea y luchadora, pues, soy como la gente de valores que merecen respeto como los sirvientes. – Dijo Kagome matando dos pájaros de un tiro, destruyendo el insulto de Inuyasha, dejándolo con las ganas; para salvarlo de un regaño y a la vez, una alabanza y liberación de un interrogatorio a sí misma.
Inuyasha la observó con rencor y ella sólo le dirigió una sonrisa muy falsa y burlona.
- Mejor no lo hubiese podido describir. – Dijo Inuyasha sarcástico levantando una copa.
- Bueno, entonces mañana se le ordenará a la servidumbre preparar las reservas de comida, también hay que alertar al pueblo, reunir a los campesinos para organizar el ejército y darle quizás un entrenamiento de uno o dos días como mínimo. – Pensó en voz alta el rey.
- Su majestad, espero no ser ningún obstáculo en sus planes. – Dijo Kagome sinceramente a Inu no Taisho pero Inuyasha sólo resopló con toda la intención de incomodar la escena.
- Bueno, en realidad es necesario conseguir alguien que entrene a los campesinos y pues Inuyasha va a estar ocupado mañana y todo debe estar listo para pasado mañana que es cuando inicia el entrenamiento. – Respondió preocupado.
- No te preocupes padre, Miroku seguramente podrá encargarse de eso. Yo comandaré el ejército y todo solucionado. – Dijo Inuyasha distraídamente.
- Y específicamente, ¿cómo va a ser el viaje? – Preguntó Kagome insegura a Inu no Taisho.
- Pues…pienso que Myoga se encargará de llevarlos a un lugar lo más lejano y seguro posible, convivirán allí por un tiempo, por lo menos hasta estar seguro que la paz vuelva a reinar. – Explicó pausadamente.
- Y con eso de convivir ¿a qué se refiere? – Volvió a preguntar, todavía dudosa.
- Todos cooperarán unos con otros para mantenerse en buenas condiciones sin ningún tipo de privilegios. – Explicó rápidamente mientras volvía a meter un trozo de carne en su boca.
- Claro, si es que no es mucha deshonra para la "princesa" – Dijo Inuyasha con burla.
- No, por mi no tienen porque preocuparse, se lo aseguro. – Le respondió en el mismo tono junto con una cínica sonrisa.
- ¿A qué te refieres? – Preguntó sabiendo que no lo había dicho todo.
- Pues, yo sé manejar el arco y flecha. Así que sólo por precaución, quisiera pedirle eso, majestad. Dijo dirigiéndose a Inu no Taisho.
- Oh, por supuesto. Pero, ¿cómo sabes manejar esa arma? – Preguntó el hombre confuso.
- Digamos que fue un pasatiempo cuando mi padre podía pasar más tiempo conmigo, después de todo, él siempre esperó un hijo varón. – Respondió con cierto dejo de tristeza.
- ¿Y esperas a que te creamos si ni siquiera sabes cabalgar? – Preguntó Inuyasha irónico.
- En realidad, lo que tú pienses de mí me importa lo mismo que me importa si una hormiga acaba de nacer en alguna parte del suelo. – Dijo Kagome despectivamente.- Y yo no aprendí a cabalgar porque los caballos de mi padre siempre fueron salvajes en el sentido que sólo unos cuantos hombres podían montarlos, si yo hubiese intentado hacerlo, me hubiese suicidado. – Explicó distraídamente mientras picaba su trozo de carne.
- ¿Por qué? – Preguntó interesado el soberano.
- Para que a sí, si alguien lo robaba, tuviese que tener el trabajo de entrenarlo nuevamente y pagar su injusto acto de alguna manera si no lo lograban atrapar. – Explicó sin mucha emoción.
- Una táctica inteligente en verdad. – Pensó en voz alta Inu no Taisho.
Luego, la conversación se volvió más trivial y todos los presentes poco era lo que hablaban, después de haber terminado la comida, Inuyasha estuvo más pendiente esta vez y ofreció su mano a Kagome para ayudarla a levantarse, gesto que ella agradeció con una falsa sonrisa mientras Inu no Taisho se despedía de ellos y se retiraba. Kagome al ver que estaban solos de nuevo, soltó el agarre y se disponía a ir hasta que se detuvo en seco en las escaleras al escuchar la voz de Inuyasha.
- ¿Sabes? algo bueno de esta guerra es que no te voy a tener que ver en bastante tiempo. – Dijo triunfal desde el pasillo al lado de las escaleras.
Kagome sin entender el por qué, sintió que sus palabras le dolían pero ni siquiera se volvió a verlo, simplemente retomó el paso y siguió subiendo hasta dar con su habitación. Una vez sola, se desplomó boca arriba sobre su cama pensando en todo lo que había ocurrido. No entendía el por qué del odio de Inuyasha hacia a ella, ¿qué es lo que tenía que le causaba tanta repulsión? ni siquiera había tratado con gente de su misma edad en toda su vida. Sólo tenía recuerdos vagos de su infancia y de algunos aburridos juegos con otros niños, memorias que se remontan a la época en la que su padre aún era más abierto y cariñoso con ella. Sintió pesar al recordar eso y con un leve movimiento de cabeza intentó olvidar aquellos dolorosos recuerdos, centrándose nuevamente en la situación actual. El hecho de convivir con gente de otra clase social no le molestaba en lo absoluto, siendo ella la primera en tratar de hacer conocer sus derechos pero en verdad no estaba segura de irse de esa forma, no tenía porque temer sobre su disfraz ya que ese mismo día había comprobado que la actuación era su fuerte, sin embargo, su futuro más cercano no le convencía a menos que…
- ¡Eso es! – Dijo levantándose de un brinco de su cama mientras miraba con determinación su figura en el espejo que tenía al frente, donde se mostraba claramente su típica sonrisa pícara al momento de idear un plan.
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A la mañana siguiente, despertó nuevamente con la molesta luz del sol que se colaba por la amplia ventana. Movió perezosamente su cuerpo para tratar de dar con algún rincón oscuro en su cama, pero finalmente abrió sus ojos, soltó un bostezo y se sentó sobre su cama, recordó que ese día era el que tenía para empezar a maniobrar su plan y tenía que darse prisa, pues la presencia de Inuyasha le dificultaría las cosas y tenía que aprovechar su ausencia, tocó rápidamente la diminuta campana y a pocos instantes después, tuvo al frente a sus tres sirvientas. Dio gracias a Dios internamente al ver que eran las mismas del día anterior y les sonrió pícaramente.
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Inuyasha se levantó con el alba y en pocos minutos ya había terminado de vestirse, usaba un pantalón negro, junto con botas del mismo color y una camisa blanca que dejaba al descubierto parte de su pecho. Se detuvo para observar el milagro del amanecer y de un momento a otro recordó a Kagome, rápidamente desechó ese pensamiento alegando internamente que no tenía motivos para que ella ocupara su mente. Tratando de dejar de pelear consigo mismo, se dirigió a paso levemente apurado hasta las caballerizas y luego de un rato, salió montando un hermoso corcel blanco al que bautizó como Colmillo años atrás, con un rápido movimiento hizo que el caballo galopara a toda prisa por los extensos caminos para detener a los pretendientes de Kagome, que irremediablemente volvió a aparecer en sus pensamientos.
- "¿Qué demonios me está pasando? ¿Por qué no puedo olvidarme de ella?" – Pensó para sí mientras apuraba el paso del caballo.
Luego de recorrer bastante trecho, esta vez haciendo galopar pausadamente al equino, observó como tres figuras a lo lejos se acercaban. Sonrió para sí al poder ser el que vea su reacción de desilusión al momento de darles la noticia. Mientras mantenía esos "gozosos" pensamientos, hizo que Colmillo se acercara a un árbol, dándoles a ambos una merecida sombra en la cual poder reposar un rato.
Cuando vio que las tres figuras que había observado anteriormente eran efectivamente los príncipes que esperaba encontrar, jaló las rindas del corcel y se acercó hasta ellos, al momento de estar lo suficientemente cerca, les habló.
- Será mejor que regresen por donde vinieron ya que no van a poder cortejar a la princesa. – Dijo tajantemente.
- ¿A qué te refieres? – Preguntó el primero, que si Inuyasha no mal recordaba, era Hoyo, el príncipe de un reino lejano con el que entabló una corta conversación una vez y al cual catalogó como un cobarde, por lo menos por él no tendría tantos problemas, pensó para sí Inuyasha.
- Pues, como lo oyen, en nuestro reino se va a formar una guerra en muy pocos días, es preferible que regresen y así no quedaran involucrados innecesariamente. – Dijo regocijándose por dentro al ver la clara decepción que mostraban los tres hombres.
- ¿Y qué sucederá con la princesa? – Preguntó el que sería Bankotsu, uno de los príncipes más mujeriegos y libertinos del que se hablaba.
- Ella huirá de allí haciéndose pasar por la servidumbre. – Explicó fastidiado por la insistencia de esos tipos.
- ¿Y específicamente quién es usted? ¿Todo esto no será una trampa del príncipe de ese reino para él quedarse con esa hermosa princesa? – Preguntó Koga, él cual ni siquiera se había molestado en conocer por lo arrogante que era.
- Yo soy Inuyasha Taisho, futuro soberano de las tierras del norte y si en verdad tuviese tantos deseos de conquistar a esa princesa, lo haría honestamente a diferencia de algunos. – Dijo mirando altivamente a Koga.
- Entonces es una lástima, pero agradecemos la molestia de avisarnos. – Dijo Hoyo dando una pequeña reverencia con la cabeza para hacer girar a su caballo e irse tranquilamente por el camino antes tomado.
- "Uno menos" – Pensó. – Creo que deberían hacer lo mismo que su compañero de viaje. – Sugirió con cierto matiz de burla en su voz.
Bankotsu dudó por unos instantes y en silencio se retiró del lugar dando por entendido que ya eran dos menos, faltaba uno.
- Yo quiero ver a la princesa. – Dijo desafiante el último de los príncipes.
- Por mi te la regalo pero no podemos arriesgarnos a que si tu mediocre existencia culmina, tengamos como enemigos al ejército de tu reino, así que para causarnos menos problemas, trata de ser un poco más racional y menos instintivo, sólo lárgate. – Dijo harto de la altanería del sujeto.
- Ni creas que esto va a quedar así, yo pude ver a la princesa en la fiesta antes del incendio y definitivamente pelearé por ella. – Dijo Koga amenazadoramente mientras hacia dar media vuelta a su caballo.
- Ahórrate las palabras románticas, a fin de cuentas es ella quien decide. – Dijo haciendo voltear a su corcel para luego salir disparados del lugar a todo galope, dejando a un resentido Koga a mitad del camino.
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- Kagome, en verdad te agradezco que no nos hayas delatado y que me elijas como tu dama de compañía pero no me pidas algo tan irracional como eso. – Pidió una asustada Sango desde la esquina de la cama de Kagome.
- Mira, prometo que todo saldrá bien, en verdad te necesito Sango y sólo en ti puedo confiar en tal medida. – Dijo con voz lastimera una excelente actriz llamada Kagome, que se encontraba sentada en su cama.
- Muy bien, pero no me hago responsable por lo que pase después, voy a tratar que mi hermano pueda conseguir lo que pides. – Respondió resignada.
- ¡Ay! gracias Sango. – Dijo Kagome abalanzándose sobre Sango para abrazarla.
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La puerta sonó e Inu no Taisho dio permiso para entrar, se encontró con la menuda figura de Kagome que entró dando una leve reverencia para luego acercarse al escritorio del rey.
- ¿Qué se te ofrece? – Preguntó con una sonrisa llena de amabilidad.
- Pues, quería informarle que he elegido como dama de compañía a la sirvienta llamada Sango… - Empezó a decir Kagome pausadamente.
- Oh, muy bien, me alegra que hayas escogido ya que tu nana con todo lo que se avecina, pues no va a poder volver en un tiempo. – Dijo conciliatoriamente.
- Sí. Y… - Respiró profundamente antes de continuar. – ¿Usted me consiguió el arco y las flechas? – Preguntó como niña pequeña.
- Oh, sí, allá están. – Respondió señalando con el dedo a una de las esquinas del lugar, Kagome giró su cabeza hasta dar con un arco finamente tallado en caoba, junto con unas cuantas flechas, sonrió levemente y luego volvió su vista a Inu no Taisho.
- Gracias, muchas gracias. – Dijo alegremente mientras se acercaba a su obsequio.
- No hay de que. – Respondió devolviéndole la sonrisa.
- Si no es mucha molestia, quisiera pedirle una espada y un puñal, no para mí sino para mi dama de compañía que también merece tener algo con que defenderse. – Dijo mansamente.
- Oh, muy bien, a medio día creo que ya lo tendré aquí y en verdad me alegro que ella también esté capacitada de defenderte por si lo necesitas. – Contestó amablemente.
- Gracias. – Dijo para luego formar un corto silencio que duró hasta que volvió a hablar. - Sólo por curiosidad, ¿cuándo empiezan a elegir a los aldeanos para unirse al ejército?
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Creo que exageré un poco con la extensión del capítulo pero ustedes ya deben haber notado que yo siempre trato de dejarlo en alguna parte que considere interesante para crear algo de suspenso, je, je. Bueno, yo me propuse no mendigar reviews pero más reviews por capítulo no hacen daño, vamos, no sean pichirres y páguenme mejor por mi trabajo, xD. Por cierto, Laura Black, si consideras dejarme algún review, por favor deja tu e-mail para poder responderte, ¿sí? Ahora si me despido, ojalá les haya gustado y espero que los reviews sean un poco más numerosos. (No estoy sugiriendo nada, ¿verdad? ¬¬) Bueno, xD, sayonara.
