No merezco que me lean, pero no podía escribirla antes porque en verdad no sabía que poner. Me quedaba en blanco! Y prefiero entregar algo de lo que este contenta antes de algo que odie!
Como sea... mis disculpas a todas las que apoyaron esta historia! Espero que sigan leyéndola!
Vengo con las pilas recargadas!
Enjoy!
Capítulo 4
Bella se desplazó con inseguridad sobre los tacones y, agradeciendo la ayuda de Edward, se apeó en el coche. Se arregló el vestido y observó el lujoso carro que los llevaba. Nunca había estado en un automóvil como aquel, en casa tenía una camioneta de los años cincuenta que era más antigüedad que un verdadero transporte.
Había un hombre de mediana edad en el asiento del conductor, quien la miró por el retrovisor. Bella notó unos ojos miel francamente sorprendidos, aunque cuando Edward se subió el chófer se apresuró a mirar adelante.
-Hola- lo saludó Bella.
El hombre volvió a mirarla.
-Buenas noches señorita...
-Bella Swan- completó la chica con una sonrisa y se inclinó levemente hacia adelante- Es un placer conocerlo, señor...
-Ulley, Sam Ulley. Para servirla, señorita.
-Señor Ulley. Por favor, llámeme Bella.
El hombre le dirigió una rápida sonrisa. Bella pensó que se veía asustado y se giró a su acompañante. Edward estaba contemplándola.
-¿Queda lejos el hotel?- preguntó.
-No, pero es hora de tráfico. Aunque Sam aquí conoce todos los atajos para llegar a tiempo.
-Es una suerte, yo recién estoy empezando a sentirme cómoda como para salir sin un mapa.
-¿No te ubicas bien?
Bella sacudió la cabeza, con divertida vergüenza.
-Sé llegar a la Universidad, a la cafetería a dos cuadras y a un puñado de tiendas, el resto de la ciudad es un misterio para mi- se encogió de hombros- Quizás se debe a que crecí en un pueblo pequeño, en Forks no se necesitan las habilidades de orientación.
Bella vio que Sam parpadeaba hacia ella en cuanto mencionó su tierra natal.
-¿Conoce Forks, Sr. Ulley?
-No, señorita.- la chica notó que se negaba a llamarla por su nombre pero no insistió- Pero mi esposa siempre ha querido conocerlo. A ella le gusta el clima frío y lluvioso y disfruta de las leyendas y el misterio que rodea al pueblo.
Bella soltó una risa.
-¿Leyendas?- repitió Edward.
-Sí, toda mi vida he escuchado los rumores de licántropos, pero sólo vi los lobos propios del parque. Incluso hice migas con uno.
-¿Hiciste amistad con un lobo?- inquirió Edward con semblante preocupado.
-Se acercó a mi casa un día, era apenas un lobezno y estaba débil y muy muy delgado. A escondidas de mi padre, lo alimenté por varios días hasta que recuperó las fuerzas y se marchó. Pero unas semanas después volvió en un estado aún peor.
"Había nacido más pequeño que el resto de la camada y probablemente no mamó bien. Luego su porte le jugó en contra cuando iban a cazar, apenas alcanzaba a comer. Era más débil y por regla de la naturaleza debía morir, pero ya me había encariñado con el cachorro y lo cuidé otra vez"
-Es peligroso dejar que un lobo se acerque tanto a la civilización- dijo Edward con ojos amables pero tono reprobador.
-Lo sé, pero en ese tiempo los voluntarios de Greenpeace estaban en Forks y accedieron a ayudar. Me dijeron exactamente lo mismo, que no podía seguir ayudándolo de forma tan riesgosa. La manada lo podía seguir o él mismo atacar a alguna persona. Así que le pusieron un collar de rastreo y una vez a la semana íbamos en su busca a través del bosque. Le daba trozos de carne con unas pastillas de vitamina camufladas entre medio. Los voluntarios me esperaban a varios metros de distancia, Jake sólo dejaba que yo me acercara.
-¿Jake?
-Lo bauticé así -sonrió con algo de nostalgia.- Mejoró cada semana hasta que llegó a ser tan grande como los otros, creo que incluso más. Después de varios meses, cuando ya no era necesaria la ayuda, la gente de Greenpeace me explicó que era peligroso que siguiera acudiendo a verlo, pues por el porte podía llegar a ser el macho alfa, quien generalmente es violento a la hora de proteger su territorio.
-Pero tú no creías que te atacaría- dijo el chico sondeando su semblante.
-No, actuaba como un perro feliz cuando me veía. Quizás era por la comida, pero no lo creo. Sacudía el rabo y sacaba la lengua, dándome la impresión que sonreía, y era muy cuidadoso al acercarse a mi. Pero ellos insistieron, conocían unos cuantos casos de personas que habían sido atacadas accidentalmente, así que le quitamos el collar de rastreo, aunque no me resistí a dejarle un recuerdo. Le hice uno nuevo de cuero con una pequeña figura de un lobo colgando por delante. Jake ya estaba acostumbrado a llevar algo entorno al cuello y no le molestó.
-¿Nunca más lo viste?
-No- su mirada se tornó aún más distante- Pero algunas veces cuando estaba en casa, mis mascotas, un perro y dos gatos, desaparecían sin dejar rastro, tal como hacen los animales al detectar un depredador. Y por la ventana creo que vi una figura enorme pasearse justo detrás del linde del bosque- suspiró- No lo sé, quizás era lo que quería creer.
-Es un linda historia- dijo el conductor.
Bella sacudió la cabeza y volvió a la realidad.
-Fue sólo un poco de comida y preocupación. Los demás voluntarios tienen historias mucho más significativas. De cualquier manera, algo semejante debió haber sido el origen de las leyendas de hombre lobo, ¿sabe? en otros tiempos se acercaban aún más al pueblo y son tan grandes que deben haber iniciado los relatos. Pero por hoy se mantienen en el corazón del parque, son un especie en peligro de extinción y los vigilan constantemente. La gente ya no puede verlos con regularidad- le sonrió al conductor- Pero si un día usted y su esposa van de visita, estaré feliz de mostrarle otras atracciones.
-Gracias, señorita.
Bella miró a Edward, quien parecía meditar.
-La invitación también es válida para ti.
-Yo ya conozco el lugar.
-Pero no el pueblo, te perdiste lo mejor.
El sonrió consciente de la mentira.
-De acuerdo.
Atravesaron la ciudad, a medida que avanzaban las construcciones se volvían cada vez más majestuosas y elegantes. Bella vivía en un buen sector, más moderno que elegante, pero este al cual llegaban gritaba dinero y posición social. Era donde las mujeres se paseaban vestidas en todo momento como si fueran a posar para una revista, donde los carros valían más que cinco casa juntas y donde a las empleadas del hogar se las obligaba a usar horrorosos uniformes con cofia incluida.
Bella se removió incómoda en asiento, preguntándose si sus habilidades para adaptarse a personas y situaciones nuevas, se verían fuertemente confrontadas.
Finalmente se acercaron al hotel. Bella nunca lo había visto de cerca, sólo en páginas monocromáticas en el diario y se sintió sobrecogida ante la opulencia del paisaje.
Era un edificio enorme de color blanco, con una estructura principal de un blanco desvaído que albergaba los comedores, bar y probablemente varios saunas, piscinas y gimnasios. Por detrás se elevaba sobre Chicago, el hotel. Decenas y decenas de pisos que prometían hospedaje de primera categoría y la mejor vista de la ciudad.
Sam se unió a la fila de limusinas y autos, cuyos pasajeros bajaban vestidos de modo impecable y subían la alfombra roja del lugar.
¡Córcholis! ¿Alfombra roja?
Había algo de prensa a las afueras del lugar. Casi nadie se detenía a hablar con los periodistas, pero sí posaban para las cámaras. Los nervios en el estómago de Bella se acentuaron. Miró a Edward que observaba hacia afuera de modo inexpresivo.
-¡Esto es todo un evento!- dijo tratando de controlar el pánico- No dijiste que sería algo así.
-Leíste sobre el en el periódico- respondió mirándola con diversión.
-Sí, pero... ¡Jesús!- estiró el cuello para ver mejor el panorama- ¿te codeas con este tipo de gente todos los días?
-No todos los días... Bella, tranquilízate. No es la gran cosa.
-No para ti. Lo más cerca que he estado de estos personajes fue pedirle a un senador, en medio de una protesta, que cumpliera las promesas de reciclaje que había hecho durante la campaña.
Edward la miró sorprendido.
-¿De verdad?
-Sí- asintió volviéndose más blanca en cuanto se acercaban a la alfombra roja- Fue increíblemente amable, pero todos los políticos lo son frente a público... ¿hay muchos de ellos aquí?
-Algunos- respondió vagamente.
Bella no se dio cuenta de la mirada que le dirigió Sam a Edward. El lugar estaba plagado de políticos. En lo que pareció un segundo, el auto llegó frente al hotel y un hombre ataviado de negro se acercó a la puerta trasera y la abrió.
-¡Oh, Dios! No puedo hacer esto.
Edward bajo del auto y luego se inclinó hacia ella con la mano extendida.
-Son sólo personas, Bella- sonrió.
Era cierto, se dijo ella... y Bella nunca se había dejado acobardar por las circunstancias ni por una persona con poder. Después de todo, había hablado con ese Senador frente a mucha gente y sin siquiera tartamudear. Asintió para si misma y aceptó su mano.
Percibió otra vez el hormigueo en la piel ante su toque, pero tuvo solo un instante para sorprenderse antes que los flashes la cegaran. Las cámaras se dispararon con locura en cuanto divisaron al heredero del imperio Masen.
Edward puso un mano en la espalda de Bella y sutilmente la guió por los escalones. El adoptó una insípida sonrisa dedicada a los medios y, al contrario que sus pares, no se detuvo para posar a nadie ni para responder las preguntas, que iban desde si se iba a casar pronto hasta quien era la castaña que lo acompañaba.
Bella, por su parte, apenas sonrió y estaba segura de que parecía un animalito cegado por las luces de un faro. Se preocupó de mantener el equilibrio sobre los tacones y el vestido recogido por delante para no irse de bruces frente a todos. Cada escalón se le hizo eterno.
Atravesaron una puerta de vidrio y dejaron atrás las voces y las luces, pero Bella no se tranquilizó. El lobby del hotel era majestuoso, había una pileta en medio del piso de mármol, sillas con detalles hechos a mano y varias lámparas de lágrimas que colgaban del cielo, iluminando todo de un suave dorado. Parecía que el lugar estaba pulido en oro.
-No fue tan terrible ¿verdad?- preguntó Edward.
Bella le lanzó una mirada ceñuda.
-Fue mucho peor.
Una mujer pelirroja con un coqueto vestido blanco, estaba detrás de un pequeño recibidor. Observó a Edward de pie a cabeza.
-Buenas noches, Edward- saludó y se paso la lengua por el labio inferior. Bella podía reconocer la lascivia cuando la veía.
-Victoria- respondió inclinando levemente la cabeza.
-Estás en la mesa cinco- dijo al consultar un libro, luego observó a Bella. Abrió excesivamente los ojos por un instante para después entrecerrarlos- ¿No vienes con Tanya?
Edward se giró hacia su cita.
-Bella, te presento a Victoria Anderson. Ella trabaja para la empresa de mi padre. Victoria, ella es Isabella Swan, una amiga.
La mirada de la pelirroja se volvió increíblemente venenosa al observar la mano de Edward en la cintura de Bella.
-¿Una amiga? ¿Estás soltero ahora?
Edward sonrió con la misma insipidez con que había recibido a los periodistas.
-Buenas noches, Victoria.
-¡Jesús!- exclamó Bella cuando estuvieron lejos del recibidor y se adentraban en el lugar- ¿Son todas las secretarias de tu padre unas chupasangre lujuriosas?
-¿Chupasangre lujuriosa?- tosió.
-Así es como las llamo- se encogió de hombros
-Ajá... bueno, no. La mayoría son muy agradables. Victoria es sólo...
-¿Una mujer de moral distraída?- rió ella.
Edward la acompañó con una carcajada.
-Sí, algo así. Generalmente la evito, pero esta noche debe trabajar aquí recibiendo a los invitados. Es muy solicitada para este tipo de ocasiones.
A juzgar por su belleza y el ceñido vestido con que recibía a las distintas personalidades, Bella no tuvo dificultad para creer aquello.
Entraron al comedor, la gigantesca habitación albergaba mesas redondas y sillas, todo de un inmaculado blanco, con camareros llevando bandejas en perfecto equilibrio. En las paredes descansaban cuadros que valían miles y miles de dólares. Bella los reconoció gracias a su relación con James, estaba segura que su ex-novio daría la mitad de su alma para ver estas pinturas tan cerca como las veía ella. Sonrió al recordar que James era un firme creyente que aquellas obras pertenecían a los museos. Viendo que nadie les prestaba la atención debida, Bella estuvo de cuerdo con él. Esperaba que, por lo menos, nadie derramara champán en una.
Edward la presentó a distintas personas y, aunque algunas fueron amablemente educadas, la mayoría le dedicó frías miradas de superioridad en cuanto escucharon su apellido común. Bella no se molestó, pero empezó a desear que la noche acabara luego. Las conversaciones giraban en torno al dinero y lugares de los que nunca había oído hablar. Lo único que le llamó la atención fue que algunos de ellos preguntaron por una tal Alice, y cada vez que eso sucedía, Edward se tensaba.
-Ella está bien... está en París por ahora.
-¿Y ella... todavía sigue con el joven Whitlock?- susurraban en tono de escándalo.
-Tendrá que preguntárselo cuando nos visite- respondía él en tono amable.
Cuando al fin dejaron a una vieja cotorra y su par de amigas, Bella le preguntó sobre ella.
-Te la mostré en mi móvil ¿recuerdas? Es mi hermana menor.
Recordó la chica menuda con la sonrisa despampanante posando delante de una cascada.
-¡Oh! ¿Y ella está en París estudiando?
-Algo así- la miró dudoso- ¿no lees los cotilleos de las revistas?
- A veces... casi nunca. ¿Ella estuvo involucrada en uno?
Edward tomó dos copas de champán y después de entregarle una, se acercó más para hablarle en tono bajo, ignorando las miradas que provocó el gesto.
-Alice siempre fue un alma libre, y desde niña mostró aptitudes de artista. Bailarina, dibujante, hasta escribía sus propias historias. A mi madre nunca le gustó mucho esa faceta pero era una hija obediente y mis padres decidieron ignorar aquellas dotes.
Bella noto como el rostro se le dulcificaba al hablar de su hermana y sin proponérselo le devolvió la sonrisa.
-Una día me confió que se había unido a un taller de teatro y que no quería que nadie se enterase, especialmente mis padres. Era parte del coro y también hacía unos personajes secundarios. Allí conoció a Jasper Whitlock, un actor de la obra. Empezaron una relación y estuvieron alrededor de dos meses en secreto, nadie lo sabía, ni siquiera yo. Pero como siempre, todo se termina descubriendo. Una amiga de mi madre la vio actuar por casualidad y corrió a contárselo.
"Mis padres intentaron todo para romper aquella relación, pero Alice es una persona increíblemente tenaz. Dijo que si no aceptaban a Jasper entonces ella se marcharía. Y fue exactamente lo que hizo. Apenas cumplió los dieciocho años se marchó con él a Francia. En eso días la prensa se enteró y se formó la hecatombe."
Bella frunció el ceño.
-No entiendo ¿por qué tanto escándalo?
-Jasper Whitlock es diez años mayor que ella y un artista pobre. Fue un verdadero escándalo cuando se fugó con él, Alice creció con los medios rodeándola y de alguna manera era la joya de la familia. Los periodistas se dieron un festín contando de sus aventuras con el actor, exagerando muchas cosas, y de la posterior expulsión de la sociedad.
-¿Expulsión de la sociedad?-alzó las cejas.
Edward desvió la mirada.
-Mis padres la desheredaron apenas se marchó y no han accedido a verla otra vez.
Bella lo miró en shock. ¡Jesús! ¿Qué clase de mundo era este?
-¿Hace cuánto fue esto?
-Van a ser dos años.
-¿Y tú? ¿La has visto?
-Sí, en algunas ocasiones. Intento hacerla cambiar de opinión, pero no desea volver.
Bella no podía culparla.
-¿Es feliz?
Los ojos de Edward salieron disparados para buscar los suyos... y la miraron con absoluto desconcierto por tanto tiempo que ella se removió incómoda.
-¿Edward?
-Umm- pestañeó- ¿qué?
-¿Alice... es feliz?
-Sí, lo es.
Bella asintió.
-Entonces, supongo que tomó la decisión correcta.
El la siguió observando como esperando descubrir algo y cuando abrió al boca para hablar otra voz resonó.
-¡Edward!
Una pareja cincuentona se les acercó por la derecha. Ella era muy hermosa, rubia, delgada, decorada con diamantes. El era algo robusto, dueño de un rostro aristocrático y una mirada arrogante. Todas las emociones desaparecieron de rostro de Edward dejándolo inmutable.
-¿Puedes creer la vulgaridad con que organizaron todo este año?- dijo la mujer con una mueca- La encargada de la beneficencia es una mujer sin conexiones y sin un nombre importante. Dicen que es muy buena recolectando dinero para las causas, pero ¿acaso eso importa cuando no es una de nosotros?
Bella la observó boquiabierta. ¿Estaba bromando? ¿No era eso lo que importaba, acaso? ¿La recaudación de fondos? Miró alrededor, todo le parecía muy elegante... ¿y a ella le parecía vulgar? Debía estar loca.
La pareja reparó en ella y ambos abrieron los ojos.
-Eleazar, Carmen... les presento a Isabella Swan. Bella, ellos son los padres de Tanya.
-Mucho gusto- respondió con una sonrisa sincera notando los rasgos familiares en aquellas caras, hasta que se dio cuenta de sus miradas nada amigables.
-¿Eres la chica que vive con nuestra hija?- inquirió la señora Denali.
-Sí, yo...
-¿Dónde está Tanya?- la interrumpió Eleazar.
-No se sentía bien- respondió el chico con tono inexpresivo- Isabella accedió a acompañarme hoy en su lugar.
-¡Oh, querido!- la mujer soltó un quejido- Tendrías que haber llamado a Irina o Kate, y no haber acudido con una desconocida- miró levemente a Bella- Tu madre no estará nada complacida.
-No hay de que preocuparse, Carmen. Si nos excusan debemos encontrar nuestra mesa.
Se alejaron de la pareja mientras Bella quedaba boquiabierta por segunda vez en un minuto. Si no se equivocaba, aquella irritante mujer acababa de insultarla y Edward lo había pasado por alto. No sabía nada de las actitudes de la clase alta, pero aquello no estaba nada bien.
Bien, ella misma había predicho que lo avergonzaría, pero pensaba más bien que tropezaría o diría algo inadecuado, jamás imaginó que sería rechazada sin siquiera abrir la boca. Se separó levemente de Edward, de pronto con un leve sabor amargo en la boca que intentó olvidar.
Encontraron su mesa, que podía contener más o menos diez personas, de las cuales ninguna había llegado aún. Bella lo agradeció, no tenía ganas de conocer a los padres de Edward todavía.
-Así que ¿cómo funciona esto?- preguntó mientras miraba las tarjetas con los nombre en cada puesto. ¡Genial, la amable señora Denali estaría sentada justo a su lado!- ¿Dejan un cofre en cada mesa y ustedes donan sus muchos dólares?
Edward sonrió.
-No exactamente. Más tarde los miembros de la junta de beneficencia se pasean y sutilmente recolectan cheques.
-¡Demonios!- bromeó- No traigo mi chequera, sólo fajos de billetes y monedas de oro. ¿Demasiado vulgar?
-No, podrías imponer un nuevo estilo.
Ambos se rieron.
-¿Isabella Swan?
Bella se giró para encontrarse con una mujer de mirada amable.
-¿Sí?
-Sabía que eras tú- dijo mientras tomaba una de sus manos y la apretaba suavemente. Traía un elegante vestido negro, y su pelo color caramelo estaba recogido en lo alto de la cabeza. Debía tener entre treinta y muchos y cuarenta y pocos. Su rostro se le hacía conocido- Te reconocí desde la otra esquina.
-Lo siento, ¿la conozco?
-¡Oh, claro! Siento no presentarme. Soy Esme Cullen, me ayudaste hace un par de años con las actividades de Navidad para los hogares infantiles ¿lo recuerdas?
-Sí, señora Cullen. Claro que la recuerdo. ¿Cómo está?
Carlisle y Esme Cullen eran una pareja oriunda de Nueva York, y en uno de sus viajes a Seattle decidieron armar una fiesta de Navidad para niños que habían sido entregados o abandonados y esperaban una adopción. Muchos de ellos nunca eran escogidos y el carismático matrimonio decidió regalarles una Navidad inolvidable, con obsequios, Papás Noel, villancicos y casi todo lo que un niño podía desear. De alguna manera, ellos supieron que Bella vivía para esas cosas y la contactaron para que los ayudase a organizar a los voluntarios. La pareja nunca había tenido hijos, pero se paseaban por el mundo entregando su tiempo a obras de ese estilo.
-Bien, gracias cariño. ¿Recuerdas a mi esposo Carlisle?
Bella lo saludó, él seguía tan apuesto como recordaba. Les presentó a Edward que escuchaba con atención.
-Por supuesto, conocemos tu nombre. Dicen que eres una de las promesas del mundo de los negocios.
Bella lo miró sorprendida ¿Lo era? Edward agradeció el cumplido con modestia.
-Cariño, me alegra tanto que estés aquí- respondió Esme una vez que la chica les contó de su situación académica- Estoy trabajando en un par de fundaciones y me encantaría contar con una chica como tú.
-¿Trabajando allí?- respondió dudosa. Los puestos en las fundaciones eran muy codiciados y generalmente cedidos a gente como Esme. Bella se sentía infinitamente más cómoda trabajando en terreno.
-¡Oh, no! Eres demasiado buena para la burocracia de este lugar- con una mano abarcó el comedor- Me refiero a alguien que trabaje sólo conmigo, como mi ayudante. ¡Dios sabe que he intentado encontrar a alguien en quien confiar!
- Sra. Cullen...
-Esme.
-Esme- sonrió- me siento honrada, pero soy estudiante de tiempo completo y no se si puedo cumplir...
-Escucha cariño- sacó una tarjeta y se la entregó- Piénsalo un par de días y luego me llamas para que nos reunamos ¿de acuerdo? Podemos arreglar horarios convenientes para las dos. Mi instinto nunca me falla y tengo un buen presentimiento sobre esto... sólo dime que lo pensarás.
-Lo haré, gracias sra... Esme.
La atractiva pareja de marchó mientras el anfitrión en un escenario daba la bienvenida e invitaba a los presentes a unirse a la pista de baile.
-No mucha gente puede regodearse de conocer a los Cullen- mencionó Edward- Son muy respetados y también muy reacios a relacionarse con otros.
Bella ladeó la cabeza.
-Si eso es un cumplido, no lo tomaré. Sólo los conozco por casualidad, son gente muy amable.
-Lo veo.
-Pero nada comparado a ser la gran promesa de los negocios ¿eh? ¿Eres el siguiente Donald Trump o algo?
Edward rodó los ojos, el primer gesto impulsivo que ella le veía hacer.
-¿Quieres bailar?
Estaban tocando "Moon River" en la versión de Frank Sinatra. Era un poco cursi para la mayoría, pero a Bella le gustaban los clásicos y "Breakfast at Tiffany's" era uno.
-De acuerdo.
El la llevó hacia los demás. Puso una mano en su cintura y con firme suavidad tomo una de sus manos. Al acercarse a él, Bella se sintió de pronto algo falta de aliento. Lo atribuyó al champán y a no haber estado tan cerca de un ser masculino en varias semanas. No se la podía culpar, Edward era muy atractivo.
Sin embargo, la electricidad que fluyó entre ellos, no pudo explicarla tan razonablemente una vez que comenzaron a moverse al suave ritmo de la conocida melodía. Como si sus sentidos se adormecieran poco a poco, tanto que era cada vez menos consciente de lo que los rodeaba. Sólo de la música y del cuerpo cálido a su lado. Por voluntad propia su cuerpo se inclinó hacia el de Edward. Y él simultáneamente usó la mano en su cintura para acercarla más.
-Así que- mencionó sobre su cabeza- Ayudas lobos, niños, conoces senadores en protestas y miembros de al alta sociedad americana en actos benéficos, quieres viajar por el mundo y eres capaz de trasladarte completamente sola a otra ciudad- Edward bajó la mirada hacia ella- Tengo la sensación de no poder encasillarte en algún lugar.
-¿Encasillarme?
-Ya sabes, leerte- la mirada verde se volvió intensa- ¿Quién eres, Isabella Swan?
-Bella- le recordó y luego meditó unos segundos- Dijiste que tu hermana era un alma libre. Creo que soy una de esas también.
Edward continuó mirándola mientras se desplazaban y Bella sintió un leve, muy leve apretón en el corazón. Extrañamente no pudo desviar la mirada mientras se observaban mutuamente ni pudo pensar en otra cosa que esos pozos de color esmeralda.
Nunca antes se había sentido tan consciente de alguien. Los vellos de su cuerpo se erizaron cuando una emoción nueva, confusa y extraña la recorrió.
Una emoción que de pronto se vio resquebrajada.
-¿Edward?
Ambos se separaron levemente y giraron las cabezas. Bella vio ahora otros ojos verdes, los más fríos que había visto en su vida. Ojos que la enfocaron como si fuera un ratón de iglesia.
Tragó saliva.
La madre de Edward, no había duda.
¿Qué dicen?
Nos leemos! Besos!
Cata...
