Ai no Monogatari

(Historia de Amor)

Por Lau

Capítulo 4

Malentendidos

YA HABÍA pasado lo peor.

Las lágrimas habían dejado de brotar, y el dolor poco a poco iba desapareciendo. Lo que no desparecía era la melancolía y la decepción, pero ambos eran sentimientos demasiado conocidos. Justo como en los viejos tiempos.

Meiling sintió las lágrimas saladas diluirse con el contacto del agua fresca y respiró más tranquila. Debió haberlo sabido, no intelectualmente, sino con el corazón. Él quería a Sakura. Hacían una hermosa pareja. ¿Por qué fue tan tonta de haberlo deseado tan insensatamente? La toalla cubrió su cara mojada y la chica sintió la suavidad de la tela y su calidez. No volvería a pasar, juró. Se concentraría en sus estudios y se olvidaría de los chicos, y quizá algún día encontraría a alguien que llenara el vacío que ahora estaba sintiendo.

Buen plan.

Si algún día lograba olvidarlo.

"Meiling, ¿qué te sucede?" La chica volteó, y se sorprendió al observar a Syaoran, quién la miraba asombrado desde la entrada de su habitación, mientras ella había permanecido con la cara enterrada en la toalla. Con toda la fuerza de su voluntad ella trató de olvidarse del nudo que aún tenía en la garganta.

"Yo...ehem...me estaba lavando la cara, eso es todo. Supongo que me perdí en mis pensamientos, lo siento." Logró dibujar una pequeña y débil sonrisa en el rostro, tratando de ocultarle a Syaoran su estado de ánimo. Aparentemente logró su objetivo, porque aunque el muchacho la miró fijamente un instante, continuó hablando como si nada, para gran alivio de Meiling.

"Oh... está bien. Oye, a ti te estaba buscando- Necesito contarte algo que me dijo Hiiraguizawa. Él-"

Meiling se sintió irritada de pronto al recordar las preguntas del chico inglés, y más aún al recordar la respuesta de Syaoran. Eso era lo último que deseaba en este momento, que Syaoran le proclamara el gran amor que sentía por la Cardcaptor. No necesitaba que él se lo recordara.

Quiso terminar de una vez por todas con el asunto, para que así él se fuera y la dejara en paz de una vez por todas, para que la dejara sola con su dolor.

"Ya lo sé", interrumpió al joven. "Lo escuché todo. ¿Qué es lo que quieres que te diga?"

Syaoran levantó una ceja a oír el fuerte tono de fastidio de Meiling. "Suenas molesta."

"¿Yo? Para nada. Al contrario, me parece genial que hayas hablado con él. Y ahora tengo que hacer mi tarea, así que por favor te ruego que salgas de mi habitación."

"¿Pero que te pasa? Yo sólo quería contarte que voy a ir a ver a Sakura para-"

Cada palabra sonaba como un disparo al corazón de Meiling, pero ella no dejaría que él lo supiera. "¡Excelente! Es lo que debiste hacer desde el principio. Pero no regreses a quejarte conmigo si ella no quiere verte."

Ahora Syaoran también estaba enojado. "No tienes porque ponerte así conmigo. No te he hecho nada. Tú has sido la que me ha evitado."

"¡Claro! ¡Es mía la culpa! Tú no podrías haberme hecho nada, ¿verdad? Todo es mi culpa. Yo te he evitado, yo los escuché detrás de los arbustos, todo yo."

"Entonces nos escuchaste. Pensé que te alegrarías."

"Pues ya ves que no. Y ahora fuera de mi habitación. ¡Fuera!" Furioso, Syaoran salió justo antes de que Meiling azotara la puerta tras de ella. Como era su costumbre, caminó silenciosamente hacia su propio cuarto para encerrarse, donde permaneció observando hoscamente a la ventana.

Nunca entendería a las mujeres. ¿Por qué estaría Meiling tan enfadada? Fue muy grosera al correrlo de esa manera, azotando la puerta...

Ella realmente me odia, ¿no es así?

Syaoran permaneció el resto de la tarde recostado sobre su cama, convenciéndose a sí mismo de que debía de pensar en otra cosa. Pero no podía evitar recordar la cara tan triste que ella tenía antes de cerrar la puerta, así como sus ojos carmesí llenos de lágrimas.

&&&

La cena aquella tarde fue muy incómoda.

El silencio era casi absoluto, y aunque todos hablaban con la cordialidad y amabilidad más exquisitas, el ambiente seguía siendo asfixiante. Todos notaron que algo había pasado entre los dos miembros más jóvenes de la familia, quienes rehuían todo contacto entre sí y apenas e intercambiaban uno que otro monosílabo.

Su comportamiento afectaba a todos los demás miembros, quienes comían también en silencio. Incluso Eriol y Nakuru, con su carácter generalmente bonachón y alegre, no se sentían con ganas de hablar de nada.

Acabada la cena y cumplidas todas las ceremonias de saludo y despedida obligatorias en el Clan, Syaoran intentó regresar una vez más a sus habitaciones, pero fue detenido en el camino por Eriol. Suspiró, porque vio que se le escapaba la oportunidad de hablar con Meiling a solas, quién ya se alejaba del comedor sin siquiera dirigirle una mirada.

"En unos días viajaré a Japón y me preguntaba si no sería una buena oportunidad para que me acompañaras. Así podrías hablar con Sakura," le dijo Hiiraguizawa simplemente.

Li normalmente podría haber dicho un comentario sarcástico sobre el hecho de preferir la muerte antes que viajar junto con Eriol, pero no se sentía de humor para molestarlo.

"Yo... no lo sé. Todavía estoy en exámenes y yo... yo quisiera arreglar algo antes de viajar para allá." Eriol no necesitaba utilizar ninguno de sus poderes para adivinar que a lo que su querido descendiente se refería tenía que ver seguramente con la joven del cabello negro.

Por mucho que lo deseara, Eriol sabía que no podría intervenir en ello. Palmeó ligeramente la espalda del otro antes de alejarse a sus propias habitaciones.

"Comprendo. Pero si cambias de opinión házmelo saber."

&&&

Fue inesperado que alguien tocara a su puerta, un par de horas después. Syaoran se levantó de la cama y fue a abrir la puerta, preguntándose quién podría ser a esas horas.

Era Meiling. Se le veía arrepentida y avergonzada.

"Yo...quería venir para disculparme. No debí haberte gritado de esa manera."

Syaoran sonrió, aliviado. "Olvídalo. No debí molestarme tampoco." Incómodos, los dos permanecieron un instante en silencio, no sabiendo como continuar la conversación.

"No sé que me pasa," comenzó de pronto Meiling después de un rato, "supongo que estoy irritada por los exámenes."

El joven miró a Meiling y comprendió que lo que ella le decía no era toda la verdad. Qué era lo que ella le estaba ocultando, no lo sabía, pero decidió seguirle el juego. "No te preocupes. No creo que falles en ninguno. Estarás bien."

Ella trató de ignorar la nueva punzada de dolor que sintió en el pecho. Quizás venir había sido un error. Syaoran nunca parecía haber sido experto en descubrir lo que pensaban las chicas, y no parecía darse cuenta de que es lo que en realidad le había molestado. ¿Porque habría de darse cuenta, tonta?, se reprochó a si misma.

"¿Crees que ella te reciba?". El súbito cambio de tema salió de sus labios sin querer. Aunque le dolía preguntar, Meiling trató de dibujar una sonrisa en su rostro.

"Eso espero," dijo él, nervioso. "Odiaría tener que regresar sin haber hablado con ella."

"Ya veo." La muchacha suspiró resignadamente. Entonces sí es verdad. "Yo...te deseo mucha suerte. Buenas noches." Una tenue sonrisa se reflejó en su rostro antes de encaminarse hacia su cuarto.

"¡Meiling, espera!" Syaoran la llamó, pero fue en vano porque ella  se despidió con un gesto de su mano y continuó su camino hasta perderse de vista en el amplio corredor.

Pero, ¿qué le habría dicho si se hubiese regresado? El joven no estaba seguro de saberlo. Ella estaba triste, él lo sabía, aunque ella tratara de fingir que no era así.

Syaoran siempre se había sentido preocupado siempre que ella estaba triste, desde el día que la había conocido. Sus padres los habían alentado a entrenar en las artes marciales de la familia y siempre practicaban juntos. A pesar de las apariencias, siempre la había apreciado por su fuerza y su determinación, sobretodo cuando ella se esforzaba y exigía que se le tratara como a un igual.

Meiling era una buena compañera de equipo. El niño se había preocupado al principio por su lastimarla, pero ella resistió valientemente cada uno de los duros entrenamientos.

Pero realmente fuera de las prácticas no interactuaban mucho, y se podía decir que eso a él no le importaba demasiado.

Hasta ese día.

Cuando ella perdió el ave de su madre, Syaoran y Wei la vieron en el jardín. Ella los miró tristemente, y él se sintió conmovido por aquella mirada. Sin pensarlo había ido en busca del animalito. Afortunadamente había conseguido encontrarlo y devolvérselo. Y aunque ella había llorado cuando depositó el pajarillo en sus manos y él había pensado que la niña quizá se había lastimado, comprendió después que ella había llorado de alegría.

A partir de entonces habían comenzado a relacionarse mejor.

¿Por qué había querido ayudarla en aquel entonces? Syaoran no se lo podía explicar, pero cuando vio los ojos tristes de Meiling supo que no soportaba verla así. Tan era así que a veces tendía a sobreprotegerla, a pesar de que sabía que ella era bastante capaz de cuidarse sola.

"Es gracioso, recordar todo eso ahora," se dijo. Era raro ver triste a Meiling y era más fácil recordarla en los momentos en que era enérgica, decidida. Sólo la había visto triste una o dos veces en su vida, y una de ellas causada por él, de hecho.

Syaoran agitó su cabeza, decidido a olvidar por el momento aquel doloroso recuerdo. Concentró toda su atención en lo que debía de hacer a continuación. Cuando fuera capaz de faltar unos días al colegio, viajaría a Japón y arreglaría todos los pendientes que tuviera allá.  Después, volvería y averiguaría porqué Meiling se encontraba tan deprimida.

Se imaginó abrazándola como hace tantos años mientras ella lo miraba nuevamente contenta y llorando de felicidad. Por un breve momento se preguntó seriamente la posibilidad de intentarlo en ese momento. Y entonces parpadeó, sorprendido de sí mismo.

"No sé en que estoy pensando. Mejor me voy a la cama." Ignorando el calor que inundaba sus mejillas cerró la puerta de su habitación y regresó a su cama. Intentó dormir, pero algo se lo impedía. El recuerdo de la mirada triste que Meiling le dirigió en la tarde cuando lo echó de su cuarto aún se le aparecía, por más que ella le hubiera asegurado que todo estaba bien. Y aunque no lo quisiera, no podía dejar de preguntarse porque se sentía tan desdichado por ello.

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¿Qué tal? Lamento muchísimo la tardanza, y más aún que ya parezca disco rayado con lo mismo, pero de verdad quería asegurarme que este capítulo saliera bien. ¿Comentarios? Todos son bienvenidos, como siempre, y agradezco a todos los que invirtieron parte de su tiempo para dejarme un review: Belzer, Undine, Yashi y Misara ¡Gracias!