¡Feliz año!

Vamos con el capítulo 4. No queda mucho para el final.

Miles de gracias a Altariel de Valinor por sus correcciones.

Cualquier error es mío.

Eurus

Despertó sobresaltado, sintiendo el sudor frío que acompañaba a sus pesadillas. Parpadeó, intentando enfocar y sujetar el último retazo del sueño, pero fue incapaz de recordar qué era lo que esta vez lo había atormentado. Miró el reloj, donde parpadeaba la luz roja anunciando que eran sólo las 4:37. Por inercia alcanzó el móvil sobre la mesita de noche cuando recordó que la persona a la que iba a enviar un mensaje estaba en su propia casa. Volvió la mirada al otro lado de la cama, viendo que estaba arrugada por haber sido utilizada. Al menos Sherlock había aceptado que necesitaba dormir, aunque las sábanas estaban frías, por lo que su amigo habría dormido apenas un par de horas, ya que lo dejó enfrascado en el portátil al irse a dormir. Se levantó, acercándose a la habitación de Rossie, comprobando que seguía dormida, ajena a los cambios que se sucedían día a día en las personas que la rodeaban. Al bajar las escaleras pudo oír el suave golpeteo de los dedos sobre las teclas del ordenador, que venía de la cocina.

- Buenos días - saludó, observando a Sherlock levantar la cabeza de la pantalla. Vestía una camiseta y unos pantalones de pijama de John, que le había prestado y le quedaban cortos. Tampoco era esa la ropa que llevaba horas antes cuando lo dejó en esa misma silla.

- Buenos días ¿Pesadillas? - esa era la primera pregunta que Sherlock hacía a John a través de mensajes, cada noche que éste quería saber si estaba despierto en mitad de la madrugada.

- Creo que sí, no recuerdo sobre qué... ¿y tú? Esperaba que durmieras al menos seis horas después de dos días en pie.

- Lo intenté, pero el caso de Dimmok tiene algunos cabos sueltos. He dormido 73 minutos, suficiente por ahora.

John dejó el vigila-bebés sobre la mesa, se acercó a encender la tetera y preparar dos tazas. No tenía sentido discutir que poco más de una hora de sueño cada cuarenta y ocho, no era saludable. Echó una mirada por encima del hombro de Sherlock para ver en qué estaba trabajando, viendo las fotografías cambiar de una a otra, deteniéndose y ampliando de vez en cuando.

- Al parecer Dimmok tiene un buen fotógrafo, se ha centrado en los detalles... – comentó, volviendo a su tarea.

- Nada como estar en el escenario, pero al menos hay por dónde empezar. Lestrade debería pedírselo prestado más a menudo a Dimmok, un mono sacaría mejores fotos que el inútil que siempre lleva.

Cuando estuvo listo, John colocó una taza de té junto a Sherlock, sin mucha esperanza de que hiciera caso ya que parecía estar en modo trabajo, y después de los últimos meses de sequía, el entusiasmo que estaba poniendo era innegable. Para su sorpresa, al sentarse John en la silla frente a él, lo vio cerrar la tapa del portátil y tomar la taza para mirarlo fijamente.

- ¿Es ahora un buen momento para que me cuentes que ha cambiado en las últimas horas?

- ¿A qué te refieres?

- A ti, John - Sherlock tomó un sorbo, dándole tiempo a John de buscar una respuesta.

El cambio de actitud lo había tomado por sorpresa. Sherlock no era dado a tener charlas sobre cómo estaba o cosas así, mucho menos si había un crimen por resolver esperando. Era cierto que en las últimas semanas habían hablado más que en los años que llevaban de relación, pero John esperaba que una vez que la relativa normalidad de los casos se asentase de nuevo en la vida de Sherlock, todo aquello iría volviendo a su cauce natural, o sea, las horas de silencio, las noches sin dormir, los mensajes con instrucciones o datos de casos, las ausencias ya fueran físicas o mentales, y sobre todo la prioridad del trabajo sobre todo lo demás. Sí, había esperado que se mantuviese esa complicidad que ahora era mucho más palpable, que continuasen los avances aunque lentos, y quizá pasos a la intimidad entre ellos, pero no esperaba que Sherlock se convirtiese en una persona comprensiva y atenta, eso le quitaría la gracia.

- ¿Desde cuándo es necesario que te cuente?

- Desde que tú me pediste que habláramos si en algún momento no entendía qué está pasando por tu mente, así que respeto el acuerdo, dejo de hacer notar lo obvio y espero a que estés listo para contarme. No puedes dormir porque algo te preocupa, y es evidente a cada hora que pasa que te encierras más en pensamientos que me dejan fuera, por lo tanto hay algo que ha cambiado, y ya que es algo relacionado con tus emociones, me abstengo de hacer deducciones y evitar falsas conclusiones.

John suspiró cansado, apretándose el puente de la nariz, como si de repente su cabeza fuese a estallar. Antes de por fin conciliar el sueño la noche pasada, había dado vueltas a porqué se sentía culpable por el simple hecho de seguir con vida. Cuando volvió a alzar los ojos hasta Sherlock, parecía haber envejecido y había algo que se asemejaba a la ansiedad en su rostro.

- Tienes razón - dijo en apenas un susurro-. Han pasado cosas que me no sé cómo afrontar, aunque si comparo con lo que tú debes estar pasando, parece casi estúpido.

- Tú eres más sentimental que yo. A mi puede afectarme, pero una vez que sea capaz de racionalizarlo y poner cada dato en su lugar dejará de ser tan frustrante. Aunque me cueste admitirlo, Mycroft será de ayuda y ya hemos comenzado a reorganizar mis recuerdos. Hoy volveremos a vernos y, si ha hecho bien su trabajo, tendré mucho material visual para trabajar. Así que, mientras tanto, podemos hablar de qué te preocupa.

- Quizá no quieras...

- John, por favor, no me dejes fuera.

Durante un largo minuto John sostuvo la mirada de Sherlock, sopesando si debía cargarlo con sus problemas cuando él mismo tenía tanto por arreglar en su propia mente con la recién crecida familia.

- Nada de esto es culpa tuya, Sherlock.

- Puede que no, pero está relacionado de alguna forma, ¿me equivoco?

- No. Se trata de cuando Eurus nos encerró en Sherrinford con David...

- El director de la institución... ¿te afecta no haber sido capaz de matarlo y que por eso muriese su mujer?

- No. Si en algo debo parecerme a tu hermano es en no querer mancharme las manos de sangre inocente.

- A Mycroft no le tiembla el pulso para ordenar operaciones que pueden causar daños colaterales, es cuando tiene que hacer él mismo el trabajo sucio, cuando parece recordar que tiene principios.

- Aun así, no quiso hacerlo, lo respeto. David no merecía morir, su mujer tampoco. La única culpable de que ocurriese es tu hermana que quería un asesinato a sangre fría.

- ¿Entonces?

John dudó, había logrado en las últimas semanas una paz que no esperaba, se había ilusionado con tener algo que años atrás creía haber perdido, y creía que estaba reconstruyendo su vida en el camino correcto. Ahora volvía a estar al borde del precipicio, y sus miedos estaban de nuevo allí para impedirle alcanzar algo parecido a la tranquilidad.

- Me preguntó por mi mujer, por lo que sería capaz de hacer si existiera la posibilidad de tenerla aún conmigo... - los labios de Sherlock apenas se abrieron al soltar el aire, manteniendo la mirada de John -. Amaba a Mary, aún la amo de alguna manera. Daría cualquier cosa porque Rossie tuviese a su madre, incluso mi vida... pero si tuviese que escoger entre la vida que llevaba con ella y la que tengo ahora... no sé qué haría... y eso me hace sentir miserable y culpable - se limpió furioso una lágrima que escapó de sus ojos, carraspeando para recuperar la firmeza en la voz -. Cada minuto que pasa, soy más consciente de eso, y de cómo casi la había olvidado... David la trajo de vuelta.

Sherlock apartó los ojos, recordaba el momento en que John se había enfrentado a ese sentimiento. Había visto la vacilación y la mirada que le había dado, cargada de culpa, en aquella habitación mientras le tendía el arma, y lo había interpretado como el rastro de resentimiento que guardaba al propio Sherlock por haber sido el responsable de que Mary ya no estuviese con ellos.

- ¿Vuelves a verla? - preguntó con cautela. John le había hablado de los días en los que las alucinaciones con Mary formaban parte de la normalidad.

- ¡Dios, no! Es... - respiró intentando tranquilizarse, buscando las palabras -. Sherlock, hay días en los que apenas la recuerdo, han pasado solo unos meses... es la madre de mi hija y hay veces en las que pienso que Rossie es más feliz que cuando ella estaba aquí...

- Eso no es cierto John...

- Cuando te perdí a ti, pasé meses enteros sin poder pensar en otra cosa que en la oportunidad que ya no tenía, en qué podría haber hecho para que siguieses conmigo... y a ella apenas la echo de menos... está mal... - se le escapó una risa extraña, más parecida a un sollozo contenido.

- John...

- Cuando Mary te disparó, dejé de pensar que era una buena persona, no podía dejar de quererla, pero tampoco podía perdonarla. Sé que se esforzó por compensarlo, que realmente le caías bien y en cierto modo te quería, además de ser consciente de que tú y yo éramos algo más que simples amigos y lo aceptaba sin interponerse, sin pedir explicaciones. Pero la confianza que tenía en ella antes de Magnussen, no volvió. Esperaba que el tiempo devolviese las cosas a su lugar, intentaba volver a sentirme bien con ella... la llegada de Rossie en ese aspecto tampoco ayudó. Convivíamos en la misma casa cuidando de nuestra hija lo mejor que sabíamos, pero dejamos de ser nosotros. No había esa intimidad en la que nos entendíamos sin hablar, apenas teníamos contacto físico... Llegué a sentir celos de ella por cómo se implicaba contigo en los últimos casos, y cuando se marchó a borrar su pasado, me sentí decepcionado por su falta de confianza, pero no tan herido como hubiese esperado - sonrió sin alegría, mirando a Sherlock que permanecía en silencio, apretando la taza en sus manos -. Creo que si no hubiese muerto, nuestro matrimonio habría terminado tarde o temprano. Por eso cuando David me preguntó qué daría por que mi esposa siguiera con vida... simplemente sentí, por un segundo, que no quería que esa posibilidad fuese real... por un momento pensé que estaba más conforme con mi vida ahora que cuando la compartía con ella... y me hizo sentir culpable, porque me di cuenta de que toda esa rabia que había sentido hacia ti cuando Mary murió, no era otra cosa que mi propia decepción, y por eso ella siguió conmigo, porque no era capaz de enfrentar lo que realmente sentía.

- Eso no es así, John. Tu dolor era y es real. Te da miedo pensar que pudiste sentir alivio porque Mary dejó de estar en tu vida, pero sabes que no es cierto. Todo lo que hizo Eurus estaba destinado a desestabilizarnos emocionalmente a cada uno de nosotros y utilizó todo lo que tenía. Ella sabía cómo te sentías, tuviste una sesión completa con ella como tu sicóloga, le contaste cosas que no le habrías dicho a nadie, además de lo que hablaste cuando creías que era la mujer del autobús. Utilizó tu sentimiento de culpa por haber engañado a Mary, te puso en la situación de elegir entre tu moral y la posibilidad de salvar a la mujer de alguien, traicionando tus convicciones éticas. Sabía que Mycroft no lo haría y que recaería sobre ti, y estoy convencido de que habría matado a la mujer de David hubieses apretado el gatillo o no. Se trataba de hacerte flaquear el primero, dejar que tus sentimientos te incapacitaran para ser racional. No contaba con tu autocontrol en modo soldado.

- Menuda mierda de autocontrol.

- Al menos te sirvió para enfocar la situación como lo que era, un enfrentamiento entre nosotros y ella. Mycroft lo tomó como los despropósitos de alguien fuera de control y no fue capaz de ver que debía seguir el juego si quería algún resultado que pudiera sacarnos de allí.

- ¿Según tú que pretendía con esa pantomima de juicio a los hermanos Garrideb? ¿Hacernos competir como dijo tu hermano?

- Me inclino por pensar que esperaba que estuvieras fuera de juego y resultases más un lastre que una ayuda. Le salió mal, y es donde empezó a perder un poco el control de todo. Había preparado los escenarios con precipitación, puede que no esperara nuestra visita hasta unos días después, teniendo en cuenta que la explosión del piso debería habernos dejado fuera de juego por un tiempo.

- Un tiempo permanente...

- No, la explosión no fue tan grave. Sí hubo una gran deflagración, pero los daños no fueron demasiado aparatosos, mas llamas que escombros. Tú mismo lo viste.

- Todo ese maldito juego giraba en torno a ti. Tu piso, tu hermano, tu amigo, incluso tu mente. Cuando te pidió que eligieras a uno de nosotros... aún me cuesta creer que Mycroft se ofreciera a que le disparases.

- Se sentía responsable, sus regalos habían puesto a Jim Moriarty en el camino de nuestra hermana. A pesar de sus esfuerzos por parecer insensible y no mostrar ningún tipo de apego a nadie mi hermano Mycroft tiene cierta debilidad por la familia. Lo pasó mal cuando estuve en Europa, aunque se dejaría arrancar la piel antes de admitirlo ante nadie. También te tiene cierto aprecio, y al verse superado por la situación en la que lo colocó Eurus, dejó de ser totalmente racional y se dejó llevar por el sentimentalismo, por eso no quería verme teniendo que decidir entre él y tú.

- ¿Hubieses disparado? - preguntó John, sin estar seguro de querer oír la respuesta.

- ¿A Mycroft? No había motivo. Eurus quería su juego, me quería a mí para seguir atormentándome. Si la amenazada con quitarle a su ratón de laboratorio, tendría que cambiar el juego. Sabía que no dejaría que me volara la cabeza una vez que descubrí qué era lo que estaba haciendo.

La sonrisa de John apareció, llegando hasta sus ojos.

- Sospechaba que era lo que habías planeado, pero aún quedaba la pequeña duda.

- No me hubiese suicidado delante de ti, John. No otra vez.

Guardaron silencio mirándose sin apenas respirar,

- Lo sé. Lo supe cuando comenzaste a contar, tú no das plazos, lo haces y punto. Le diste el tiempo necesario para cambiar su plan y pasar al siguiente escenario. Imagino que es algo de lo que Mycroft también se dio cuenta.

- No, el creía de verdad que lo haría, por eso está tan asustado.