Historia de un Mehicano

Capítulo 4 Los Lobos Montañeses I

Para el día siguiente todo el mundo se había enterado de lo que había pasado en la casa Broflovski, sin que ninguno de estos hubiera dado la palabra a nadie, lo que no sabían claro era que la alarma del Coon que Cartman había instalado tiempo atrás en sus casas para alertarlos de una reunión de Coon y Amigos también tenía un micrófono integrado.

Esa noticia provoco que el destierro de los góticos pasara a un plano inexistente entre los chismes, y lo mismo paso para los de secundaria; los cuales tuvieron un excelente primer día, todos menos una chica.

Shelley Lynn Marsh nunca ha sido precisamente un bombón o la mejor en cuanto actitud se refiere. Siempre con su cabello castaño mal peinado, su blusa grisácea y a falta de mejor color pantalones invernales rosas. Para rematar, unos frenillos que le deban un aspecto intimidante. Definitivamente no era el amor de ningún chico de la secundaria, pero estando en segundo grado de esta aquello pasaba a un segundo plano. Por lo menos para ella, su verdadero problema era que al intentar abrir su casillero la combinación no funcionaba.

—Vamos Shelley, ¿Aun no consigues novio?—preguntó Jane, una amiga suya rubia y también mal peinada, pero de cabello corto hasta el hombro—De pocos amigos y sin novio, si no te conociera diría que te gustan las chicas.

—¿Y cuál sería el problema?—expresó Shelley levantándole una ceja.

—¿Te gustan las…?—su amiga se vio tan sorprendida que se llevó ambas manos a la boca—Nah, no tú.

—Te pregunte cuál sería el problema, no dije que fuera lesbiana.—Shelley rodó los ojos—Gah, abre estúpido casillero.—intentó abrir su casillero con más fuerza pero este no cedía.

—Tal vez pusiste mal la contraseña.—explicó Jane—Intenta otra vez.

Y así lo hizo otras cinco veces, antes de comenzar a estirar la puerta con toda la violencia que le era posible.

—Te vas a romper las uñas.—le dijo Jane.

—¡Oh por favor! ¡Es el primer puto día de clase y ya iniciamos con esta mierda!—gritó Shelley golpeando el casillero repetidas ocasiones, sobre todo en la parte de la cerradura hasta que finalmente el casillero se abolló, la cerradura quedó inutilizada y le permitió a Shelley dejar su material escolar en aquel lugar, cerrándolo con un poco de cinta para disimular que no estaba roto—Vámonos Jane.

—De acuerdo, pero no me mires el trasero pillina.—se mofó Jane.

—Que no soy lesbi.—le repitió Shelley.

Su día, a diferencia del de su hermano, Stanley Marsh, fue de lo más usual al inicio, hasta que en un momento les toco a los alumnos de su aula la falta del maestro de historia, entonces todos en el salón comenzaron a hablar como si no hubiera un mañana, contándose todo sobre sus veranos, poniéndose al corriente con otros tantos y sobre todo hablar con sus amigos. Shelley en cambio tomó un libro de saga juvenil adolescente para refugiarse de la cruda realidad durante los pasajes; su amiga Jane se limitó a estar en el celular en el asiento de al lado.

—¿Qué estas leyendo troll?—preguntó un tipo con lentes al cual Shelley había rechazado tiempo atrás; este hizo que Shelley subiera la mirada.

El sujeto no esperó a que Shelley contestara y le arrebato su libro con agilidad, provocando que Shelley cerrara los ojos y respirara lentamente para poder relajarse.

—Si no sueltas mi libro para ya, posiblemente tu testamento.—dijo Shelley con toda naturalidad.

—¿Aun lees esos libros para niñitas?—preguntó el chico tomando el libro y abriéndolo en una página cualquiera como si lo estuviera analizando—Mierda.—volteó la página—Mierda.—volvió a cambiar de página—Uhh, más mierda, que sorpresa.—dijo divertido y pasando al frente—¡Eh, miren! La gran trolla, se encontraba leyendo Pasión de Vampiro Adolescente Ardiente.—mostró la portada del libro a la clase.

—¿Ese era lo que estabas leyendo?—Jane se quedó impactada y trataba de no reír.

—¿Qué tiene? ¿Diez años?—preguntó un imbécil en la clase.

—Arvo, todavía tienes tiempo de quedar en coma y no en un ataúd.—le recomendó Shelley mostrando orgullo y sarcasmo a la vez.

—Muah, muah. Siempre llorando.—dijo Arvo sin prestarle atención a la clara amenaza de Shelley sacándole la lengua.

—¡ARVO CIERRA LA PUTA BOCA!—Shelley le tiro el buen golpe que merecía el chico con una rapidez que los demás fueron incapaces casi de ver el golpe venir.

Arvo se derrumbó en el piso y comenzó a llorar mientras le lanzaba insultos a Shelley, los cuales a ella no le importaban porque sujetó su libro triunfalmente.

—Oh ouh.—una chica de la primera fila se hizo para atrás y no miro directamente a Shelley.

—¿Qué?—preguntó Shelley impaciente.

—¿No sabes que Arvo es ahora intocable?—Jane se acercó rápidamente por la situación—Shelley si te expulsan será el menor de tus problemas.

—¡¿Por qué?!—preguntó está enojada.

—Arvo es gay…—le dijo Jane como si fuera lo más obvio—Van a usarlo en tu contra para decir que lo golpeaste por eso, la directora se toma muy enserio esos temas.

—No, lo hice porque fuera gay, sino porque me quito el libro.—dijo Shelley segura de sus palabras.

—No te creerán.—le dijo Jane negando—Lo he visto antes.

—Mhh…—Shelley al enterarse de la situación tomó a Jane de los hombros y le dio un beso apasionado durante cinco segundos en los cuales su amiga abrió de par en par los ojos—Bueno, que se traten de meter conmigo ahora.

5 minutos después.

—Golpear a un alumno gay, leer un libro de mala calidad, violencia descarada, abuso de género, mal peinada y obligar a otra chica a besarla. ¿Cómo se declara?—preguntó la directora de la Secundaria.

—Ah…—Shelley dejo caer su cabeza sobre el escritorio de la directora—¿Enserio necesito repetirlo? No me pueden culpar de homofobia, siendo yo bisexual.—dijo Shelley escudándose en aquel beso "pasional" que se dio con Jane; aunque sabía que solo era una excusa para que no la suspendieran.

—Señorita Marsh, tiene usted un largo historial de violencia a los varones…—explicó la directora pacientemente.

—¿Y?—preguntó Shelley a la defensiva.

—Que creemos que usted odia a los hombres, y en esta escuela todos somos iguales, no nos importan todas esas campañas de "feminismo" barato con agresivos comportamientos a los varones.—dijo la mujer.

—¿Qué tiene que ver feminismo con esto?—preguntó Shelley.

—El heteropatrearcado es una mentira señorita Marsh, debería saberlo, en esta escuela no apoyaremos la agresión.—siguió la directora sin escucharla—Una semana en detención y si tiene otro comportamiento inadecuado tendrá severas consecuencias.

Durante el resto del día Shelley fue perseguida por lo del beso que se dio y la consiguiente visita a la directora, incluso Jane no se atrevía a hablar con ella porque su novio le pedía repetir la escena cada vez que las veía a ellas juntas.

Aquel mismo día Shelley se fue entre lágrimas a su casa por todas aquellas burlas, sin poder hacer nada para defenderse por temor a ser expulsada. Se sintió especialmente furiosa porque el que más reía de entre todos sus compañeros era Arvo.

Y aquello lo hubiera podido solucionar su madre, si no es que tan solo a una hora de la salida de los chicos de secundaria se esparció como virus la noticia de la visita del Chapo Guzmán a los Broflovski restantes por un audio que fue cargado a internet. Y Sharon, su madre, se concentrará en intentar de llamar a su amiga Sheila sin mucho éxito. Fue una noche llena de chisme para el pueblo.

—¡¿MPOHPHJP JPJPM PAPP?!

Kenny no se contuvo y le dio un puñetazo a Eric en la parada del bus; Stan en lugar de detenerlo le ayudo a comenzar a golpearlo en el suelo, ya tenía suficiente con los lloriqueos de Shelley como para aguantar lo que su amigo había hecho. Por otro lado, la pequeña Karen los acompañaba y solo miraba negando al chico gordo.

—¡Y…lo subió… a internet!—Stan dijo pausadamente mientras pateaba al gordo que se limitaba a seguir riendo, de hecho ellos dudaban si sus patadas dolían más que su propia risa—Cartman, eres despreciable en muchos sentidos de la palabra, pero nunca pensé que lo fueras lo suficientemente insensible como para hacer esto ¡Hijo de puta!—Stan vengaba a su mejor amigo.

—Jajaja…—Cartman continuaba en el piso riendo con tanta dicha—Gracias, gracias, gracias.—decía recibiendo los insultos de sus amigos.

—Ahí vienen Kyle y Ike.—les informó Karen cuando ambos continuaban golpeando entre Stan y Kenny a Cartman—Actúen natural, no debemos de saber nada.

Todos, menos obviamente Cartman, quedaron en el más profundo de los silencios mientras Kyle y Ike, deprimidos, caminaban mirando a la nieve sin inmutarse a lo que ocurriera a su alrededor.

—Hola chicos.—saludo falsamente Kyle sin ningún ánimo y volteando al suelo.

—Toma Karen.—Ike le entrego el jarabe para la tos soltando una lagrima que nada tenía que ver con la situación.

—Pff…—Cartman se tapó la boca para no parecer tan evidente que aquella deprimente escena le causaba una risa apenas contenible.

—Déjalos en paz culo gordo.—Stan se encontraba en aquel momento lleno de rabia e ira que no pudo seguir fingiendo.

—¡Es que no puedo evitarlo!—Cartman estalló en carcajadas provocando que Kyle y Ike lo vieran sin entender.

—¿Tú fuiste el que subió el audio a four chan?—preguntó Kyle sin ninguna emoción posible en la voz, pero levantando la mirada.

—¿Quién más?—recalco Eric como si fuera algo de que orgullecerse.

—Me lo imagine.—Kyle solo rodó los ojos—No tiene sentido ocultarlo…—dijo indiferente y sin mirar a ningún lado, comenzó a soltar algunas lágrimas ocasionales que fueron bastante pesadas para él.

—Jajaja…—Cartman reía—Las necesito…—tomó una taza de su mochila que decía "Lagrimas de judío" y la puso debajo de Kyle—Sabía que algún día me serviría cargar con esta mierda, además no todos los días puedes conseguir lágrimas de un jota cuatro.

—¿Jota cuatro?—preguntó Karen confundida antes de arrepentirse de haberlo hecho.

—Judio, de Jersey, pelirrojo y mejicano.—reía a borbotones Cartman mientras el resto esperaba la menor oportunidad para matarlo.

—Tienes razón.—Kyle se secaba las lágrimas y miraba al frente, no estaba de ánimos para eso.

—¡Así no es divertido! ¡Coopera!—gritó Cartman—Dime culo gordo, insulta a mi madre, golpéame, lo que sea…

Kyle seguía mirando al frente, incapaz de poder decir nada y con sus ojos firmes en la nieve. En su mente se formaban recuerdos de gritos que tuvo con su madre el día pasado debido a que ella obedecía al Chapo. No había podido dormir bien, y Ike tampoco, si iban a la escuela era solo para no estar en su casa. Su mamá trató de impedir que fueran, pero Kyle logró sacarlos a ambos por la puerta trasera a escondidas. Recordar todo solo hacía que brotaran nuevas lágrimas y que lanzara suspiros pesados mientras Cartman lo empujará del hombro sin.

—Por Dios Kyle, tienes que volver a casa…—le dijo Stan tomándolo por los hombros.

—¡No puedo!—gritó Kyle—No quiero volver con esa puta vulgar…—dijo Kyle temblando de la ira y el dolor—No quiero, no quiero…Stan no quiero ser su hijo.—dijo dándole un abrazo y llorando en su hombro.

—¿D-d-de qué estás hablando?—dijo Stan sin entender.

—No soy su hijo, no puedo serlo…—decía Kyle a la defensiva—No puedo…

Stan y Kenny intercambiaron miradas extrañados.

—Viejo, ¿De que estas hablando?—dijo Stan preocupado por lo que acababa de decir su amigo.

—¿Hasta qué parte escucharon?—preguntó Kyle—¿Cuánto esta subido?

—Como un minuto, es todo lo que pude grabar bien…mejicano.—dijo Cartman feliz de tener atención.

—Un segundo…Te dijo mejicano…—conectó los puntos Stan—Y tú le llamaste a tu mamá…No…No…

—Nghh mhhh mppp hhhp pp psmmm.—Kenny negó rotundamente.

Fue entonces cuando todos se dieron cuenta a la vez de lo que Kyle decía, él era el hijo del Chapo Guzmán. La sorpresa fue tal que Stan se quedó inmóvil, Kenny negó mientras abrazaba a Karen, la cual temblaba del miedo. Y Cartman solo reía de la situación.

—¿Es eso cierto Ike?—Karen intentó preguntar—¿Ustedes son…?

—Solo yo.—Kyle sacó de aquel papel a su hermano suspirando nuevamente; en tanto el autobús de la escuela apareció por el umbral; Cartman empujo a Kyle a la nieve, pero este ni se inmuto en levantarse.

Stan y Kenny rápidamente lo ayudaron a levantarse, Kyle seguía con la cabeza cabizbaja e incapaz de hacer nada más que sentir pena por sí mismo.

—¡¿Qué rata judía?! ¿Creías que te dejaría subirte a nosotros en el autobús? ¡Eres un infiltrado hijo de narcotraficante!—le gritó Eric sacando roña.

—Lo sé, me doy asco.—Kyle formó un puño y lo levanto en el aire golpeándose su brazo contrario, al mismo tiempo llego el autobús, los Broflovski fueron los primeros en subir.

—Carajo, está verdaderamente mal…¿Qué es eso que siento en mi estomago?—preguntó Cartman mientras se subía con el resto.

—Se llama culpa estúpido culo gordo imbécil.—Stan seguía gravemente enfadado y subiendo.

El interior del autobús no fue la calma que Kyle esperaba, sino que varios de sus compañeros de clase que iban en ese autobús, y algunos de otros grados, se levantaron y buscaron hablar con Kyle, cosa que no hizo más que enfadar a Kyle y provocando que ignorara a todos ellos.

—¿Kyle es cierto lo que escuche?—preguntó Patty Nelson, una chica del grupo "B" con una diadema morada en su cabellera pelinegra, ojos saltones, gran frente, suéter celeste y pantalones marrones; como siempre mostraba preocupación ante todas las personas posibles, aunque claro fue ignorada por Kyle.

—Me entere de todo.—explicó Mark Costwold saltando de su asiento junto a su gemela—Si sientes que necesitas hablar, mi hermana y yo esta…—pero se detuvo porque Kyle solo lo paso de alto.

—Kyle, Kyle, ¿Estas bien?—Bebe también se levantó de su asiento y fue a abrazarlo—Me pasaron ese estúpido audio, el Chapo Guzmán en tu casa; no pude creerlo, dime que es falso.—protestó ella.

El chico judío paso de nuevo por alto a la chica que le gustaba para sentarse hasta el final del autobús tenía la mirada llorosa y distante al resto; Ike en cambio tomó asiento junto a su amigo Blanket, quien levantó una mano nerviosamente para intentar hablar y Ike se limitó a decir "Ike no habla".

El resto de los amigos de ambos chicos desobedeció totalmente a la conductora, hablándoles para intentar calmarlos, excepto Kenny, Karen y Stan; quienes sabían la verdad…Bueno Cartman tampoco decía nada, pero era porque estaba muerto de la risa.

—Si esto se puso así de mal en el autobús no me imagino en la escuela…—dijo Stan lo mismo que temía Kenny.

Al llegar a la escuela primaria lo primero que notaron fue que una gran multitud cubría el patio delantero, ninguno de ellos entendió porque tanto escándalo, hasta que bajaron del autobús y se dirigieron dónde estaba todo aquel embrollo.

—¡Ahora sí que escuchan!—rápidamente identificaron la voz de Butters—¡Se los advertí! ¡Les dije que el Chapo Guzmán vendría! ¡¿Cuántas otras señales podemos esperar antes de que sepamos cómo salvar nuestras viditas de un narcotraficante muy malito?!—gritó Butters a su público de niños que lo escuchaba ciegamente.

—¿Qué carajos?—aparentemente eso hizo reaccionar a Kyle—Oh no, no, no, no, ¡No!—gritó lleno de rabia Kyle abriéndose paso entre la multitud sin ser cortés en lo absoluto—¡Butters!—le gritó llegando a la primera fila.

—¡Pero miren quien es! ¡Kyle te estábamos esperando!—dijo Butters dándole unas palmaditas y subiéndolo con él a la banca; Kyle intento detenerlo de mala manera empujándolo, sin mucho éxito—No tengas miedo, todo saldrá bien.

—¡No entiendes pedazo de…!—Kyle iba a gritar pero finalmente entre Butters y David lo dejaron arriba.

—¡Mírenlo! ¿Ven como esta de mal?—gritó Butters enseñando las ojeras de Kyle mientras este lo miraba indignado y confundido—Poco podemos hacer por él, pero si ustedes se enlistan para nuestra junta de hoy en la tarde puede que no terminen así…—dijo mientras miraba su manga, leyendo el discurso que Dougie le había preparado el día de ayer, pues el niño pelirrojo aún no había llegado.

—¡Butters!—Kyle gritó más fuerte que la multitud que aclamaba por oír aquella tan afamada técnica de salvación; los alumnos de primero y segundo estaban aterrados casi tanto, o incluso menos que los de grados mayores, incluso algunos individuos de sexto como Francis, el judío con dientes de castor, estaban en la formación para escuchar a Butters.

—¿Qué ocurre Kyle?—preguntó Butters—¿Nos va a contar como sigues vivo? ¿Compartirás tu secreto?

—¡Ese es asunto mío pedazo de marica!—le gritó Kyle más enojado de lo que había estado en toda su vida—¡No hagas esta estupidez van a terminar varios lastimados si se entera de lo que estas haciendo! ¡Todos váyanse!—ordeno al resto de alumnos—Butters no sabe realmente de lo que habla, créanme.—les dijo Kyle—No entienden a ese hombre y es mejor que no lo hagan, escóndanse, abracen a sus hermanos, cuiden a sus familias, pero hagan lo que hagan, no se crean estas falsedades.—les dijo a todos, quienes lo escucharon con atención impresa en sus rostros.

—¿Cómo sabemos que no te obligo a decir eso para que nosotros no supiéramos defenderemos?—le exclamó David.

—¿Qué?—Kyle se sorprendió por aquella muestra de estupidez.

—¡Tiene razón!—gritó una chica entre la multitud—¡Buhh!

—¡Buh!—gritaron varios alumnos para que Kyle se bajara del atrio, este se puso tan colorado que sus pecas desaparecieron al rojo vivo de su piel; finalmente Kyle miró con odio a Butters.

—Ni se te ocurra cometer una estupidez.—le dijo enfadadísimo y bajando de la banca, dirigiéndose con su grupo de amigos hacía el interior de la escuela.

La batalla por conseguir firmas para la reunión de Butters fue encarnizada, muchos chicas y chicas saltaban unos sobre otros para proteger sus vidas del narcotraficante, no fue sino hasta cinco minutos que faltaba para tocar la campana y que ya no tenían más hojas para firmar cuando Butters le explico al resto de entusiastas que más tarde en el recreo seguiría con aquellas firmas, el chico estaba recogiendo los papeles del lugar bastante alegre.

—Butters, Butters; acabo de llegar…—Dougie apareció corriendo y agotado, le faltaba aire.

—¿Qué ocurre Dougie? ¿Estás bien?—preguntó Butters preocupado.

—Desperté tarde, me puse a investigar sobre ese audio del Chapo, Butters; te seré sincero, no creo que nuestro plan sea la mejor idea ahora que el Chapo realmente está aquí.—le explicó el chico miedoso.

—Oh tonterías Dougie.—Butters lo trato como niño asustado, porque eso es lo que era—Ahora que está el Chapo aquí, con más razón debemos de hacer que el resto se vaya preparando para que no los maten.—Butters mostraba su buen corazón.

—Me imagino que conseguimos algunas firmas extras.—Dougie rodó los ojos y sonrió; aceptando que tendría que llevar a cabo el plan.

—Bueno, algunas es poco decir, prácticamente en estos diez minutos firmaron como cincuenta y siete alumnos nuevos.—Butters le mostró una hoja llena de nombres de chicos y chicas.

—Oh mierda…¿Tantos?—Dougie se asustó—Ahm Butters ¿Entiendes que solo no tenemos espacio para seis niños verdad?

—¿Qué? Recorcholis Dougie, me lo hubieras dicho ayer.—expresó Butters preocupado ante lo que le venía de frente.

—Te lo dije ayer.—le recordó Dougie—A ambos ¿Por qué no lo detuviste David?

—Supongo que ninguno de los dos se acordó…—David se disculpó mientras se rascaba la nuca—Nos dejamos llevar.

La campana finalmente sonó y los tres chicos corrieron rápidamente hasta sus clases; en la clase del señor Garrison aún se armaba un alboroto para poder siquiera entrar y sentarse sin empujarse unos a otros. Los grupos de amigos y amigas ya estaban definidos; Kyle se encontraba en su asiento sin tomar nota alguna de la clase. Miraba por la ventana esperando encontrar algo fuera que le hiciera sentir bien en un momento tan crítico como aquel, donde solo él y su familia sabían la gravedad de la situación. La vida de su padre estría en peligro si su madre no se divorciaba, y aun así no era seguro que le regresaran a su padre.

En cambio, las distracciones constantes de Garrison, así como la falta de ganas para conversar de Kyle, hicieron que Kenny y Stan olvidaran momentáneamente los problemas de su amigo, concentrándose en cosas más banales.

Un claro ejemplo es que Kenny intentó en varias ocasiones iniciar una conversación con Lizzy; pero esta solo se dedicaba a girar los ojos cada vez que este hablara.

Stan en cambio mantuvo una amigable charla con Gary, en el cual el chico mormón decidió perdonarlo por todo aquel asunto que les había ocurrido un par de años antes sobre los problemas religiosos de Stan. El pelinegro aseguraba que ya no tenía esos mismos estigmas.

Craig se quedó como bobo mirando a Lizzy, perdiendo el hilo de las palabrerías de Garrison y sus amigos múltiples ocasiones. Gregory y el Topo se mandaban mensajes para burlarse de Garrison o de las payasadas que decían algunos alumnos en privado. Bill y Fose; el primero con su cabellera castaña arreglada y el otro calvo; se mofaban de ellos por ser gays.

Sí, todo parecía que iba normal en el aula, por lo menos así fue hasta que toco la salida al receso, donde un montón de alumnos se acercó a Butters para pedirle protección y lugar en la junta para derrocar al Chapo Guzmán.

Butters trepó encima de una mesa para hacerse escuchar entre el montón de alumnos, una vez logro callarlos miró directamente hacía la lista que tenía en la mano.

—Chicos, por favor escuchen.—gritó Butters esperando que le pusieran atención—Muchas gracias por todo su apoyo, han sido muy considerados.

—¡Tú nos salvaras del Chapo!—gritó una chica.

—Yo solo vine por las galletas.—gritó otro tipo.

—Tendrán sus galletitas.—informó Butters causando que todos celebraran de la emoción—Pero…por motivos de falta de espacio, la junta que teníamos reservada para hoy se realizara solo con los primeros seis que firmaron la lista…—varias quejas fueron escuchadas por los alumnos que estaban ahí—Tranquilos, tranquilos, la moveremos a la siguiente semana en un lugar más grande para que todos y cada uno estén a salvo.—les contesto provocando que las miradas de enojo disminuyeran.

—¿Y quiénes serán los seis que te acompañaran?—preguntó un chico de segundo grado.

—Bueno, son de mi salón y fueron los primeros en firmar.—Butters tomó la lista y menciono a los susodichos, todos ellos levantaron la mano—Tomen.—personalmente Butters le dio a todos y cada uno de ellos una carta con la cita—Hoy a las cinco.—dijo cuándo acabo.

Todos miraron la ubicación y aceptaron al mismo tiempo mientras el resto de los alumnos se esparcía por el patio, algunos aun enojados por no tener su prometida junta; y otros esperando para saber lo que pasaría aquel día, sin saber que se estaban metiendo en algo más grande de lo que podían imaginar.

Eso y que Trent Boyett los miraba de cerca vigilándolos y analizando la situación.

Continuara…

Na.—Este capítulo se sobre extendería si sigo haciéndolos así de largos…Miren, si un capítulo siento que va a sobrepasar las 6,000 palabras a partir de ahora lo cortare en 2; pero, les actualizare pronto el nuevo cap, porque enserio tengo ganas de que sepan porque este cap, no tardo mucho, lo prometo.

Dejen review si les gusto, gracias por leer, nos vemos