Pov. Naruto
-Intente hacer todo lo que pude – fue lo único que me dijo.
Levanté a mi niña de mis brazos, la dejé acostada en la silla. Me puse enfrente de Shikamaru y le propiné un golpe justo en la nariz. ¿Cómo se atrevía a decirme que había hecho todo lo que pudo? Lo único que había hecho era haberme arruinado la vida.
-Tranquilízate, Naruto – me gritó Ino y el chico llamado Sasuke me sujetó los brazos por detrás impidiéndome seguir golpeando a Shikamaru.
-¿Cómo quieres que me tranquilice si tu marido acaba de matar a mi esposa? –le grité a Ino.
-¡Te calmas! –Escuché que me decía Shikamaru, yo por mi parte le rugí – Era imposible salvarla, aparte no está muerta, solo entró en coma. Además, yo no la maté o quieres que te recuerde lo que decía la carta específicamente.
No podía soportarlo, necesitaba verla. Ver a la única persona que realmente me amó y que posiblemente ahora moriría por amarme.
No necesitaba el permiso de Shikamaru para verla, aunque sabía que las enfermeras no me dejarían pasar, solo bastó deslumbrarlas un poco para poder verla…
Y ahí estaba, frente a mí, descansaba su cuerpo. No podía creer que aun cuando ella estaba llena de cables y débil me pareció tenuemente hermosa.
Me acerqué a ella y acaricié su mejilla, era tan preciosa.
No pude resistir y acerqué mi rostro al suyo, deposité un beso en sus delicados labios.
No la había besado posiblemente en años y ahora que no podía corresponderme lo hacía.
¡Qué idiota he sido!
-¡Aléjate de mí! – me gritó la voz de mi hermosa, me levanté y miré su hermoso rostro, seguía con los ojos serrados.
Pero yo la oí, oí su hermosa voz diciéndome que me alejara de ella.
-¿Por qué estás aquí? –volví a escuchar su voz.
Entonces, algo me tocó el brazo. Una mano pequeña y de piel translucida. Miré a la dueña de esa mano. Mi Hinata, o eso parecía. Estaba parada frente a mí, vestida con un largo vestido blanco y su melena negra suelta.
Miré a la Hinata que estaba recostada, aun inconsciente.
-¿Confundido? – Me miró la otra Hinata – ¿sabías que cuando duermes tu alma sale de tu cuerpo? Algo muy similar pasa cuando mueres o en mi caso cuando casi mueres. Yo soy el alma de ella – señaló a mi Hinata, acostada e inconsciente.
