Capítulo 3
Desde que había dejado el Karasuno, no volvió a hablar con ninguno de ellos, en especial con él. Ese irritante peli naranja había hecho de su última vez juntos un momento desastroso. ¿Qué con esa reacción? ¿Envidia, celos? De todas formas, daba igual, no se puede reparar el pasado.
Los tres años que pasaron hasta ingresar a la universidad se basaron en duro entrenamiento y una lucha constante por mantener sus calificaciones en un porcentaje medianamente aceptable. Si sus notas decaían, peligraba su lugar en la liga oficial. Y todos saben cómo es Kageyama con respecto al estudio, en esos momentos deseaba con todas las fibras de su cuerpo que Yachi estuviera ahí para explicarle. Con respecto a sus antiguos compañeros solo había mantenido comunicación con Sugawara, quien le contaba cada tanto como estaba el equipo. Al graduarse, perdieron conexión.
Entrenamiento y estudio. Lo mismo cada día por tres años hasta el momento.
¿Quién habría pensado que ese día volvería a verlo? Era un martes como todos los demás, el entrenamiento comenzó como cada día y no había notado nada fuera de lo usual. Claro, hasta que las puertas de salón se abrieron con un molesto chirrido. En un principio no se molestó en prestarle atención, de seguro era alguien que venía a entregarle papeles al entrenador, no meritaba que dejara de entrenar para mirarle. Eso pensó hasta que escucho al viejo hablar.
— Oi, debes ser Hinata Shōyō. Soy Furugawa Daiki, el entrenador.
HinataShōyō.
Se detuvo inmediatamente, con aquel nombre resonando en su cabeza. ¿Él estaba allí? ¿Por qué? ¿Qué hacía hablando con el entrenador? ¿No habrá confundido el nombre? No, estaba seguro que el vejestorio pronuncio el nombre del enano. Busco el lugar de donde ambas voces provenían, confirmando sus dudas.
Era él.
El mismo cabello naranja y desordenado; parecía haber crecido un poco, unos cuantos centímetros más pero seguía siendo enano; las mismas facciones aniñadas. Todo en él era como lo recordaba, salvo por la usencia de esa sonrisa energética que tanto lo fastidio en sus días de preparatoria. Hinata en esos tiempos parecía irradiar luz y energía. ¿Dónde había quedado esa faceta llena de vida?
Los vio caminar hacia el centro del salón, sin quitarle los ojos de encima, y cuando el entrenador los llamo con uno de sus ridículos apodos fue el primero en correr al lugar. Al estar más cerca, noto como el delgado cuerpo de Hinata temblaba. Estaba cabizbajo, parecía no querer levantar la vista. ¿Sabe que estoy aquí? ¿No querrá veme por lo que le dije la última vez? Millones de preguntas inundaban su cabeza, alejándolo de lo que pasaba en su entorno.
—… estudiando para recibirse como entrenador, sus profesores debieron ver potencian en él y por eso hablaron con nosotros para que tuviera la oportunidad de aprender de un profesional. Quien mejor que yo para enseñarle, ¿no lo creen?
¿En qué momento había comenzado a hablar el vejestorio? Tenía que prestar más atención, dejar de divagar en preguntas…un segundo, ¿ser entrenador? Kageyama recapitulo cada palabra que había salido de esa boca arrugada. ¿Hinata quería convertirse en entrenador? Pero… Cuando… Tobio estaba perdido.
—Él es Hinata Shōyō, jovencito preséntate.
Dio un paso al frente, inclinándose en una reverencia. Podía ver su delgado cuerpo temblar, con el nerviosismo a flor de piel.
—S-soy Hinata Shōyō, tengo diecinueve años y curso primer año en la universidad de deportes. Es-espero que nos llevemos bien, cu-cuiden de mi por favor.
Su voz chillona seguía allí. Cuando se enderezo, sus miradas se conectaron. Esas orbes marones volvían a mirarlo después de tanto, llenas de sorpresa, miedo y carentes de aquel brillo que tanto lo caracterizaba. ¿Qué había pasado cuando se fue? Esa pregunta no dejaba de aparecer una y otra vez en su cabeza. Tenía que saberlo.
Hinata aparto su mirada fugazmente, provocando cierta desilusión en Kageyama. ¿Qué esperabas? ¿Que viniera corriendo a abrazarte después de todo lo que dijiste hace tres años? ¿Eres idiota o te haces? Tan directa como siempre, muchas veces tenía ganas de golpeas a su voz interna.
—Bakayama vete a entrenar, o harás cincuenta vueltas alrededor del salón—hablo el viejo.
¿Qué? Otra vez divagando, no se percató que todos habían vuelto a entrenar, y ni de broma correría cincuenta vueltas alrededor del salón. Le dirigió una última mirada a Hinata, aún estaba cabizbajo, pero ya no temblaba.
—S-sí— dijo, dándose la vuelta y retomando el entrenamiento.
A pesar de la atmosfera incomoda entre ellos, estaba feliz de verlo otra vez, y aunque no lo dijera en voz alta, había extrañado ver esa melena anaranjada cada día.
.
Cuando menos se dio cuenta, el entrenamiento había terminado.
Kageyama se sentía frustrado, no pudo acercarse al peli naranja en ningún momento, quería hablar con él, disculparse. Si, el Kageyama de ahora sabia disculparse, no porque el vejestorio le haya tirado pelotazos hasta sacar una disculpa de sus labios. Él solito había aprendido a pedir perdón.
Con la esperanza de interceptar a Hinata fuera del salón, recogió sus cosas y salió al jardín del campus, encontrándose con una inesperada sorpresa.
—Kageyama-kun— dijo Sugawara sorprendido, pero con una dulce sonrisa en sus labios, tan característica de él.
—Sugawara-senpai— saludo Kageyama inclinándose en una corta reverencia.
—Me alegra verte, ¿Cómo va el entrenamiento? Al parecer te ha sentado muy bien.
—Me ha ido muy bien—respondió Kageyama, aún seguía siendo un chico de pocas palabas. —Pero, ¿Qué está haciendo aquí Suga-senpai?
Sugawara corrió un mechón de su pelo grisáceo detrás de la oreja. No había cambiado casi nada, era el mismo que recordaba de la preparatoria.
—Vine a felicitar a Hinata, anoche me conto de la oportunidad que la universidad le había dado. Estoy feliz por él.
Al escuchar sus palabras, Kageyama recordó la pregunta que había estado fija en su cabeza todo el día.
—Suga-senpai, ¿Qué paso cuando deje el equipo? Digo, en el tiempo después de eso.
La sonrisa de Sugawara se volvió una línea recta. Sus ojos decayeron, parecía estar recordando algo doloroso. Kageyama comenzaba a preocuparse.
—Cuando te fuiste, dejaste un gran agujero en el equipo. Y Hinata fue el más afectado—comenzó Suga. — Yo volví a jugar como titular, pero las cosas eran diferentes. Para los demás fue sencillo acostumbrarse a mi manera de levantar porque jugaron conmigo años anteriores, pero para Hinata fue muy difícil. Sus remates perdieron fuerza, puntería, otras veces y ni alcanzaba a llegar a tiempo. Ukai termino por mandarlo a recibir, y en otras ocasiones, con los suplentes.
Kageyama escuchaba atentamente cada palabra, atónito.
—Terminamos el año bastante bien con los partidos y en nuestro último día de entrenamiento, Hinata nos comunicó que dejaba club. "Ya no soy necesario para el equipo, soy un estorbo, un inútil", eso fue lo que dijo. Intentamos hacerlo cambiar de parecer pero nada funciono. Cuando me gradué seguí en contacto con todo, intente ayudarlos con el tema de Hinata pero nada funciono. Él nunca volvió.
Sugawara término de hablar y el silencio los invadió. Kageyama no sabía que decir, que hacer, lo que acababa de escuchar no podía ser cierto. ¿Hinata rindiéndose? ¿Qué paso con eso de ser la estrella? ¿Qué paso con ser igual que el pequeño gigante y llegar a las grandes ligas? No podía creerlo.
—Bueno, iré a buscar a Hinata. Hablaremos la próxima Kageyama-kun—se despidió Suga.
Tobio solo logro alzar la mano y saludarlo.
La culpa lo golpeo con fuerza. Si hubiera tenido más cuidado con sus palabras, si tan solo hubiera controlado más su carácter de mierda, Hinata estaría a su lado rematando junto a él y no observando desde un costado. Apretando los puños hasta dejar sus nudillos blancos comenzó a caminar hacia su pequeño departamento, recriminándose cada cosa que había hecho mal, insultándose entre dientes.
—Que estúpido soy.
Lamento todos los errores que tuve, no sé porque al publicar los capítulos las palabras se cambiaban y hasta llegaban a borrarse. He corregido todo lo que note que estaba mal, pero si ven otros errores o problemas con mi narración no teman en decirme.
Adiós~
