Estaba cansado de buscar. "Podría jurar que ya examiné todo este bosque de pies a cabeza, aunque con ella, nunca es fácil," pasó por la mente del gran felino eléctrico mientras descansó en un pequeño claro en medio de un inmenso terreno repleto de árboles y un estanque.

"¿Raikou? ¿Eres tú?" Una voz sonaba no muy lejos de dónde estaba.

"Calmate Absoro, estás exagerando"

"¿¡Qué estoy exagerando!? ¿¡Qué es todo esto!?" gritaba con furia el absol viendo a "eso". Su apariencia, cómo la de un zorro negro pero en dos patas, unos ojos azules afilados y una gran melena roja que provenía de su cabeza. El vendaje de hojas permanecía alrededor de su brazo derecho.

Ella puso una de sus manos en su cara en señal de desesperación.

"Cómo te explico. Esto que ves es una zoroark," dijo señalándose a ella misma. De repente la apariencia de ella se tornó borrosa y cuando se aclaró en su lugar estuvo la mightyena.

El absol se ve tan sorprendido cómo confundido.

"¿Qué? ¿No te gusta? Puedo cambiarlo," La apariencia de la loba se volvió borrosa y en su lugar apareció un absol hembra con pelo rosa en lugar de blanco y unos grandes ojos azules. "Los absol se entienden entre ellos mismos, ¿no?" dijo la absol en un tono tierno cómo una burla.
"¡No! ¡Ya sé!", La imagen de la absol de distorsionó y justo se manifestó una mightyena pero con un collarín y penacho de pelo rosa y ojos azules como la anterior absol. "¿Qué tal un poco de ambos? ¡Caballeros no se amontonen!" Habló en voz alta casi gritando.

La extraña mightyena se desvaneció y reapareció la zoroark que se rió a carcajadas con una risa bastante irritante.

"¿¡Qué!? No entiendo nada. ¡Argh! ¡Esa debe ser la risa más molesta del mundo!", pensaba Absoro confundido y enojado.

"¡Ya cállate! ¡Me engañaste! ¡Apuesto qué ni siquiera estás herida!"

La zoroark dejó de reírse y se quitó el vendaje de hojas de su brazo lo que mostró la ausencia de herida bajo este. Cuando el absol vio esto, su cuerno comenzó a brillar.

"No, Absoro. Espera, te lo puedo explicar todo," dijo ella con una actitud seria.

En el estanque del claro se posó sobre el agua un gran perro azul con una larga cabellera púrpura.

"Suicuno," dijo en voz baja el gran felino amarillo.

"¡Raikou, viejo amigo! ¿Cuánto tiempo?" contestó el perro azul. Saltó del estanque y puso sus patas en tierra. Vio cómo Raikou no se inmutó, sólo permaneció ahí.

"¿Cómo estás? ¿Cómo está Entei?"

"Yo bien. Entei bien también, desde la última vez que lo vi"

"¿Sigue con su "cachorra"?"

"Sí. Se le ve muy feliz" dice el perro azul sonriendo. "Tal parece que todos tenemos a alguien importante en nuestras vidas. Hablando de eso, ¿dónde está esa bola de pelos negra?"

"Ya creció, pero…"

"¿Lo volvió a hacer, verdad?" Observó cómo Raikou asintió con la cabeza. "Raikou. Ya deberías dejar eso…"

"No. Sabes perfectamente que es mi responsabilidad," Mencionó con la mirada perdida.

En la mente de Raikou sombras del pasado llenaban sus pensamientos.


"Hm. Eso es raro," pensó Raikou al ver a un gran huevo solo en medio de un viejo cementerio. "Seguramente su madre lo dejó ahí y después regresará por él," se consoló en ese pensamiento y siguió su camino.

Al día siguiente regresó al cementerio por mera curiosidad. "Aún sigue ahí… Bueno. Seguro que su madre se perdió en el camino de regreso, pero no tardará en encontrar el huevo. Hay un lazo muy especial entre una madre y su huevo" Se le pasó por su cabeza y con un poco de intranquilidad partió.

Un tercer día volvió a aquel cementerio y se topó con una escena que lo petrificó. Una gran serpiente de cascabel morada estuvo a mitad de camino de tragar el huevo. Duró menos la sorpresa de Raikou que lo que tardó en lanzarse contra la serpiente. La mordió y de su colmillo salieron chispas. La fuerte corriente eléctrica estremeció a la serpiente con lo que regurgitó el huevo.

"¡Maldito ekans! ¡Largo de aquí!" dijo el pokemon felino.

"¡Oye, tranquilo viejo! Que yo sólo quería desayunar" Trató de excusarse el reptil y se arrastró rápidamente fuera del cementerio.

"Tú madre tarda más de lo esperado. Tal vez debería venir unas cuantas veces al día, sólo para verificar que estés bien," dijo Raikou al huevo. "Cuídate," Y se marchó.

Era la mañana del día siguiente. Algo provocó que Raikou despertara. Gotas. Gotas de agua. Abrió los ojos algo molesto hasta que se percató del significado de esto y con la velocidad de un rayo se encontró en el portal del cementerio. Sin pensarlo dos veces tomó el huevo en su hocico y se resguardó bajo el árbol que estuviera más cerca.

El huevo estaba mojado y frío.
Soltó al huevo y lo restregó contra su pelaje para secarlo, pero aún siguió frío. Se recostó rodeando al huevo con cuidado de no romperlo. El huevo permaneció helado. "No puede ser, el huevo está muerto… tal vez debí dejar que el ekans se lo comiera," Pensó ante tal evento pero recapacitó "No. Tomé la decisión correcta. Si la madre viene y no encuentra su huevo estará toda su vida preguntándose qué pasó con su cría". Todo el día llovió y todo el día el Raikou estuvo rodeando al huevo.

Era un nuevo día y la lluvia había cesado. Era una tarde soleada y el Raikou sintió más calor que lo normal. El calor provenía del huevo. "Ahora sí no hay forma de que te deje solo," dijo el Raikou al huevo con su rostro firme pero su corazón alegre. "En especial porque se acerca la época en que la hojas caen, ya se pueden sentir la ventiscas frías…"


"¡Ventiscas!" Pensó el Raikou y se percató de la corriente de viento que movió el agua del estanque enseguida del cual se encontraba.

"Suicuno, ¿aún te siguen los vientos del norte?"

"Tú lo sabes," respondió y el viento que recorrió el claro embraveció.

"Necesito que me ayudes con algo" Raikou rugió hacia el cielo y justo encima de su cabeza comenzó a formarse una pequeña nube negra de la que saltaron algunas chispas.

"Sabes, todo esto. Esto es demasiado para digerirlo de una vez," le dijo el absol.

"Sí, bueno… Si tienes alguna duda, yo…"

El absol daba un gran suspiro "Yo necesito un poco de aire…" Se veía desesperado y cansado mientras ella lo miraba algo avergonzada. "Tú has lo quieras, después de todo ya puedes caminar. Regresa esta noche y así podremos terminar de hablar" Así el absol salió de la cueva.

Eran muchos los lugares que el absol recorrió en soledad. Mayormente varios parajes del bosque. Caminó siempre muy atento a cualquier ruido que pudiera escuchar. Devoró algo de carne de tauros que encontró aún fresca.

Cuando se acercó el ocaso, el absol estuvo bajo algunos árboles llenos de unas grandes ardillas azules con blanco posadas en sus ramas. Un par de ellas más pequeñas que las demás bajaron de inmediato apenas vieron al absol.

"¡Absoro! ¡Absoro!" Saltó una pequeña ardilla azul del árbol y abrazó al absol.

"¡Hola, Parchis!" respondió él mientras que la otra ardilla que bajó gritó a todo pulmón: "¡Todos! ¡Absoro está aquí!".

Otras tres ardillas del mismo tamaño bajaron del árbol.

"¡Absoro! ¡Hola Absoro!" "¡Absoro, mira ya soy más alto que Parchis!" "¡Absoro! ¿Qué nos vas a contar hoy?" Esto se escuchó de entre el montón de ardillas que hablaban todas al mismo tiempo.

"¡Hola a todos!" dijo Absoro con una sonrisa en el rostro. "A ver, ¿qué les voy a contar hoy? ¡Oh, claro! Tuve un batalla ayer"

"¡¿Una batalla?!" "¡Qué emocionante!" "¿Contra quién peleaste?"

"Era un pokemon que no había visto nunca antes. Uno tipo eléctrico cómo ustedes. Era como un meowth, pero gigantesco"

"¿Y le ganaste, Absoro?", dijo una de las ardillas.

"¡Claro que sí! Huyó el muy cobarde, nadie puede ganarme si decido pelear"

"¡Nosotros sí te podemos ganar!" dijeron al unísono las ardillas y pequeños rayos eléctricos salieron del cuerpo de cada uno de ellos dirigiéndose al absol.

Absoro dio un salto hacia atrás y como si hubieran estado sincronizados, un pokemon verde con amarillo parecido a un mandril se metió en el camino de los ataques eléctricos y los absorbió todos a su paso mientras continuó su camino.

"¿Un manectric atrapó todos los ataques?", mencionó una de las ardillas, tras esto todos rieron. El absol comenzó a correr y las ardillas lo siguieron riendo.

En una de las ramas del árbol, un par de esas ardillas eléctricas conversaron entre sí.

"Ese Absoro, tan juguetón cómo siempre," dijo una.

"Sí, Pacha. Y muy considerado además," contestó la otra.

"Sí. Desde que Parchis se curó de ese accidente al caer del árbol, él viene cada semana sin falta"

"¿Supiste lo que dijo Belly? Que él está viviendo con una mightyena," Comentó a Pacha.

"No la culpo, si yo no fuera una pachirisu con pareja…"

"¡Pacha!" dijo la otra ardilla, entonces divisó otro árbol de por ahí lleno de unos gusanos amarillos con grandes aguijones en la cabeza, "¡Cielos! Aquel árbol se está llenando de weedle, ojala que los beedrill no hagan su nido allí"

En efecto ese árbol estaba repleto de weedle. Uno de ellos parecía ver todo lo que pasaba con atención.

"¡Absoro! ¿Es cierto que hay una mightyena en tu casa?" "¿Es bonita?" "¿Es tu pareja?", preguntaron los pachirisu con los que jugaba.

"Sí, no y no" respondió el absol.

"¿Entonces, por qué está en tu casa?" "¿Por qué no le pides que sea tu pareja?"

"La estoy ayudando, pero es una mentirosa de primera. Y a mí no me gustan los mentirosos", dijo el absol a los pequeños pachirisu.

"¡Mala suerte! Deberías enseñarle a estas crías que es de mala educación hablar mal de alguien que no está presente" Todos voltearon hacia atrás. Era ella, la mightyena con su voz grave y altanera de siempre.