Título: Algún día nos veremos en la Luna

Sumary: A pesar del tiempo, a veces aún se preguntaba cómo llegó a ese lugar. Casada con el hombre que hizo imposible su vida, y ahora, el mismo al cuál debía la historia de su primer amor contar…

Advertencias: Historia basada en un one-short/OoC/Universo Alterno.

Pareja: NaruHina/SasuHina

Cantidad de palabras: 3,180/Cortesía de Magic Word en complot con Microsoft para hacernos creer que de verdad hay esa cantidad de palabras en el capítulo xD

Disclamer: Naruto no es mío, le pertenece a Masashi Kishimoto. Todos los derechos reservados a él y a su editorial, que conste que nada de esto es lucrativo ni ilegal… Espero…

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Esa noche calurosa de verano despertaste buscando algo. No sabrías decirme qué era, pero la sensación vaciaba tu estómago y a cambio reventaba tu pecho con sombríos sentimientos, aplastando tu corazón.

Recuerdo aún el bello instante en que giraste a la derecha, consciente ahora y después de tanto tiempo de que había una puerta blanca de perilla dorada que separaba tu mundo de los demás.

Te acercas, la garganta se te seca; un vistazo alrededor y una emoción indescifrable auguran en tus pensamientos la tragedia. Esta es la noche en que ha muerto la luz llamada blanco; la prueba de como eras por dentro, ese idilio que te ataba a las fantasías de albo. Se ha vuelto parte del apartado rincón de los recuerdos al que accedías de vez en cuando para evitar perderte en la locura.

Algo te pasa, esta no eres tú, quizás hoy al destino le dio por extraviar tu sentido común.

Armándote de valor llevaste tu cuerpo tras la puerta, extendiendo los límites impuestos por ti.

La sorpresa te inundó cuando encontraste ese mar de obras que siempre te rodearon; un extenso pasillo lleno de hermosos y desastrosos cuadros donde cada quien pintaba aquello que vivía. Las personas convivían felices e incluso algunas permitían a los vecinos intervenir en sus pinturas. El éxtasis y júbilo inauguraron sus sensaciones en tu corazón al saberte acompañada fuera de tu pequeño cuarto.

Y aunque llega la felicidad una pregunta le acompaña, preferirías ignorarla pero ella insiste. ¿Por qué estás aislada en ese lugar? A lo largo del pasillo son pocos los que tienen uno como tú, aunque también son pocas y escasas las magnificencias muestras de habilidad artística.

Como desearías poder formar tu "vida" de ese modo.

Un recuerdo, una alarma. Corres a tu recámara pero ya es demasiado tarde: está arruinada. Intentas salir a pedir ayuda pero la puerta se ha cerrado, miles de personas de tonos oscuros y grises pasean frente a ti corrompiendo aún más a tu cuadro. Idealizarías el poder actuar pero la voz interna te dice que fuiste tú quien primero los dejó pasar.

Débil te llamas entre sollozos, nada sientes poder cambiar.

Has dejado tu "Vida" en otras manos por mediocridad.

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Quince minutos para olvidar

Un amargo sabor quedó prendado de sus papilas gustativas, inalterable a pesar del hecho de que paseaba deliberadamente su lengua por toda la cavidad en búsqueda de la erradicación del resabio. Extrañamente le resultaba algo preocupante el hecho de saberlo en cada uno de sus recuerdos diarios a partir de los seis años.

Pocos fueron los segundos en que mantuvo su campo de visión compuesto de la particular escena que resultaban el rubio y la chica en conjunto; su mirada se debilitó al punto de sentirla caer contra el suelo como si de un objeto pesado se tratase. La joven a quien aquella maravillosa persona llamó Sakura era todo lo contrario en ella tanto en actitudes como aspecto físico, el halo del menosprecio a su persona rodeó cada punto de su piel.

El peso sobre su espalda se sintió aumentar levemente.

Uzumaki Naruto.

Así fue como se proclamó el rubio de ojos cielo.

Y podría tacharla de recelosa y resentida pero a pesar de su aspecto físico tan innegablemente perfecto la chica no encajaba bien con la imagen alegre y entusiasta que exudaba por cada poro el joven. No es que se vieran mal, simplemente algo en su corazón advertía que juntos no era la mejor palabra para abarcar a esas personas.

Los lejanos ruidos le concedieron la razón de saberlos cada vez a más distancia, por consiguiente, eso la despertó del trance más anómalo que hubiera tenido en sus dieciséis años de vida.

El corredor se extendía hasta topar con una puerta predeciblemente blanca, desde su posición y tres pasos adelante había un giro tanto a la izquierda como a la derecha formando un cruce de cuatro pasillos; cosa irónica para un hospital según las tradiciones nacionales fatídicas sobre el número cuatro.

El clima desolador corría como seda envolvente por esos pasajes.

Escalofríos transitaron su cuerpo. Hinata, como la persona sensata que se consideraba gracias a sus estrictos cánones de respeto y modales resolvió trasladarse en silencio al fondo del pasillo para no causar reacciones de desagrado en ningún transeúnte. El vago recuerdo de su padre llamándole molestia asaltó su mente por instantes; meneó su cabeza y tan rápido como vino se fue.

Cada mínimo movimiento que ejecutó trató de que no fuera contrario a las conductas adecuadas que todo hospital en norma indica. Una cabeza se asomó desde la lateral izquierda y sonrió al verla tan minuciosa en cuidar hasta las flexiones que ejercían sus músculos; sintió un poco de pena y rectificó su paranoica forma de andar.

Prosiguió mirando a los costados para evitar chocar con más desconocidos que pudieran de nueva cuenta arrastrarla sin su resistencia. —Ella mencionó que fuera al fondo… —Se dijo a sí misma. Sus manos fueron a dar a la altura de su ombligo y comenzó a jugar con los dedos, uno tras otro iniciaron una ferviente intención de inmovilizarse entre sí para controlar los nervios.

— ¡Está perdida ´ttebayo! —Escuchó gritar a unos cuantos metros tras ella.

— ¡Sólo es una excusa para huir, maldito hijo de…! —La conocida voz respondió a sus altos estándares de volumen con unos peores e inclusive agregó palabras mal sonantes para establecer la furia con que daba a conocer sus pensamientos.

Un calor mediado se extendió en sus mejillas al imaginar la sarta de maldiciones siguientes que ni se atrevió a escuchar. Cubrió sus oídos rápidamente pero contradijo sus acciones al girarse a ver a la chica de insólito cabello rosa sonrojarse en un mayor grado que ella y frenar en seco, costándole una caída salvaje contra el suelo.

Intentó correr con ella para auxiliarla pero repentinamente sus pies perdieron la noción del suelo y comenzaron a mecerse al ritmo del imperioso viento que creaba la rapidez contra la que se le enfrentaron.

Su cuerpo fue aprensado en un sitio reducido, aunque cómodo, del cuál creía percibir un corazón latir desbocado y la calidez que aumentaba conforme avanzaba a la distancia. —Perdona por traerte pero me aburriré si me escondo sólo…—Esa voz y el entorno; ¿estaba siendo cargada por Naruto? La azabache escuchó sin alzar el rostro, conmocionada de saberse sostenida de un modo antes inaccesible para cualquier hombre en la segunda vez del día. —Te me haces familiar, ¿Cuál es tu nombre? —Murmuró sonriendo mientras ella hacía hasta lo imposible por ocultar su rostro y sobre todo su sonrojo.

—H-Hinata…—Atinó a decir. Naruto hizo el amago de acercarse y retrocedió sorprendido, al parecer, de no haberla reconocido de quince minutos atrás. Rascó su cabeza con sonrisa nerviosa y movió sus labios sin emitir sonido, la azabache dudó de esas actitudes, quedándose con la impresión de que pretendía decirle algo.

—Hinata…—Murmuró poniéndose nervioso, aunque al parecer sólo un instante le costó recobrarse. — ¡La que conoce a mis padres! —Vitoreó feliz. De nueva cuenta estaba por negar la afirmación sin fundamentos de él cuando le vio mover los labios para agregar más palabras a su frase. Levemente frunció el ceño y la impotencia reinó sobre sus acciones. Alguien la dejaba de nuevo sin la valentía de pronunciar su opinión. —Tú si que eres rara, dattebayo… ¿Por qué no me dijiste que te conozco?

—Y-Yo…

Sus hombros, la parte baja de su espalda, la longitud casi plena de su cabello negro con destellos azulados, los costados y la cintura. Parte de las piernas, el lado derecho de sus glúteos e incluso su busto hacía contacto con el cuerpo de él. El evidente exceso de roce estaba mermando sus sentidos; de cierta manera se sentía invadida en su intimidad.

¿Siempre se toparía con un rubio que la arrastraría a dónde se le antojara sin permitirle protestar?

Pensar en ello inminentemente la desmayó.

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Muchas cosas podrían suceder mientras permaneces sumida en la oscuridad.

Desde sucumbir ante los escabrosos encantos que te navegan hasta llegar a los límites de la cordura, hasta perderte en el paralizante miedo sin poder escapar de él.

Sin embargo lo más admirable de ese enervante estado donde la luz anulaba su poder y retrocedía por la intensidad de las sombras era sus distintos matices.

El albor simplemente se define de ligero a intenso. Pero las tinieblas van desde mínimas hasta totales, pasando por el punto de retorno a ese circulo infinitivo de yin y yang. La luz al perderse se trastorna en sentimientos negativos, la oscuridad con un poco más de la misma brillaba con tal intensidad que sus malignos encantos se volvían aún más seductores.

Un brilloso punto negro que resaltaba entre todos fue interceptado por sus pequeñas manos, avivando sus llamas blancas hasta englobar todo sitio ausente de luz. Pequeños tintes de distintos colores comenzaron a intensificar su volumen. —Si abre los ojos y te ve tan cerca se desmayará de nuevo. —Acotó con molestia una suave voz femenina. Hinata mientras tanto intentó en vano abrir sus ojos.

—Nah, Sakura-chan. Sólo estoy viendo que tiene aspecto de muerto…—Un sonido fuerte y quejidos posteriores resonaron en sus oídos. A pesar de lo poco que conocía sobre ambos podría testificar que él recibió un golpe. —P-pero es verdad, sus ojos son casi blancos y tiene piel de…

— ¡Nadie te pidió opinión! —Gritó con fuerza, estrellando su puño contra la pared. El abrupto sonido le hizo despertar por completo en un sobresalto. —Hinata, ¿ya estás mejor? —Sus perlas se movieron hasta identificar la proveniencia de esa repentinamente acaramelada voz, una naciente sonrisa en esos labios delgados y un vistazo alrededor dirían que las reacciones generales de los presentes eran muy contrarias a la alegre respuesta que ante esa expresión se debería tener.

— ¿Qué pasó? —Preguntó con voz deleznable; elevando una mano a su cabeza tomó retazos de su cabello y la deslizó hasta la punta en gesto neurasténico que solía tener en casos de nervios extremos. Una extraña mujer rubia quedó mirando su manía con demasiada fijeza.

—Discúlpame. —Expresó la de ojos jade, incitando a sus ojos a trasladarse sobre su silueta. —Cuando iba con este idiota. —Lo señaló y el aludido alzó una mano como saludo provocando la risa de la azabache por la descarada actitud. La elocuente mujer frunció el ceño e ignoró. —Me di cuenta de mi error al no acompañarte hasta aquí. —Hizo una pequeña pausa para tomar aire. —Pero cuando te alcanzamos Naruto salió corriendo hacia ti, aprovechando el momento como excusa para escapar a su tratamiento. En serio lo siento Hinata-chan, debí amarrarlo. —Se inclinó para una reverencia realmente apenada, denotado en su rostro sonrosado.

Su cabeza sólo asintió.

A su derecha vio al rubio sonreír radiantemente, con esa magia impregnada en su gesto causándole un cosquilleo extraño que recorrió por completo sus entrañas. Sus manos regresaron a los costados dándole las pautas necesarias, al palmear una barra metálica, para saber que se encontraba sobre una silla.

Mas exactamente, en un cuarto blanco discretamente decorado con tonos dorados y muebles sencillos que otorgaban mayor relevancia al escritorio de madera caoba frente a sus ojos. Un carraspeó convocó su atención delante dónde una voluptuosa rubia vestida de doctora la examinaba minuciosamente.

Dejando de lado la omnipotencia que consideraba dada a ella en cuestiones referentes al hospital le parecía alguien sumamente venerable. Y sobre todo, familiar. —Hyuuga Hinata, veo que me recuerdas…—Sonrió. —Pero dudo que estés hecha para estar aquí, das la impresión de quebrarte con sólo el tacto.

Su mente fue recluida por dolorosas memorias. Los ojos compasivos de la adulta tocaron puntos hirientes y sensibles que jamás estuvieron cerca de cerrar llenándola de culpas, penas y remordimientos. Sentimientos de inferioridad, inutilidad y tantas emociones de peso que su seguridad de estar sobre una silla y no en las profundidades de un hoyo se desvaneció como arena al viento.

Odiaba esa conmoción que desequilibraba sus sentidos mientras ella guardaba las palabras de angustia y reclamos en un rincón de la mente. Sus labios temblaron con vehemencia susurrando las incontables letras que nunca llegaban al destinatario, fuera quien fuese, andando tranquilas sobre corrientes de aire que morían contra las paredes.

¿Por qué siempre habría de quedar así?

Débil, abatida y sin ánimos de continuar adelante aún si caminara por un sencillo pasillo de mármol blanco. Sus ojos se cristalizaron, señal del agua salada contenida. Paseó la vista por el cuarto observando, maldiciendo por primera vez en su mente por la suerte que siempre le tocaba. —Y-yo…—Logró articular, forzando su mandíbula en el movimiento. Un indigno rencor surgió ante esa palabra por ser la única que siempre lograba salir. —Y-yo q-quiero…

Su lengua se paralizó. Por más esfuerzo que hizo por hablar le resultó imposible; tanto Sakura como Tsunade le miraron con lástima su falta de voluntad. Una última gota resbaló por dentro, sintiendo derramarse finalmente todo aquello que estaba guardando.

Estaba harta de sí misma. Si tan sólo pudiera olvidar su sumiso y patético carácter sería capaz de responder a algo tan sencillo. Sus ojos perla brillaron intensamente, como nunca lo habían hecho en su vida, su postura se irguió y sus manos dejaron el incesante temblor para posarse firmes sobre sus piernas. Era hora o nunca que dejaría atrás todos sus miedos y a la Hinata tímida aunque fuera por unos minutos.

Sólo quince minutos para olvidar. —Yo quiero ayudar y-y me creo ca-capacitada para el puesto…—Abrió su boca lo máximo posible para tomar aire. Sus ojos entrecerrados buscaron abrirse por completo para ver la reacción que habría ocasionado su inusual valentía.

La mujer le miraba serena, pero una sonrisa decoraba sus labios maquillados; casi podía leer en ellos la aprobación al corto momento de decisión. Un enorme calor se extendió por sus mejillas y la misma sonrisa se plantó en su rostro; la sensación de quemazón agradable bajó por sus mejillas brotando desde sus ojos.

—Bien, ya que tú lo dices no me negaré. —Ladeó el rostro y lo inclinó de vuelta en una aparente señal para la otra joven que asintió. —Sakura te indicará lo que debes hacer, primeramente quiero que veas el tratamiento que se le aplica a Uzumaki Naruto ya que será de los que mayor trabajo te costará. —La chica de cabello rosa frunció el ceño.

—Especialmente porque escapa…—Un portazo se dejó escuchar cuál música de ambiente. El viento comenzó a correr fuerte bajo sus pies mientras a la lejanía escuchaba decir: — ¡¿Y porque demonios siempre se lleva a alguien con él!?

El reclamo cesó en distancia, sus mejillas aún con la vertiginosa sangre fluyendo y algunas lágrimas lo último que Hinata recordó ver fue una enorme sonrisa mágica. —Si dejas de llorar te contaré un secreto. —Su mano derecha paseó por su espesa cabellera dorada arrancando un suspiro por parte de la chica alba quien asintió con calma. Paso a paso un cielo lleno de estrellas se cernió sobre ambos, regalándoles la esplendorosa vista de la Luna a punto de salir.

—E-es Luna Llena…

— ¿Sabes? Dicen que cuando le pides un deseo a la belleza bajo la Luna este se cumplirá. —Él acomodó su mano en su frente y su sonrisa se amplió. Los nervios perdidos comenzaron a llegar y el cronometro de tiempo resonó con fuerza en su interior; Naruto comenzó a acercarse excesivamente a su rostro y ella perder lentamente la consciencia. Sus quince minutos de coraje terminaron. —Hinata-chan, parece que tienes fiebre…

El corazón le dio un vuelco y repentinamente lo sintió dejar de latir.

Hinata-chan.

Nunca antes le habían llamado de una manera tan amigable e inofensiva. Los antiguos miembros de su clan solían usar honoríficos mayores al referírsele al igual que acostumbraban los consanguíneos, preponderando los de ella, su hermana y su padre de la familia principal. Los había osados, jóvenes integrantes que insinuaban su nombre a secas, en las profundidades de las sombras ocultas como forma de burlar su persona patética y su nulo merecimiento a suceder al líder

Una corriente fina de aire caliente acarició su mejilla con la suavidad de consentir un beso. Las líneas gruesas que bordeaban su rostro se acentuaron hasta tornarse exquisitas, y sus rasgos masculinos se realzaron a la vista femenina con fulgor.

Si antes no sabía distinguir el momento en su corazón dejó de latir con él tan cerca no importaba pues volvería a palpitar. El cumulo de emociones y el indetenible hormigueo causó una predicha reacción en la azabache.

Se desmayó.

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La mujer de cabellos rubios lanzó su asiento sin importarle que obtuviera como destino el rostro de un molesto hombre de ojos color ónix que bramó contra la almohada un par de maldiciones. Sólo el hecho de atrapar entre sus brazos al menudo y esbelto cuerpo de cabellera negra tenía importancia en sus asuntos. —Hinata-chan, pobrecita…—La estrujó con fuerza. —No entiendo como siendo tan dulce te pasó todo eso…

N-no me dejas respirar, Ino-chan…—Ladeó sus ojos, buscando por toda la habitación a la imponente figura de su esposo en busca de ayuda; para la mayor de sus sorpresas parecía resentido con el hecho de que a cada media hora aumentaban la cantidad de oyentes alrededor.

Bueno, lo entendía. Una historia personal entre ellos se volvía cada vez más como un cuento público de amor por cada persona que venía a visitarlos, empezando por Ino Yamanaka y su esposo, quienes apenas llegaron a conocer a su bebé.

Bufó frustrada cuando él claramente le lanzó su mirada de:"es tu problema" e intentó poner su mejor rostro de lástima, inclusive intentando exponerlo a los ahora diez presentes. El timbre sonó en ese instante y un azabache de profundos ojos negros e increíble atractivo abrió la puerta dejando pasar a sus dos mejores amigos de la infancia y una pelirroja escandalosa que corrió a colgarse del brazo del otro moreno sobre el sillón.

Corrección: trece personas incluyendo a su familia.

Nota mental: poner un letrero sobre prohibir el pasoo mínimo casa en fumigación si no quería una masacre ahí mismo cometida por el Uchiha menor que empezaba a asustarla. Aunque tal vez también podría funcionar cerrar la puerta del frente…

Siempre, siempre te llamaré Hinata-chan. —Volvió a decir su amiga, recordándole su presencia física en ese cuarto; la Yamanaka enterró su rostro en sus pechos y paseó las manos por la cintura abochornándola frente a los presentes. —Aunque no sé como harías para desmayarte más que ahora. —Una risa general y los ojos negros que parecían fulminar a la Yamanaka, aunado a la rubia que elevó sus manos para tomarle del rostro y depositar besos en toda su blanca piel acabaron la conciencia de la madre primeriza.

Algunas cosas nunca cambian. —Mencionó con ella entre sus brazos. Un portentoso hombre se acercó con sigilo al ver a la adorable Hinata acababa por la gobernabilidad del pudor sobre su ser. —Uchiha, si me haces el honor…

Dámela…—La tomó consigo, sonriendo burlonamente al otro azabache frente a él que le miraba con recelo. —Creo que nuestra historia tomará una pequeña pausa.

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N/Kou: Bueno, parecerá un poco tedioso pero si no se desmaya no es Hinata ^o^U Uff, no sé pero esta historia sale bastante larga por sí solita xD Aún quería meter más explicaciones para lo que viene pero creo que 3000 palabras son suficientes, no sé, siento que se les hará eterno xD Aunque no lo parezca las últimas escenas tienen algo que ver con el final, chequen un poco de lo que se va desarrollando entre líneas :D

Bueno, creo que algunos están confundidos con el hecho de que haya más personas que Sasuke ahí… Bien, como leyeron en el primer cap, ha nacido el bebé de ambos y sus amigos habían acodado visitarlos. Claro, más los que fueron de sorpresa, más los colados que llamó Ino… Muy pronto parecerá una fiesta… Próxima actualización el viernes, les mando muchos saludos y besos de galletas. ¡L s amo!

Nuharoo: Perdón, es que la presencia de todos se explicaba originalmente hasta este cap xD Pues espero que te guste, de aquí en adelante los cap salen mas o menos de tres mil palabras xD Te mando un abrazo enorme y una canasta de galletas ;D Muchas gracias por tu review.