Cuarto Capítulo! La chispa de la emoción de a poco toma fuerza :P El inicio del Torneo de los Tres Magos esta muy cerca y esta vez Beauxbatons será la escuela anfitriona. Pero cuidado, la Academia de magia francesa también tiene sus secretos, y los alumnos de Hogwarts deberán estar al tanto para que estos no los tomen por sorpresa. Un giro inesperado esta a punto de llegar y cambiará el curso de la historia de nuestros queridos protagonistas...

Gracias por seguir ahí, leyéndome y comentando! Como siempre digo, eso para mi es lo más importante. Te espero en el 5to!

V.

Las cuatro casas, que previamente se habían organizado para facilitar la tarea de Monsieur Lagarde se desparramaron en cuanto, el caballero francés anunció la funcionalidad del objeto.

El orden se perdió, más no la indagación y las conjeturas entre todos los alumnos, invadidos por la excitación. La pelea por obtener un lugar para husmear no cesaba y el brillo de aquel precioso objeto mágico contribuía al desorden.

El espejo tenía las dimensiones de una puerta, y es que respondiendo a todas las incógnitas, eso es lo que era. Su marco de un macizo oro labrado, se encontraba totalmente decorado y adornado con figuras sobresalientes que imitaban un baile de querubines que subían y bajaban sobre el artefacto mágico.

A simple vista podía entenderse el suplicio que había terminado con la vida del viejo fénix, el espejo lucía extremadamente pesado. De seguro imposible levantarlo sin magia.

-D'accord, comenzaremos grupo por grupo a ser transportados, lo alumnos de último año, serán los primeros en atravesarlo- Ordenó el enviado francés.

-Correcto, ¡Ya escucharon!- Concretó el profesor Flitwick –Alumnos de séptimo año, organizarse por casa en el siguiente orden: Gryffindor, Hufflepuff, Ravenclaw y Slytherin- Al compás de las palmas de Flitwick, los grupos comenzaron rápidamente a coaligarse para hacer el traspaso al mundo mágico francés. Allí frente al mar en cuestión de segundos habrían todos de reencontrarse en Calais, primera parada a Paris, y de allí finalmente a Beauxbatons.

-¡Que nervios! Es la primera vez que haré esto- Dijo Victoire claramente aterrorizada, sensación que acompañaba a todo el grupo. Sin embargo entre sus primos; Albus y Rose, y sus amigos; Lorcan y Lysander era ella la única en séptimo año, por lo tanto la primera en pasar junto a su generación.

-¿Porqué no sólo simplemente, podemos aparecernos del otro lado?- Preguntó Albus intrigado, levantando su capucha para cubrirse el pelo de la llovizna.

-¿Realmente crees poder hacerlo Potter? Terminarás en la mitad del mar, más mojado aún que el hombre con el sombrero emplumado – Rió socarronamente Lysander haciendo una mueca burlona.

-Pues porque es ilegal aparecerse de una frontera mágica a otra, siendo menor- Aclaró Maylleen, mirando con desagravio al mellizo por haberla interrumpido.

-Así es primo. El Director del Departamento de Transportes Mágicos, publicó un artículo en El Profeta sobre eso- Aportó Rose que intentaba controlar su rojiza cabellera alborotada por la humedad.

De repente, James apareció y se acercó a ellos, intentando ocultar el mismo temor que su prima Victoire sentía, y tomándola por los hombros, los dos se dirigieron al grupo de leones de séptimo año. La hermosa Weasley, agitó ligeramente su mano, despidiéndose para luego, como todos esperanzaban, volver a reencontrarse en Calais.

-Bueno estudiantes, el momento ha llegado – Dijo entusiasmado Monsieur Lagarde -¡Courage! Estarán totalmente a salvo, si sienten alguna especie de jaqueca o pánico es normal con principiantes-. La fila de Gryffindor fue la primera en enfrentarse al espejo.

-¿Asustada Vicky?- Preguntó James quien estaba delante de su prima en la fila.

-¿Qué no éramos leones? – Broméo dándole un suave puñetazo a su primo en la espalda por haberla llamado "Vicky".

Paso a paso, uno tras otro los alumnos de Gryffindor iban traspasando el espejo. Un aura brillante se conformaba cada vez que uno atravesaba el objeto hacia lo desconocido. Los corazones de James y Victoire palpitaban fuertemente con cada paso que los acercaba al portal. De repente para Albus y los demás su hermano y su prima desaparecieron por completo.

Al finalizar el traslado de los alumnos de último año de la casa de Gryffindor, los de séptimo de Hufflepuff le siguieron; y así en el orden que había establecido el profesor Flitwick continuaron los séptimos de Ravenclaw y Slytherin.

Llegó el momento de los sextos, el orden de traspaso se mantuvo: leones, tejones, águilas y serpientes. Conforme el clima empeoraba Albus y los de quinto año esperaban mojados y congelados su turno.

-Rosie, estas estrangulando mi mano- Comentó Lorcan frunciendo su ceño. La Gryffindor, siendo una de las primeras del grupo en atravesar el espejo se había topado con los primeros indicios de un nerviosismo temeroso.

-¡Vamos, vamos, vamos! Alumnos de Gryffindor de quinto año, aceleren el paso- Ordenó Flitwick, mientras supervisaba desde al lado del portal junto a Monsieur Lagarde a sus alumnos.

-De acuerdo- Se dijo la pelirroja a sí misma- No hay nada que temer, esto es absurdo- inflo su pecho en señal de seguridad y dejó a sus amigos atrás.- Nos vemos en Francia- Se despidió.

La fila de quinto año de Gryffindor, se llevó consigo a Rose, y tras esta continuaron los quintos de Hufflepuff y Ravenclaw.

El momento de Slytherin había llegado.

-Nos vemos del otro lado Maylleen- Saludó Lysander sonriente con pocitos en sus mejillas.- ¿Por cierto en que te vas tú?- preguntó ingenuamente.

-Cruzaré el portal al igual que ustedes, nos vemos del otro lado- Respondió pedante la francesa.

-¿Es linda no? Le murmuró Lysander a su hermano mientras se enfilaban junto a los demás Slytherins de quinto.

-Es la clase de chicas que te hacen suspirar hermano, las que no te prestan atención- Respondió Lorcan mofándose, Albus soltó una carcajada.

La fila de los Slytherin de quinto año, la última en ser transportada, cruzó nuevamente las miradas de Albus y Scorpius, separados sólo por un cuerpo de distancia. Tras Albus, le seguían los Scamander que bromeaban junto a Malfoy pese a la distancia. El Potter Slytherin fingía una risa frente a la situación de incomodidad. Alexander Nott, dado vuelta, lo miraba fijamente secreteándose con Scorpius, y a su vez el resto de los serpientes notaban y murmuraban aquel encuentro.

Paso a paso se iban acercando al espejo, pero Albus no estaba asustado. Sólo quería poder terminar con aquel sentimiento de disgusto que le causaba estar en la mira de las discusiones de sus compañeros.

El momento sin anunciarse, sorpresivamente llegó.

Parado frente al espejo, miró a los mellizos tras él y tras tragar saliva, miró fijamente el destino que tenía en frente. Finalmente, atravesó.

Por una reacción defensiva, sin darse cuenta cerró los ojos al cruzar, abriéndolos una vez de encontrarse al otro lado.

Lo primero que hizo fue buscar su varita, de cierta forma tenerla nuevamente en su mano le daba seguridad. El traslado había sido automático y pudo comprobar, igual que los demás, que el temor era totalmente infundado.

Tras él, aparecieron los mellizos y los tres se abrazaron en el encuentro exagerando la situación.

La lluvia había cedido y el cielo desde la costa francesa, era un poco más claro que el que habían padecido en el lado inglés. Tanto incluso que se podía ver muy diminutamente el reflejo centelleante del espejo dorado al recibir los primeros rayos del sol.

-¡Bienvenus! Se escuchaba reiteradas veces de una misma voz. Albus comenzó a hacerse la idea de que ese acento lo escucharía infinidad de veces y agradeció que al menos los anfitriones se esforzaran en hablar en inglés. El francés iba a ser un problema.

El profesor Flitwick fue el último en pasar, luego Monsieur Lagarde se apareció en el mar repitiendo la torpeza anterior.

Maylleen, se apareció también en la costa, pero esta vez acompañada de un distinguido aristócrata, su padre. El hombre de peluca rizada blanca, y unos bigotes canosos largos que terminaban en un firulete, paso por al lado del Potter con una expresión altiva muy similar a la de su hija.

-¡Nos vemos en Beauxbatons! Salúdame a los demás- Se despidió Mayllen. En cuestión de segundos el sonido de un fénix que sobrevoló sobre todos, anunció que el espejo de oro regresaba de donde había venido.

-Nos están esperando, rápido no se distraigan- Anunció con paso apresurado el profesor Flitwick que volvía a repetir las instrucciones ya dadas para traspasar el nuevo espejo que los esperaba para llegar a Paris.

-Bonjour Monsieur Lagarde- Saludo otro mago de vestimenta similar al caballero, que continuaba insultando su estupidez.

-Bonjour Mounsier Devereux- Reverenció el primero. – Le presento al Profesor Filius Flitwick, subdirector del Colegio Hogwarts – Introdujo. – Profesor Flitwick, le presento al Director del Departamento de Cooperación Mágica Internacional, Monsieur Edmond Devereux, quien le acompañará hasta el Gran Palacio en Paris- Explicó.

Intercambiando saludos y formalidades ente ellos, los tres caballeros prosiguieron por impartir las mismas órdenes a la delegación de alumnos, pero esta vez frente a un nuevo espejo.

-Bueno Gran Palacio de Paris, o lo que seas, aquí vamos- se dijo Albus lanzando un suspiro.

Ya con la pérdida del miedo, los estudiantes se aligeraron confiados en llegar a destino.

VII.

-Im..posible…- Balbuceó Alexander Nott, mientras su cabeza se perdía en los altos techos pintados al fresco de aquel regio salón.

-Va a entrarte una mosca Nott, cierra tu boca- Dijo Scorpius, hipnotizado también por toda esa magnificencia.

Oro y mármol de todos los colores se reproducían por todos los rincones de aquel suntuoso salón palaciego. Las paredes y los techos, moldeados reproducían frescos con distintas imágenes del mundo de la magia, reflejando la historia y los personajes importantes para la magia francesa. El salón del Príncipe, era una imponente cámara ataviada de lámparas de cristales, estatuas movedizas de mármol blanco, columnas y ventanales con vista a la ciudad. Una ciudad que de seguro desconocía toda aquella majestuosidad.

Las caras de todos eran de fascinación, maravilladas por la pompa de aquel lugar.

Al final del salón, se alzaba un gigantesco trono en lo alto. Un sillón encumbrado de almohadonado color cerúleo con patas y marco del respaldo, de oro. El almohadón de respaldo tenía una gran "C" bordada con hilo dorado encerrando las letras "IX"- Constantine IX, el Gran Príncipe- Señaló Rose.

Al costado del Trono, dos asientos menores, sin nominación, centralizaban al marcado con las letras " ", posicionándolo como el principal por su importancia y suntuosidad. Desde allí se desprendían a los costados hasta la entrada del salón cientos de espejos iguales a los que los habían transportado instantáneamente hasta allí. Al lado de los 250 espejos que rodeaban la sala yacía un guardia custodiando, sin embargo cientos y cientos de personajes ingresaban y egresaban del enorme recinto.

-Bueno alumnos del Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, Bienvenidos al Gran Palais de la Magie- Indicó vigoroso Monsieur Devereux al contingente de estudiantes boquiabiertos que lo seguían en medio de todo ese alboroto. – Bienvenidos a la sede oficial de los asuntos del gobierno mágico francés, podría decirse el semejante a su Ministerio de Magia, allá en Inglaterra- Sonreía al observar las caras de admiración de los alumnos.

Inesperadamente, trompetas retumbaron por todo el salón y los guardias que rodeaban la estancia, se posicionaron como dando una venia. Los magos que iban y venían como un hormiguero, detuvieron su marcha y se posicionaron a las horillas del salón dejando una amplia pasarela. Las trompetas anunciaban la llegada al recinto del Gran Príncipe Constantine.

Un gran cortinado color carmesí, se abrió y la solemnidad empantanó a todo.

-¡Anunciando, a Su Majestad, El Gran Príncipe Constantine IX!- Expresó uno de los pajes del soberano.

Un caballero de platinada y lacia melena, de tez blanca como el mármol y ojos turquesa como cielo de verano; se robó la atención de todo el salón. De una estatura considerable comenzó a caminar con su traje de satén azul enjoyado con un aire gallardo y esplendoroso.

A medida que el Gran Príncipe se dirigía hacia su trono, las personas a sus costados iban reverenciándolo con gran respeto. Su mirada se esparcía por sobre los ojos de todos los presentes como si les prestara atención por un instante, reaccionando sus plebeyos con una increíble felicidad. Poderosa pero amable seducía a todos al pasar, con un ritmo veleidoso.

Los alumnos de Hogwarts, instintivamente lo reverenciaron cuando les tocó su turno, era imposible desairar tal magnanimidad.

-Ese es el Gran Príncipe- Susurró Victoire. El noble aristócrata continuó su galante caminata saludando y sonriendo.

-Vaya que es alto- Dijo con admiración en su expresión Rose.

-Su hija es inalcanzablemente hermosa- Siseó un joven mago a su derecha. El inoportuno sonrió carismáticamente y no tardó mucho tiempo en ganarse la atención de Rose Weasley. –Pero, veo que no es la única belleza que parece, admiraré hoy- Dijo sonriendo.

La Gryffindor asaltada con su guardia baja, observó de sobresalto al joven e instantáneamente sus mejillas se ruborizaron. La belleza de aquel desconocido se prendó de ella que de inmediato recuperándose respondió- Si este lugar es realmente hermoso-.

Entre risas el joven dijo-¡No, no hablaba del lugar! Hablaba de usted- se reverenció hacia ella y tomando su mano; la beso y se presentó- Eros Saint-Claire, el placer es mio- Victoire observando la situación, percatada del atractivo de aquel desconocido obligó a su prima mediante una mueca a abordar el coqueteo. Por desgracia, el punto más débil de la inteligente pelirroja era precisamente ese.

El Gran Príncipe había arribado a su trono, y la incipiente charla entre Rose y el galán francés se interrumpió al grito de -¡Larga vida al Gran Príncipe Constantine!¡Viva el Gran Príncipe!-. De cierta forma, la Gryffindor aprovechó ese par de segundos para retomar su coraje.

-Rose Weasley, encantada- Respondió mostrándose interesante. Los ojos color ámbar del muchacho la tomaban prisionera, eran cristalinos y atrayentes. Las facciones seductoras de una tez esculpida y una contextura atlética habían llamado la atención de más de una jovencita presente.

-¿Éres de Hogwarts verdad? Vas a Beauxbatons a participar del Torneo de los Tres Magos- Afirmó con esa luz que ya empezaba a caracterizar su cara.

-Exacto, posible campeona quizás- Bromeó con más seguridad.

-Pues quizás seamos competidores- Dijo sugerente.-Estoy en la Escuela de Destreza, de la Academia Beauxbatons- Volvió a sonreír como si utilizara un arma mortal.

Continuará...