HOLA!

BUENO NO TENGO MUCHO QUE DECIR MÁS QUE: MUCHISIMAS GRACIAS POR LOS REVIEWS, LOS FOLLOW Y LOS FAVS. DE VERDAD ME HACEN SONREÍR COMO IDIOTA CUANDO LOS VEO.

AQUÍ LES TRAIGO OTRO CAPITULO, OJALÁ LO DISFRUTEN.

DISCLAIMER: LOS JUEGOS DEL HAMBRE PERTENECEN A SUZANNE COLLINS, YO SÓLO JUEGO CON SUS HERMOSOS PERSONAJES.


Hay algo diferente esta mañana, incluso puedo percibirlo con los ojos cerrados. Mientras comienzo a salir de mi aletargamiento noto que he dormido toda la noche de corrido y eso es algo inusual. También noto que esta cama parece muy familiar pero a la vez impropia, de alguna manera no se siente del todo como si fuera mi cama. De cualquier modo, no me interesa en este momento. Es la primera vez en ya demasiado tiempo que duermo toda una noche sin pesadillas; justo como las noches en que dormía en los brazos de Peeta.

Peeta…Es entonces cuando percibo su aroma y me doy cuenta de que esta es su cama y de que he pasado la noche durmiendo con él. Anoche accedí a acompañarle luego de que lo sacara de sus pesadillas.

Abro los ojos por fin, esperando ver a Peeta dormido a mi lado, pero en vez de eso sólo encuentro la cama deshecha.

¿Adónde se ha ido? Tuvo un golpe en la cabeza, debería estar en cama por lo menos el resto del día. He dormido tan profundamente que ni siquiera he notado cuando ha dejado la habitación.

—¿Peeta?— lo llamo, tal vez esté en el baño. De hecho me pregunto si habrá sentido necesidad de vomitar. No me contesta así que dudo que esté aquí.

Me obligo a dejar la cama y vuelvo a ponerme los zapatos, dispuesta a ir en su búsqueda. No he ni siquiera cruzado la puerta cuando le oigo abajo en la cocina; debí suponerlo.

Bajo la escalera despacio mientras intento desenmarañarme el cabello un poco con los dedos, para al menos no tener tanta pinta de recién levantada, y cuando llego a la cocina me encuentro a Peeta ya arreglado. Dios, ¿qué hora es?

—Buenos días. —me saluda al verme aparecer.

—No te oí levantarte.

—No quería que lo hicieras, tenía que levantarme a hornear. —responde, mientras se pasea por la cocina.

—¿Qué hora es?

—Son un poco más de las 10, no quería despertarte; supuse que necesitabas dormir.

Supuso muy bien, hace mucho que no me sentía tan descansada.

—¿Tienes hambre?— pregunta y no tengo tiempo de responder porque Peeta saca un canastito lleno de panecillos de queso y lo pone sobre la mesa.

Miro los panecillos y luego a Peeta, que se queda ahí devolviéndome la mirada. ¿Se acuerda de que son mis favoritos o simplemente los hizo? No creo que Snow pudiera manipular este recuerdo.

—Son tus favoritos, ¿Real o no? —me suelta, y mi pequeño momento de esperanza de que lo recordara se esfuma. Es increíble que hasta con esto tenga dudas.

—Real —respondo —. Gracias, extrañaba comerlos.

—Es mi agradecimiento por haber cuidado ayer de mí.

—Por nada —digo, mientras me siento a la mesa y me meto un panecillo a la boca —. Por cierto, ¿qué tal tu cabeza?

—Tuve que levantarme en la noche a vomitar un poco, pero ya en la mañana me sentía considerablemente mejor.

Ni siquiera noté que se había levantado a vomitar en medio de la noche. Sí que estaba ida…

—Debiste haberme despertado. —contesto, un poco molesta por mi incapacidad para cuidar de alguien.

—No tiene importancia, Katniss—dice él, pasándose una mano por el cabello rubio—. Ya hiciste mucho anoche, era justo que durmieras tranquila.

—No hice casi nada anoche —replico—. Sólo te hice una sopa y ya.

—Y dormiste conmigo —me recuerda él—. Gracias por eso, sé que debió ser algo difícil.

¿A qué se refiere? No sé si me he perdido de algo en nuestra conversación, pero no entiendo hacia dónde está llevando las cosas.

—¿Qué quieres decir? —clavo la mirada en el panecillo de queso que me estoy comiendo para evitar su mirada.

—Bueno, es que con todas las cosas que el Capitolio me hizo debe ser difícil para ti no odiarme. Incluso me sorprendió que no te pusieras como loca cuando me viste volver al Distrito.

Aquello me deja sin habla. Peeta cree que yo lo odio, cuando en realidad yo creía que él me odiaba. Estaba segura de que me detestaba y sentía repugnancia al verme, pero resulta ser que él estaba pensando lo mismo sobre mí.

Entonces algo se me ocurre, y aunque no estoy segura de si quiero saber la respuesta, lo suelto de todas maneras:

—¿Por qué volviste al 12? —sigo mirando el panecillo de queso, como si aquello fuera más interesante que mirarlo a él.

—Pues, eso es bastante obvio para todos creo. —le miro de reojo y noto que se ha ruborizado un poco, también evita mirarme.

—Yo supuse que no volvería a verte —le digo, despedazando el panecillo lentamente para comérmelo—. Creí que con toda la destrucción en este lugar y todos los malos recuerdos, decidirías empezar de nuevo en algún otro lugar.

—Eso fue lo que me recomendó el doctor Aurelius —contesta él —. Dijo que no era recomendable volver por todos los recuerdos que se me podían disparar, que no era seguro. Pero yo necesitaba volver…—ahora sí eleva la mirada y la clava directo en mí. Me quedo mirando sus azules ojos enfrentando a mis grises desde el otro lado de la mesa y creo sentir un leve hueco en el estomago. Peeta no lo dice en voz alta, pero sé que con la mirada me está confirmando lo que me dijo Haymitch. Ha vuelto por mí.

—¿Y no te da miedo sufrir los flashbacks? —pregunto, porque no me puedo creer que haya decidido volver incluso contra la recomendación del doctor.

—Yo le dije desde el principio que iba a regresar, él me expresó su disconformidad con el asunto, pero lo tenía claro. Así que el doctor Aurelius y yo trabajamos en como controlarme, me recomendó tener actividades que mantengan mi mente ocupada, y también me recomendó alejarme de todo lo que me pudiera provocar episo…—entonces se calla, porque sabe que ha metido la pata. Me quedo mirandolo con la boca abierta, si tiene prohibido acercarse a las cosas que le provocan episodios no debería haber ido a la panadería de su familia.

—¿Entonces qué fue lo de ayer? —exijo saber — ¿No pensaste que la panadería te provocaría el episodio?

—Sí lo sabía —admite, no le veo ni un atisbo de estar arrepentido. —Necesitaba ir ahí.

—No, no necesitabas ir ahí. ¿Qué no ves que te haces daño?

—Katniss, quiero reconstruir la panadería. Necesitaba ver el terreno, por más doloroso que fuera.

Me parece estúpido, si algo te hace daño deberías permanecer alejado de eso.

—El doctor Aurelius recomendó que me alejara de lo que me hiciera daño, pero no puedo alejarme simplemente de todo. Creo que a veces hay que enfrentar las cosas, los miedos.

—¿Y provocarte episodios? —le recuerdo —¿Te volviste loco, Peeta? Pudiste hacerte más daño aún.

—Lo sé, pero debía hacerlo. Sé que el doctor Aurelius estará muy molesto cuando se lo cuente pero tengo una idea muy diferente a la de él. No puedo simplemente huir de las cosas que me hacen daño.

—Peeta…

—Es como una herida —sigue hablando él —. No puedes sólo ignorar la herida y seguir con tu vida porque tarde o temprano la herida se infecta y te hace aún más daño que antes. Es mejor tratarla, aunque duela. De esa forma sanará.

—Ya sabes que tus episodios no se curan, ¿cierto? —le pregunto, porque su lógica parece buena pero no en su caso. Él tendrá que vivir con esto, no importa cuantas veces intente tratarlo.

—Lo tengo muy claro, Katniss.— responde él, y noto que está un poco irritado. Claramente no comparto su idea.

—Entonces, ¿cuál es el punto si al final tu herida no se cura? Sólo te provocas más dolor.— ninguno de nosotros tiene solución ya, estamos destruidos y no tenemos reparación.

—¡Lo sé! —explota él, y yo me sobresalto un poco. — ¡Pero prefiero enfrentar mis malditos demonios a ser como Haymitch que ahoga los suyos en alcohol o como tú que te encierras en tu casa a llorar por algo que ya está hecho! —entonces se calla al darse cuenta de lo que ha dicho. —Katniss…yo…

Pero no le doy la oportunidad de que se disculpe, echo la silla para atrás y me dirijo a la salida de inmediato, ignorando a Peeta que me está llamando para que vuelva, e ignorando el picor que siento detrás de los ojos.

No llores, no te atrevas a llorar, me repito mientras corro a mi casa, pero no lo logro. Estoy llorando como si fuera una niña pequeña que necesitara consuelo de su madre.

Idiota, ¿cómo se atreve a hablar sobre mis demonios? Yo no tengo manera de enfrentarlos, ¿cómo enfrentas al hecho de que tu hermana menor, que era lo más importante para ti en el mundo, está muerta?

Una vez dentro de la casa me cuesta ver las gotas de agua que tengo acumuladas en los ojos, estoy furiosa y a la vez dolida. Agarro un adorno de cerámica, sobre la chimenea y lo lanzo al piso con todas mis fuerzas; Buttercup que estaba tomando una siesta sobre el sofá pega un salto y desaparece corriendo al oír el estruendo. El adorno no se destruye de inmediato, pierde un pedazo y queda trizado así que lo vuelvo a tomar entre mis manos y lo arrojo con más fuerza aún contra la pared, esta vez sí se destroza en miles de pedacitos.

Puedo sentir como las lágrimas me recorren las mejillas y me nublan la visión, romper el adorno me hizo sentir un poco menos furiosa, pero aún sigo dolida.

Corro escaleras arriba, directo a mi habitación y me hago un hueco dentro de mi armario, lo uso de escondite como cuando estaba en el 13. Me abrazo las piernas junto al pecho y entierro la cabeza en ellas mientras siento como más lágrimas aparecen. Ignoro el sonido de Buttercup rasguñando la puerta del armario y me permito desaparecer por un tiempo, hacerme pequeñita.

Con un poco de suerte tal vez pueda desaparecer por completo.


ESPERO QUE HAYAN DISFRUTADO EL CAPITULO, Y NOS LEEMOS LUEGO.

BESOS :)