CAPÍTULO 4
Pistas en la Oscuridad
-"Adiós, Sombrerero".
Alicia despertó llorando de nuevo.
Se incorporó sobre la cama y miró por la ventana, pudiendo observar una luna menguante. Giró un poco la cabeza, de forma que parecía una sonrisa.
La sonrisa de un gato. Casi podía ver dos grandes ojos encima de la luna…
-Alicia.
Era un susurro proveniente de la puerta, la cual miró sobresaltada. Entonces, gracias a la luz que se filtraba por la ventana proveniente de la luna, pudo ver como una pluma descendía lentamente.
Una pluma de pavo real. Justo como la que el Sombrerero llevaba en su sombrero.
Alicia se agachó y la cogió, acariciándola.
-Qué curioso, curiosísimo…
Salió al pasillo y miró a un lado y a otro, pero no vio a nadie. Justo entonces, vislumbró en la esquina de la derecha la tarjeta con la indicación de 10/6, también del sombrero.
Así recorrió toda la casa de los Ascot, recogiendo pieza por pieza, hasta que salió al jardín trasero. Miró a un lado y a otro, confundida, pues ya no encontraba más pistas. Anduvo un poco por allí, esperando ver algo o a alguien. Ya se empezaba a desesperar, a pensar que solo había sido producto de su imaginación, cuando pasó por el celador en el que Hamish le había pedido matrimonio, y recordó el momento.
Echó a correr.
Minutos más tarde, ya un poco alejada de la mansión, Alicia llegó a una zona alta y boscosa. Subió una cuesta, y llegó a aquel árbol retorcido y sin hojas que se alzaba con un gran agujero a sus pies. Y ahí estaba el sombrero, sin sus accesorios, claro.
Y Alicia supo que tenía que hacer. Primero, cogió el sombrero, y colocó sus piezas rápidamente. Entonces fue un poco hacia atrás, cogiendo impulso, y, abrazada al sombrero, entró de nuevo en la madriguera para volver al Submundo.
Pero esa vez no sintió miedo.
