CAPITULO 4: Daño

Desde aquello, ninguna volvió a coincidir. Rachel solía pasarse muy a menudo por el auditorio por si se la encontraba, pero nada. La pelirosa no aparecía. Ella se encontraba en su casa, ya que no quería volver al instituto, no se sentía capaz de enfrentarse a nadie. Le importaba un comino su nueva pandilla, y las consecuencias de haberlas abandonado.

La morena, cada vez lo llevaba peor, aunque al menos ella tenía con quien hablar. Kurt se había convertido en su pañuelo de lágrimas y su confidente, mientras que su relación con Finn se enfriaba cada vez más, a pesar de los intentos del joven por verla y pasar tiempo con ella.

-Rachel, ¿te vienes al cine esta tarde?-dijo Finn

-Lo siento pero he quedado con Kurt

-¿Otra vez?, Rachel quedas más con él que conmigo y yo soy tu novio, porque sé que es gay si no pensaría que tenéis algo

-No digas tonterías

-Queda con él otro día, hace mucho que no salimos juntos

-Lo sé y te prometo que la próxima vez saldremos pero es importante que hable con él

-¿Pero se puede saber que es más importante que tener una cita con tu novio?

-¡Pues muchas cosas Finn!-contestó de mala manera, ya harta de tanta insistencia

-Muy bien como quieras- dijo el joven marchándose muy enfadado

Finn estaba muy desanimado, su relación se debilitaba y no entendía por qué. Había intentado hablar con Kurt, pero este no soltaba prenda y Rachel cada vez daba menos importancia a su relación. El joven se echaba la culpa porque creía que habían caído en la monotonía o que a lo mejor ella esperaba más por su parte y aquello era para llamar su atención.

-Tío te veo mal, creo que deberías dejar a Rachel-dijo Puck

-Yo la quiero

-Pues entonces haz algo porque es cierto que anda muy rara, puede que le haya afectado lo de Quinn.

-Es posible, pero ¿Qué tiene que ver Quinn con nosotros?

-No sé, mujeres ya sabes son raras

-Ya

-Mira tengo una idea, este finde mis padres se van y tengo la casa para mí, ¿Qué tal si hago una fiesta y venís los dos?

-Sí, puede funcionar

-Bien, ya tenía ganas de una buena-dijo con una media sonrisa

Pasaron los días y llegó el fin de semana. Finn habló con Rachel y consiguió que ella aceptara aunque no de mucho agrado, sólo le consolaba que Kurt estaría allí con Blaine, por si lo necesitaba.

La casa de Puck era enorme. En la planta baja había una sala con billar, futbolines y otras máquinas. Otra habitación disponía de jacuzzi, mientras que en el patio trasero había una piscina, varias hamacas y una barra donde se servían las bebidas.

Rachel no estaba agusto, su ánimo no le permitía disfrutar de la fiesta, pero fingía lo que podía delante de Finn que no la dejaba ni a sol ni a sombra.

-Finn voy un momento al baño

-Vale pero no tardes mucho-dijo inclinándose y dándole un pico

-Está bien

La joven salió disparada el servicio, quería estar un rato sola. Cada vez se sentía más a disgusto con Finn, y no comprendía por qué.

. . .

Unos días antes…

Quinn se encontraba tumbada en la cama, cuando recibió un mensaje. Era de Puck.

"Voy a celebrar una fiesta en mi casa este finde y me gustaría que vinieras."

La pelirosa no respondió. No pensaba ir. Sabía que estaría muy incómoda con toda aquella gente mirándola con desprecio.

Borró el mensaje y volvió a acostarse. Deseaba dormir y que al despertarse todo hubiera vuelto a la normalidad, cómo si lo vivido hubiera sido una pesadilla.

Pero no, todas las mañanas se levantaba y al mirarse en el espejo veía como todo aquello había sido real, demasiado real, y las consecuencias habían sido terribles y devastadoras, habían arrasado con su vida y ahora ya no sabía ni quién era.

Llegó el sábado, el día de la fiesta. La joven estaba en su cuarto, donde se pasaba el día encerrada, casi ni salía a comer. Se puso a mirar su habitación, tenía muchas fotos y cosas que le recordaban todo lo sucedido en sus años de instituto. Entonces se levantó y como desesperada cogió la papelera y comenzó a tirar todas las cosas y objetos, cómo si con ello consiguiera borrarlo todo. Cuando terminó se sentó en la cama, se llevó las manos a la cara y se puso a llorar.

Tras varios minutos llorando, salió de su cuarto, bajo al salón y sacó una botella del mueble bar.

Abandonó la casa, necesitaba que la diera el aire. Estuvo paseando por el barrio durante una hora hasta que de pronto, levantó la mano para parar un coche. Se subió a él.

-¿A dónde la llevo señorita?

-Al 29 de Mill Street- dijo con la voz pastosa

. . .

Rachel entró y se colocó ante el lavabo. Tenía bastante mala cara. Desde lo sucedido con Quinn, se pasaba las noches pensando en que hacer para solucionar aquello, cuando ni si quiera podía hablar con ella, ya fuera por miedo, porque había más gente, porque la pelirosa la evitaba…

Miraba su imagen reflejada cuando alguien salió del baño tambaleándose. Era Quinn. Su imagen se reflejaba en el espejo. Parecía muy triste y tenía los ojos rojos.

-¿Quinn?, No sabía que venías a la fiesta-dijo la morena sorprendida aún sin dejar de mirar el espejo.

La pelirosa cerró la puerta del baño con esfuerzo porque el tembleque le dificultaba el moverse.

-Quinn, yo…-dijo la morena dándose la vuelta y apoyándose en el lavabo.

La pelirosa apartó la mirada, para después dirigirse a la puerta tambaleándose. Pero Rachel al darse cuenta se interpuso.

-Tú no te vas, buagh apestas a alcohol

-Déjame Berry

-Me niego- contestó avanzando hacia ella

La morena daba pasos para acercarse a la rubia que retrocedía poco a poco hasta que topó con la pared.

-Quinn, por favor, déjame ayudarte

- No necesito la ayuda de nadie, y menos la tuya

Pero ella miraba al suelo. Las manos le temblaban. Empezó a respirar de entrecortadamente.

-¿Estás bien?

-Ve….ve…te-contestó con mucho esfuerzo y con la voz cortada, mientras se sentaba en el suelo, ya no podía mantenerse en pie.

-Dios Quinn estas hiperventilando-dijo Rachel al fijarse bien-tengo que encontrar una bolsa.

Pero en aquel lugar no había ninguna, entonces la morena abrió el bolso de la rubia buscando el móvil.

-¿Qué…que…ha…ces?

-Ayudarte. Tranquila pronto estarás bien.

Finalmente lo encontró, buscó en la agenda y llamó.

-….¿Quinn?, hacia mucho que no me llamabas

-Soy Rachel estoy con Quinn en el servicio le ha dado un ataque de ansiedad, necesitamos una bolsa Santana, ¡rápido!

-Pero… ¡me ha colgado!-dijo la latina ofendida

-Tranquila, ya vienen

-No…quiero….tu…ayu….da

-Ya hablaremos luego

-¡No!, ve…te-dijo empujándola

-Pero Quinn

En ese momento entraron Santana y Brittany las cuales llevaban un montón de bolsas. Al ver a ambas en el suelo se asustaron.

-¿Qué ha pasado?-preguntó Brittany

-Estábamos hablando y de pronto…

-Cállate, vete de una maldita vez-dijo la rubia-no quiero volver a verte

-Quinn-dijo casi en un susurro levantando la mano para tocar su cara

-¡No me toques!-dijo gritando y apartando de golpe la mano de su compañera

-Será mejor que te vayas Berry-dijo Santana- sólo consigues ponerla más nerviosa

La morena se levantó y se encaminó a la puerta.

-Para un ataque de ansiedad la mejor es la bolsa de cartón-dijo antes de salir dando un portazo.

Aquel día Santa y Brittany se llevaron a Quinn a casa de la primera, no sin esfuerzo porque la pelirosa no dejaba de darlas empujones y voces, para que la dejaran sola.

La latina estaba cansada de la actitud de la ex animadora, asique en un arranque de esos suyos cogió a Quinn y la metió en la bañera y abrió el agua fría.

-Pero ¿Qué coño haces Santana?-dijo al notar el agua

-Bajarte los humos lo primero, que para eso ya están los míos

-Quinn estamos preocupadas por ti, mírate estas fatal-dijo Brittany

-No es asunto vuestro

-¿Quieres dejar de decir eso?-dijo Santana- Sabes de sobra que te queremos y que no vamos a dejar que te autodestruyas de esta forma. Sí no nos quieres contar lo que te pasa vale, cuando estés preparada estaremos aquí para escucharte, pero no pienso permitir que te alejes de nosotras, nunca.

-Qué bonito ha sonado eso-dijo la rubia agarrando por la cintura a la latina.

Esta última sonrió, ella no solía ser así, pero había momentos en que su parte sensible salía y mostraba que ser tan dura solo era una fachada.

Quinn las miró unos instantes y por un momento sintió envidia, de lo bien que les iba la relación a las dos, y de lo que le gustaría estar así con… sacudió la cabeza para alejar aquellas ideas. Cerró el grifo y se dispuso a salir.

-Necesito una toalla

-Toma-dijo la latina tras separarse de la rubia con un tierno beso

-Cuando te seques, baja te estaremos esperando con un buen café-dijo Brittany saliendo del baño con Santana.

-Esto Quinn, en mi cuarto tienes algo de ropa para que te cambies, no es muy de tu nuevo estilo pero bastará

-¡Santana!-dijo de pronto

-¿Si?

-Gracias-dijo con una media sonrisa

La latina la sonrió también para después bajara a ayudar a Brittany a hacer el café.

Aquella noche Quinn no dijo nada más, se tomó el café y se acostó en la cama de Santana. Estaba muy cansada.

-¿Qué vamos hacer?-preguntó Santana

-Bueno, se acercan las vacaciones quizás podríamos hacer que viniera, se que era un viaje para nosotras pero…

-No digas más-dijo la latina poniendo un dedo en sus labios- lo haremos.

Ambas sonrieron, para después acercarse para darse un beso tierno, que acabó en otro más fogoso…

Los tímidos rayos de sol que entraban por la ventana, despertaron a Quinn. Al principio no sabía dónde estaba. Hasta que recordó lo que había sucedido la noche anterior. La cabeza le daba vueltas y le dolía. Se incorporó, salió del cuarto y bajó las escaleras. En la cocina encontró a la parejita jugando con la mermelada. La pelirosa se apoyó en el marco de la puerta.

-Ejem

-¡Ah!, Quinn no sabía que ya estabas despierta-dijo Santana algo colorada

-Ya

-Buenos días Quinn-dijo Brittany abrazándola

-Sí, buenos días

-Esto Quinn hemos pensado que te vas a venir de vacaciones con nosotras

La pelirosa las miró extrañada, y con cara de no querer ir.

-Y no te puedes negar porque ya lo hemos decidió y no pensamos cambiar de opinión, ¿Verdad, Bri?

-Si-dijo guiñándola el ojo

Quinn, no dijo nada más. Después de desayunar se marchó a su casa, donde encontró, ya en su cuarto la papelera llena de todas sus cosas, la miró unos instantes, para después abrir su armario y cambiarse de ropa. La de Santana era demasiado ajustada, además ese no era su estilo.