Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer, solo la trama es mía.

Advertencias: Alto contenido sexual, algunas escenas violentas y lenguaje inapropiado.

Quisiera agradecerle a mi nueva Beta Ariana Mendoza Damián

"Mi novio, el poli más malo"

Capítulo 4

Bella suspiró aburrida, mientras escuchaba sin interés la explicación del señor Green sobre la Segunda Guerra Mundial. Solo llevaba dos semanas en ese pequeño pueblo, y ya sentía que si no salía pronto de ahí, se suicidaría.

Todo, y todos a su alrededor eran iguales. No podía hablar con nadie. No tenía cosas en común con esa gente. Lo único que hacían era ver partidos de fútbol, comer hamburguesas de tres pisos, tomar cerveza y salir de compras.

El único buen momento en el día para Bella era la noche, antes de dormir. Cuando escogía uno de sus libros y comenzaba a leerlo. El olor de las páginas, el sentir la tapa dura y vieja. Era algo incomparable para Bella.

También estaban esas veces en que su padre olvidaba su merienda, y como buena hija Bella se la llevaba a la estación de policía, dándole una pequeña oportunidad de ver a su oficial favorito.

No había intercambiado ninguna palabra con él desde ese vergonzoso choque que tuvieron. Pero sí que había fantaseado, y no con solo besarlo, precisamente.

La campana sonó y dejó en libertad a Bella, al menos por unos treinta minutos para la hora del almuerzo.

Como todos los días, de lunes a viernes y de doce a doce y media, ponía una sonrisa tímida en su cara, tomaba su bandeja con una simple ensalada, y se sentaba con el grupo de siempre.

Siempre lo mismo;Mike y Tyler hablaban de futbol; Ángela se limitaba a decir dos palabras por hora; Eric hacía chistes idiotas; y Jessica y Lauren no paraban de comparar las ofertas de las tiendas de Port Angeles con las de Seattle.

Había pensado muchas veces acerca de dejar de juntarse con ellos. No le importaba estar sola, pero no quería causarle preocupaciones a su padre.

―Escuchen, este fin de semana mis padres estarán fuera del pueblo por un congreso, así que voy a dar una fiesta ―anuncio feliz Mike.

―Genial. Hace rato que no pasaba nada interesante.

― ¿Necesitas que llevemos algo? ―preguntó Lauren.

―Solo avísenle a todas las chicas sexis que conozcan.

― ¿Dónde conseguirás alcohol? ―interrogó Bella sin poder evitarlo.

―El primo de Tyler trabaja en un bar en Seattle.―Sonrió Mike, chocando su puño contra el de Tyler.

―Vendrás,¿no?

―No sé, debo estudiar.

―No seas aburrida, las fiestas de Mike nunca decepcionan ―insistió Erik.

―Chicos, no la presionen. Si ella no quiere ir, entonces está bien. ―La defendió Lauren.

Bella no necesitó mucho cerebro ni tiempo para darse cuenta de que no le agradaba a Lauren, pero tampoco le importó demasiado.

―No digas tonterías, Lauren. Bella, vendrás la fiesta y punto.

―Sí, mañana después de la escuela iremos a comprar ropa. ¿Quieres venir? ―preguntó emocionada Ángela.

―Sí, claro. ―Se rindió Bella.

Nunca se arrepintió tanto en su puta vida. Cuando entró en el local, casi se cae muerta. Más que una tienda de ropa parecía un Victoria's secret versión prostituta callejera. Había lencería por doquier, los escotes de las remeras parecían llegar hasta el ombligo, y las que no tenían escote eran puperas con señas y frases obscenas.

―Es como el vestidor de American Pie ―Comentó Bella sin darse cuenta.

―Lo sé. ¿Verdad que es genial?―Sonrió Jessica, con varias prendas de ropa en las manos.

― ¿Qué tal este? ―preguntó Lauren, saliendo del vestidor con un overol corto negrode lentejuelas, sin mangas, con escote, y solo con un sostén rosa tapando sus pechos.

―Te ves increíble.

―Ciertamente...provocador ―acotó Ángela.

―Te puedo ver la tanga ―dijo Bella, sin vergüenza.

―Perfecto ―dijo Lauren, triunfante.

―Ok, me llevo este. ―Chilló Jessica, desfilando con una camisa transparente y unos pantalones de tiro bajo que dejaban ver los elásticos superiores de su tanga.

―No sé si esto es para mí ―comentó Ángela avergonzada, llevando un vestido corto con bolados de leopardo y un cinturón negro de diamantes que daban a ver su pequeña, pero bien formada cintura.

― ¿Estás loca? Te ves espectacular.

―Es cierto.

― ¿Tú qué usarás, Bella? Aún no te has probado nada.

―Oh, probablemente unos jeans y una musculosa.

―Con jeans,quieres decir mini shorts de jeans, ¿no? ―preguntó Lauren.

―No. Jeans como de estos. ―Apuntó Bella a los pantalones que tenía puestos.

―Es broma,¿no? Eso sería un suicidio social. No puedes ir tan tapada a una fiesta.

―Es cierto. ¿Qué eres? ¿Una monja? ―Rió Jessica, como la idiota que era.

Tranquila, no las mates.

―En ese caso, ¿qué me recomiendan? ―preguntó Bella con voz contenida.

― ¿Qué les parece este? ―preguntó Lauren, mostrando un vestido completamente transparente frente a Bella.

―No, es mucho para su primera vez. Se meará encima.

― ¿Qué tal si le conseguimos una pupera? ¿Te parece, Bella? ―preguntó animada Ángela.

―Sí,¿por qué no?

Mejor una de esas que el vestido.

―Vale, si quieres verte virgen ―susurró para sí, Lauren.

Media hora más tarde, Bella estaba en la caja registradora pagando por una pupera blanca con un corazón brillante en medio y unos mini shorts a juego.

―Tendrías que haberlo visto, mamá; me sentía como si me estuvieran reclutando para la prostitución….No estoy exagerando, me tengo que vestir con una pupera y un short que parece una tanga….No, tendrías que haber visto a las demás… Me dio un poco de pena Ángela, creo que se aguanta a Jessica y a Lauren para no estar sola…Un vestido corto y botas largas….pero tendrías que ver lo alta que es, las botas no cubrirán nada...Creo que son las típicas fáciles…Ya lo sé, nada de alcohol ni drogas, y por si acaso, siempre un forro en el bolso…Yo también te amo. Adiós.

―Cuéntame, Bells, ¿cómo estuvo hoy?

―Bien, calmado. Después de la escuela fuimos a tomar un helado.

―Me alegra que ya tengas amigos.

―Sí, yo también. ¿Cómo estuvo el trabajo?

―Bien, tranquilo. Solo un par de multas de tránsito.

― ¿Cómo están los otros oficiales?

¿Cómo está mi dios griego?

―Bien… ¿Por qué preguntas?

―Nada, es que pensé que el grandote había hecho algo divertido.

―Emmett, sí. Hoy estuvo calmado, debe de ser cuestión de tiempo para que haga alguna locura.

―Hablando de locuras, el fin de semana las chicas harán una pijamada y me invitaron. ¿Puedo ir?

Por favor, di que no.

―Por supuesto,cariño.

―Gracias. ¿Terminaste? ―preguntó Bella, señalando el plato de Charlie.

―Sí, pero deja que yo lave los platos esta noche.

―No, mejor vete a dormir, así quizás no te olvides la merienda mañana.

―Está bien. Buenas noches, cariño. ―Sonrió antes de irse a dormir.

Bella suspiró mientras caminaba hasta la casa de Mike. Ya eran más de las nueve de la noche. Gracias a Dios, Charlie había ido a la casa de Billy Black para su noche de póker semanal, a las afuera del pueblo, por lo que posiblemente volvería al amanecer, y por lo tanto después que Bella. Aunque, de todas formas no se salvó cuando Charlie se ofreció a llevarla y no aceptó un no por respuesta. Bella tuvo que llevar la ropa en una bolsa e ir con ropa normal. La dejó frente a la casa de Jessica Stanley y se fue. De ahí en adelante, Bella tuvo que caminar unos doce kilómetros hasta la casa de los Newton.

Tocó la puerta tres veces, y esperó hasta que un Mike sin camisa y con una cerveza en la mano le abrió la puerta.

―Bella, qué alegría que estés aquí.―Sonrió este, antes de besarla en la mejilla e invitarla a pasar.

―Hola, Mike.

― ¿Te vestirás así para la fiesta?

―No, tengo la ropa aquí. ―Le mostró la bolsa.

―Hay un baño arriba, en la primera puerta a la izquierda. Cuando termines ven al patio.

―Vale.

―Hey, Mike, ven acá ―llamó unchico desde la sala.

―Nos vemos en unos minutos.

Bella no esperó, subió rápido e igual de rápido se vistió. No se sentía segura de hacer eso. Ya había escuchado a los chicos de su anterior escuela hablar de estas fiestas. Muchas veces terminaban en orgias, peleas de borrachos, y algunas veces hasta la policía involucrada. Ese era el mayor miedo de Bella.

―Bella, qué alegría verte ―saludó, una medio borracha Jessica.

―Jessica, ¿estás ebria?

―Yo no diría ebria, sino feliz. ―Esa última palabra la dijo riendo histéricamente, dejándole saber a Bella que no debía dejar que Jessica la llevara.

― ¿Feliz, al estilo Stella Artois? ―bromeó Bella, intentando encubrir su desagrado por el olor que expulsaba la boca de Jessica.

―Más bien, al estilo Corona. ―Rio Ángela desde atrás.

―Hola, Ángela, no te había visto.

―Sí, estaba en la parte de atrás consiguiendo una de estas, se acaban rápido ―alegó, antes de tomar de su lata de Heineken.

―Mírate, no pareces tú.

―Puede que sea virgen, pero que bebo, uff.

― ¿Vamos al patio?

―Vamos, de todas formas ya me la terminé.

Pasaron con cuidado y dificultad entre la multitud. Llegaron al patio, y Bella no sabía qué era peor, si dentro o fuera de la casa. Dentro por lo menos los demás solo bailaban o se besuquean de manera salvaje, allíalgunos ya empezaban a sacarse la ropa y toquetearse. Había algunas competencias para ver quién bebía más sin caerse.

Iba a volver a entrar ala casa, cuando Mike se le acercó y la rodeó por los hombros con su brazo izquierdo.

― ¿Dónde habías estado? Yo creía que te habías ido. ―La guio entre la multitud.

―Bella, bonita, ¿cómo te va? ―Seabalanzó sobre ella un borracho Eric, que intentó estamparle un beso. Estaba a punto de darle un puñetazo, cuando Mike se le adelantó y lo detuvo.

― ¿Qué haces?

―Mierda, Mike. ¿Por qué hiciste eso?

― ¿Por qué hiciste eso?

―Yo la conocí primero, así que tengo derecho. ―Se defendió, intentando pararse.

―Mira, están bebiendo por allá. ¿Por qué no vas con ellos?

―Biennnnnnnnnn, pero recuerda... yo la reclamo.

―Lo siento, bebe media cerveza y ya se pone borracho ―se disculpó Mike.

―Está bien, gracias por defenderme.

Quizás lo juzgué muy rápido.

―No hay problema. ¿Quieres bailar?

―Sí, ¿Por qué no?

―Ven, vamos. ―Le tomó la mano y la devolvió dentro de la casa.

Tal vez, el haber ido no había sido tan malo. Y resultaba que Mike se movía bien en la pista, y hasta el momento se había comportado bien con ella; no la había tocado de forma inapropiada, no le había dicho nada grosero, y la había hecho reír un par de veces. No duró mucho.

―Vamos, te guardé unas cervezas de las caras ―le susurró al oído, mientras la guiaba entre los demás.

―Mike, yo no bebo ―le confesó algo asustada por cuál sería su reacción.

―Oh, bueno…Hagamos algo, prueba una, y sino te gusta la dejas.

―Ok ―aceptó, luego de pensarlo un momento.

La tomó de la mano y la llevó hasta uno de los cuartos de arriba. Al parecer, el suyo, para ser más específicos. No le impresionó demasiado; pósters de autos de carreras, de chicas semidesnudas, de músicos como David Guetta o Britney Spears. En las repisas había varios trofeos deportivos, y algunas medallas colgando de estas. Apostaba a que Charlie hubiera adorado tener un hijo así.

―Eres todo un deportista, ¿verdad?

―No me gusta presumir.

Mike la dejó en el umbral de la puerta y fue hasta su cama, para empezar a buscar debajo de esta.

―Es impresionante. ¿Cuál fue la primera que ganaste?

―Esa medalla dorada con correa verde, a los trece años, por mi primer partido de fútbol. Fe en las estatales.

―Tus padres deben estar muy orgullosos.

―Síp. Acércate ―pidió Mike, dejando la caja de cerveza sobre su cama.

Cuidadosamente, Bella se sentó sobre el borde de la cama. En su cabeza le decían que eso no era muy seguro, pero Mike no le había dado motivos de sospecha hasta ese entonces. Bella fijó su mirada en la caja, y dentro de esta había unas diez latas de cerveza.

―Mira, esta es una Space Barley. Pruébala.

Bella tomó la lata y le dio un sorbo rápido y corto. Se forzó a sí misma para no escupirla.

―No me gustó mucho.

― ¿No? Bueno, no importa. Prueba esta, es una Brewdos´s Sink The Bismarck.

Mike le abrió la lata e intentó dársela, pero para retrasarlo un poco, lo suficiente paraque por lo menos se le quitara el sabor, Bella empezó a hablar.

― ¿Bismarck? Qué gracioso, como el canciller.

―Sí.

― ¿Sabías que a pesar de que fue canciller Alemán, había nacido en Prusia?

―No.

―También había sido un hombre muy fiel a su esposa.

―Bella, no quiero ser grosero, pero la cerveza se calienta ―habló Mike exasperado.

―Ok. ―Se calló y tomó la cerveza. Repitiendo la misma acción que con la cerveza anterior. Cuando era pequeña y escuchaba a las otras niñas hablar sobre las fiestas de sus hermanos mayores, le parecían muy cool. Luego, a los trece años, cuando la hermana de una de sus amigas hizo una fiesta y sobraron unas pocas cervezas, su amiga hizo un pijamada y se tomaron las cervezas. A todas menos a Bella les encantó. Las niñas le habían dicho que no era gran cosa, que a algunas personas les toma más tiempo encontrarle el buen sabor al alcohol, por lo que pensó que cuando creciera haría como las demás y bebería hasta no poder más. Qué equivocada estaba.

― ¿Esa tampoco? ―preguntó Mike al ver la cara de Bella, cuando esta probó la cerveza.

Del asco, Bella no respondió, solo movió la cabeza enérgicamente.

―Bueno, saltémonos las demás y vayamos con esta. Es mi favorita ―dijo sonriente, mostrando una lata con la inscripción: Samuel Adams´s Utopias. Estaba a punto de abrirla, cuando Bella lo tomó de la mano y lo detuvo.

―No, Mike, no lo hagas.

―Te prometo que esta te encantará, es una de las mejores cervezas en todo Estados Unidos.

―Mike, no bebo. Es definitivo.

― ¿Segura de que no quieres seguir probando? Quizás es que no hemos encontrado tu cerveza ideal, eso es todo.

―No, Mike.

―Está bien… Supongo que me las tendré que terminar yo ―bromeó, intentando enmascarar un poco la decepción.

―Sí.

Mike abrió la lata y comenzó a tomarla, luego de un par de sorbos se detuvo y comenzó a mirar a Bella.

― ¿Qué sucede? ―preguntó Bella, sorprendida ante la intensidad de la mirada de Mike.

―Eres una chica muy linda.

―Sí, claro. ―Rio bajito Bella.

―De verdad, preciosa.

―Detente.

―Lo digo en serio, eres la chica más hermosa que he visto desde hace mucho tiempo.

―Gracias ―agradeció, ya un poco ruborizada.

― ¿Tienes novio? En Arizona, digo.

―No, no tengo.

No me gusta cómo va esto.

― ¿Qué hace una chica tan linda, sola?

―No he encontrado al indicado.

―Quizás no debas buscar mucho más de lo que tienes frente a tus ojos.

―Mike, creo que estás algo ebrio ―comentó Bella, levantándose de la cama.

―No, no, nada de eso. Estoy perfectamente ―contradijo él, tomando a Bella de los hombros y obligándola a sentarse nuevamente.

― ¿Sabes? Creo que es hora de irme. Ya es un poco tarde.

―Apenas son las dos de la mañana.

― ¿Ya? Qué rápido pasa el tiempo.

―Sí, muy rápido ―susurró él, acercando sus labios a los de Bella.

Intentó parase nuevamente, pero él la sostuvo más fuerte. No tenía escapatoria. O eso creía. De repente, se empezaron a escuchar gritos desde afuera. Mike se alarmó y se separó de Bella. El sonido de las puertas de los otros dormitorios siendo azotadas invadió todo el primer piso. De repente, un chico abrió la puerta y grito: «La policía», antes de salir corriendo.

―Oh, mierda ―maldijo Mike, tomando a Bella de la mano.

― ¿A dónde vamos?

―Nos vamos, por el patio trasero.

Rápidamente, bajaron las escaleras y Mike la empujó por todo el corredor. El jardín era una locura. La gente se empujaba entre sí para trepar por los muros de madera y escapar. Algunos escalaban la amada enredadera de rosas de la señora Newton.

―Yo primero y luego tú, así te atrapo.

Bella estaba por cruzar el muro y caer sobre los brazos de Mike, cuando unas fuertes y grandes manos la tomaron de la cintura y la bajaron de ahí.

Dio vuelta la cabeza, y vio al hermoso gigante de ojos verdes y pelo cobrizo, quien primero la miraba enojado, y luego sorprendido.

No estuvo mal para su primera fiesta en el pueblo ¿No?

Comentario= mas motivación para escribir/publicar más rápido. Un beso, y gracias por leerme. Hasta el próximo capítulo. Ness Masen Black.