MISIÓN 3:

H-O-N-O-R

A-L

H-O-R-R-O-R

Lady analizó sus posibilidades de supervivencia. Definitivamente estas no estaban a su favor.

Estaba en un sitio desconocido y no aparentaba ser amigable. El viento soplaba en frío y el sonido parecía ser ahora sólo un mito. Ella abrió la boca y meció sus labios, pero nada salió de ellos.

El Shadow salió de la misma ventana que ella y la atacó. Lady pasó un rato considerable batallando contra ese enemigo sin embargo pudo vencer, esta vez no tan ilesa como debería siendo que éste antes de morir explotando, se aseguró de cortar su brazo izquierdo con su cuchilla.

Lady hizo caso omiso de la herida (nada grave) y entró de nuevo a la ventana encontrándose con una réplica casi exacta de la mansión del señor Watanabe, pero aparentemente ahora todas las cosas estaban al revés. Además de que el ambiente estaba teñido de rojo.

Había libros viejos en las estanterías con pastas oscuras y gruesas, podridas con olor a brea. Candelabros antiguos en vez de las lámparas de araña en el techo y pinturas con gente que ella no había visto nunca en su vida. Mujeres elegantes y hermosas, hombres imponentes y soberbios.

«Debo ir con cuidado» se recordó «oficialmente estoy en terreno enemigo».

Razonó que quizás de algún modo ese mundo infernal y el humano tenían como conexión la mansión del magnate. Un portal para los demonios como los fantasmas y el Shadow de hace un rato. Un punto estratégico como otras zonas adentro del mundo que Sparda no selló debido a que, la mayor de dichas puertas y la más peligrosa, le costó horrores poder bloquearla. Casi su vida.

Lady, Dante y Trish ya habían deducido que esto de las puertas pequeñas que ocasionalmente atravesaban seres demoniacos iba a traer constantes dolores en el trasero. Ellos jamás habían podido atravesar ninguna de esas puertas pero claramente había seres que sí podían ir a través de ellas como si se hablase de una cortina, cosa que aumentaba las ganancias de DNC.

Hasta donde sabían, la Isla Mallet y Temen-Ni-Gru eran los candidatos perfectos para que los peces gordos pudiesen atravesar sin problemas dichas dimensiones, lo que hacía de esto un gran y problemático descubrimiento que no debía permanecer existiendo.

»Si de algún modo llegan a encontrar el modo de engrandecer una de las "puertas pequeñas" para cruzar al mundo humano, entonces que Dios tenga piedad de todos los mortales —había dicho Trish en una ocasión. Por eso mismo Lady se hallaba atendiendo este tipo de emergencias.

Sus instintos nunca le fallaban.

Durante su largo trayecto Lady se enfrentó a diversos tipos de demonios, unos más fuertes que otros, numerosos y molestos que no tardaron en morder el polvo. Al poco tiempo ella se dio cuenta de que el sonido de las balas y los gruñidos de los demonios sí tenían libertad a diferencia de su propia voz, eso la extrañó demasiado pero al final lo atribuyó a su condición humana.

Para hacerle las cosas más difíciles, la mansión del mundo humano era más pequeña que esta. Largos y más enrevesados pasillos la acogían en un laberinto interminable, luego de haber caminado durante todo un día en la morada Watanabe, Lady podía asegurar que ese sitio era el doble de grande y eso que sentía que todavía no recorría todo el lugar.

«No podré seguir así durante toda la eternidad» no dudaba de sus capacidades, podría arrasar con más de 100 demonios más si se le ponían enfrente ahora mismo. Pero necesitaba una salida de ese hueco espantoso y la necesitaba ya antes de que sus municiones terminasen.

Recargó sus armas y se afianzó a Kalina Ann al hombro. Incluso con ella no podía confiarse.

De pronto entre escaleras y habitaciones, Lady se vio andando en un pasillo largo que se diferenciaba a los otros por su larga alfombra roja. Las antorchas iluminando terroríficamente el sendero y la enorme puerta al final. Las brillantes armaduras vacías que notablemente pertenecían a diversas épocas y etnias. Todas acomodadas de lado a lado para dar la bienvenida a un sitio que Lady sentía, debía investigar con sumo cuidado.

Si esto era algo tan grave como ella se imaginaba, había que identificar lo más posible el peligro para de ese modo encontrar modos eficaces para deshacerse de él.

Yendo sigilosamente, Lady llegó con calma y sin alterarse hasta la enorme puerta donde oyó algo parecido a una fiesta; varias voces e incluso música de piano.

Sintiendo una gota de sudor escurriendo por su sien izquierda, Lady inhaló profundo. Con cuidado y lentitud abrió una de las dos grandes puertas lo suficiente para mirar con un ojo su interior. Se encontró con algo que ya esperaba.

Gente que a simple vista podrían parecer humanos, con piel clara, marrón y oscura; con cabelleras largas, cortas y de diversos colores; usando vestidos elegantes o trajes de etiqueta. Bebiendo vino rojo en sus finas copas de cristal mientras reían entre ellos como si todos ahí fuesen amigos.

Estando con Dante y Trish, Lady pudo entender que a veces ser de una cierta especie no te hacía ni bueno ni malo. Tanto había demonios pacíficos y solitarios como había humanos crueles y deseosos de sangre. Aquí la cuestión es que por lo que oía, nadie ahí era precisamente amigable.

Además, aquello que pensó que era vino no lo era.

Un par de invitados se alejaron del resto y se pusieron hablar cerca de la puerta en secreto.

—Esta es una buena cosecha —reía una dama rubia con ojos de reptil, amarillos y afilados con colmillos puntiagudos—. ¿Cuánto tiempo lo drenaron hasta el desfallecimiento? —Meció la copa haciendo que Lady viese el rojo de la sangre con ayuda de la luz de las velas en el techo.

Un demonio de cabellera oscura y ojos rojos le respondió:

—Hemos estado drenando su sangre desde que Mundus arrojó su trasero podrido e inútil acá —le informó orgulloso—, ¿y qué mejor manjar puedo ofrecerles a ustedes que la sangre del bastardo que nos condenó aquí?

La mujer se rio.

—O más bien de uno de sus monstruos.

Lady achicó su mirada sobre ambos. ¿El bastardo que los condenó a estar ahí? ¿Acaso hablaban de Sparda o de algún otro demonio desertor de las filas guerreras de Mundus?

Odiaba no tener información y más al verlos perder el tiempo hablando tan lento.

—¿Pero de verdad estás seguro que bebiendo su sangre saldremos más rápido?

—Por supuesto que sí —respondió seguro—, demonios de baja escala han podido atravesar el velo y es solo cuestión de tiempo antes de que nosotros podamos hacerlo también. Entonces la raza humana perecerá y nosotros seremos los amos.

—¡Entonces bebamos más y más hasta dejar al bastardo de Sparda completamente seco!

Ambos chocaron sus copas y se unieron al gentío de seres que bebían y bebían sin parar.

«¡Lo sabía!» Lady no se había equivocado, las posibilidades de que hablasen de Sparda y su linaje eran claros. ¿Cómo pensar que otro demonio hubiese tenido a tantos de su estirpe tan enojados? Un minuto, «dijeron el bastardo de Sparda», si algo ella tenía completamente seguro es que Dante estaba bien en el mundo humano y capturarlo no era nada sencillo si tomábamos en cuenta de que Trish estaba con él y junto al híbrido una larga cadena de demonios que lo acompañaban en forma de armas leales. Todos dispuestos a sangrar por él.

Además, la sangre que todos esos bastardos bebían no podría haber sido extraída en un par de horas o en una sola noche. Y habían dicho que Mundus lo había arrojado a ese sitio cuando "falló". Por Trish y el mismo Dante, Lady sabía que esos dos habían desterrado a Mundus a un sueño profundo cuando estuvieron en la Isla Mallet.

No había otro modo.

«Entonces sigues vivo», con cuidado cerró la puerta y se dispuso a dejar ese sitio. Ninguno de esos sujetos parecía ser débil y ella no tenía tiempo ni energías de combatirlos a todos.

El tiempo corría en su contra.

«Vergil».

¿Cuántas malditas horas había estado caminando, corriendo y casi arrastrándose sobre sus propias rodillas?

Lady ya había perdido la noción del tiempo y aunque lo tuviese, ella tenía la impresión de que los minutos en este sitio no importaban. Los segundos aquí no valían nada, así que ningún reloj la ayudaría a orientarse. Además, las municiones de sus pistolas ya se habían terminado (cosa que rara vez pasaba) y ahora caminaba con una espada que se vio obligada a recoger de sus anteriores enemigos. Guardaba las municiones de Kalina Ann por si llegaba a encontrarse con un bicho grande al cual volar en pedazos.

Estaba agotada, demasiado como para continuar. Sus piernas estaban a punto de claudicar.

«Buscar a ese sujeto no es de mis mejores ideas», no considerando que realmente sea Vergil a quien pudiese encontrar. ¿Y si lo hiciese? ¿Él la ayudaría si veía el riesgo que Lady estaba corriendo por ir en su auxilio?

Si fuese Dante, Lady no dudaría de su honor y caballerosidad; el chico podría ser un idiota sin remedio, pero ella sabía que él nunca la dejaría a su suerte y primero moriría antes que traicionarla. Pero no hablaba del gemelo carismático y burlón sino del maniático que por poco desató el apocalipsis sobre la raza humana por un motivo que Lady aun no terminaba de entender.

«Sea como sea, es mi única salida» se dijo continuando con su trayecto.

Si Vergil estaba en las condiciones suficientes para pelear, Lady sólo esperaba que no fuese tan difícil persuadirlo para trabajar juntos.

A ella personalmente no le gustaba la idea de trabajar en equipo, siempre se consideró una guerrera solitaria, pero su orgullo no llegaba a tal grado de cegarse estúpidamente ante el evidente peligro que corría con cada minuto desperdiciado en este basurero y sus consecuentes ratas.

Lady miraba el cielo rojizo cada vez que tenía la oportunidad y no veía cambio alguno en su forma o color. Quizás el tiempo aquí no importaba, lo que no explicaba por qué de su incapacidad de hablar.

«¿Será porque soy humana?» Se cuestionó por centésima vez.

Al diablo con todo eso.

Ya completamente hastiada, Lady abrió otra puerta al fondo de un pasillo oscuro y tenebroso que guiaba a unas escaleras. Las bajó cautelosamente con la espada en alto esperando encontrarse con más bodegas vacías o llenas de monstruos.

Grande fue su sorpresa y alivio al ver que este cuarto era diferente. Más no fueron los adornos demenciales de velas y telarañas sobre el techo y las paredes, ni la enorme cama matrimonial cubierta de seda vieja lo que la impresionaron; lo hicieron las anchas cadenas que recorrían todo el cuarto como lianas y el cuerpo tendido sobre la cama lo que la hicieron acercarse lentamente.

«¿Vergil?» Quiso preguntar. Sus enrojecidas manos soltaron la espalda, a Kalina Ann la arrastró consigo, acercarse más.

Estaba perpleja.

Lo que esperaba ver era a un magnífico y apuesto demonio, dormido orgulloso y si bien podría estar herido al menos podría ser liberado para combatir una vez más y salir juntos de ese espantoso sitio.

La maldad no se mide por especies, sexos, ni por edades.

Estaba claro que a pesar de todo Vergil había caído en el infierno siendo sólo un mocoso, y ahora poco o nada quedaba para recordar sus días de gloria. Desde su huesudo cuerpo hasta su largo cabello blanco que cubría bien su pecho, enmarañado y enredado sobre su cara y tórax.

Estaba demacrado, acabado, irreconocible. Había encontrado a un esqueleto con piel.

¿Qué quedaba del atlético híbrido lleno de poder, agilidad, orgullo y agilidad?

Una cáscara flaca, atravesada de los pies y brazos con grandes agujas y sobre ellas largos tubos transparentes que extraían sangre fresca de él. Mientras lo miraba, el cuerpo casi muerto de este sujeto saltó sorpresivamente ocasionándole a Lady el despertar de su desconcierto.

«No puede ser, creí que estaba muerto» pensó volviendo a respirar, «¿pero qué diablos te hicieron mientras estuviste aquí?» En el fondo Lady dudaba de querer saberlo.

El cuerpo de Vergil no sólo estaba demacrado, sino evidentemente drenado de poder también. Lleno de moretones sobre su pálida piel, cicatrices desde los dedos de los pies hasta la cara, una cara que le recordaba tanto a Dante y le hacía querer llorar por el sadismo que se respiraba en el ambiente. Por el dolor marcado con fuego en Vergil. El aroma a sangre seca y otros fluidos en los que ella no quería pensar le provocaron arcadas.

Lady era una mujer fuerte, no era común hacer que sus sentimientos se tambaleasen. Su estómago podía resistir de muchas cosas. Pero esto fue lo suficientemente cruel como para hacerla tragar duro y pensar en un modo de sacarlo de ahí sin importar las consecuencias.

Si alguna vez hubo duda en sus intenciones esta se había ido al cuerno.

La boca de Vergil, estaba fieramente cocida con algún tipo de hilo negro, sus ojos medio abiertos aún portaban ese hermoso color turquesa, pero si antes no parecía haber vida en ellos ahora no sabía qué podía haber aún del demonio que llegó a ver antes.

¿Estaría despierto o en algún tipo de shock?

Lady echó un vistazo las manos del demonio, no había uñas, como si acabasen de arrancárselas. De hecho, debajo de su cuerpo podía ver y oler la sangre seca, el sudor. Todo combinado con la pestilencia a miseria que ella conocía bien.

¿Cómo demonios podría ella salir de ahí con él en ese estado? Era claro que no llegarían lejos si por azares del destino eran descubiertos.

¿Qué debía hacer ahora?

Saltando en su sitio, Lady se ocultó bajo la cama de largas sábanas tan pronto oyó como la puerta que ella había usado para entrar, anteriormente, se abría otra vez y el sonido de unos tacones bajando las escaleras se hacía presente. Arrastró a Kalina Ann consigo pero no la espada con la que había ingresado. Si le descubrían, este dilema iba a salirse de control.

La chica aguantó las ganas de vomitar cuando cayó en cuenta de que debajo de la cama había muchísima más sangre seca y otro tipo de cosas pegajosas que no quería ni empezar a deducir qué eran.

—Hola querido —canturreó una voz femenina bastante chillante—. Ay, cuanto odio verte así… pero intentaste escapar. Intentaste alejarte de mí; me ofendiste al rechazar mi afecto y… mira cómo tuve que dejarte. Mmm, es una pena que no pueda cortarte en pedazos y comerte con lentitud.

Haciendo una mueca fastidiada, Lady vio los pies de aquella bestia a un lado de su cara. Algo en su estómago se revolvió con furia al pensar en sus manos tocando al gemelo de Dante.

Dante… si él supiese lo que estaba pasando con Vergil ahora mismo no dudaría en traer todas las fuerzas del infierno para exterminar a cada uno de estos imbéciles.

—Cada dedo que arranco vuelve a crecer —dijo decepcionada. Qué asco—. Si te corto una pierna, ¡vuelve a crecer! Sin duda tus genes son muy buenos a pesar de que ya estás más que listo para la basura.

La tipa se sentó, seguramente para acariciarlo.

—Extraño tu antiguo aspecto. Me gustaba montarte, y ver cómo te montaban.

Oh por todos los cielos.

—Pero ya no atraes sexualmente a nadie y ahora sólo me sirves de alimento, uno que puedo masticar hasta los huesos —se lamentó haciendo un puchero—. Pero no te preocupes, tu sangre sigue siendo tan deliciosa como siempre, y con buenas noticias… creo que si bebemos mucha más podremos eludir el sello de tu papito. Pronto, muy pronto.

La risa descarada de esa desgraciada hizo que Lady quisiera salir y partirle la cara a puñetazos. Debía calmarse, debía ser inteligente.

Al final la muy desgraciada sólo buscaba burlarse un poco, recalcándole a Vergil que no era más que un esclavo cuya identidad y orgullo habían quedado reducidos a cenizas. Un pedazo de basura con suerte de ser acogido por ella. Después se fue como llegó riendo y canturreándole a Vergil que si debía odiar a alguien que odiase a su padre.

Lady salió de su escondite al ya no haber moros en la costa.

Ignoró el asco que le produjo saber que se había ensuciado con sangre y otro tipo de suciedad, la prioridad era sacar a Vergil de ahí. Corría el riesgo de ser atrapada y correr con su mismo destino, sin embargo ella siempre enfrentó los desafíos y no comenzaría a echarse para atrás ahora.

Seriamente miró el mecanismo y pensó.

¿Cómo mantener quieto a Vergil si lo único que lo tenía adherido a esa cama eran los tubos que no dejan de exprimirlo como una naranja? Las cadenas que se formaban sobre la cama y el resto del techo le parecían sospechosas, ¿tendrían alguna función aparte de ser una decoración demente sobre el techo?

Suspiró mirando a Vergil y su boca cosida.

Menos mal que la infeliz que acaba de entrar ignoró la espada que Lady dejó casi a un lado de las escaleras, la cual tomó y se dispuso a usar para intentar liberar los labios del híbrido con ella. Dejó a Kalina Ann cerca de la cama por si las dudas.

Con la respiración agitada y un cuidado de cirujano, Lady acercó el filo de la espalda y descubrió para su anonadación que los hilos se rompieron fácilmente. Cortando el último lo oyó exhalar aire, sacar una lengua y mover sus ojos torpemente hacia ella.

Parpadeó lento, despertando de su estado.

—Humana —dijo roncamente. Lady asintió sin poder responderle con palabras esperando insultos y rechazo—. Jamás… me han pedido que tome… a un humano como amo.

¿Qué carajos?

«Este no puede ser Vergil» pensó sin molestarse en presentarse. Lo vio fruncir el ceño.

—Vergil —inhaló fuerte y la miró con profundidad—, hueles a él.

«¿Puedes oírme?» Lady tragó saliva.

—¿Te sorprende… ama?

Con fuerza pidió que no la llamase así.

—Debo hacerlo —dijo con esa mirada perdida—, sólo los que entran aquí son mis amos…

«¡No, no lo son!» Dio un golpe certero al colchón y trató de dejar el tema por un rato, «dime cómo liberarte».

—¿Liberarme?

«Sí, ¡ahora!» exigió decida a más que nunca sacarlo de ahí.

—No puedo salir, no mientras la sangre siga fluyendo… —se detuvo rápido como si acabase de cometer un grave error—. No debí hacer eso. Lo siento… lo siento… lo siento.

Lady trató de ignorar sus disculpas tratando de ligar a este despojo con el poderoso demonio de sus recuerdos. Jamás creyó que diría esto pero comenzaba a extrañar al imbécil engreído del pasado.

«Los tubos, son los que extraen tu sangre, ¿no es así?». Vergil no dijo nada, en su semblante el temor era palpable por lo que Lady suspiró, «como tu ama, Vergil, dímelo».

—N-no puedo…

«Sí, sí puedes. Dímelo» acercó su mano en un intento de darle algo de confianza pero eso lo alteró más, «cálmate, tranquilo» acercó un poco sus dedos a su nariz. «No te haré daño, lo juro».

—Ya he oído eso antes —cerró los ojos con fuerza y se reprendió de nuevo—. Lo siento… lo siento… lo siento.

«Mírame» pidió tomando su mejilla, sintiendo la dureza de su cráneo, «mírame, Vergil».

Cuando sus ojos se unieron lo vio dudar. Entonces aprovechó para insistir.

«¿Hablas de estos tubos?» Él no dijo nada.

Era tan extraño que Vergil no mostrase ese semblante sereno y centrado, ese que a pesar de haberlo visto por poco tiempo le hacía falta. Sus ojos oscurecidos, sus labios sangrando y aún con algunos hilos sobre ellos, su estado casi esquelético. Incluso podía jurar que temblaba.

Lady muy pocas veces sentía que quería aliviar el dolor de alguien, ¿qué tanto le habrán hecho para reducirlo a esto?

«Vergil, por favor. Dímelo».

Él continuó sin decirle nada, pero su mirada se ubicó en las cadenas que adornaban el techo. Al verlas también, Lady se percató de que estas no sólo eran de un tono negro azabache, sino que el inicio de estas se formaba desde la lámpara de araña con luces rojas, justamente la que sostenía también los tubos que absorbían sin descanso la sangre de Vergil.

«¿Ese es el núcleo?» Le preguntó, Vergil siguió mirando el techo, «igual lo haré añicos».

Sacando a Kalina Ann debajo de la cama, apuntó el cañón hacia dicha lámpara y sin esperar más tiempo disparó. El humo se esparció para dejarle ver que todo seguía igual.

«¿Pero qué…?» Lady abrió enormemente sus ojos, impresionada.

—Si eso fuese tan fácil de destruir… —susurró Vergil.

«Dije que lo haría añicos», Lady se propuso a disparar de nuevo. El ruido fue estrepitoso, el humo se esparció y la lámpara no tenía ningún rasguño.

—Es inú…

«¡Si te atreves a decirme que es inútil te dispararé a ti!» Amenazó consiguiendo una sonrisa esperanzada de Vergil.

—Ojalá con ello pudieses matarme.

Lady abrió los ojos enormemente, sorprendida por la súplica de piedad impresa en sus palabras.

Él no podía estar hablando en serio. No él. No el gemelo del hombre que Lady comenzaba a admirar, no el bastardo desalmado que no dudó en llamarla "estúpida" al enfrentarse a ella y hacerle ver que su padre no era menos monstruo que él.

«Cállate» ordenó disparando de nuevo. La lámpara no sufrió ningún daño cosa que irritó de sobremanera a Lady. «¡Aaaahhh!» De su boca no salió sonido alguno pero de todos modos la abrió en un intento de expresar su fastidio, «¡dime cómo destruir esa porquería!».

—Si fuese tan fácil…

«Ya lo habrías hecho» imitó mal la voz de Vergil en su mente. Eso hizo que él la mirase con los ojos entrecerrados.

¿Habrá alguna forma de recuperar al imbécil sádico de ese cascarón horrible?

«Si no me ayudas, no me estorbes» pidió disparando de nuevo.

Nada cambió. Lady respiró agitada, aunque Kalina Ann tuviese varias balas que lanzar, su arma contaba con un número limitado de munición y si esa también se acababa podía darse por muerta.

Estaba corriendo muchos riesgos.

—¿Qué es lo que pretendes hacer conmigo si llegas a liberarme?

La pregunta no se la esperó, sin embargo Lady dudaba sobre si mencionarle el nombre de Dante o no dada su delicada estabilidad mental, así que sólo se representaría a sí misma.

«¿Acaso ya te olvidaste de mí?» Preguntó.

—Había olvidado hasta mi nombre —susurró pensativo—, ¿por qué habría de recordarte a ti?

«Bueno… porque…» Lady no encontró nada que decir. Vergil la miró esperando su respuesta, «porque…» tragó saliva pesadamente, «¡ay, no fastidies!» Disparó de nuevo al centro ocasionando el mismo resultado. «¡Maldición!».

Cansada dejó caer su bazuca, ella cayó de rodillas y apenas pudo sostenerse con sus manos para no besar el piso.

Estaba muy agotada.

—Sino sales de aquí antes de que ella regrese te comerá viva. —Si fue una amenaza o una advertencia no le quedó claro a Lady.

«Gracias» pensó fastidiada entrecerrando los ojos, sabiendo que de alguna forma curiosa él la oiría, «no lo había pensado antes» ironizó.

Por el movimiento que hizo el pecho de Vergil, Lady creyó que él había suspirado.

—Como quieras —suspiró cansado mirando a otro lado.

Inquietada por la mirada del hombre demonio sobre ella, Lady trató de enfocarse en su tarea. Liberarlo no iba a ser sencillo, Vergil evidentemente no sabía cómo liberarse, o por alguna razón estúpida no quería decírselo.

Lo haría todo ella sola, aún si eso significaba poner aún en más riesgo su vida.

No sabía por qué, pero Lady estaba segura de que no era Vergil exactamente lo que quería recuperar, sino esa parte de la felicidad de Dante que había desaparecido de sus ojos por él. El lado de su corazón que murió luego de haber creído muerto a su gemelo, a su única familia de sangre.

Lady era muy sensible con el tema de las familias arruinadas.

Sabía bien que verse las caras no era el gran sueño de los gemelos de Sparda, y sin embargo su intuición le gritaba porque salvase al idiota frente a ella, que lo liberase de este miserable tormento.

Y eso haría quisiera este espantapájaros patoso o no.

Así que sin pedirle opinión y aferrándose a su confiable arma, Lady caminó por los alrededores de toda la habitación; cepilló con la mirada de arriba abajo cada rincón, cada mueble, cada cuadro deforme o enfermizo; trató de no mostrarse inquieta con la atenta vigilancia de Vergil sobre ella, y prosiguió con lo suyo.

Al poco tiempo concluyó que debía destruir esa porquería de arriba y descubrir qué pasaría después. Si activaba algún mecanismo para llamar a más enemigos o liberar finalmente al híbrido que no hacía más que verla estaba a punto de descubrirlo.

Al demonio, Lady alzó de nuevo a Kalina Ann sobre su hombro y disparó arrojando su sentido común por la ventana de su cabeza.

«Está mujer está loca».

Viendo fijamente a aquella extraña y violenta señorita, Vergil achicó su mirada sobre ella mientras trataba de comprender por qué quería liberarlo y no salir por su cuenta de ahí ahora que tenía la oportunidad.

No era necesario que fingiese moralidades baratas, él sabía qué clase de calaña eran los humanos y no necesitaba de nada para saber que éstos habían sido maldecidos con una gran cantidad de egoísmo e hipocresía. ¿Acaso querría usarlo como señuelo para cuando los demonios del sitio los persiguiesen y ella pudiese lanzarlo a ellos para cubrirse las espaldas? No se creía que disparaba al techo, a las cadenas que lo ataban, por motivos desinteresados.

Estaba claro que ella no era ninguna ilusión y realmente era una humana (su olor la delataba), ¿entonces por qué se esforzaba en soltarlo? Él no la había visto antes… ¿o sí?

"Vergil".

Mmm, cierto. Su madre y su padre le habían dado ese nombre… ya lo recordaba; aunque francamente ya no importaba si lo hacía o no.

Mucho tiempo ha pasado desde que alguien lo llamó así por última vez. Incluso él había perdido la costumbre de hacerlo pues ahí donde su trasero estaba abandonado, la única palabra que usaban para él era…

No… no quiso recordarlo. Hacerlo sólo le traería recuerdos miserables y lo suficientemente asquerosos como para hacerlo enfadar y otorgarle más poder a la arpía infernal de mierda que lo tenía encadenado en ese agujero asqueroso. Una verdadera pena pues para su mala suerte, Vergil tardó mucho en comprender y asimilar eso. Estúpidamente le llevó demasiado tiempo dejarse de estupideces y comprender por las malas que aunque no le gustase, su vida ya no valía más que un chicle masticado.

Las llagas aún sangraban, los latigazos seguían vivos en su cabeza y espalda; los moretones seguían punzando a pesar de haber sido hechos hace ya varias horas… no es como si contase los minutos… pero en esta cloaca él también había aprendido a atesorar aquellos momentos de efímera paz donde podía perderse con libertad en su mente y dejarse llevar por el abismo que él mismo había creado para refugiarse.

«¡Maldición!» Oyó a la mujer enfurecer porque no podía romper las barreras de su prisión con su arma inútil y ruidosa. Aunque aún era increíble que aquella perra que lo tenía encerrado no haya oído el escándalo y bajase para hacer de Vergil más miserable de lo que ya era, él no estaba ansioso por ello.

—Es inútil… —susurró, dándole una última oportunidad para largarse a donde sea que tuviese que regresar.

«¡Cierra el pico!» Le gritó en respuesta, disparando de nuevo al techo.

Vergil suspiró tratando de ignorar el enfado que le provocaba oír a alguien hablándole así.

»¿Qué miras, pedazo de mierda? ¿Acaso quieres que te rompa el culo otra vez?

Nah. Ya debería estar acostumbrado a ese tipo de tratos. Lo malo es que aún no lo estaba y eso jodía a la gran arpía barata.

Calma… calma. El enfurecer y forcejear por su libertad como un perro, lejos de ayudarle, sólo le hacía acumular más energía demoniaca que más tarde sería robada.

«¡Vamos, idiota! ¡¿Acaso no quieres salir de aquí?!» Por supuesto que quería, ¿acaso esa energúmena vulgar era tan estúpida que pensaba que no lo había intentado antes? ¿Qué no había peleado con todo lo que tuvo? Qué mejor le agradeciese a cualquier dios al que le chupase los huevos por la suerte que él no tenía por no estar en su lugar padeciendo los mismos horrores que Vergil.

En un antaño, él odió ser subestimado e insultado, incluso que lo viesen de lado era motivo más que suficiente para hacer que volasen cabezas. Vergil comprendió que el mundo podía simplemente hacer girar la ruleta y hacer azotar tu trasero por pecar de arrogante, dándote a entender quién mandaba realmente.

En su caso fue algo especial, el mundo al parecer se sintió personalmente una generosa perra y le dio un paseo doble al infierno, y no hablaba del sitio donde había nacido su padre, sino de uno creado por los peores enemigos de este. Uno que llevaba su nombre escrito en una placa junto al de su hermano gemelo.

Y hablando del idiota…

»Al parecer ya no eres tan fuerte como tu hermano —recordaba la voz burlona, nauseabunda, de Mundus—. Ya no me sirves de nada.

Pues claro que no, maldito demonio inútil y estúpido.

Con tan sosa deducción de mierda, Vergil comprendió cómo y por qué su padre había decidido y podido encerrar a Mundus con toda su horda de lameculos con él para chuparle las bolas por toda la eternidad. El tipo era como un cáncer anal: demasiado arrogante e imbécil para gobernar sus propios dominios y mejor no hablemos del mundo humano. A sus manos estaba claro que la raza mortal no iba a durar mucho y hasta él mismo estuvo de acuerdo en que Dante pudiese desterrar su trasero de regreso a su reino de zoquetes sin cerebro.

Además, estaba claro que entre su hermano (a quien también ya empezaba a recordar) y él había enormes diferencias de poder desde su última pelea. Incluso en la habilidad con armas a distancia diferenciaban catastróficamente. Aún podía verlo luchando contra Nero Ángelo, venciendo con dificultad pero venciendo al fin y al cabo.

Sin miramientos ni piedad justamente como memorizaba.

Durante todo el tiempo que había pasado recluido en pequeños y nauseabundos espacios, Vergil tuvo una gran cantidad de horas para culpar a todos por su miseria: desde su propio padre, a quien admiraba, hasta su madre y su hermano, seres a los que… amaba. Sí, porque incluso con todas sus peleas y diferencias, Vergil descubrió muy para su pesar que aún sentía un gran aprecio fraternal por su otra mitad. Y un profundo amor por la madre humana que una vez tuvo y ahora sólo podía visualizar en sueños.

Dante…

Vergil quiso moverse pero sus huesos y piel estaban demasiado débiles y maltratados para servir para algo más que leña para encender una fogata.

Eso debería hacer esa mujer y ahorrarle más miseria.

Ya estaba cansado por lo que morir no le asustaba en lo absoluto.

Lady bajó el cañón de su bazuca al suelo, apoyándose en él y respirando agitada. Se propuso a gastarse todas sus municiones si era necesario pero entonces oyó la puerta abrirse otra vez.

Arqueó una ceja antes de correr debajo de la cama, reaccionando rápido a la llegara de un ser indeseado, seguro la habría oído e iba a investigar qué pasaba. Podría enfrentarse a cualquier guardia que fuese a mirar pero Lady necesitaba almacenar energía y municiones para cuando lograse sacar a Vergil de esta pocilga.

Grande fue sorpresa e irritación al oír los tacones resonando mientras la misma mujer de antes bajaba por las escaleras, pero en esta ocasión no iba sola, Lady escuchó también atentamente a otros caminando con ella.

—Ya les dije que no se ve tan apetecible como antes —se iba quejando ella haciendo pucheros.

—Vamos Katherine —imploró un demonio con voz grave—. Siempre es un placer para mí someter al bastardo que lleva la sangre de Sparda.

—Yo sólo vengo a observar —se rio el otro, y a pesar de que sonaba como un demonio macho, claramente este se esmeraba por hacer un tono femenino—. Oye, pero mira nada más este desastre Katherine. ¿Qué clase de espantajo es este? ¿Dónde quedaron tus apetecibles músculos, cariño? —Le preguntó a Vergil.

Lady cerró los dientes con fuerza.

«Jodido imbécil» achicó sus hermosos ojos sobre la imagen de los zapatos finos blancos, «di una cosa más y haré que te tragues tu mierda».

Ni se te ocurra moverte.

La dama abrió sus ojos sorprendida.

«¿Qué?» Parpadeó al instante en el que oyó un fuerte sonido de cadenas. Estas bajaban lentamente. La presión del colchón aumentó.

No hagas nada.

Ella jamás lo admitiría, pero sintió mucho miedo. Miedo por él porque lo presintió en sus intestinos. Algo le advirtió acerca de lo que estaba a punto de acontecer.

«¿Vergil?».

—Escúchenme bien los dos, ahora que ya no es tan guapo como antes quiero ser clara. Su sangre es vital para nosotros y muerto no me sirve. Procuren no dejarlo moribundo esta vez, ¿quieren? —Preguntó la mujer demonio, riendo.

Ambos estarán ocupados conmigo. Vas a tener que esperar.

No supo qué la desconcertó más, si ese diálogo o que saliese de la boca (o mente) de Vergil.

Esto tenía que ser una broma, tenía que serlo si Vergil quería que ella aguardase callada hasta que esos degenerados hicieran lo que ella temía que harían con él.

Expectante esperó tanto tiempo como le indicó Vergil, con impotencia oyó cómo se burlaban de él. Cómo el gigantón se subía a la cama sumiéndola hasta que la lámina de metal rozó la nariz de Lady. Aguantó con los dientes apretados como esa asquerosa criatura lamía ruidosamente la piel del hijo de Sparda. Lady apretó fuertemente las manos cuando este llamó a Vergil "mi puta".

En más de una ocasión tuvo que voltear la cabeza ante los movimientos bruscos que hacía arriba, sintió su propia sangre salir de sus palmas al escuchar al afeminado reírse de Vergil; diciéndole a su compañero cómo zarandear a ese "desecho malformado".

¿Cuánto tiempo pasó antes de que toda esa locura parase? Lady esperó al menos dos horas antes de hartarse.

Aferrada a Kalina Ann se propuso a desatar las fuerzas del infierno sobre ese par de degenerados malditos. Salió debajo de la cama hecha una furia, de una forma ágil y lo suficientemente rápida, encontrándose con un arlequín demonio, uno que le recordaba bastante a Jester.

No le fue problemático para Lady meterle el cañón en su horrenda boca y dispararle a quemarropa. Pudo haberse reído del festín de carne y sangre que salpicó pero no lo hizo porque se hallaba demasiado molesta para eso.

Darse vuelta y encontrarse a Vergil a cuatro patas, desnudo, y con el demonio con forma de minotauro con cola de lagarto encima de él fue el catalizador para apuntar el cañón a la mandíbula de cocodrilo del demonio y disparar sin esperar a que nadie reaccionara.

Vergil no moría con eso pero la intensión fue quitarle al desgraciado de encima, cosa que logró.

—¡Perra! —Le gritó incorporándose con su miembro al aire, este chorreaba sangre.

Embargada por la repulsión y la ira. Lady disparó de nuevo pero el demonio esquivó el ataque, moviéndose rápido hasta ella. Con agilidad Lady dio una vuelta hacia atrás antes de que el demonio soltase su puño contra ella y quebrase el suelo.

El payaso por su lado apenas iba recuperándose, su mandíbula destrozada fue un problema pero convocó esferas de energía que no dudó en lanzar hacia ella aún con pedazos sanguinolentos colgando de su cara.

Lady no era tan fuerte como Dante o ágil y rápida como Trish, pero entrenando con ambos pudo darse cuenta de que el poder a veces podía ser un arma de doble filo. Lo comprobó cuando huyendo del minotauro logró que el arlequín diese de llano contra su compañero.

—¡Estúpido! ¡Llama a Madame Katherine! —Le gritó el demonio cocodrilo con la cara sangrante—, ¡yo me encargo de ella!

—¡Pelo mila cómo me deló la bola!

—¡Qué vayas! —Gritó siendo silenciado por un nuevo misil de Lady—. ¡Zorra!

Dando un segundo golpe al arlequín, mandándolo a besar la pared. Lady se encontró con otro grave problema.

Las balas de Kalina Ann se acabaron.

—Ya no tienes —se rio el minotauro acercándose peligrosamente—, es hora de hacerte mi puta también.

Casi sin esperanzas y lo suficientemente cansada como para darle la razón, Lady enfrentó a su destino de pie siendo recompensada por su valor con un par de chispas brillosas y conocidas.

Las luces, roja y azul, cegaron a todos por un segundo.

—Hermano, ¿es esta la mujer que debíamos encontrar?

—Ella me es conocida, hermano.

Enormes, poderosos y sin cabezas sobre sus hombros, los hermanos demonio Agni y Rudra se alzaron enfrente de ella convirtiéndose un escudo inamovible y formidable entre Lady y el demonio minotauro.

«¡Agni, Rudra!» exclamó Lady en sus pensamientos, pero para su desgracia sólo Vergil podía oírla.

—Hermano, ¿crees que sea ella? —Preguntó Rudra.

—Yo pienso que sí es ella, hermano.

—¡¿Y ustedes quién carajos son?! —Preguntó exasperado el demonio minotauro lanzándose al taque, pero Agni lo mandó al diablo con un movimiento de su espada de fuego.

—Este sujeto es muy fastidioso, hermano —dijo Agni—, ¿deberíamos matarlo?

—La maestra dijo "traer a Lady".

—Él no luce como una Lady.

—Lady está atrás de ustedes, estúpidos —interrumpió Vergil acostado bocabajo, sangrando por cada una de las nuevas heridas de su cuerpo.

Lady se quedó muda, ¿ya la recordaba? ¿Sabía su nombre al menos?

—¡¿Maestro?! —Gritó Rudra apartando al minotauro con un ataque suyo, llevándose lo que quedaba del arlequín con el viento.

—Mmm —Agni aspiró cerca de él—, no huele exactamente como el maestro.

—¿De qué rayos hablan? —Masculló Vergil—. Ellos vienen por ti, ¿no es así? —Miró a Lady, esta se fijó en Agni y Rudra, quienes la miraron también.

—Hermano, ella debe ser Lady.

—Concuerdo contigo, hermano. —Exasperada Lady se palmeó la cara—. Hermano, Lady hizo algo que no comprendo.

—¡Cierren las malditas bocas, malditos! ¡Voy a matarlos!

—Hermano, hay que eliminar a este hablador y llevar a Lady con los maestros —recordó Rudra yendo al ataque junto a su hermano.

A Lady le sorprendió la facilidad con la que lo eliminaron tanto a él como al arlequín que intentó ayudar a su estúpido amigo. Mientras iba el duelo, Lady se acercó a Vergil e intentó ayudarlo a quitarle los tubos enredados a sus extremidades, pero él se opuso.

—Estoy bien —le mintió recuperando algo de su orgullo perdido.

«Como quieras» dijo Lady, no insistiría si él se negaba a aceptar su ayuda.

Ella mejor que nadie entendía cómo se debería estar sintiendo. Despertar de un shock inducido por la tortura y la humillación constante era un ataque feroz cuyas cicatrices tardaban una eternidad y un poco más en desaparecer si es que alguna vez lo hacían. Para alguien sumamente vigoroso como Vergil, esto debería ser el peor de los infiernos.

—Bien hermano, ya que hemos acabado con esos sujetos hay que llevar a Lady con los maestros —dijo Rudra.

—En efecto, hermano.

«¿Y cómo diablos me encontraron?» Ya se preocuparía por preguntarles eso una vez que lograsen salir de ahí y recuperase su voz.

—Vamos, Lady —Agni extendió la mano con la que no sujetaba su cuchilla—, es hora de ir con los maestros.

Parpadeando, Lady alzó las manos con las palmas abiertas.

—¿Eso qué significa, hermano? —Le preguntó Agni a Rudra, éste pensativo dijo:

—¿Acaso es una señal de que debemos irnos rápido?

Apretando los dientes Lady negó con la cabeza.

—¿Acaso eso significa que no quiere irse rápido o que no quiere irse? —Musitó Agni.

—Yo creo que no quiere irse, ¿deberíamos preguntarle a los maestros?

—El maestro no quiere que hablemos.

—Pero la maestra sí…

—¡Cierren ya las putas bocas y llévensela de aquí, carajo! —Exclamó Vergil con la cara sobre la cama, completamente debilitado—. ¡Muevan ya sus culos y lárguense!

Agni y Rudra lo vieron con curiosidad.

—¿Deberíamos llevarnos también al maestro-copia? —Agni le susurró a su hermano. Rudra no tardó en responder.

—Se ve a punto de morir, ¿de qué serviría? Tenemos suficiente con un solo maestro, ¿para qué otro que igual nos grita?

—¿Un peso muerto? ¿Podrá servirnos como carnada?

Fastidiada y más decidida que nunca a terminar con esta parodia, Lady se acercó y tomó las espadas con las cabezas de Agni y Rudra.

—¡No! —Gritó Agni.

—¡El maestro es el único que puede blandirnos! —Recalcó Rudra.

—¡Somos sus armas! —Exclamaron al unísono.

Haciendo caso omiso, Lady chocó sus cabezas poniéndolas enfrente de la suya. Movió los labios enfrente de ellos con lentitud con la esperanza de que pudiesen entenderle.

«Destruyan el maldito candelabro del techo» intentaba decirles una y otra vez.

—¿Qué está haciendo, hermano? —Confundido, Rudra miró a Agni y este a él.

—¿Será eso a lo que llaman mímica?

—El maestro no nos ha explicado eso.

—El maestro no nos explica muchas cosas.

Lady chocó sus cabezas de nuevo trayéndolos a la realidad y trató con señas más expresivas. Dejó que los demonios sostuviesen sus propias armas de nuevo y la incitaron a mirarla.

—¿Me he quedado sordo, hermano? ¿O está mujer no sabe hablar? —Preguntó Agni.

—Yo te oigo bien, hermano.

La chica les palmeó los brazos, luego les señaló el techo.

—¿Esa lámpara es extraña? ¿Acaso quiere una?

Exasperada, Lady les palmeó las cabezas llamando su atención. Señaló la lámpara, luego sus armas y luego la lámpara. Las armas, lámpara, las armas, lámpara.

—No entiendo, hermano, esto es muy difícil —expresó Agni.

Vergil miró la escena con más pena de la que debería.

—Es inútil.

«¡¿Acaso quieres quedarte ahí o vas a ayudarme para variar?!» Preguntó Lady mirándolo enojada.

—¿Y de qué te sirvo yo estando libre?

Poniendo la mente en blanco, Lady le respondió.

«Para nada parecido a esto» respondió tentada a irse y dejarlo ahí para pudrirse, era tan obstinado como su hermano. «Ahora decídete. ¿Quieres salir de aquí sí o no?».

—Ahora el maestro-copia está hablando solo, hermano —masculló Rudra.

—Seguro está loco.

Vergil cerró sus ojos sintiendo cómo uno de los tubos estaba enrollado en su pie derecho, extrayendo más sangre. Miró a los hermanos discutir aún sobre los gestos de Lady y sobre él mismo.

Tomó su decisión.

—Hey, par de estúpidos. Ella les está pidiendo que destruyan la lámpara que está arriba de sus cabezas—les dijo a Agni y Rudra—. Les señala la lámpara y sus armas para eso, sólo destrúyanla.

Agni y Rudra soltaron un quejido de entendimiento.

—Ya nos lo imaginábamos —dijeron al unísono.

—Háganlo entonces, par de bocazas —gruñó Vergil mirando a Lady, ella puso las manos sobre su cadera, victoriosa, y lo miró con una sonrisa burlona.

Él desvió su mirada hacia los hermanos, quienes juntaron sus poderes en conjunto y lanzaron ataques simultáneos al candelabro. Un fuerte ataque que ocasionó un gran estruendo.

Lady sonrió ante el éxito obtenido por los hermanos. La lámpara voló en mil pedazos, las cadenas se deshicieron como arena y los tubos cayeron al piso desvaneciéndose también; rápidamente corrió hacia Vergil. Su piel estaba perforada por varios palos de metal brillante, cuando intentó tocarlos fue Agni quien la detuvo.

Ella lo miró molesta.

—Si un humano toca eso se evaporará —explicó—, no podemos permitir que la humana, amiga de los maestros, muera bajo nuestras narices. ¿Verdad, hermano?

Antes de que Rudra hablase, concordando con Agni, Vergil les gritó.

—¡Cállense ya y vámonos de aquí!

Los demonios se miraron extrañados.

—Hermano, definitivamente se parece al maestro. —Rudra asintió.

—Es de miedo.

Pisadas rápidas se oyeron por la parte de arriba antes de que la puerta principal se abriese de golpe y una demonio bastante parecida a una atractiva humana se manifestase.

—Hey, amores. ¿Por qué el escán…? —Miró a Vergil incorporándose, a Lady apuntándola con Kalina Ann y a Rudra y Agni con ellos—, ¡no! ¡Mi prisionero!

Haciendo un ataque de fuego y viento, Agni y Rudra arrasaron con la mujer demonio, luego a cada uno y del mismo modo en el que aparecieron, se desvanecieron llevándose a Vergil y Lady consigo.

El chillido arrasador que daría la fémina, quitándose con un solo movimiento de mano, todo el humo ocasionado por la explosión, fue legendario y tan poderoso que su alrededor tembló furiosamente.

—Fin de la Misión—


Muy trágica la historia de Vergil, ¿no creen?

Soy sincera al decir que no me he visto lo que realmente pasó con Vergil en el infierno, pero quiero aclarar que todo esto es sacado de mi imaginación. No quería ponerme a investigar ello y desenchufar mi inspiración, espero me disculpen.

¡Amo a Agni y Rudra! Una pena que Dante no tolere cuando hablan. A mí me caen muy bien.

¡Gracias por leer!

JA NE! ;)


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