Buena tarde, gente!

Aquí está el capi donde, con un poco de lentitud, empezará la aventura de Butters y de Stan por la bella Italia XD. Ojalá les guste.

Saludines!

Vicka.

P.d:

Les recomiendo que escuchen la rola "O Sole Mio" con cualquier artista, preferentemente con los Tres Tenores (Pavarotti, Carreras y Domingo). Es la canción adecuada para este y el siguiente capítulo XD. Aquí les dejo el link de Youtube de una de sus tantas interpretaciones para que la disfruten:

watch?v=U8TUvcjSNXo&feature=related


III.

Venecia (I).

Kenny y Tammy se besaban apasionadamente en el baño durante el receso de clases. Los dos jóvenes, novios desde hacía un año, estuvieron a punto de demostrar su amor… Si no fuera porque un rubio musculoso había entrado intempestivamente al baño y los había separado bruscamente exclamando:

- ¡McCormick, tengo que hablar contigo!

Kenny, fastidiado, se encaró al sujeto y le espetó:

- Trent, ya te dije que no sé nada de Butters ni lo he visto en esta mañana. ¡Ahora, por favor, déjame en paz!

- ¡Pero debes saber algo, cabrón! – alegó Boyett muy desesperado – Lo que sea que sepas, ¡por favor, dímelo!

- ¡Te dije que no sé nada de él, con un carajo!

- ¿Qué es lo que pasa? – inquirió Tammy.

- ¡Butters no está en la escuela! – le repsondió Trent - ¡Ni siquiera está en su casa!

- Ok, Trent… Tranquilo – intervino Kenny -… Tal vez está, no sé, en otro lado por cosa de sus padres…

- ¡Sus padres me llamaron por lo mismo!

- ¡¿Qué?!

- Sí… É-él no está en ninguna parte. ¡Lo busqué por toda la escuela!

- Cielos – dijo Tammy -… ¿Ya fuiste a todos los lugares a donde suele ir?

- No, aún no, pero lo haré saliendo de la escuela. ¡Carajo, ¿dónde coño se habrá metido?!

- Tranquilízate, Trent – trató de calmarle McCormick -. Seguramente estará en algún lugar estudiando. Sabes bien que gusta mucho de ir a lugares tranquilos para estudiar.

- O tal vez se enteró de que te echaste un buen polvo con Bebe – les interrumpió una voz.

- ¡Tú no intervengas, Kenway! – espetó Trent con molestia.

Connor, negando con la cabeza, añadió:

- Trent, Butters no está en la escuela porque se fue llorando a quien sabe dónde por tus locuras.

- ¡No sé de qué estás hablando!

- Te lo simplificaré, idiota: Te vio echarte el polvo con Bebe aquí mismo, en el baño esta mañana. Escuchó todos los gemidos que emitían y, al no poder tolerar semejante engaño, salió corriendo de la escuela. ¿Acaso crees que una cosa así lo pasaría por alto y fingiera como si nada hubiera pasado? Estás pendejo si crees que la cosa funciona así.

Kenny y Tammy miraron con enojo a Trent, quien, sonrojado, argumentó:

- O-ok… Lo admito… M-me eché un polvo con Bebe… ¡Pero ella me pidió el favor! ¡Pueden preguntárselo!

- ¡¿Cómo pudiste, Trent?! – exclamó Kenny lleno de indignación - ¡Butters era buen chico! ¡Te amaba y te respetaba! ¡Incluso te dijo lo de Stan por amor y respeto a ti!

- ¡Kenny, por favor…!

- ¡Eso qué hiciste fue una grosería! – añadió Tammy - ¡Pobre Butters! ¡Ha de estar llorando en su casa!

- ¡Si Butters comete alguna tontería, ten por seguro que te cortaré las pelotas! – exclamó Kenny al tomarlo del cuello de la camiseta.

Luego, volviéndose hacia Connor, le preguntó:

- ¿Y tú como sabías eso?

- Fácil: Estaba yéndome al baño a descargar mi vejiga cuando vi salir corriendo al pequeño Stotch. Al principio pensé que habían tenido una discusión por alguna mamada de este pendejo de cuarta categoría…

- ¡¿Cómo me llamaste, maldito hijo de puta?! – exclamó Boyett furioso.

- Lo que te dije, cabrón – le respondió Connor con mucha tranquilidad -… Y como decía, antes de que él me interrumpiera, entré disimuladamente al baño y me encontré con Boyett y Bebe dándose un buen polvo. Ignoro en qué dirección se fue Butters, pero sinceramente esa es la razón por la que está ausente el pobre chico… Y hablando de ausencias… Ezio me comentó que no ha visto a Stan en el transcurso de esta mañana.

- Hey… Es verdad. No le he visto tampoco en el día de hoy. ¿Estará enfermo?

- Uhmmm – pensó Kenny por un momento -… No que yo recuerde. De hecho, no debería de faltar porque hoy él y Kyle expondrán en la clase de Biología. No le conviene faltar…

- ¡Con un carajo! – interrumpió Kyle, quien había entrado al baño muy molesto - ¡Pinche Stanley Randall Marsh!

- ¿Qué pasó, Kyle? – inquirió Connor.

- ¿Has visto a Stan, viejo? – añadió Kenny

- ¡Stan no se ha aparecido para nada en la escuela! Lo bueno es que tengo el PowerPoint con la exposición, ¡pero al muy cabrón no se le da la gana de aparecer!

- ¿Y ya llamaste a su casa?

- ¡Ya lo hice! Su madre me dijo que él debería de estar aquí, pero cuando le dije que no, se preocu- ¡Mierda!

- ¿Qué? – inquirió Tammy.

- Oh, mierda… N-no puede ser… ¿Será qué…?

Kenny, Trent Connor se sobresaltaron cuando comprendieron lo que quería decir el joven judío.

- ¡Carajo! – exclamaron.

&%&%&

Stan y Butters llegaron al aeropuerto de Venecia tras ocho horas de vuelo. El lugar estaba a reventar de gente; viajeros extranjeros y locales entraban y salían de los aviones que los traían a la bella ciudad de los canales.

- ¡Il Veneziani! – exclamaba Stan mientras buscaba con la mirada la pancarta con el nombre del hotel - ¡Hotel "Il Veneziani"!

- ¡Aquí! – exclamó un hombre, quien alzaba la pancarta.

Los chicos siguieron al hombre hacia un bote, al cual abordaron para trasladarse al hotel.

Durante el recorrido por las aguas de la ciudad, fundada por los sobrevivientes de las invasiones germánicas a Roma, los chicos admiraban la belleza de sus edificios, especialmente sus puentes, sus iglesias y la pasantía de las góndolas guiadas por los lugareños.

- ¡Es hermoso! – exclamó Butters lleno de admiración.

- Sereníssima – murmuraba Stan mientras tomaba una serie de fotografías desde su celular-… Bellísima.

- Es increíble cómo sus fundadores pudieron construirla en el lago… Hicieron un buen trabajo, definitivamente.

- Sí…

- Signori , l'hotel "Il Veneziani" (Señores, l hotel "Il Veneziani").

- Llegamos – dijo Stan -… Oh, mierda…

- ¡Increíble!

El hotel a donde habían llegado no era un hotel cualquiera o uno de mala muerte. El hotel "Il Veneziani" era en realidad un hotel de lujo ubicado en el norte de la ciudad flotante, un hotel que no cualquiera podía pagar.

- Oh, cielos, Stan… ¡Es un hotel de lujo! – comentó Butters muy sorprendido - ¡Aquí se habrán hospedado varias estrellas de Hollywood o alguno que otro político seguramente! ¿Estás seguro que Fabrizio dijo que es aquí?

- Juro por mi abuelo que sí, we… ¡Entremos!

- E-ehmmm… Stan… No creo que sea el lugar apropiado para nosotros.

- No seas anticuado, Butters. Tengo el dinero suficiente para pagar nuestras habitaciones. Sólo sígueme y déjamelo todo a mí, ¿ok?

- E-está bien, Stan – replicó Butters un poco nervioso -… ¡Wow, es mucho lujo!

Los dos entraron al lugar a paso seguro y nervioso ante la imponencia del edificio. La sala de espera estaba llena de gente, personas de negocios y ricos del viejo y nuevo abolengo en su mayoría. Algunos de ellos se voltearon a verles con curiosidad, como si fuera una novedad ver a dos adolescentes con mochilas y vestidos al "media class style", como dicen aquellos que se mueven en los círculos del poder.

Algunos les sonreían, gesto que Stan devolvía con candidez y que a Butters le parecía calmarle.

Dirigiéndose hacia el recepcionista, un hombre de lentes y barbas canosas, quien con amabilidad les preguntó:

- ¿Puedo ayudarles, jóvenes?

- Sí – respondió Stan -… Tengo aquí una reservación a nombre de Stanley Randall Marsh.

- Ok, déjeme ver…

El hombre revisó en su computadora si estaba el nombre de Stan en el módulo de reservaciones; con una sonrisa, se volvió hacia el adolescente y le dijo:

- Sí, tenemos una habitación para usted, signore Marsh… La habitación número 1302. Aunque aquí dice que era solamente para usted.

- Lo sé – replicó el chico -. Hubo un ligero contratiempo que obligó a mi compañero a acompañarme. ¿Hay alguna habitación disponible cerca de la mía en donde pudiera hospedarse mi compañero?

- Por supuesto que sí, señor Marsh. Justamente la 1303.

- Bien. Tomaré ambas habitaciones. ¿Cuánto le debo?

- Por la habitación de su amigo serán Dos mil euros… Tres mil dólares americanos. Ya que la suya había sido pagada con anterioridad por un día y una noche.

- Ok – murmuró el muchacho mientras sacaba de su billetera el dinero -… Aquí… Tiene.

- Bien. Aquí tienen sus llaves, señores. Disfruten de su estancia en nuestra ciudad.

- Gracias – replicó Butters.

- ¡Oh! – exclamó el hombre mientras revisaba los cubículos de correspondencia -A propósito… Tengo un mensaje para usted, señor Marsh, de parte del señor Fabrizio Alcarte.

- ¿Un mensaje? – inquirió Stan.

- Sí… Aquí tiene.

- Gracias.

El pelinegro recibió de manos del recepcionista un sobre amarillo con orillas doradas. Intrigado, decidió irse a sus habitaciones acompañado de Butters, quien entró en la suya a dejar la revista encima de la cama y luego entró en la de Stan.

- ¿Qué dice, Stan? – le preguntó al sentarse encima de la enorme y cómoda cama queen size.

- Uhmmm…

&%&%&

Buongiorno, Stan!

Lamento tener que abandonar Venecia, pero un asunto de negocios me obligó a viajar directamente a Roma, en donde estaré por quién sabe cuántos días. Mientras tanto, disfruta de tu habitación, la cual espero que te guste. .

¡Un abrazo!

Fabrizio.

&%&%&

- ¿Se fue a Roma? – inquirió Butters muy consternado - ¿Viajamos más de veinte mil kilómetros en avión para esto? Stan…

- Iremos mañana a Roma – anunció el pelinegro.

- ¡¿Qué?! ¡Stan, ¿estás loco?! ¡¿Cómo viajaremos a Roma?!

- Uhmmm… Rentaremos un auto.

- ¡Aww! ¡Y yo que quería disfrutar del paisaje de Venecia!

- Podemos explorar la ciudad esta noche, si quieres. Fabrizio me dijo que se pone muy colorida por las noches.

- Pero también la quería explorar de día.

- Lo sé, también se hará. Por mientras, nos tomaremos un baño. Te prestaré algo de ropa para que te pongas, aunque te quedará algo grande.

- ¡Oh, gracias, Stan! ¡Eres un buen amigo!

El rubio abrazó efusivamente al pelinegro; luego, se separó de él y, con una sonrisa en el rostro, le preguntó:

- ¿A qué horas saldremos?

- Uhmmm… Dentro de dos horas.

- ¡Genial! ¡Me da tiempo para darme un baño relajante!

- Pues buen provecho, Buttercup.

- Gracias. ¡Nos vemos dentro de dos horas, amigo!

Dicho eso, Butters se retiró del lugar.