Bueno, ya llego con el siguiente capítulo. ¡A partir de aquí va a empezar lo bueno! Pero con la tontería este es el capítulo más largo hasta la fecha; espero que os guste!
P.D. En el anterior capítulo me equivoqué; no es Vicealmirante Aokiji, sino Almirante; aunque eso ya lo sabéis :p
CAPÍTULO 4: La confusión de Nami
- ¿Has visto algo, Nico Robin? – preguntó Franky, al ver que la mujer se había parado. Al no recibir respuesta, se encogió de hombros y siguió caminando al lado de Zoro.
- Nos oculta algo – dedujo el peliverde, sin dejar de mirar hacia delante.
- ¿En qué te basas para decir eso?
- Pues es evidente; se comporta de una forma extraña desde que llegamos a la anterior isla – Zoro sonrió burlonamente –, más extraña de lo normal.
- Tal vez tenga hambre – comentó Luffy, quien, unos pasos por delante, escuchaba la conversación.
- No digas estupideces, Luffy – respondió Zoro –, si tuviera hambre el cejas diana ya se habría encargado de ello.
- Ah, pues es verdad. Qué suerte tienen Robin y Nami, ¡a mí me mata de hambre!
- ¡¡PERO SI COMES 5 VECES MÁS QUE TODOS NOSOTROS JUNTOS, TRAGÓN!! – gritaron a coro los dos, con venas hinchadas en la frente.
- Bueno, bueno…no os pongáis así, que tampoco es para tanto – Luffy no paraba de reír, restándole importancia al repentino enfado de sus camaradas. Estaban a punto de contestarle, cuando alguien les golpeó en la cabeza, a los tres.
- ¿PODRÍAIS HABLAR UN POCO MÁS ALTO? ¡¡ME PARECE QUE EL HERRERO QUE ESTÁ AL FINAL DE LA CALLE NO OS HA OIDO!! – les gritó Nami, en un tono aún más alto que el utilizado por los dos chicos antes.
- Sí, sí que lo he oído – oyeron decir a aquel herrero que, al percibir la mirada furibunda de la pelirroja, rectificó – Aunque como si no lo hubiera hecho…
Los gritos de Nami provocaron que Chopper (en su forma de reno) y Sanji, quienes iban unos metros por delante, pararan y se dieran la vuelta.
- Ya están estos idiotas molestando a mi querida Nami; ¡debería darles una paliza! – murmuró entre dientes Sanji; Chopper, en cambio, ignoró a sus cuatro camaradas y se reunió con Robin. Ella, al percatarse de su presencia, le sonrió con dulzura.
- Chopper, ¿recuerdas el aroma de aquella chica que vimos en aquel bar hace dos días?
El renito negó con la cabeza.
- Todo en ese lugar olía a alcohol; ¿por qué lo preguntas, Robin?
- Tengo una sospecha – sonrió –. Voy a necesitar tu ayuda.
Aunque Chopper no entendía lo que quería la morena, asintió, y le respondió que contara con él para lo que necesitara. Robin sonrió de nuevo, y continuó su marcha, junto a los demás.
Ya más calmada, Nami miraba a las tiendas de su alrededor. Decidió que necesitaba descansar de los borregos que tenía por camaradas, ¿y qué mejor forma de hacerlo que yendo de compras?, decía, aunque a los demás les parecía una excusa pobre para comprar ropa.
Se llevó consigo a Sanji y Zoro, mientras mandaba a los demás visitar el resto del pueblo, intentando recabar alguna información sobre ese bosque embrujado, y les dijo que se verían dos horas después en aquel mismo lugar. Robin acompañó a Luffy a un restaurante, pues el capitán insistía en que tendría que comer algo si no quería morir de hambre, y el renito se les unió, contento de no tener que cargar con las futuras compras de la pelirroja. Cuando Nami y sus dos acompañantes se perdieron de vista, Franky aprovechó para escabullirse dirigiéndose hacia el barco, preocupado por la vigilancia que aquellos dos podrían otorgarle a su preciado bergantín.
Nami entró en una tienda de ropa que prometía ser cara, seguida del rubio que no apartaba la mirada de su querida pelirroja. Cuando terminó de comprar le dio todas las bolsas a Sanji.
- Oye, ¿dónde está Zoro? – preguntó, buscándole con la mirada.
- Ni idea, pero ¿para qué necesitas al estúpido marimo? – Preguntó a su vez Sanji, con corazoncitos en los ojos al saberse solo con la navegante – yo puedo cargar con todas las bolsas; ¡no te preocupes, Nami-swan!
Pero Nami frunció el ceño; estaba claro: ¡¡el espadachín se había escaqueado!! Ya le recordaría la suma de dinero que le debe cuando llegaran al barco…
A unos kilómetros de distancia, en un valle fluvial bastante alejado del pueblo, el sonido de unas fuertes pisadas y el leve choque de unas espadas perturbaban la paz de aquel lugar. El sujeto miró hacia ambos lados, y después hacia atrás; ante él se extendía un gran campo, pero ni rastro de civilización humana.
- Vaya, ¿dónde se han metido estos? Puede que me desviara ligeramente del camino en aquel cruce… – sin darle más importancia, Zoro siguió caminando hasta el pie de una montaña. Suspiró, sentándose sobre la superficie de tierra que se alzaba a su lado, y notó cómo ésta se hundía ligeramente. Extrañado, palpó la zona. Sacó una de sus espadas y con un ligero movimiento apartó la blanda tierra que dejaba ver un pequeño hueco en la superficie de la montaña.
- ¿Una cueva secreta? – se preguntó, y pasando a través de ese agujero, se sumió en la más profunda oscuridad.
--o--
Abrió los ojos despacio, parpadeando varias veces. Aquella fuerte luz blanquecina le dañaba las retinas después de estar tanto tiempo con los ojos cerrados. Giró levemente su cabeza, lo suficiente para comprobar que, en efecto, alguien había entrado en aquella habitación. Sonrió.
- Haz como si no estuviera – escuchó decir a la recién llegada. – Sólo vine a buscar algo.
- Aquí no hay nada, lo sabes muy bien – esta vez miró a esa persona. No recibió respuesta, pero no la necesitaba. Sabía bien lo que buscaba. – Acaba de entrar uno.
- ¿Dónde están ahora?
- En la zona Norte, en la ciudad. Me he descuidado, lo siento; no creí que alguno de ellos se dirigiera hacia las montañas. Pero lo solucionaré, como hice con el bosque.
- Está bien, confío en ti – comentó la chica sonriendo.
- Aunque digas eso, y aunque estés sonriendo, hay algo que te preocupa, ¿verdad?
- Sí. En ese grupo hay dos personas muy inteligentes, que sabrán atar cabos. Supongo que no les podremos retener en ese lugar mucho más tiempo.
- ¿Y qué vas a hacer cuando eso suceda?
- Aún no lo sé. Atraerlos hacia aquí, probablemente.
El chico se levantó, mirándola con una sonrisa.
- ¿Y qué piensas lograr con eso? ¿Ayudar a los piratas, o condenarlos?
- Eso no depende de mí. – Ella se dirigió hacia la puerta, apoyando su mano en el pomo; antes de abrir, añadió – Debo sacarlos de esa zona antes de que indaguen demasiado. Pero es demasiado pronto como para que se vayan de la isla. No te descuides, o el Cazador de Piratas conseguirá llegar hasta nuestra guarida. – sonrió, y abrió la puerta suavemente.
Él se dio la vuelta, cerrando los ojos y concentrándose de nuevo; no oyó la puerta cerrarse a continuación.
--o--
Aquel lugar estaba atestado de gente; en un principio parecería el peor lugar para comer, pues habría mucha gente pendiente de cada uno de sus movimientos; así que Robin no disimuló sorprenderse al comprobar que nadie había notado su presencia, ni siquiera miraban al reno con sombrero rosa y una mochila azul a los lomos, que pasaba entre las mesas mirando a todas partes. Al llegar a la barra, Chopper cambió a su forma "Brain Point" unos segundos antes de que se acercara el camarero, quien les señaló una mesa vacía al fondo del local. Luffy fue corriendo hacia allí, y una vez sentado, agitó los brazos con insistencia, armado con cuchillo y tenedor y con una gran sonrisa adornando su rostro, y pidió a gritos carne. Chopper y Robin se sentaron poco después, el primero preocupado por el escándalo que estaba armando su capitán, y ella sonriendo suavemente. El camarero no se atrevió a pedir silencio a Luffy, a quien había reconocido, y se apresuró a dar la orden en cocina para que se ocuparan de la comida de esa mesa antes que de cualquier otra.
- Vaya, te tienen mucho miedo. – comentó sonriendo Robin.
- No sé por qué, si sólo quiero comer… – respondió el joven, extrañado – ¡pero mejor así! ¡¡Enseguida nos traerán la comida!! – añadió con efusividad.
Cuando llegó el camarero con tres platos repletos de carne, que curiosamente eran todos para Luffy, él, muy contento, comenzó a engullir la comida. Antes de que el hombre se fuera, Robin preguntó el tiempo que tardaba en esa isla en cargarse el Log Pose.
- U…unas 36 horas, se…señorita. – respondió tartamudeando, y tras una pequeña reverencia, caminó con paso raudo hasta la barra.
- Qué…curioso – comentó la mujer, sin dejar de mirar a aquel hombre.
- ¿fe ef tan curosho? – preguntó Luffy, sin poder evitar que pequeñas migajas de carne salieran disparadas de su boca hacia la cara del pobre reno.
- El Log Pose tarda en cargarse exactamente el mismo tiempo que en la isla anterior. ¿Qué probabilidad hay de que eso ocurra? – miró a sus acompañantes: Luffy seguía masticando su comida mirando a Robin con cara de lelo, y Chopper estaba muy ocupado limpiando su cara con gesto de enfado. La arqueóloga suspiró – mejor se lo pregunto a Nami cuando la vea – añadió en un susurro.
Franky caminaba por las calles de la ciudad en dirección al puerto, tratando de ignorar las miradas que se posaban en él; no entendía por qué a la gente le llamaba tanto la atención. ¿Acaso nunca habían visto a un cyborg con tupé azul, vestido únicamente con un tanga y una camisa hawaiana? ¡La gente se sorprende con nada!, se decía a sí mismo.
A los pocos minutos se cansó de esa situación. Decidió hacer algo útil, así que, sujetando por el cuello de la camisa a un hombre que en ese momento pasaba justo a su lado, le preguntó:
- ¿Qué sabe sobre bosques encantados?
- AHHH – el hombre se puso pálido – ¡¡n…no sé de qué me…me habla!! – Franky, quien había levantado a ese hombre por encima de su cabeza, de forma que sus pies estaban muy lejos del suelo, insistió.
- ¡Antes pasamos por una isla donde había un bosque muy super! ¿No sabe nada de eso? – El señor negó con la cabeza, temblando, y pasando del color pálido por el susto al morado por la asfixia.
- P…por favor…te…tengo familia…hijos… - con un gran esfuerzo llevó una de sus manos a su bolsillo, y sacó la cartera – le daré to…todo lo que tengo, pero…p…por favor…
- ¿Eh?¿Qué le pasa?
- …
- ¡Responda!
- Señor, ¡¡que le ahoga!! – el gritó procedía de la acera de enfrente; una mujer le miraba entre aterrada y furiosa.
Franky miró a su alrededor: todo el mundo se había detenido para observar la escena, sin atreverse a intervenir. Después miró al hombre que se retorcía frente a él, tratando vanamente de soltarse de su agarre. El peliazul le soltó de golpe, sorprendido.
- Pero hombre, ¿cómo no me dijo nada? Bueno… ¿nadie ha oído hablar sobre ese bosque?
Los civiles se miraron en silencio. Una niña avanzó un par de pasos.
- Yo he oído hablar de ese bosque. Dicen que hay criaturas mágicas…
- No hay ningún bosque encantado, ¡esas cosas no existen! – Interrumpió la mujer que había hablado antes – no son más que historias que se cuentan para asustar a los niños, para que no salgan de la ciudad.
- ¡Eso es mentira! – insistió la niña. Franky la miró detenidamente – Ese bosque existe, igual que el pozo, y la cueva… ¡yo la he visto con mis propios ojos!
- ¿Ah sí? – preguntó el carpintero, acercándose a ella - ¿también hay un pozo y una cueva?
- Sí – respondió contenta – Y hay más. Aquí sólo puedes encontrar la cueva, pero todos estos sitios están comunicados. Aunque usted se equivoca; en realidad, el bosque no…
Un hombre agarró a la niña, tapándole la boca. Lanzándole una mirada furibunda a Franky, le espetó:
- Márchese de aquí. No tenemos nada que les pueda interesar a unos piratas. Eso del bosque… ¡no son más que cuentos! ¡Váyase!
El cyborg no insistió. Echándole una última mirada a la niña, continuó su camino, pensando en lo que acababa de suceder.
Unas horas después, parte de la tripulación se reunió en una de las calles centrales de la ciudad. Nami miró hacia todas partes, pero no lograba ver a dos personas en concreto.
- ¿Dónde está Zoro? ¿Y Franky?
- Franky se fue al barco – respondió Chopper – pero ¿no se supone que Zoro estaba contigo y con Sanji?
- Olvidaos del chulito con pelo de marimo – dijo el rubio, cargado con una veintena de bolsas – podemos irnos, no se pierde nada.
- Hombre, eso de que no se pierde... – murmuró Nami - ¿Habéis conseguido algo de información?
- Sabemos que el Log Pose tarda 36 horas en cargarse – dijo Robin.
- ¿¿Zoro anda por ahí perdido y no vamos a buscarlo?? – preguntó alarmado el reno.
- jajaja ¡pareces nuevo! No te preocupes por él, estará bien – comentó riendo Luffy.
- 36 horas… - musitó la pelirroja, ignorando la pregunta de Chopper - ¿no es el mismo tiempo que tardó la última vez?
- En efecto – respondió la morena – me preguntaba si podría pasar eso.
- No es muy común – dijo Nami pensativa – pero la información que tengo de estas islas es completamente nula. Tal vez nos encontremos en un archipiélago. Eso explicaría que compartan el mismo clima, y si las islas tienen la misma carga magnética…
En ese momento unos fuertes pasos les alertaron. Se giraron, reconociendo al instante de quién se trataba.
- ¡Menos mal! Seguro que te has perdido por las calles…pero… ¿por qué estás así? – preguntó Nami, pasando del enfado a una expresión de extrañeza. Y no era para menos: el peliverde tenía la cara y la ropa manchadas de barro; la camiseta estaba algo rasgada, y él jadeaba, con las mejillas rojas por el esfuerzo. Luffy, Chopper y Sanji se rieron por las pintas del espadachín; Robin sonreía divertida, sin poder evitar pensar en lo bien que se veía, pese al barro; no era de extrañar, incluso a Nami se le enterneció la mirada…unas décimas de segundo.
- ¡Pedazo de alcornoque! ¿¿De dónde vienes??
- Yo…pues de… - señaló hacia atrás, pero al no estar seguro de por dónde había entrado de nuevo a la ciudad, bajó la mano, y gruñó molesto – de por ahí, ¿qué te importa?
Robin se acercó disimuladamente a él y, sacando un pañuelo de su bolsillo, comenzó a limpiar su cara, como si de un niño pequeño se tratase.
Las risas cesaron, y todos miraban la escena entre divertidos y sorprendidos. Zoro sentía arder aún más las mejillas, y cuando se dio cuenta de que los demás les miraban, apartó la mano de Robin de un manotazo.
- ¿Q…qué haces? – preguntó molesto.
- Limpiarte; por si no te habías dado cuenta, estás lleno de barro. – la mujer intentó de nuevo acercar el pañuelo a su rostro, pero él se apartó. – Por cierto, ¿cómo te manchaste? ¿Te caíste? – preguntó, de nuevo como si estuviera hablando con un niño, lo que ocasionó las burlas de sus camaradas.
- grr… - Zoro les miró furioso, y tratando de ganarse de nuevo el respeto de los chicos, respondió – Descubrí una cueva. Decidí inspeccionarla, pero cuando encontré la salida estaba justo por donde había entrado…más o menos – añadió algo dudoso.
- Bue, fijo que volviste tú solito por donde habías ido; serías capaz de perderte en tu propia hamaca – comentó con sorna la pelirroja.
- ¿Qué insinúas? – gruñó, con una vena hinchada en la frente.
- No insinúo nada; ¡digo que tu sentido de la orientación te abandonó el mismo día que naciste! – se acercó dos pasos al peliverde.
- ¿¿Qué quieres decir con eso?? – Zoro subió el tono de voz, también acercándose más.
- ¡Que te pierdes hasta cuando es imposible! ¿¡ES QUE ERES IDIOTA O QUÉ!? – apenas dos palmos los separaban ya.
- ¡¡A QUE NO ME LO REPITES!!
- ¡¡Jajaja!!Es que sois una risa!! – Exclamó Luffy a carcajada limpia – y como sigáis así, vais a acabar besándoos jajaja
Al darse cuenta de que su capitán tenía razón, pues estaban prácticamente pegados, se separaron. En ese momento, una sombra negra se abalanzó sobre Zoro.
- ¡¡SERÁS CABRÓN!! ¿¿Qué pretendías hacerle a mi Nami-swan, maldito marimo?? – Decía Sanji mientras trataba de golpear al peliverde, que se defendía con una de sus tres katanas. Luffy gritaba y aplaudía, animándolos a seguir con el combate, pero Nami estaba preocupada, pues habían conseguido atraer todas las miradas.
- ¡Deteneos, maldita sea! ¡Estáis dando la nota! ¡¡Robin!! – llamó a la morena desesperada, esperando que ésta pudiera detenerles.
La arqueóloga cruzó sus antebrazos, murmuró algo y al instante aparecieron brazos sobre los cuerpos de los chicos, deteniendo su movimiento. Ellos se alejaron el uno del otro y, cuando estuvo segura de que no había peligro, soltó al rubio, pero aún sujetaba a Zoro.
- ¡Sanji, te mato! ¡Ten más cuidado con mis bolsas! – chilló Nami, sonriendo gratamente después, al ver que el cocinero recogía las susodichas del suelo entre disculpas e insultos al peliverde, quien seguía atrapado por los brazos de Robin, aunque nadie se había dado cuenta.
- Ya puedes soltarme – gruñó, sin poder evitar sonrojarse, mientras la mujer le miraba con una expresión que no acertaba a descifrar.
- ¡Oh, claro! – Respondió, rozando su cuerpo antes de hacer desaparecer sus brazos – no me había dado cuenta – añadió, mirándole con su más elaborado gesto de inocencia.
Zoro gruñó de nuevo. Cuando todo se calmó, comenzaron a caminar en dirección al barco; durante todo el trayecto fueron observados por los transeúntes, que les dedicaban miradas de odio, molestia, e incluso terror.
Nami podía comprender que los que hubieran visto la escena que montaron en medio de la calle se quedaran mirándoles, pero ya se habían alejado bastante, y el panorama no cambiaba. ¿Por qué, si antes habían pasado completamente desapercibidos?
Siguieron avanzando por las calles de la ciudad, y en todas partes se repetía la misma escena, hasta que…
- ¡Está aquí! ¡La han visto! ¡Eva está en la isla!
Una piedra pasó rozándole la cabeza a Luffy, hasta estrellarse contra el puño de Zoro, provocando que ésta acabara hecha pedazos. Los Sombrero de Paja se detuvieron, mirando a su agresor, quien no salía de su asombro al ver los restos de su arma. Al cabo de unos segundos recobró la compostura, y señalándolos, les miró enfurecido.
- ¡Marchaos, piratas! – gritó, haciendo acopio de todo su valor – No tenéis nada que hacer aquí, ¡ya nos habéis causado bastantes problemas!
- ¿Qué? ¿A qué se refiere? – Preguntó Luffy – nosotros no hemos hecho nada.
- ¡Perturbáis la calma de este lugar! – Dijo otra persona – No tenemos nada que os interese, ¡y ahora una asesina está en nuestra ciudad por vuestra culpa!
- ¿Nuestra culpa? – Cuestionó Sanji con frialdad.
- ¡Pues claro! – Respondió el hombre que lanzó la piedra – Esa chica sólo roba a los ricos y a los piratas, ¡y aquí no somos ricos! ¡Está claro que os persigue a vosotros! ¡Si no os vais por voluntad propia, os echaremos a la fuerza!
Su último comentario fue aclamado con vítores por los ciudadanos, que, empuñando todo tipo de objetos, amenazaban con atacar a los piratas.
- Está bien, nos iremos, no queremos causaros problemas – dijo Luffy, sonriendo – pero esperaremos a la tía ladrona, porque tengo que pedirle que se una a mi tripulación.
- ¡Debéis iros ya! No nos importa lo que hagáis después, ¡pero no os queremos aquí! ¡Ni a esa asesina!
- Vale, vale…nos iremos… – dijo Nami, comenzando de nuevo a andar. - …cuando se cargue el Log Pose.
Los demás la siguieron, mientras los ciudadanos se aseguraban de que volvían a su barco lo antes posible.
A medida que avanzaban la gente se paraba en la acera, cuchicheando entre ellos, mirándoles con rencor, y algunos insultándoles. La paciencia de Los Sombrero de Paja se estaba agotando ante ese repentino cambio en los transeúntes, pero decidieron aguantar un poco más…sólo un poco más.
- ¿Los habéis visto? Pavoneándose por en medio de la carretera – oían decir.
- El monstruo de antes forma parte de su banda. ¡Casi mata a un hombre! – decían otros.
- ¡¡Son unos bárbaros!!
Ya. Sólo unos metros más y estarían en el barco. Aún quedaban varias horas para que se cargara el Log Pose, pero estaba claro que no podrían quedarse en la ciudad más tiempo. Por supuesto, no se irían hasta que tuvieran la ruta correcta hacia la siguiente isla, y así se lo hicieron saber a los ciudadanos una vez subieron al barco.
- Y en el caso de que aparezca esa ladrona, vendrá a atacarnos a nosotros, así que no tenéis de qué preocuparos – concluyó Sanji.
- Bien, entonces ya no tenemos nada que hacer aquí. ¡Soltad amarras, chicos!
- ¿Estás segura de que podremos atracar el barco en otra parte de la isla, Nami? – preguntó Zoro.
- Sí. Vi una pequeña bahía al llegar al puerto. Nos quedaremos allí hasta que se cargue el Log Pose.
Al día siguiente, una vez transcurridas las 36 horas, y con una nueva ruta a seguir, marcharon de la isla con un deje de decepción: esperaban encontrar en aquel lugar alguna pista sobre el misterioso bosque, pero, por distintas razones, casi todos se habían olvidado del tema – las compras, la comida, identificar olores, la ladrona, cuevas extrañas… –; sólo Franky se acordó del bosque, pero con su particular forma de interrogar no consiguió más que ganarse el miedo y el desprecio de los ciudadanos.
- La niña esa habló de otros lugares aparte del bosque; pero claro, podría ser fruto de su imaginación – dijo el peliazul tras contarles todo lo sucedido a sus camaradas.
Curiosamente nadie asoció el testimonio de la niña con lo que le había pasado a Zoro, cosa que a Robin le extrañaba; sí, el espadachín era el único ser vivo sobre la tierra capaz de perderse hasta por un pasillo recto, pero ¿no es demasiada coincidencia? Ella al menos le daba un voto de confianza al peliverde.
Entre cambios repentinos de dirección, que Nami no era capaz de explicar, tardaron dos días en llegar a la siguiente isla, totalmente desierta. No había señales de estar habitada, y era la más pequeña que habían visto hasta el momento. Más allá de la pequeña playa se encontraba un bosque, que recorrieron en poco más de media hora, aunque no eran capaces de ver la costa en otras partes de la isla; únicamente en la zona donde habían dejado el barco el amplio mar se extendía hasta donde sus ojos eran capaces de ver. Este hecho lo asociaron a todo el misterio que envolvía al supuesto archipiélago.
Tuvieron que quedarse allí hasta que el Log Pose se cargó de nuevo; Nami había calculado el tiempo que tardó en cargarse, y no se extrañó cuando vio que habían sido 36 horas, aunque este hecho no dejaba de inquietarla.
Robin se pasaba los días en la biblioteca del barco, rebuscando entre sus libros algo que le indicara dónde se encontraban exactamente. La tripulación estaba con los ánimos por los suelos, pues no encontraban nada divertido que hacer, y Nami miraba continuamente el Log Pose de su muñeca, como si éste pudiera explicarle sus dudas. Por alguna extraña razón siempre tenían que corregir el rumbo girando a estribor.
Cuando llegaron a la quinta isla después de salir de Thriller Bark, se encontraron en un pueblo, más grande y más acogedor que el primero que vieron. Zoro se quedó vigilando el barco, y el resto de la tripulación bajó a conocer aquel lugar. No se molestaron en preguntar a los aldeanos cuánto tiempo tendrían que quedarse allí. Supusieron que en aquel lugar no recibían muchas noticias del exterior, pues ni siquiera les conocían, lo cual suponía un alivio para Nami, Chopper y Usopp.
No pudieron averiguar gran cosa, pues la gente no sabía nada de un bosque encantado, aunque cuando Franky mencionó lo que le dijo la niña vio que algunas personas se miraban entre ellas con nerviosismo: claramente sabían algo. Los Sombrero de Paja no insistieron más, pues sospechaban que no sacarían nada de los aldeanos.
Al cabo de unas horas regresaron al barco. Brook fue el primero en subir; detrás iba Chopper, quien, de repente frenó en seco. Abrió los ojos desmesuradamente.
- Ese olor… – Se giró hacia los demás – ¡Robin!.
En ese momento todos miraron al reno, y después a Brook, quien se había quedado quieto en la escalerilla nada más asomarse a cubierta.
- Vaya, parece que tenemos compañía, queridos amigos.
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Pues hasta aquí este capítulo. Muchas gracias por leer!!
Jhon I "El Bronceado": Ya queda nada para saber la verdad sobre el bosque! En el siguiente capítulo se aclarará todo, o como mucho, en el 6. Muchas gracias por tu review, besos!!
GabeLogan: Muchas gracias!! gracias por postear, besos!!
Gynee: Enseguida viene el ZoRo; en este, como pudiste ver, añadí un pelín de nada, pero en el 5 se verá algo más. No creo que haga más parejas; estaba pensando en un LuNa, pero no acaba de convencerme; aunque nunca se sabe...;) Muchas gracias por tu comentario!! besos!!
