¡Por este episodio acepto todo tipo de críticas! Ojala que les guste, sino, díganlo nomás que no me enojo…
RECUERDOS DEL CUARTO EN EL SÓTANO
-¿Podrías apurarte, Samuel? –preguntó Rachel con impaciencia. Samuel estaba bañándose en la pensión donde estaban hospedados. Ella estaba ansiosa por volver al Valle de Godric.
-Voy, voy –exclamó el joven, abriendo la puerta del baño. Rachel lo observó con perplejidad: los cabellos castaños estaban bien peinados (y no rebeldes como siempre) y estaba bien vestido. Su apariencia de lobo había acabado la noche anterior.
-Te ves más… –ella pensó si lo diría o no-, guapo desde la primera vez que te vi hasta ahora. –En el rostro de Samuel se dibujó una gran sonrisa. –Pero no te vayas acostumbrando con esos elogios que no oirás muchos de mi parte –concluyó ella. Sacó su varita y la agitó, haciendo aparecer un plato de sándwiches. –come, así no estarás revisando cubos de basura en el camino.
Samuel se puso del mismo color que el cabello de Rachel.
*****
Harry, Ron y Hermione se aparecieron en el Valle de Godric perfectamente. Harry se apresuró en entrar en la casa de los Potter, y enseguida fue a verificar si el grifo había vuelto, y sonrió al ver que no. Bajó al sótano seguido por Ron y Hermione y la chica encendió las antorchas, iluminando la habitación. Miraron hacia todos los lados.
-¿Qué sería que Rachel buscaba aquí? –se preguntó Harry. Ron se encogió de hombros. Hermione, por otro lado, tomó uno de los libros polvorientos y lo abrió.
-Guía completo sobre las criaturas domésticas –leyó ella en voz alta-. Parece ser un buen libro –y comenzó a hojearlo.
Harry se aproximó a la misteriosa puerta en el fondo del sótano, sacó su varita y murmuró: ¡Alohomora!, pero las cadenas y los candados no cedieron. Harry sintió un escalofrío recorriéndole la espina, y sintió algo extraño en el pecho, que no supo explicar. Ron y Hermione se aproximaron.
-Déjame intentarlo –pidió Ron. Apuntó con su varita la puerta y murmuró-: ¡Bombarda!
Hubo una explosión y el polvo del sótano se esparramó en el aire. Tosiendo, percibieron que la puerta continuaba infranqueable. Harry frunció el entrecejo, pensando en los motivos que habría para dejar esa puerta tan trancada.
-¿Qué habrá ahí de tan importante que no se puede ver? –inquirió Ron, que estaba ya con ganas de irse-. ¿Y si la golpeamos con unos de los estantes?
-No seas tonto, Ron –lo reprendió Hermione, dirigiéndose hacia unos de los estantes y asiendo un manojo de llaves que pendían de un gancho al lado de la puerta. Se acercó a ésta y abrió todos los candados-. Para abrir una puerta se usan las llaves –le dijo Hermione, en tono burlón, a Ron.
Ron soltó un bufido, enfadado. Harry ayudó a Hermione a quitar las cadenas y enseguida abrió la puerta. La habitación estaba completamente oscura, pero desprendía un leve perfume de bebé, que invadió las narices de Harry. Murmurando: ¡Lumus!, Harry entró seguido por sus amigos. La luz de la varita iluminó la pequeña habitación: una cuna rosada estaba al lado de la pared opuesta a la puerta; a la derecha había un armario y un pequeño estante, lleno de bichitos de peluche y portarretratos. Harry se aproximó a la cuna, observando el inmenso oso de peluche de color rosa que estaba dentro de ella.
-Me parece que te trataban de niña, Harry… –se burló Ron. Hermione lo codeó con enojo.
Harry, sin dar importancia al comentario de Ron, se aproximó al estante, tomando una fotografía donde sus padres sostenían en la falda a una bebita, que llevaba un vestido blanco. Lily y James saludaban alegremente.
-¿Tienes primas o algo por el estilo? –preguntó Hermione, que miraba la foto por encima del hombro de Harry.
-Harry, aquí hay un pensadero –exclamó Ron, apuntando hacia una mesita frente al armario. Hermione tomó una botellita del estante y se la entregó a Harry, que se aproximó al pensadero con las manos temblorosas. Sentía curiosidad, y al mismo tiempo, miedo por lo que podría ver.
-Veremos que era este dormitorio –murmuró él, más para sí mismo que para sus amigos.
-Harry, mira esto –Ron le entregó a Harry otra fotografía mágica de la misma bebé del otro retrato, pero en esta estaba con un poco más de un año. Ella tenía el cabello rojo oscuro, sentada sobre una cuna azul, al lado de otro bebé más pequeño, bastante parecido a…
-Harry… ¿ese no eres tú? –preguntó Hermione. El bebé tenía el cabello tenía el cabello negro azabache y los ojos verde esmeralda, exactamente iguales a los da Harry.
-Creo que sí –murmuró él. Dejó la foto, y vertió el contenido de la botellita que le había entregado Hermione en el pensadero-. Ron, tú quedas y vigila, que Hermione y yo entraremos en el pensadero.
Ron asintió con la cabeza, dubitativo. Harry y Hermione entraron en el pensadero y se encontraron en un gran dormitorio, donde había dos cunas, una rosada y otra azul, donde dormía Harry, que tenía cerca de un año. Lily estaba apoyada en la otra cuna, sollozando, y Sirius trataba de consolarla, en vano. Lupin estaba recostado sobre la cuna de Harry, con una expresión de tristeza en el rostro, y tenía ojeras. Parecía haber estado llorando.
-¿Qué ocurre? –preguntó Hermione en un susurro, como si temiese que la oyeran. Harry negó con la cabeza, demasiado emocionado para hablar. Quería entender qué ocurría allí, y saber por qué lloraban.
Dumbledore entró velozmente, estaba preocupado. Miró a Lily y se aproximó a ella.
-¿Dónde está James? –le preguntó él. Lily alzó la mirada hacia Dumbledore.
-Intenta encontrarla…
Sirius miró a Dumbledore.
-Voldemort devolverá a Claire si le entregan a Harry –dijo Sirius con los puños apretados, y con una expresión de enojo-. Sino la matarán… –murmuró entre dientes.
Lily soltó un suspiro y comenzó llorar.
-No quiero perder a ninguno de mis hijos…
Harry sintió una sacudida en el estómago, y balanceó la cabeza con incredulidad. Hermione tomó el brazo del chico y lo jaló, y ambos salieron del pensadero. Ron los aguardaba ansiosos por noticias, pero se sorprendió al ver que Harry pateaba la mesita, derribándola, y haciendo añicos al pensadero. Hermione, en voz baja, le contó a Ron lo que habían visto. Harry se colocó en cuclillas y se agarró los cabellos, aturdido.
-¿Por qué nadie me dijo nada? –gruñó él, escondiendo el rostro detrás de los brazos, y aferrando con fuerza los cabellos. Nadie le había dicho nada… ni Dumbledore, ni Sirius, o Lupin… ni siquiera los Dursley. Era como si Claire Potter nunca hubiese existido1. No sabía qué pensar.
-Mira, Harry, aquí hay una puerta –dijo la voz distante de Ron.
Harry salió de sus pensamientos, se levantó y se dirigió a sus amigos: había una puerta detrás de la estantería. Intentó abrirla con un hechizo, pero no funcionó. A Harry le dio la sensación de que una mano le pasaba por la nuca.
-Aquí alguien realizó magia, hay restos de ella –dijo Hermione con nerviosismo.
-¿Será que hay…? –comenzó Ron.
-Un horrocrux –terminó Harry.
-Deja que yo abro esta vez –anunció Ron, lanzándose contra la puerta, que cayó con su peso. El pelirrojo se incorporó, sacándose el polvo de la ropa.
-Creo que no debería haber hecho eso, Ron –dijo Hermione, retrocediendo aterrada. De la habitación salían miles de lethifolds, y los chicos sacaron sus varitas, pero los seres fueron arrastrándose hacia ellos, trepándose por sus pies. Trataban que quitárselos de encima, pero parecían babosas pegajosas, y terminaron cayendo en el piso. Harry sintió un lethifold pasar por su rostro, asfixiándolo. Intentó levantar su varita, pero no pudo.
-¡Expecto patronum! –No era ni la voz de Ron ni la de Hermione. Harry sintió los lethifolds salir disparando de encima de él. Mientras buscaba respirar, divisó un lobo plateado, que estaba alejando a las criaturas, y luego aulló y desapareció. Harry se levantó, observando a la persona que había conjurado el Patronus: una mujer pelirroja. Entrecerró los ojos, intentando identificarla.
-¿Mamá? –murmuró, pero no consiguió mantenerse en pie y se desmayó.
*****
-Potter… ¡Potter! –Harry sintió que lo sacudían-. Despierta.
Harry abrió los ojos y se encontró con los de Rachel, que al verlo despertar lo abrazó y con la misma velocidad se separó. En el momento en que los brazos de la joven lo envolvían se sintió protegido, y no le encontró explicación.
-Harry, ¿estás bien? –preguntó Hermione, que estaba sentada a su lado. Harry asintió, sintiéndose un poco tonto. Miró a Rachel, extrañado de verla allí.
-¿Qué haces aquí? –le preguntó Harry. Rachel no lo miró.
Se encontraban en la entrada de una caverna estrecha y sombría. Harry supuso que era la cámara que venía después de la habitación de los lethifolds.
-Busco respuestas –mintió Rachel, pero luego pensó que lo que decía tenía algo de verdad. Se recostó a la pared.
-¿Aquí? –preguntó Ron con desconfianza.
-¿Qué eran aquellas cosas? –inquirió Samuel a Rachel, que lo miró extrañada.
-Lethifolds –respondió Hermione automáticamente-. Criaturas que se alimenta de personas.
-¿Y bien? ¿Qué hacías aquí? –preguntó Harry sin dar importancia a la conversación sobre los lethifolds. Rachel lo miró, al parecer pensó en protestar como siempre hacía cada vez que le hacían esa pregunta.
-Ya te dije, busco respuestas –dijo casi sin pensar.
-¿Qué respuestas? –preguntó Hermione, desconfiando de ella cada vez más-. ¿Y por qué en la casa de los Potter?
-Sí, ¿qué respuestas? –preguntó Samuel sin entender, y Rachel lo fulminó con la mirada-. Ah, esas respuestas –dijo enseguida, al darse cuenta que había dicho algo que no debía.
Rachel trató de encontrar una mentira convincente.
-Cuando yo era pequeña mataron a mis padres, y me adoptó una familia de magos, yo no sabía de nada hasta unos meses atrás. Me dijeron que los Potter habían sido amigos de mis verdaderos padres.
-¡Qué triste esta historia! –dijo sonándose la nariz Samuel, y Rachel lo volvió a mirar con cara de pocos amigos-. ¿Qué? –preguntó sin prestar atención, pero miró a Rachel y afirmó-: Esta historia siempre me deja así.
-Bueno, Harry, ¿seguimos? Hay un horrocrux que encontrar –dijo Ron, impaciente. Rachel, al oírlo, puso una cara de asombro.
-¿Ho… horro… cruz… horrocrox? –preguntó ella tartamudeando, y miró a Harry extrañada-. ¿Van a buscar los horrocrux? ¡Pero es muy peligroso!
-¿Cómo sabes de los horrocruxes? –preguntó Hermione.
-Mi padre era auror y tenía un libro que explicaba lo que era –volvió a mentir Rachel.
-¿Y tu padre no estaba muerto? –preguntó Samuel desconcertado.
-Sí, Samuel, pero me refiero a mi padrea adoptivo.
-¡Ah!
-Eso no importa –intervino Ron con enfado-. ¿Vamos, Harry?
El trío se dispuso a entrar en la caverna, pero Rachel los detuvo.
-Voy con ustedes –dijo ella con decisión, haciendo caso omiso a las protestas de Ron-. Sé bastante sobre defensa, podría ser útil.
Harry miró a sus amigos, y pensó por unos segundos. Algo dentro de sí le decía que podía confiar en ella; si fuera mortífaga ya los hubiera matado.
-De acuerdo –accedió él-. Pero caminaremos rápido.
Anduvieron durante media hora por pasillos y cámaras, que más parecía un laberinto, hasta llegar a una parte rocosa, hasta que las paredes desaparecieron y vieron delante de ellos un bosque oscuro y sombrío. Se detuvieron.
-¿Qué esperamos? ¡Vamos a seguir! –dijo Ron, pero la mano de Rachel lo jaló antes de que pisara el pasto del bosque.
-Hay que tener cuidado, no sabemos qué puede haber en ese bosque –alertó Rachel preocupada. Tomó una piedra y la lanzó hacia el bosque. Un momento después, varias criaturas se abalanzaron sobre la piedra y la hicieron trizas a una velocidad impresionante. Todos quedaron boquiabiertos, excepto Rachel que, aunque no se sorprendió, se asustó.
-Por las barbas de Merlín, ¿qué eran esas cosas? –preguntó Ron, asustado y retrocediendo.
-No sé –dijo Hermione-, y no pretendo saberlo.
-Debe haber una forma de pasa –dijo Harry observando alrededor-. Sino, ¿cómo pasaría Voldemort?
-¡No lo nombres, Potter! –exclamó Rachel, alarmada-. Sino estarás invocando a los mortífagos.
Harry la miró, pero no preguntó como ella sabía eso, porque notó que Rachel se maldecía por haberlo dicho.
-Tal vez el Innombrable controla a las criaturas –sugirió Samuel-. O sino… –Sacó una varita del bolsillo interno de su campera y, ante la sorpresa de todos, empezó a golpear la pared con ella, como si fuera un busca metales.
-¡Aquí! –gritó después de unos momentos, señalando una pared paralela al bosque-. ¡Es aquí! Pero se necesita un sacrificio.
-¿Qué sacrificio? –preguntó Hermione.
-Cabello de bestia lunar, sangre mezclada y por último hay que colocarlos en igualdad de tiempo, en diferente posición y en ambos extremos de la pared –explicó Samuel con la varita encendida.
-¿Cómo sabes todo eso? –exclamó Rachel con asombro. Supuestamente Samuel era un idiota.
-Simplemente lo sé –dijo él sin darle importancia.
-¿Y qué quiere decir lo que dijo? –preguntó Ron.
-Quiere decir que necesita pelos de hombre lobo, sangre de un mestizo y colocarlos al mismo tiempo a cada lado de la pared –explicó Hermione impaciente.
-Pero esto parece muy lento –dijo Ron-. El Innombrable hubiese hecho algo más difícil.
-Seguramente, Vol… digo, el Innombrable no pensó que pudiéramos encontrar su horrocrux, y menos aquí, y si lo encontraba alguien, confiaba que el grifo lo devorara, y si lo pasaba, se los comería los lethifolds, pues eran muchos. Pero si pasaba los lethifolds también confiaba que iba a morir en el bosque, y aunque encontrara la puerta secreta, no podría abrirla, pues de seguro imaginaba que quién la encontrara sería un sangre pura y seguramente quedan más cosas por delante –dijo rápidamente Hermione, y Ron puso cara de no entender nada, pero quedó callado.
-Preocupémonos ahora por abrir eso –dijo Rachel con impaciencia.
-La sangre la doy yo –dijo Harry, haciéndose un corte en la mano con una piedra afilada-. Y los pelos…
-Yo me encargo de so –dijo Rachel, y a seguir tomó a Samuel del brazo y le cortó un mechón de su cabello. Samuel se quejó.
-Excelente, ahora a colocarlos en los extremos –dijo Ron.
Harry y Rachel se colocaron cada uno en cada extremo de la pared, y colocaron cada uno la sangre y los cabellos, y una pequeña abertura surgió en el medio de la pared. Los cinco jóvenes miraron hacia el interior, iluminado tenuemente por la varita de Hermione: era una pequeña habitación donde había una escoba solitaria. Harry, con lentitud, se acercó, la tomó y la sacó.
-Yo iré en ella y buscaré el horrocrux –dijo Harry, montando en la en la escoba-. Ustedes quédense aquí por si acaso.
-Iré contigo –se apuró Rachel, y sin esperar respuesta se subió detrás de Harry-. Puedo ser útil.
-Está bien, pero debemos que tener cuidado.
Rachel se sujetó de Harry con fuerza, mientras él pateaba el piso y alzaba vuelo. Pasaron por entre los árboles, a pocos metros por encima del suelo y, como sospecharon, las criaturas no aparecieron. En seguida, llegaron a lo que parecía ser el centro del bosque, donde había un pequeño piso de piedra. Bajaron allí y observaron a una mesa que estaba frente a ellos, que tenía ocho vasijas con líquidos de diferentes colores.
-En una de estas vasijas está el horrocrux –dijo Rachel observando la mesa detenidamente-. El problema es en cuál.
-Debe haber una forma de saberlo…
Rachel sacó su varita y tocó el líquido de color celeste de la vasija del extremo izquierdo. Una luz recorrió la varita y empujó a Rachel con fuerza hacia atrás, pero Harry la sostuvo antes de que cayera sobre el pasto del bosque. Ella se incorporó, sonriendo.
-¿Qué pasa? –preguntó Harry sin entender.
-Sé como tomar el horrocrux –dijo ella, pero la sonrisa se le borró de su rostro-, pero es necesaria la varita de Él –explicó Rachel, guardando su varita-. De seguro, Él colocó siete vasijas con diferentes colores para confundir al que llegue aquí…
-Pero solamente Vold… el Innombrable sabe cuál es la vasija verdadera, hacer el hechizo necesario para desvanecer el líquido y tomar el horrocrux –completó Harry. ¿Pero qué ocurre a quién intenta desaparecer el líquido sin ser el Innombrable?
-No quiero ni saberlo –murmuró Rachel, paseándose frente a la mesa-. Hay que encontrar una manera de tomar el horrocrux sin utilizar la varita de Él…
Harry estuvo pensándolo unos minutos, revolviendo su varita entre los dedos… ¡Su varita! Harry la observó por unos instantes, luego pasó la vista por las vasijas. Se fijó en la que contenía un líquido amarillo canario, color de la casa de Hufflepuff, colocó el extremo de su varita en el líquido amarillo y murmuró: Desaparecium. El líquido desapareció, dejando a la vista en el interior de la vasija la copa de Helga Hufflepuff. Harry dudó por un instante, acerando los dedos a la copa.
-¡Espera! –lo detuvo Rachel, tomando el brazo d Harry-. Puede haber más trapas-. Ella murmuró algo, apuntando con su varita a la copa. Hubo un destello de luz plateada. Luego Rachel acercó su mano a la copa, tomando el horrocrux-. Toma, es tuyo –Le entregó la copa y Harry se certificó si el horrocrux era verdadero-. Bueno, ¿vamos? –preguntó ella, y él asintió, guardándose la copa.
Ambos subieron en la escoba y atravesaron el bosque, volviendo a la entrada, donde los esperaban Ron, Hermione y Samuel ansiosos.
-¿Y? –preguntó Hermione-. ¿Consiguieron encontrar el horrocrux?
-Sí –contestó Harry, mostrándole la copa.
-¿Y qué es ese ruido? -preguntó Ron y todos se dieron vuelta. Harry supuso que no podría haber sido tan fácil, y vio a los lethifolds avanzaren a gran velocidad hacia ellos desde el túnel por el cual habían llegado.
-¡Corran! –gritó Samuel, internándose en el bosque.
-¡No, Samuel! –lo intentó detener Rachel, y sin darse cuenta pisó en el bosque. Una criatura se aproximó con velocidad y ella corrió asustada atrás de Samuel. Al parecer, las criaturas se percataron de que habían más gente y que ninguna era Voldemort, entonces salieron de su escondite y se acercaron a los chicos murmurando.
-Yo pienso que… lo mejor es que… ¡corramos! –gritó Ron, siguiendo el camino de Rachel, y Harry y Hermione lo siguieron, evitando así que se perdieran unos de otros.
Se internaron en el bosque rápidamente, seguidos de cerca por las extrañas criaturas. Samuel se subió en un árbol con agilidad, y los demás lo imitaron. Los seres cercaron los árboles, pero no subieron.
-¿Y ahora qué hacemos? –preguntó Ron, inquieto.
-Bueno, algo es seguro, las criaturas no suben a los árboles –dijo Harry-. Así que aquí estaremos bien.
-Yo no estaría tan seguro –dijo Samuel, señalando los lethifolds que se acercaban tragándose a las criaturas y trepándose en los árboles a su camino-. ¡Salten! –gritó el joven apurado y saltó con rapidez al siguiente árbol. Todos lo siguieron, excepto Hermione, que estaba atemorizada.
-Ven, Hermione, salta –le gritaba Harry, ya que los lethifolds avanzaban-. ¡Vamos, tú puedes! –dijo, esta vez nervioso y asustado, pero inesperadamente Ron saltó al árbol donde estaba la chica y notó que temblaba. La abrazó y le susurró algo al oído, y ella asintió. Poco después saltaron a los otros árboles hasta que no habían más y se detuvieron.
-¿Y ahora qué hacemos? –preguntó Rachel y Harry, nervioso, miró hacia todos los lados y luego a cada uno de los presentes. Samuel tenía una expresión firme con la varita a punto de sacar, al parecer estaba dispuesto a pelear; Rachel no estaba con una postura diferente a la de su compañero; Ron seguía abrazando a Hermione, asustado, y la chica temblaba aún sujeta al pelirrojo. Harry continuó buscando una salida, hasta que su amiga se separó de Ron al fin.
-¡Harry, allí hay algo! –dijo casi sin voz y Harry miró, viendo un hueco bastante grande y alto cerca de una pared.
-¡vamos! –exclamó Rachel. Alzó su varita hacia los lethifolds, realizó un Patronus, y de su varita salió un imponente lobo plateado. Todos pasaron por la abertura, que daba a un largo túnel que al final desembocó en la cámara de los lethifolds. Volvieron al sótano y Rachel trancó la puerta, evitando así que algún lethifold escapara.
-Al menos que tus padres se hayan transformado en lethifold, creo que no encontraste nada útil –dijo Samuel a Rachel jadeando, y ella lo miró con enojo.
-Sí, Samuel, ahora nos tenemos que ir –y diciendo esto, Rachel tomó el brazo de Samuel y se desapareció, sin dejar tiempo a que los demás preguntaran algo.
El trío volvió al Bosque Prohibido y con paso rápido volvieron al castillo. Hermione seguía temblando y Ron la ayudaba a caminar. Al llegar a la sala común, ya estaba amaneciendo. Escondieron los muñecos justo cuando los demás compañeros comenzaban a despertarse.
-¡Qué temprano que te levantaste, Ron! –comentó Neville, bostezando.
Ron asintió con la cabeza, soñoliento. Más tarde, a la hora del desayuno, el trío volvió a encontrarse.
-Si no fuera por Rachel tal vez hubiéramos muerto… –susurró Hermione con los ojos llenos de lágrimas.
-Es verdad –dijo Ron, acariciándole el pelo para reconfortarla.
-¿Vieron? Es muy arriesgado, no debieron ir, pudieron morir y todo por mi culpa –dijo Harry lentamente-. Lo mejor que pueden hacer es no ir más conmigo, quién sabe qué otros peligros hay…
-Nosotros sabíamos a qué nos enfrentábamos, así que iremos donde sea –replicó Ron, firme, y Hermione asintió con un balanceo de cabeza.
-Somos tus amigos y nos importas –agregó ella-. Y odiamos tanto al Innombrable como tú, y por esa razón debemos ir contigo.
Harry bajó la mirada.
-Pero si les ocurre algo o… o mueren, nunca me lo perdonaría –dijo Harry, suspirando. Miró a sus amigos, pero ellos seguían firmes.
-No se discute más. Vamos contigo y fin de historia –dijo Hermione levantándose y saliendo del Gran Salón con su mochila a cuestas.
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1: En la profecía no se menciona que Harry tiene que ser obligatoriamente hijo único. Puede muy bien haber tenido una hermana que todos ocultaron de Harry.
