Capítulo 3.

Grande fue la sorpresa de Shuichi cuando escuchó el golpe sordo de una puerta al ser abierta bruscamente, y más aún al ver a Silvain de pie en el marco de ésta; pero llegó mucho más allá cuando escuchó el silbido y alcanzó a ver por el rabillo del ojo una flecha de pluma celeste atravesar la garganta del youkai que se disponía a atacarlo por detrás.

Pese a su asombro con todo lo sucedido Shuichi decidió que después tendría tiempo para analizar las cosas y atacó al último youkai con su látigo, matándolo. Al hacerlo todos los youkai desaparecieron en una nube de polvo, salvándolo a él de tener que dar explicaciones acerca de qué era realmente lo que había aparecido y por qué tenían las heridas que él les había provocado.

Silvain se dejó caer de rodillas justo después de haber disparado esa flecha, todo el peso de lo acababa de hacer golpeándola de repente.

Lo siguiente fue muy confuso para ella, cuando acordó ya se encontraba sentada en un sofá en su sala, Shuichi encuclillado frente a ella, sacudiéndola de los hombros levemente.

-Silvain…Silvain...¡Silvain!

Después de casi una docena de veces de llamar su nombre Silvain pareció reaccionar por fin; un grito ahogado abandonó su garganta a la vez que ella se sujetaba las rodillas con fuerza y empezaba a mecerse.

-Silvain¿estás bien? –preguntó Shuichi.

Aunque para cualquiera sería bastante obvio que ella definitivamente no se encontraba bien, no con la actitud que estaba teniendo.

-¡Silvain! –volvió a llamarla Shuichi.

-¿Eh? –finalmente ella dejó de mecerse y volteó a verlo. -¡Shuichi! Ay que bueno que estás bien, estaba tan preocupada.

-Preocupado me puse yo. –replicó él. –Cuando te vi de rodillas en la puerta de la cocina con un arco en la mano. ¿No te dije que te quedaras adentro, alejada de puertas y ventanas? Te pudo haber pasado algo por estar ahí.

-Sí escuché lo que me dijiste pero, no sé, sentí que tenía que hacer algo. –trató de explicar ella. –Ni siquiera sé exactamente cómo sucedieron las cosas, sólo que saqué mi arco, y lo disparé, ni siquiera pude apuntar bien, la oscuridad era demasiado profunda para poder realmente ver lo que estaba sucediendo.

-¿Significa que no viste nada de lo que pasó?

-No realmente. –si bien eso no era del todo verdad ella dedujo que él estaría más tranquilo si le decía esa mentirita.

-¿Significa que disparaste una flecha sin saber a quien le disparabas?

-Eh… -Ok, quizá no había sido tan buena idea mentirle, pero ya no había de otra. –Bueno, desde que yo empecé a tomar clases de arquería a mí siempre me decían que debía 'enfocar' mi blanco en mi mente, visualizarlo, que si lo hacía entonces nunca fallaría, supongo que mi inconsciente se sujetó a eso cuando disparé.

-Estás en verdad loca Silvain. ¡Pudiste haberme matado! O lastimado a alguien más así.

-¡¡Perdón!! –Silvain gritó al tiempo que hundió la cara entre las manos y empezó a llorar. –Perdóname, no fue esa mi intención, nunca pensé que podría lastimarte o a alguien más; yo tenía mucho miedo, un mal presentimiento que no me abandonaba, tú no regresabas y yo simplemente no supe que más hacer…

-Ya, ya, calma. –Al parecer él se dio cuenta de cuan alterada estaba ella y la abrazó tratando de consolarla. –Ya no te preocupes por eso, lo importante es que ambos estamos bien.

Silvain sólo atinó a asentir en silencio, aunque había logrado controlar su llanto no confiaba mucho en su voz en ese momento.

.---.

Al día siguiente el ambiente todavía estaba algo tenso, pero era de esperarse considerando lo sucedido la noche anterior.

'Si algo así vuelve a suceder las cosas van a tener que cambiar, los secretos deberán revelarse.' Razonaba Silvain mientras preparaba el desayuno. 'Él tendrá que enterarse de todo lo que yo ya sé, y también…'

-Silvain¿todo bien? –la voz de Shuichi la sacó de sus cavilaciones.

-Sí, seguro. –mintió Silvain. –Sólo estaba haciendo planes. Creo que aprovecharé que ya terminé las traducciones que tenía pendientes para ir al campo de tiro a practicar un rato.

-No te había visto practicar arquería en estas dos semanas que he estado aquí. –comentó Shuichi. -¿Puedo preguntar por qué ahora deseas practicar¿Tiene algo que ver con lo que sucedió anoche?

-Puede ser… -murmuró Silvain. –Bien dice el dicho: Más vale prevenir que lamentar. Además, me gusta la arquería, es lo único físico además de la natación que sé hacer.

-¿No vas a correr todas las mañanas?

-Sí y no. Voy a trotar todas las mañanas, y eso me ayuda a mantener la condición física para aguantar una tarde entera metida en la alberca nadando de un extremo a otro. Yo no corro, ni hago carreras, ni ningún otro deporte.

-¿Por qué?

-Porque soy simplemente un desastre.

-No entiendo. Si eres buena para la natación¿por qué no lo vas a ser para otros deportes?

-Tengo un Síndrome muy complicado de pronunciar que se resume en una disfunción en los ligamentos y fallas en la coordinación motora. Significa que tengo problemas de coordinación. De niña yo era de las que tropezaban con su propio pie en las carreras, que se torcía un tobillo y quedaba tan lastimada que no lograba ponerse en pie por el resto del día. En la arquería sólo requiero de los brazos y un buen cálculo de puntería, lo cual nunca ha sido mucho problema para mí, fue por eso que siempre me gustó. Con la natación…bueno, quizá suene infantil pero siempre he sido de la idea que nadar es lo más cercano que existe a volar, el sentimiento de poder flotar, de que tu cuerpo pese casi nada, es increíble.

-¿Pero no necesitarías buena coordinación motora para nadar?

-Pues no estoy yendo a las olimpiadas ni nada parecido. Tengo suficiente coordinación motora para nadar correctamente, o al menos lo suficiente que me permitan dar clases; pero es obvio que en una competencia seria no lo lograría.

-¿Estás segura que no te estás subestimando a ti misma?

-Segurísima. Créeme, he tenido veintidós años para hacerme a la idea de que nunca seré una estrella del deporte.

-Entonces quizá podrías ser una estrella en otro aspecto, quizá como modelo o algo parecido, tienes un cuerpaz…perdón, quise decir que eres bonita.

-Gracias, -Silvain no pudo evitar sonrojarse bastante. –Nadie me había dicho eso antes.

-¿Cómo es eso posible? No sabía que todos los hombres por aquí eran ciegos.

-No, están muy lejos de serlo de hecho. Simplemente no soy lo suficientemente buena para ellos. Ya saben, la clase de hombres que esperan a una Pamela Anderson o alguien así, alguien con medidas 90-60-90. Yo sé que no tengo esas medidas y nunca las voy a tener y lo acepto.

-Esos lo único que demuestran es una mente cerrada. –por alguna razón Shuichi parecía bastante molesto.

-Quizá, pero eso no importa realmente. Yo siempre he dicho que lo que una persona no tenga físicamente o así, lo compensa con algún otro atributo. Pero aún si hubiera algún hombre que no se fijara en mi físico, sucede es que yo soy demasiado 'extraña' para sus gustos.

-¿Extraña¿En qué sentido?

-Una chica huérfana, que pudiendo exigir mantenimiento de otros parientes que lo tienen de sobra prefiere arreglárselas ella sola con varios trabajos al mismo tiempo; que se la pasa metida en su estudio leyendo y escribiendo día y noche, que a sus veintidós años todavía le gusta sentarse a ver caricaturas, es extremadamente sentimental, tanto que ríe mucho con los chistes y llora cuando algo triste sucede; y además es excesivamente romántica y hasta cursi.

-¿Cursi?

-Sí. Tú sabes, me gustan los poemas, las flores, la idea de que una cita sea a la luz de las velas o de las estrellas, música suave, palabras dulces al oído, besos tiernos, novios que andan de la mano, un hombre que no sea machista y que no tema demostrar sus sentimientos en público; soy una persona que todavía en la época actual cree que un día su príncipe azul cruzará por esa puerta, se enamorará locamente de ella, un amor verdadero, que nunca pensará siquiera en traicionar…un amor eterno.

-A mí eso no me parece cursi.

-Pero es demasiado idealista. Demasiado bueno para ser verdad. Aceptémoslo Shuichi, los príncipes azules desaparecieron hace mucho tiempo, y el amor verdadero y eterno es ya nada más que una idea bonita para cuentos de hadas, algo con que soñar cuando se es chico…Pero yo ya no tengo tiempo de soñar, por mucho que me cueste aceptarlo ya va siendo hora que acepte la verdad o me resigne a quedarme soltera toda mi vida.

-No deberías rendirte tan pronto¿Quién sabe? Quizá tu príncipe azul entrará por la puerta mañana y no lo sabes.

'O quizá ya entró hace dos semanas pero soy tan cobarde que no me atrevo a decírselo.' Pensó Silvain amargamente. 'Es increíble, éste hombre representa todos mis sueños hechos realidad, y sin embargo es más probable que el infierno se congele y yo gane las olimpiadas a que me atreva a decirle que lo quiero más que a nada en éste mundo.' suspiró. 'Lo más probable es que a éste paso me quede sola el resto de mi vida. Después de haberlo visto a él, me será muy difícil llegar a fijarme en otro hombre, porque sé que en mi mente ninguno podrá superarlo a él…mi sueño hecho realidad.'

.---.

Después del desayuno Shuichi insistió en acompañar a Silvain al campo de tiro, dijo que tenía ganas de verla practicar. Ella trató de negarse, pero había algo en su manera de pedir las cosas que no pudo rehusarse.

Un silbido, un golpe suave y una quinta flecha fue a clavarse en el blanco. Dos de ellas habían quedado en el segundo círculo de adentro hacia fuera, las otras tres en el círculo interior, una de ellas rozando el punto central.

-Vaya, tienes una puntería increíble. –comentó Shuichi.

-¿Qué me dices de ti? –preguntó Silvain. -¿Algún talento en especial?

-Pues no, no creo. –replicó Shuichi. –Tendría que saber a qué te refieres con especial.

-No sé, quizá eres un genio, o un gran guerrero de esos de las leyendas… -Silvain había decidido empezar a tantear el terreno, probar la posibilidad para decirle la verdad. –A lo mejor eres bueno en el arco también, o con la espada, o déjame ver…ya sé, un látigo.

Shuichi por un momento pareció observarla, casi como considerando las posibilidades que la podrían haber llevado a decir eso.

Silvain pensó entonces que había presionado demasiado, tenía que corregirlo, pronto.

-Pero bueno, son sólo ideas locas. –siguió diciendo Silvain. –También podría sugerir que fueras un genio bailando vals, o boxeando, o cualquier otra cosa.

-Pues a decir verdad la bailada no se me da tan mal. –admitió Shuichi con un tono de orgullo. –Hay quienes sí creen que soy un genio porque llevaba buenas calificaciones en el colegio. Nunca he usado un arco, ni he boxeado, lo del guerrero de leyenda, bueno creo que debería ser obvio, y sobre los otros no estoy muy seguro pero quizá algún día podrías averiguarlo…

Silvain no estaba segura si era idea suya o Shuichi le estaba devolviendo la jugada a propósito. ¿Sería posible que él también estuviera considerando la posibilidad de revelarle la verdad? Si así era podría salvarla de tener que dar un montón de explicaciones aunque…si después él se enteraba que ella siempre había sabido todo lo único que haría sería complicar las cosas.

.---.

Esa noche, cuando Shuichi acompañó a Silvain de vuelta a su casa ella tenía el presentimiento que estaba pasando algo y lo pudo confirmar en el momento en que entró a su casa. La mesa estaba servida para dos.

-¿Qué…? –Silvain ni siquiera sabía cómo plantear la pregunta.

-No preguntes. –la interrumpió Shuichi con dulzura. –Sólo déjate llevar.

Y así lo hizo. Shuichi la guió hasta la mesa, donde encendió un par de velas que había en el centro de ésta; después procedió a encender otras velas repartidas en mesas y bases alrededor de la sala-comedor.

Silvain sólo observaba en silencio, estaba demasiado sorprendida con lo que veía.

Shuichi procedió a servir la cena (que él mismo había preparado) y colocó los platos, después sirvió algo de refresco en los vasos.

-No estaba muy segura que te fuera a gustar el vino. –dijo él a modo de excusa.

-No hay problema. –asintió ella. –Así está bien.

Por último Shuichi encendió el estéreo, Silvain reconoció de inmediato de qué disco se trataba, era "Il Divo" uno de sus grupos favoritos; cuatro tenores increíbles que ella adoraba, a veces incluso usaba su música para inspirarse en sus escritos.

La cena transcurrió en relativo silencio. Silvain parecía muy contenta con el ambiente, y Shuichi parecía disfrutar con sólo ver la sonrisa de ella, la manera en que sus ojos parecían resplandecer bajo la luz de las velas.

Cuando finalmente terminaron de cenar Shuichi recogió los trastes, Silvain se iba a apresurar a lavarlos, pero Shuichi la detuvo.

-Esto aún no se acaba. –le dijo él guiándola hacia la sala. -¿Bailarías conmigo?

-¿Por qué haces esto? –atinó a preguntar Silvain al tiempo que permitía que él la guiara al ritmo suave de la música.

-No lo sé. –respondió Shuichi con sinceridad. –Creo que siempre desee encontrar a una chica linda a quien pudiera llevar a una cita como ésta, pero la mayoría de las chicas que había conocido antes son demasiado superficiales para interesarse por cosas como ésta. Tú eres diferente, eres especial, lo sé.

Silvain bajó la mirada, estaba demasiado apenada para mirarlo a los ojos. Pero Shuichi le soltó la mano y le tomó la barbilla, alzándole el rostro.

-No bajes la mirada, nunca. –le dijo él seriamente.

Ella alzó el rostro tímidamente, aún estaba muy sonrojada y no se atrevía a decir ni una sola palabra. Cuando finalmente terminó de alzar la cabeza se sorprendió al notar lo cercano que estaba realmente el rostro de Shuichi, tan cerca que casi podía sentir su respiración, casi…


Ah…el amor está en el aire.

La verdad no salió, pero por muy poco. Una conversación de corazón a corazón entre Silvain y Shuichi los hace conocerse mejor, y trae como resultado una cita de lo más romántica.

Ah, ya sé que algunos podrán considerar éste capítulo como cursi e innecesario, pero quise darle más peso a ésta pareja antes de pasar al siguiente punto.

Para el siguiente capítulo esperen finalmente el regreso de Izuki. Las cosas se complican (aún más). Y un sueño revelaré parte del destino que les aguarda a nuestros protagonistas.