Capítulo 4. Confianza

Regina no había conseguido pegar ojo. Se había pasado toda la noche pensando en lo que había pasado con su hijo. Había sido culpa suya, lo sabía. A pesar de que Henry era todo alegría, de hecho hacía mucho tiempo que no lo veía así, no podía evitar sentirse mal. Podría haber sido diferente. Podría haber sido como le había dicho Emma. Algún extraño podría haberse llevado a su hijo. Henry era un chico muy curioso y muy confiado. Pero qué podía hacer. Tenía demasiado trabajo en el museo y tenía que acostumbrarse a aquella nueva vida en Londres. Una nueva vida en la que solo estaban ella y Henry. Debía buscar una niñera que le diera la suficiente confianza y seguridad como para que cuidase a Henry después del colegio. Pero hasta que eso pasara, no le quedaba más remedio que tenerlo con ella en el despacho. Así al menos haría los deberes y pasaría tiempo con él, todo el tiempo que hasta el momento no habían podido pasar.


Emma avanzaba con paso firme pero estaba nerviosa por ver a Regina. Tenía que hablar con ella para concertar la cita con los inversores de Mars. Dios, no había nada en el mundo que le diera más pereza. Para colmo, ahora tendría que comportarse si no quería seguir metiendo la pata con la morena. Lo de su hijo había estado muy mal. Aunque le había sorprendido gratamente que su jefa no la hubiese avasallado a voces y a acusaciones. Se sentía mal, pero pensaba que la culpa no era solo de ella. Aunque sí era verdad que podía haberle preguntado al chico de quién era hijo. Movió la cabeza de un lado a otro. Si hubiera sabido que era hijo de Regina no lo hubiera llevado con ella. ¿O sí? Sí, desde luego. ¡Qué demonios!, aquel chaval le caía bien, qué más daba quién fuera su madre. No se parecían en nada, al menos, en cuanto al carácter tosco de su madre y al carácter extrovertido del chico. Físicamente nadie dudaría de que el chico era hijo de Regina Mills. Iba tan inmersa en sus pensamientos que no se dio cuenta, como de costumbre, a quién tenía por delante. Una voz conocida la sacó de su ensimismamiento.

- Emma Swan. Qué gusto verla. – Dijo un señor de mediana edad que le tendió la mano con una sonrisa de lo más detestable.

- Edward Mars. No puedo decir lo mismo de usted. – Respondió regalándole la mejor de sus sonrisas fingidas.

- Señorita Swan, el señor Mars se ha acercado amablemente a invitarme a cenar con él y su equipo esta noche. Además me ha estado poniendo al día de algunos asuntos. – Intervino Regina con una amplia sonrisa mirando cómplice a Mars.

- Qué bien, no me digas que voy a poder librarme de verte la cara. – Dijo Emma con expresivo alivio llevándose la mano al pecho exageradamente. Mars no hizo otra cosa sino reír irónicamente.

- Quiere comportarse, por favor. – Dijo Regina claramente avergonzada. – Le ruego disculpe a la señorita Swan, sin duda...habrá dormido mal esta noche. – Dijo volviendo su mirada a la de ella que no le había quitado un ojo de encima, risueña.

- No se preocupe Regina. Ya estoy acostumbrado a sus desplantes. – Miró a Emma con cara despectiva. – Bueno, como le he dicho, piénselo. Nos vemos esta noche. – Le tendió la mano cordialmente y pasó por al lado de Emma tan solo haciendo una especie de gesto con su otra mano.

Cuando se quedaron a solas Regina no apartó la vista de ella. No sabía si se sentía más sorprendida por la actitud que mostraba o más enfadada por su bochornoso comportamiento. Sea como fuera, Emma había presentido que aquella mañana no iba a salir bien parada con su jefa. Y mucho se temía que iba a ser un día muy largo. Suspiró y la siguió hasta su despacho cuando ésta se dio la vuelta sin dirigirle la palabra. La morena se sentó en su escritorio sin decir nada y se puso a leer algunos documentos. Emma entró sin ser invitada y se sentó en frente de ella guardando silencio

- Cierre la puerta por favor. – Dijo Regina sin levantar la mirada de sus papeles.

- Lo siento, es la costumbre. – Respondió la rubia con una sonrisilla sin apartar la mirada de su interlocutora. – ¿Se puede saber a qué ha venido?. – No aguantó más. En ese momento Regina soltó un suspiro exagerado. Estaba exasperada. Se quitó las gafas se retrepó en su asiento y se frotó las sienes con los ojos cerrados. - ¿Una mala noche? – Dijo Emma para intentar quitarle hierro al asunto. En realidad deseaba ser amable con Regina pero no sabía por qué no le salía.

- No, no he pasado una mala noche. Lo que me pasa es usted señorita Swan. –Le espetó mirándola directamente a los ojos. Emma se quedó petrificada por aquella mirada. Regina Mills tenía unos ojos realmente bonitos, ya no lo recordaba, pero empezaba a entender por qué de pequeña estaba prendada de ella. – No... no entiendo por qué tiene esa actitud. ¿Tenía que comportarse así? – Parecía molesta y confundida, aunque en sus ojos Emma podía ver únicamente cansancio.

- ¿Con Mars? Por supuesto, ese tío es una rata. Lo único que quiere es quitarte esa silla igual que quería quitársela a tu padre. Él nunca accedió a tener una reunión con él, no sé por...

- Porque yo no soy mi padre señorita Swan. No sé si se ha dado cuenta. – Dijo con suficiencia acercándose de nuevo a la mesa y cruzando las manos por encima del escritorio. Suspiró de nuevo. – La situación es la siguiente. No hay dinero en el museo. Estamos en números rojos y necesito contar con gente que sea capaz de inyectar capital temporalmente. – Emma hizo lo mismo que Regina y se acercó a la mesa. La miró a los ojos sin romper el contacto visual que se había iniciado momentos antes.

- No necesitamos a Mars ni a su dinero. Hazme caso por favor. Una vez que su capital se incremente en la asociación podrá hacerse con el control de lo que quiera. Se escudará en la mala gestión o qué se yo...convencerá a los demás accionistas, al menos a la mayoría de ellos, y acabará por hacerse con el puesto de director. Y entonces Regina, todo por lo que tu padre luchó durante tantos años, todo por lo que todos los que trabajamos aquí nos hemos dejado la piel durante tantos años se habrá acabado. Ese tío no mira por los intereses del museo, ni le interesa la historia ni el patrimonio ni la difusión ni nada. Solo se interesa por él mismo y por su dinero. – Regina la escuchaba atentamente. Se había puesto seria para hablarle. Volvió a suspirar.

- Y entonces qué hago. No tengo el dinero que necesitamos para remontar las cuentas. Es demasiado. No...no sé qué hacer.

- Yo tengo dinero. – Regina soltó una carcajada cruel.

- Por favor no me hagas reír. ¿Has visto las cuentas? ¿Tienes disponible todo ese dinero? Necesitamos ese ingreso, y lo necesitamos ya.

- Escúchame, recuerdas a Granny. Tiene mucho dinero y si hablara con ella...bueno...nunca le ha interesado demasiado el museo pero si le digo que no estamos pasando por un buen momento, si le cuento...bueno, entre mi dinero, el suyo y el tuyo, podremos inyectar capital suficiente para levantarlo. – Regina la miraba escéptica.

- ¿Y cuando el dinero se acabe? Porque eres consciente que eso solo conseguirá alargar la agonía ¿verdad?

- Al menos lo habremos intentado. Entonces podrás hacer lo que quieras con el museo. Pero no quiero que se vaya a pique todo por lo que tu padre luchó de un plumazo. Incluso podemos contar con Marco. Seguro que el viejo también estaría dispuesto a colaborar. – Regina suspiró pensativa. No dijo nada en un rato.

- Mars me ha hecho una propuesta muy atractiva. – Comentó muy seria, al fin.

- ¿Atractiva para quién? ¡Por qué confías en ese tipo! Es una rata Regina. Todo el mundo lo sabe. ¡Dios! – Se levantó de su asiento y apoyó sus manos en sus caderas mirando al suelo y girando con la cabeza. No entendía cómo Regina no podía verlo. La impotencia recorría todas las terminaciones nerviosas de su cuerpo.

- No tengo ganas de discutir. Por favor. Solo necesito que me acompañes esta noche y escuches la propuesta. Después decidiremos qué hacer.

- Querrás decir que tú decidirás sin consultar con nadie.

- No voy a permitir que me hables más así. Estás advertida. No me gusta tu tono. – Aquellas duras palabras fueron las que colmaron el vaso para Regina. No iba a consentir ni un momento más aquella actitud por parte de Emma.

- Ni a mí me gustan tus formas. ¡No escuchas! – La rubia estaba visiblemente alterada.

- Sí escucho. Solo intento decidir qué es lo mejor para el museo. – También la morena.

- ¡ Lo mejor para el museo es que tu padre no hubiese muerto!. – La miró de arriba abajo. Regina abrió los ojos ante aquellas palabras. Emma se dio cuenta de inmediato de lo que había dicho e intentó rectificar. Pero ya era tarde, pudo ver el dolor en aquellos ojos color chocolate.

- Sal de mi despacho, por favor.

- Regina yo...

- Y cierra la puerta al salir. – Ni siquiera la miró cuando dijo esto último.


El día pasó tranquilo sin ningún tropiezo más entre ambas. Aquella tarde Emma se marchó a arreglar algunos asuntos antes de su cita de las 8. Habían quedado en que se verían directamente en el restaurante. Así se lo había hecho saber Regina mediante una nota que había entregado a Graham. Parecía que a él lo toleraba mejor que a ella. Y él parecía estar encantado con ese hecho. Lo intentó, de verdad que intentó ser puntual. Pero al final llegó casi 20 minutos tarde. Cuando consiguió pasarse delante de la puerta del restaurante Regina la había llamado unas seis veces y todos estaban sentados ya a la mesa. Cogió aire y entró en el local.

- Al fin te dignas a venir. – Dijo Mars mordazmente alzando su copa al ver acercarse a Emma. Regina que estaba de espaldas se giró para mirarla.

- Sí, disculpad el retraso. – Miró a Regina a la que no había visto desde el percance que habían tenido por la mañana. Y antes que nada necesitaba arreglar las cosas con ella. Si no se temía que de aquella reunión saliera lo peor. – Regina, puedo hablar un momento contigo a solas. – Lo dijo muy seria. Demasiado seria para el gusto de Regina que no entendía que tendría que decirle Emma. Así que asintió. Emma la arrastró hacia una esquina cerca de la barra.

- Lo siento mucho. – Le dijo acercándose a ella con las manos abiertas. Regina se mantenía en silencio. – Escucha sé que mis formas no son las mejores y que desde que llegaste no te he tratado muy bien, aunque tú tampoco es que me hayas tratado con especial simpatía a mí tampoco. Bueno ni a mí ni a nadie...

- Al grano, señorita Swan. – La cortó Regina poniendo los ojos en blanco. Emma carraspeó.

- Sí, lo siento. Lo que quería decirte es que la única persona adecuada para sentarse en la dirección del museo eres tú. Siento haberme comportado como una estúpida esta mañana. No soporto que Mars manipule a su antojo con sus buenas formas y su gran capital por delante. Solo te pido una oportunidad. Una oportunidad a nosotros, los amigos de tu padre, a los trabajadores que hemos estado día a día luchando por sacar adelante el museo. Por favor. Si después no conseguimos levantarnos podrás hacer lo que quieras. Darle el museo a Mars, volverte a Nueva York, no sé...lo que quieras. Pero por favor, confía en mí Regina. Sé que no soy miss simpatía, pero el museo me importa, y por tanto tenemos el mismo objetivo. Siento lo de esta mañana. No quería herirte. Lo siento. Solo te pido una oportunidad. – Regina la había escuchado atentamente sin decir una palabra y sin mover un pelo de su cuerpo. Emma no podía dilucidar qué era lo que estaba pensando en aquellos momentos. Pero necesitaba una respuesta rápida o el corazón se le saldría del pecho.

- ¿Y bien? – Dijo con media sonrisa acercándose un poco más a ella, algo que a Regina pareció incomodarle. Carraspeó antes de hablar.

- De acuerdo.

- ¿De acuerdo qué? – Dijo Emma con una pizca de esperanza en sus ojos. Algo que a Regina le recordó demasiado a un niño pequeño y no pudo evitar esbozar una ligera sonrisa.

- Lo haremos como has dicho. Pero si sale mal...

- Si sale mal tendrás mi cargo a tu disposición. No te arrepentirás te lo aseguro. – Dijo Emma atropelladamente sin poder dejar de sonreír. Regina creía que por su expresión iba a abrazarla de un momento a otro. Y agradeció que finalmente no lo hiciera. Aquella mujer era impredecible. Emma pidió una copa de sidra de manzana tras acabar con la conversación y se la bebió entera bajo la desconcertada mirada de su jefa.

- Señorita Swan, por favor, contrólese. ¿Volvemos a la mesa? – Dijo la morena tendiéndole una mano hacia adelante.

- Solo una cosa más. – Emma se sentía plena- ¿Me dejarás darle una lección a Mars? – De la forma en qué se lo pidió, Regina no pudo evitar que se le escapara una amplia sonrisa. Definitivamente aquella mujer era incorregible. Pero por alguna razón no conseguía que la llegara a disgustar del todo, a pesar de lo mal que le caía. Se sentía curiosa. Puso los ojos en blanco y se fue sin contestar. Ella la siguió con suficiencia en la mirada. – Me tomaré eso como un sí. – Le susurró al oído antes de tomar asiento en frente suya.


Bueno, y ya vamos por el capítulo 4...¿Os va gustando? ¡A mí sí! :D Si este fin de semana cosechamos suficientes reviews como para mostrar que así es, que os agrada un poquito, la semana que viene habrá actualización diaria también. Have a nice weekend!