Bueenas, lectores ^^ Gracias por los reviews... Y si, estoy un pelín obsesionada con Wesker. Bueno, un pelín que en realidad es mucho xD Dejo paso a este capítulo, situado en 1990, en el que Albert tiene 30 años y conoce, y después abandona, a la madre de Jake, cuyo nombre y profesión me he inventado xDD


Capítulo 4: Es mejor así

Wesker arrugó la nariz y se cubrió la cabeza con la almohada en cuanto los primeros rayos de sol entraron por la ventana e incidieron en su rostro. Dejó escapar un leve gruñido, y tanteó la mesita que había a su lado en busca de sus gafas de sol. Tras tirar al suelo varios objetos, entre los cuales se hallaba un vaso de agua casi vacío, se dio por vencido. Quiso seguir durmiendo, pero un exquisito aroma a café le obligó a levantarse. Se vio reflejado en el espejo, con tan sólo un pantalón negro por pijama, y con el cabello totalmente desordenado.

Suspiró, y se percató de que había una pequeña marca rojiza en su cuello. Frunció las cejas hacia abajo y se aproximó aun más al espejo. Analizó la marca detenidamente, llegando a la conclusión de que eso no era la mordida de un zombie, si no un chupetón.

¿Pero qué demonios hice anoche?, se preguntó Wesker, pasándose la mano por la nuca y mirando desconcertado su reflejo.

Buscó por la habitación su camisa, también negra. Al observar con detenimiento la estancia, se percató de que esa no era su casa. Era un apartamento. Wesker se asomó a una de las ventanas, viendo un paisaje nevado bastante bonito. A lo lejos había un cartel, junto a una carretera, en el que rezaba: "Bienvenido a Edonia"

¿Edonia? ¿Qué hago yo en Edonia?

-¡Albert! ¡Por fin estás despierto!

Wesker se giró lentamente al oír la dulce voz femenina. Una mujer, unos años más joven que él, sostenía una taza humeante de café entre sus manos. Se la tendió, con una pequeña y tímida sonrisa. Wesker la cogió, mirándole desconfiado.

-No muerdo-dijo ella.-A no ser que quieras…

Albert alzó las cejas. Tomó un sorbo de la taza, saboreando el café. Wesker le escudriñó con la mirada, analizando cada centímetro de su misteriosa acompañante. Era una chica de estatura normal, delgada pero voluptuosa. Su melena rizada pelirroja le llegaba hasta los hombros, con algunos mechones cayéndole en el rostro. Tenía unos ojos azules grisáceos muy parecidos a los suyos. Y, si no se equivocaba, ella llevaba puesta su camisa negra.

-¿De qué nos conocemos?-preguntó Wesker, contemplando cómo ella se servía otra taza de café.

-¿No me recuerdas?

Albert negó con la cabeza.

-Soy Odette, Odette Muller. Nos conocimos anoche en un bar de por aquí… Estuvimos charlando y bebimos más de la cuenta. Y… Bueno. Seguro que ya supondrás el resto-narró ella.

Wesker estaba sorprendido. Y de sí mismo. Él no se acostaba con la primera chica a la que conocía. No era de ese tipo de hombres.

-Me comentaste algo de que trabajabas para Umbrella, y que por eso estabas aquí…

El asombro de Wesker iba a mayor. Tuvo que estar muy borracho para contarle ése tipo de cosas a una total desconocida.

-Oh, no te asustes, yo también trabajo para Umbrella. Soy novata, aun, pero quiero ascender a lo más alto en la cúspide de la bioquímica. Me parece un campo de lo más interesante…

A Wesker le empezaba a caer bien la chica. Asintió y bebió de nuevo café. Aunque, aun desconfiaba de ella.

-¿Y dices que nos conocimos en un bar?

-Sí.

Wesker asintió de nuevo. Ambos se quedaron en silencio, pero no uno de esos incómodos y con los que deseas acabar pero no sabes cómo. Era agradable. Tras casi diez minutos de silencio, Odette habló:

-¿Quieres que vayamos a dar un paseo? A pesar del frío y la nieve, se puede ver un paisaje precioso…

A él le gustó la idea. Aceptó gustosamente.

Durante el paseo, ambos se conocieron mejor. Descubrieron que tenían muchas cosas en común. Música, hobbies, aficiones, libros, películas…

Aquél fue el inicio de una amistad, que más tarde se convirtió en un noviazgo.


-¡Albert! ¡Por favor, no te vayas! ¡Yo te quiero…! Te lo imploro… Perdóname.

La voz quebradiza de Odette, sus lágrimas, sus súplicas… Estaban matando poco a poco a Wesker. Cogió su maleta y salió apresurado del piso que ambos compartían. No quería permanecer más tiempo allí.

Odette le había traicionado. Jamás esperó algo tan ruin y maquiavélico de una persona tan inocente y buena. Albert había puesto toda su confianza en ella, le había dado todo, logró que Odette estuviera en lo más alto junto a él en Umbrella. ¿Y cómo se lo agradece? Vendiéndole. Usándole.

Pero Wesker había aprendido la lección: no confiar en nadie jamás, no volver a ser piadoso ni amable. Ése sería el nuevo Albert Wesker: un hombre frío, serio y desconfiado. Porque eso era lo que Odette había provocado.

Odette Muller resultó ser un topo perteneciente a una organización anti-Umbrella que sólo quería llevarle a la bancarrota. Se infiltró como una más, y tuvo cuidado de escoger las compañías adecuadas para obtener lo que necesitaba.

Y, tras tres años de relación, lo había descubierto todo. Wesker estuvo en el lugar adecuado y en el momento ideal para escuchar una conversación telefónica que sacó a la luz todo.

Ahora se marchaba del piso en Edonia en el que los dos residieron antaño. Pulsó un botón para llamar al ascensor. Odette le seguía, llorando, suplicando que le perdonase. Las puertas del elevador se abrieron y Wesker entró en él.

-Wesker, ¡yo te quiero! Por favor, no me dejes. Podemos hablarlo, solucionarlo-siguió rogando ella, mientras trataba de respirar con normalidad.

El ascensor se fue cerrando poco a poco, y antes de que iniciara su descenso, Wesker respondió:

-Es mejor así.