No sabía en realidad que sentido tenía...Todo ese ir y venir la tenía loca. El descontrol hormonal la había puesto de un humor sumamente peligroso, casi al punto de lanzarle la por maldición al primer osado que le dirigiese la palabra (casi siempre Rodolphus).

Ahora no sólo no sentía nada. Llevaba casi cinco meses con aquel parásito alimentándose de su sangre y nada. Ella se imaginaba que toda aquella negativa de Narcisa para permitirle a su sobrino llevar a cabo su papel entre los mortífagos, era sólo producto de lo que ellos llamaban "instinto maternal".

¡Por favor! Lo que ella sentía no era mas que una exacerbarte molestia ¡ya no podía ni siquiera dormir¡Hasta tenía que hacer hechizos para controlar la humedad en el sostén! Maldita la hora en que esa estupidez se la había metido en su retorcida cabeza.

Se subió lentamente la túnica hasta que quedó al descubierto su vientre. Se veía bastante grande, algo inquietante, casi monstruoso. Observó atentamente los cambios en su piel. Pasó los dedos lentamente por las extrañas y poco estéticas "fisuras" que rompían su anteriormente lisa superficie y se sintió frustrada. Cualquier resquicio de vanidad se vio corrompido por la visión de su cuerpo que le devolvía el espejo. Después de muchos años de sufrimiento, confinamiento y locura se sentía deforme y marchita.

Se oyeron unos golpes en la puerta de la habitación en la que se encontraba. Bellatix se acomodó la túnica y abrió la puerta.

Para el asombro de ella, no era Rodolphus quien se encontraba en el umbral. Severus Snape le devolvía la mirada con rabia desde la puerta. Ella se retiró para que pasara y le obsequió con una mirada despectiva antes de cruzarse de brazos frente a él.

-Snape ¡qué sorpresa!

-Has hecho un buen trabajo con Draco, lástima que compliques las cosas. ¿Qué le has dicho?

-La verdad

-¡La verdad¿Cuál verdad¿La tuya?

-No confío en ti Snape. Apostaría a que en este preciso instante, el viejo está enterado de todo. Por ti Snape. Y no permitiré que arruines la misión.

-No reprocho que le hayas enseñado oclumencia, pero no tenías por que ponerlo en mi contra ¡yo podría ayudarle!

-¿Ayudarle? Te conozco Snape, por muchas excusas que tengas para mi eres un traidor. Y seguirás siéndolo.

Bellatrix se acercó a su improvisado invitado con la mandíbula apretada, recruzó los brazos dispuesta a descargar n él, parte de la frustración que venía acumulando desde que había empezado esa locura. Pero Snape no parecía muy preocupado por la expresión en el rostro de ella. Miraba estático un punto en su figura erguida.

Había olvidado el hechizo. En ese instante su nueva figura era completamente apreciable. Palideció. Bien, no era tan grave, pero ¡no podían darse cuenta! Ese montón de idiotas no lo entendería.

-Más te vale no abrir la boca Snape, o será lo último que digas.

-Entonces creo que podemos llegar a un acuerdo.

A Snape le brillaban los ojos.

-¡Tú no tienes derecho a revelarlo!

-Y tú no tienes derecho a interferir.

Se miraron a los ojos por unos minitos eternos desafiándose silenciosamente.

-Yo no hablo, tú te metes en tus asuntos.

-No puedes...

-¡Sí, puedo y lo haré! No interfieras con Draco.

Bellatrix apretó las mandíbulas con rabia.

-No lo haré. Tú no hablarás. A nadie.

-Hecho.