Pairing: Rin x Haruka
Warning: Yaoi [HxH]
Disclaimer: Free! le pertenece a Kyoto Animation
N.A: Creí que no me iba a dar tiempo a subir este cap, puede que no narré con tanto detalle como otros, pero si lo hacía, serían lo equivalente a 5 capítulos. xD
-¿Campamento Infernal en una isla desierta? –Preguntó Makoto.
-¿Infierno? –Cuestionó el peliazul, mientras elevaba las lentes rojas sutilmente.
-¿Isla desierta? –Dijo finalmente Haru.
-¡Que divertido! –Finalizó el pequeño rubio, que parecía más que emocionado con la idea, a diferencia de los demás, que simplemente mostraban su curiosidad sin un ápice de emoción, al menos en el caso del pelinegro y de Rei.
-¡Sí! Esto es de cuando aún existía en antiguo club de natación en Iwatobi… Veréis, se trata sobre un programa de entrenamiento… -Prosiguió Gou, mostrando el antiguo papel con orgullo, pero Haru dejó de prestarle atención, ya que avanzó hacía la piscina, sin llegar a sumergirse, se quedó observando su reflejo, dio las gracias de que la marca que Rin le había hecho ya no se notara apenas, y también agradeció que su mánager no le hubiese hecho ninguna pregunta, estaba seguro de haberla visto allí cuando pasó lo que pasó, y estaba convencido de que los vio, aunque, por una vez, deseó equivocarse.
-… ¡Nos preparará para el campeonato provincial! –Terminó con convicción la hermana del rival del pelinegro.
-Que flojera… -Añadió Haru, sabía que normalmente se habría quedado callado, pero había notado la mirada implacable de los demás miembros de su club cuando se había escabullido hacía la piscina, sabía, no, notaba que todos sospechaban de su comportamiento, hasta el despistado Nagisa habría notado que Haru estaba más callado y pensando en otras cosas más de lo que normalmente hacía, así que se limitó a decir eso para que los demás pensaran que esa actitud suya solo era causada porque estaba cansado y hasta nadar le daba flojera, cosa que obviamente era imposible.
-¡No deberías estar diciendo eso! ¡Mira este programa de entrenamiento! –Una leve y casi imperceptible risa se dibujó en el rostro del pelinegro mientras los demás miraban el programa que Gou les enseñaba, parece que había funcionaba, nadie pensaría que estaba raro, solo cansado. Siguió en esa posición, sumergiendo su mano en el agua, desde siempre ese líquido le había calmado, pero ahora había llegado a un punto en el que sabía que ni siquiera sumergirse en el fondo de una piscina con los ojos cerrados serviría de nada. Aún en esa especie de trance en el que se encontraba, alcanzó a oír las palabras de la energética Gou.
-¡Sí, el mar! –La observó un poco, de verdad parecía emocionada, tanto ella como Nagisa, pero había alguien que, a pesar de su habitual sonrisa, no parecía contento, Makoto, con el paso del tiempo había sabido apreciar las falsas sonrisas de su mejor amigo, no podía leerlo, como hacía el de ojos esmeraldas con él, pero si podía entenderlo, y sabía que en ese momento no estaba del todo cómodo, lo entendía, después de todo, el mar no era un lugar de buenos recuerdos para él. Y aún así, el de ojos azules sabía que Makoto, como siempre, con el objetivo de complacerlos, aceptaría ir a ese campamento, no lo entendía, siempre anteponiendo la felicidad de los demás a la suya propia… ¿Cómo podía haber gente tan diferente? Makoto era tan amable, y, por ejemplo, Rin era todo lo contrario… Uno estaba todos los días y a todos horas para ayudarlo, y el otro solo pensaba en como humillarlo, y aún así sus ojos siempre se habían posado sobre el pelirrojo, le hacía sentirse masoquista. Como un delfín que busca a un tiburón aún sabiendo que le hará daño, pero siempre había sido así, no había manera de cambiarlo ahora. Aún continuaba pensando cuando la mano de Makoto lo alzó, parecía que iban a ir a algún sitio y ni cuenta se había dado, y por la mirada que le dio el de ojos esmeraldas, supo que lo de la flojera no había conseguido engañarlo.
Poco después se encontró en la oficina de su centro escolar, dónde su consejera y profesora, les aseguró que el club no tenía fondos suficientes, algo que era bastante previsible, parecía que sus club tenía problemas para todo… Por un momento, el pelinegro se tranquilizó, sabía bien que por mucho que Makoto disimulará, el mar no era un buen lugar para él, por eso, la idea de que se quedaran en tierra, le parecía bien, después de todo, el castaño era su mejor amigo y quería que estuviese bien. Pero parecía que el que realmente era masoquista no era Haru, si no el propio Makoto, que mientras avanzaban juntos hablando y el de ojos esmeralda le daba un helado al pelinegro, oyó la frustración de su compañero rubio por no poder ir a la isla desierta que no era desierta, decidió sacrificarse de nuevo, asegurando que encontraría la manera de ir a esa isla sin que les costará dinero, o, por lo menos no demasiado, ya que ninguno parecía tener una gran cuenta bancaría que pudiese pagar el viaje al completo.
-¿Qué tanto le cuesta a Makoto pensar en sí mismo por una vez?-Pensó el ojiazul dirigiendo su mirada al castaño, se preguntaba porque no podía adivinar sus sentimientos y miedos como el de ojos esmeraldas hacía con él, quizás así podría ayudarle, pero era imposible, siempre había sido imposible.
Así que se limitó a seguirle, fueron hasta la casa de su presidente, donde este cogió un paquete que parecía tener todo lo necesario para ir a un campamento en familia, y lo llevaron a casa de Haru, aunque el pelinegro no estaba demasiado contento con la idea de que su casa fuese utilizada como depósito, y aún así, seguía faltando el transporte, pero como de costumbre, Makoto encontró la solución, su antiguo entrenador se acabó ofreciendo para llevarlos, cosa que alegro más que a nadie a Nagisa y Gou, que le ofrecieron a Sasabe una de las muchas figuras que tenían de la mascota del club, pero en la rechazó en ambas ocasiones.
Y por fin, una vez que todo estuvo solucionado, fueron a despedirse de sus compañeros, que volvían a su casa, hasta que todos se fueron y Makoto y Haru también decidieron que era hora de irse, el pelinegro oía al castaño, pero no lo entendía. Y quería entenderlo, por una vez, quería que Makoto dejase esa sonrisa falsa y le contara la verdad.
-¿Realmente te parece bien?
-¿Eh? ¿A qué te refieres, Haru?
-El mar.
Por un momento la sonrisa del castaño desapareció, revelando su rostro preocupado y sus ojos abiertos, como si se sorprendiera de que Haru le prestará atención, no, más bien de que ese chico tan pasota se hubiese dado cuenta de que no estaba cómodo con la idea del mar, pero duró poco, la sonrisa falsa de Makoto volvió a su lugar, aún sabiendo que no podía engañar al pelinegro con eso.
-Oh, eso, está bien, no pasa nada. Es cosa del pasado. –Aclaró, aún sabiendo que eso no era totalmente cierto, notando como su amigo daba un suspiro de resignación.- Más importante… ¿Estás bien tú? No me dirás que la marca en el labio te la hiciste cocinando… ¿Qué es lo que sucedió, Haru?
-Nada que no pueda controlar, Makoto. Estoy bien, no tiene importancia. –Dijo el de ojos azules, no se esperaba que el castaño le preguntase eso, pero por suerte siempre había sido bueno evitando, y si el castaño no le decía la verdad, él tampoco tenía porque hacerlo, así que aceleró el paso, con la mirada del castaño sobre él, engañarlo era imposible, pero decirle la verdad no era obligatorio.
Al día siguiente fue Haru quien sorprendió a Makoto al esperarlo, al castaño le pareció un lindo detalle, era muy raro que Haruka se despertara temprano, pero más raro era que esperase a alguien que no fuera el agua, así que le dedicó una de sus ambles sonrisa y ambos fueron camino al puerto, la voz del energético Nagisa se escuchó apenas sus pies alcanzaron el lugar, indicándoles por dónde ir, parecían estar todos menos su profesora, que llegó unos minutos después con su coche a toda velocidad y tras el regalo que dio a Sasabe, quien parecía conocerla, todos emprendieron el rumbo hacia la isla no-desierta.
No iba a negarlo, el lugar era muy hermoso, y todos parecían estar bien, bueno, no todos, Rei parecía estar algo mareado y finalmente se escapó al baño, mientras los demás cogían las cosas y las depositaban en el que seguro iba a ser su lugar de campamento, aunque poco después el peliazul de lentes regresó diciéndoles a todos que fueran a ver lo que había descubierto, Nagisa se había imaginado que podía ser una tribu, Gou que sería una barbacoa, Makoto pensaba en un lago, y Haru… Temía que fuese un tiburón, de pelo rojizo y dientes afilados, y, para su desgracia, era ese tiburón lo que el de lentes había descubierto.
-¿Qué hace el club e natación de Samezuka aquí?
-¿Otra vez les informó Gou-Chan? –Se quejó Nagisa.
-¡No, no! Esta vez no fui yo… No creí tener que decir nada, mi hermano no me hace mucho caso… Además… -En la mente de la chica aparecieron las imágenes de lo que había visto cuando habían ido a comprar los trajes de baño, nunca se imaginó que su hermano tuviese ese tipo de sentimientos por Haru… Y aún así, se imaginaba que podía ser que Haruka sintiese lo mismo, sentía de alguna manera, que ese chico de pelo negro y ojos azules como el océano era la única salvación de su hermano.-
-¿Además? –Nagisa la sacó de su trance.
-Oh, nada, nada… -Aseguró la chica, no creía conveniente que los demás supiesen lo que había pasado.
-¡Entonces esto es una coincidencia! Deberías aprovechar para ir a saludarlos y-
- No. –Cortó el pelinegro de repente, nadie se habría esperado aquello, Haru siempre estaba callado, y desde que Nagisa había llegado a su instituto parecía aceptar casi todo lo que decían.
-¿Eh? ¿Y eso por qué, Haru-chan?
- Porque yo y Rin prometimos vernos en el torneo provincial. –Aclaró el pelinegro, no era que le molestará verlo antes del torneo provincial, era lo contrarío, quería verlo, y ese era el problema, volvía a sentirse como cuando aún era un niño, anhelando volver a ver aquellos ojos que parecían fuego, que le quemaban por dentro, y a pesar de que se había prometido pensar única y exclusivamente en el agua, era imposible, Rin ocupaba todo su ser, porque, después de todo, Haruka Nanase era de Rin Matsuoka.
-¿Cuándo quedamos en eso? –Preguntó de nuevo el rubio, mientras Makoto, que se sorprendió por un momento, dibujo de nuevo una de sus sonrisas, porque cualquier tonto sabría que aquella promesa tenía mucho que ver con la pequeña marca que había aparecido en los labios de Haruka y que ahora apenas se notaba, y entendía que su mejor amigo quisiera ocultárselo, pero era algo tan obvio, desde pequeños todos lo supieron, cuando un tiburón atrapa a una presa, es imposible que esta pueda volver a nadar a mar abierto.
Se giró bruscamente, supuso que ya estaba paranoico, ¿A qué punto había llegado? Le había parecido oler a Haru, oler, ¿Cómo podía oler si estaba dentro de una piscina cubierta? Pero el olor a la maldita caballa, lo había sentido, y ese olor era sinónimo de Haru, odiaba cuanto amaba ese maldito chico esos peces, lo peor era es que acababa por sentirse celoso de unos peces, estaba llegando a su límite, quería ver al de ojos azules, pero sabía que eso le haría daño, pero era culpa suya, después de todo, había sido él quién le había besado, y por su culpa ahora no dejaba de pensar en el chico, pero tampoco era como si el otro se hubiese resistido o algo, eso le había agradado, además le había marcado como suyo, no quería que nadie le tocase, eso incluía al chico de lentes, a Nagisa, y, por supuesto, a Makoto, en un principio le había parecido que tenía complejo de padre, pero bien podía ser algo más, y no iba a permitir que le quitasen a Haru. Debido a su reacción, las preguntas de Nitori no se hicieron esperar, no es que le molestara la presencia del pequeño chico, después de todo no había nada malo en tener algún amigo, pero es que no le dejaba en paz, hasta cuando decidió irse de la piscina, pues ya había entrenado lo suficiente, para irse a comprar algo, el chico le siguió, tendría que hablar con él, el único con derecho a estar con él todo el día era Haruka, y que el pelinegro no estuviese no significaba que necesitara la compañía de otro las 24h. del día. Por suerte, encontró la oportunidad perfecta para quitarse a ese niño de encima cuando se encontró con su hermana a la salida de la tienda, tenía mucho que hablar con ella, pero Nitori no tenía porque enterarse, así que lo mando a la residencia.
Fueron juntos hasta un parque cercano y se sentaron.
-¡Te digo que no fue así! –Se quejó su hermana.
-¿Qué no fue así lo qué? ¿No están contigo Haru y los demás? –Su hermana notó que siempre usaba el nombre de Haru, pero nunca el de los demás, era como si solo se interesara por Haru, aún así decidió no decir nada.
-Claro, porque estamos en un campamento aquí.
-¿Campamento? Nosotros estamos usando la piscina. ¿Dónde nadan?
-En el mar.
Abrió los ojos de la sorpresa durante un momento, el mar…
-¿Y Makoto está bien? –Observó la cara de sorpresa de su hermana y supo que ella no sabía nada, quizás fuera mejor así.- Da igual. –Finalizó, y su hermana sonrío un poco.- ¿Qué pasa?
-Nada, solo que veo que los tienes en cuenta.
-Yo no les tengo en cuenta. –Negó él, en parte era cierto, le preocupaba Makoto, sí, pero era por una razón en especial, si al castaño le pasaba algo en el mar, sería Haru quién iría a por él, sabía de sobra que esos dos estaban siempre juntos, y en el peor de los casos el pelinegro también podría salir mal del mar, no era como si le importaran los otros.
-Pero prometiste participar en el torneo provincial.
-No me interesa verlos. Lo único que quiero es ganarle a Haru. –Sentenció, no tenía interés en nadie más, quería ganarle a Haru, quería que TODOS vieran como lo vencía, quería marcarlo como suyo delante del Iwatobi, delante del mundo entero si hacía falta, hacerles notar que el tiburón había ganado.
Su hermana entendió entonces, de nada servía hablar con él, porque lo único que le calmaba era su propio enemigo.
-Gou, ¿Dónde estás hospedada? –La nombrada se sorprendió, pensó que la conversación había terminado.
-En una posada un poco más allá.
-Te acompaño.
Una sonrisa se dibujó en el rosto de la chica, seguía siendo su hermano después de todo, entonces recordó algo que él había dicho, solo le interesaba vencer a Haru, pero… ¿Era eso cierto?
Dices querer ganarle… Pero, ¿En qué tipo de pelea, hermano? Si tan solo pudieseis entenderos entre vosotros…
