Debía pedirle un favor a...

— Sakura.

— ¡Hola, Sasuke-kun! — camina hacia él con unos papeles y fichas de pacientes — ¿Otra consulta? Que recuerde Tsunade-sensei no tiene citas para hoy... — coloca su dedo índice en la barbilla y contempla el tumbado por unos segundos.

— Necesito que hagas algo para mí. — sonrojó un poco cuando su mente la llevó a una escena lujuriosa, pero ese calor desapareció cuando él continuó hablando — Necesito el nombre de mi donante; la ficha del trasplante.

— Pero... Yo no... No puedo mostrarte esa información, Sasuke. — el rostro de ella y sus profunda mirada jade le dieron a entender que esa convicción a la medicina sólo podía derrumbarse de una forma.

— Si lo haces te llevaré de viaje. — los párpados de la pelirrosa no daban más de abiertos — Solos, tú y yo. — eso último lo dijo sin ganas, mas ella seguía en sus pensamientos dulces e imaginándose toda una semana junto a él; claro, a su manera. Para ella era más difícil conseguir una invitación de parte del Uchiha que empezar de cero la práctica de medicina... sus prioridades no estaban del todo definidas.

— Sakura... ¡Sakura!

— ¿eh? — regresa de su propio viaje imaginario dando un brinco y sacudiendo levemente su cabeza.

— Lo necesito hoy.

Mira de un lado a otro con rapidez esperando que no los haya escuchado nadie. Lo toma del brazo y, dibujando una blanca sonrisa, le pide que la acompañe hasta la bodega de fichas. A Sasuke no le queda mas remedio que avanzar a paso rápido, siendo halado por aquella insistente residente.

Entran al despacho de Tsunade por las llaves y para desgracia de ambos se topan con una mujer de carácter firme y muy comprometida con las normas médicas, tanto, que muchos la nombraban como la hija de Tsunade... Aunque ellas sólo eran excelentes amigas y colegas.

— ¿Sasuke? ¿Sakura? — frunce el entrecejo y se cruza de brazos muy molesta — Tsunade tenía razón... Utilizaste a Sakura para poder conseguir la ficha. — la ojijade lo mira confundida al pelinegro y Shizune continúa con los regaños — Me decepcionas, Sakura. La medicina puede ser difícil y consume gran parte de nuestro día, pero ceder ante las peticiones de cualquier chico no está bien, en especial si ello te puede implicar problemas serios.

La residente baja la cabeza y se disculpa un par de veces, pidiendo que no se lo diga a la doctora en jefe y la morena de cabellera corta accede; la juventud y las hormonas pueden jugarte malas pasadas y dejaría pasar una... la siguiente sería castigada por dos. Por otro lado, Sasuke deja el edificio con mucha rabia. No pudo obtener lo que buscaba y pensar que Haruno podría haber perdido su empleo por culpa suya le dio pequeñísimo cargo moral... que desapareció una vez llegó a casa.

— Nos vemos mañana, Sasuke. — el moreno toma su maleta con libros y sale de la tienda de electrónica haciendo una seña de despedida, para el cajero de cabello anaranjado y corpulento talle, desde la puerta. De camino a la parada de buses su celular suena. Le sorprende por un segundo que Inoichi lo llame y no deje un mensaje, como siempre hace Tsunade.

— Inoichi.

— Sasuke, necesito que vengas al consultorio unos minutos.

— ¿Problema con mis resultados?

— No. Sólo necesito hacerte unas preguntas personales.

— Acabo de salir del trabajo y...

— Mi agenda está llena y no podré atenderte hasta dentro de un mes... Aunque si quieres lo podemos dejar para después. — Sasuke suspira. Abre su boca dispuesto a agendar para dentro de cuatro semanas; el psicólogo corta esa idea de raíz. — Tiene que ver con la persona en tus sueños.

La llamada se corta y piensa inmediatamente en Hinata, lo que alegra y mueve con velocidad su corazón. Quizá Inoichi investigó algo que le sería de ayuda para conocerla un poco más sin tener que comportarse como un idiota.

— Sabía que llegarías.

— ¡Tsk! — entra al despacho y cierra la puerta. No se topa con Sakura, tampoco le importaba saber como le fue después de la regañada de Shizune hace unos días. — ¿Qué sabes?

— Quiero que tomes asiento. — accede de mala gana — ¿Recuerdas el nombre del cuerpo que ocupas en tus sueños?

— Sí. ¿Qué tiene que ver? Te había dicho que no lo conozco.

— ¿Seguro?

Esa semilla de duda introducida a la perfección por el mejor psiquiatra de la región, dejó a Sasuke con sus pensamientos al aire.

— ¿Insinúa que sí?

— Yo no dije eso. — el Uchiha la mira fijo y con el ceño fruncido — Háblame sobre la chica.

— ¿Qué?

— Dije que quería hacerte unas preguntas personales. — resopla hastiado; creyó que obtendría información de otro tipo.

— ¿Qué tengo que decir?

— ¿Cómo es? ¿Qué piensas de ella?

— Ella es de piel blanca y cabellera oscura, ojos son extrañamente llamativos. Es de estatura baja y tímida.

— Esa es su descripción. Ahora cuéntame de su personalidad.

— No sé nada de ella.

— ¿Nada de nada?

— Somos simples conocidos; apenas la he visto un par de veces y no termina en buenos términos.

— Pero la has descrito con mucho detalle, seguro también has notado su actitud. — pausa unos segundos para observar su comportamiento — Descríbeme lo que has sentido. — sin pensar mucho o forzar sus recuerdos la boca de Sasuke comienza a moverse .

— Es cortés y cambia de color como si fuera un camaleón. Siempre está atenta a lo que digo y no hace contacto visual por más de dos segundos. — Inoichi asiente — Su tono de voz es muy bajo y me tengo que concentrar mucho para entenderle... siempre sonríe.

— ¿Conoces el significado de una sonrisa?

— ¿Acaso lo tienen?

— Sí. Todo tiene su significado, Sasuke.

— Alguien me dijo que no sonríe como antes. Un conocido de ella me contó que lloraba; parece que tuvo una mala relación en el pasado y hasta ahora no lo ha superado.

— Los sentimientos son muy fuertes, joven Sasuke. Llegan a lastimar hasta a la persona más feliz del mundo.

— ¿Y? — como detestaba la forma, casi metafórica, con la que hablan los médicos de su tipo.

— Algunas creencias populares, no comprobadas científicamente, aseguran que, cuando una persona ama a otra con sentimientos muy fuertes, estos puedes enraizarse o mezclarse con las células de tu cuerpo.

— Si me va a relatar sobre rumores de pueblos antiguos me voy. Tengo cosas más importantes que hacer.

— ¿Sabes lo que es, o de qué trata, la terapia de hipnosis? — el pelinegro mueve su cabeza de arriba a abajo — Quiero que des tu consentimiento para hacer una sesión.

— ¿Ahora? — el médico afirma — ¿Para qué?

— Estoy haciendo una investigación sobre los sentimientos y su influencia en nuestro organismo.

— En otras palabras, me quiere de conejillo de indias.

— Suena raro si lo planteas de esa manera, pero sí. — la medicina y el estudio de la mente no era lo suyo; sin embargo no era un idiota. Al igual que Itachi, Sasuke, era perspicaz y astuto para medir su entorno, así como todo aquello que lo involucrara directa o indirectamente.

— Esto tiene que ver con mi trasplante. ¿No?

— Si accedes a la sesión, seguro aclararás muchas dudas. Entre ellas está el chico de nombre Naruto.

Creyendo haber caído muy bajo, Sasuke, firmó un papel de seción con opción a video para evidencia del estudio.

— Relájate y respira profundo. — moviéndo un péndulo de cobre con una simple forma romboidea, el Uchiha estaba cayendo en el mundo del sueño, en vez de quedarse en trance. Inoichi comenzó a hablar de forma pausada y calmada, a tono con los movimientos del instrumento frente al joven.

— Tu mente llegará hasta el punto más oculto de tu memoria. Una vez allí, abrirás la puerta y darás un paso dentro para encontrar la respuesta de tus extraños sentimientos... Llega hasta las células que han sido implantadas y descubre la verdad... Busca las memorias de Naruto, tú donante...


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— ¡Por fin la veré-dattebayo! — un chico de cabellera rubia salía de su casa con una maleta de viaje y su pasaporte en la mano derecha. Los grandes ojos azules desprendían un brillo propio en pleno día soleado. Al parecer era otoño, ya que cubrió su cuello con una bufanda roja.

( ¿Ese es Naruto? )

Sasuke ya no se encontraba dentro del cuerpo; era un espectador de lo que rodeaba al chico de gran estatura. El muchacho levanta la mano para llamar a un taxi, al que sube con una sonrisa que no podía ocultar. Toma asiento junto al chofer.

— ¿Dónde va, joven?

— Al aeropuerto, por favor.

— Se ve muy alegre. — Naruto deja de mirar por la ventana para prestar atención al conductor — ¿Vacaciones?

— No. ¡Me reuniré con mi prometida-ttebayo! No la veo desde hace un año y hoy la visitaré. — exclama con una sonrisa que parece comercial de pasta dental.

— Me alegro por usted, joven.

— Gracias, viejo.

Llegan a una intersección de cuatro carriles y el semáforo marca luz roja; el taxista se detiene.

— Debe amarla mucho.

— No sabes cuanto, viejo. Ella es... pues... es mi vida. No me imagino un futuro sin ella a mi lado.

— Debió ser difícil conquistar a una chica tan especial.

— ¡Qué va! Si no es por un amigo de nosotros, jamás me abría percatado de sus sentimientos. Ahora que la conozco, yo... — pausó un segundo para mirar el día soleado con tranquilidad y esperanza — Se llama Hinata.

— En días como estos debes tenerla presente a cada segundo.

— No tienes idea de cuanto.

La luz se torna verde y el vehículo se pone en marcha con lentitud...

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La vida guarda muchas sorpresas y no siempre son buenas.

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Un camión, cargado de varios automóviles lujosos, avanza a velocidad y no se detiene al encender la luz roja de su carril. El chofer del trailer no estaba borracho, tenía una esposa y gemelos de tres años, ese era su último encargo y luego regresaría a casa para cenar. El conductor del taxi era divorciado y siempre visitaba a su hijo de 16 años los fines de semana; al día siguiente irían a un partido de fútbol. Los frenos fallaron sin una mínima pizca de funcionamiento dando como resultado el derrape por la brusca girada del volante hacia el lado derecho.

El impacto fue mortal.

La ambulancia no tardó más de dos minutos y sólo llegó para recoger tres cadáveres y un par de heridos.

Sasuke se acercó al auto hecho pedazos. Naruto fue el último en ser sacado de la escena y uno de los paramédicos revisó su billetera para leer la credencial de indentificación y otro papel: "Donador" y entonces pasó. Su pecho comenzó a doler como aquella vez.

( ¿¡Pe-pero q-q-qué...!? )

La respiración se hizo corta y rápida haciendo que caiga de rodillas en el asfalto sin acceso a ayuda; era una simple alucinación. Lleva su mano al pecho y cierra sus ojos por un segundo... ¡le costaba respirar!

Entonces se encuentra en la universidad, había un gran número de personas rodeándolo y escuchaba leves voces pidiendo una ambulancia, otras dando espacio para respirar. Cae inconsciente.

Sasuke es ingresado de emergencia y Tsunade pide la ficha de control.

— Es el muchacho con fallo en el miocardio. — Shizune explica — Tengo entendido que llegó un donador hace unos minutos.

— Preparen el quirófano de inmediato. — el cuerpo del Uchiha tenía sus ojos cerrados, pero era capaz de ver su entorno desde su propio cuerpo. ( ¡Itachi! ) Exclama al ver a su hermano con un rostro de pesadez y angustia.

Una vez dentro de ese cuarto blanco y frío, ya con los cables y máquinas, sondas y demás artefactos médicos conectaros al Uchiha para monitorear su estado, llega un enfermero con un congelador y lo deposita sobre una de las mesas y a las manos de Shizune llegan los papeles de la nueva vida.

Uzumaki Naruto: accidente de tránsito. — lee en voz alta para que los demás escuchen.

— ¿Edad? — pregunta Tsunade.

— Dentro de poco cumpliría los 20. — la enfermera de cabello corto oscuro suaviza su mirada — Apenas comenzaba su vida... y ahora le dará la oportunidad a este joven. — expresa sin sonar sentimental. Eran palabras para su querida amiga, que había perdido a un ser especial en las mismas circunstancias.

— Basta Shizune. Prepara el sitio para la incisión y revisar los signos vitales... — continuó dando instrucciones a cada uno de los médico que allí estaban. Cuando el frío metal toco su pecho, el moreno abre sus ojos asustado y con las pupilas dilatadas.

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Estaba en el parque como siempre, cuando quería meditar bien lo sucedido en un día atareado. Era extraño todo y para colmo, el día estaba soleado con brisa calmada. ¿Cómo concentrarse?

— Uchiha-san. — voltea y nota su presencia, el viento fresco de verano le permitió oler su cabello y su corazón volvió a palpitar descontroladamente — ¿Cómo le ha-?

— Creí que me llamarías Sasuke.

— Cierto... — miró hacia un costado y tomó un poco de aire; el azabache seguía en la banca — ¿Cómo ha estado tu... tu semana, Sasuke...kun? — no le respondió. No porque no quisiera, era que no sabía cómo. — Si... si estás ocupado puedo...

El moreno se hace a un costado del asiento dándole a entender, en el silencio, que estuviera a su lado. Ella accede.

— ¿Crees que los sentimientos de otros pueden pasarse?

No le gustaban los rodeos o metáforas, no era sarcástico y detestaba que los demás no fueran directos, pero no sabía si lo que vio en un sueño era cierto o no. ¿Y si realmente pasó así?

La lastimaría...

— E-eso creo... — respondió sin dudarlo, aunque no dejó su timidez. Él la miró de perfil. — Hace mucho tiempo hablé con alguien sobre eso... — su mirada melancólica le aseguró que ella estaba recordando a ese tal Naruto; aunque no estaba seguro del todo — Él me dijo que una emoción muy fuerte puede llegar a formar parte de tu existencia. — sus palabras eran tan dulces que le molestó por un momento.

— Aún lo amas mucho, se nota en tu mirada. — y de alguna forma le dolía pensar eso; no en su corazón... sino algo más profundo.

— Yo... yo no sabía que era tan obvia en... en ese entonces. — mueve sus dedos en forma de jugueteo — Aún le guardo un gran afecto... fue difícil... ¿sabes, Sasuke-kun? — volteo totalmente su cara para estar pendiente — Me sentía tan... tan culpable...

— Que falleciera no fue tu culpa. — no debía mencionar ciertas cosas; temía que ella comprendiera de otra forma o en el peor caso, que ella se alejase... para siempre.

— Gracias a nii-san y Toneri-kun lo he superado.

— La persona más importante para mí, antes que mi hermano, era mi madre. Cuando ella nos dejó eso me destrozó e Itachi tuvo que cuidar de mí. No le hacía las cosas fáciles, pero ahora soy capaz de seguir adelante.

— Si. Es tiempo que continúe mi camino... — miró a Sasuke con confianza y una sonrisa alegre. Cuando ese paliducho de cabello cano le dijo que sonreía diferente, él no lo notaba. Cuando Hinata sonreía para Sasuke, nunca encontraba un atisbo de tristeza. — Naruto hubiera querido que así fuera... — susurró mirando las nubes. Sasuke abrió un poco sus párpados. No había duda alguna que él poseía sus sentimientos.

En tal caso, si dentro del pecho latía el corazón de ese Naruto, todo lo que ha sentido por ella no es real; no para él. Entonces... ¿Por qué su mente sigue queriendo verla? Seguramente el corazón dentro de su pecho lo está influenciando.

(Aquí termina todo.)

Sasuke no quería tener a otra torpe fan que se le insinuara como en la universidad, o chicas que llegaban a la tienda para gastar su dinero en artículos que ya tenían sólo para hablar con él. Ella no era así. El Uchiha se dio cuenta que ella no era como las demás, no lo buscaba ni le coqueteaba... Hinata era una jovencita dulce y tímida que mantenía el recuerdo vívido de su difunto prometido, ya no tenía motivos para buscarla o esperar encontrarla en la librería o el parque, pues ha descubierto el suceso de su extraña taquicardia. Ella parecía tener una relación firme con ese paliducho de sonrisa estúpida que le reclamo por cosas que no eran lo que parecían; Sasuke no era uno de esos que se fijaría en mujeres casadas, comprometidas o con relación. Cuando tuviera novia, pensaba él, no le gustaría que otro la estuviese cortejando, pero sí le agradó pensar por unos segundos, tener a una chica como ella a su lado... toda su vida.

— Lo siento... — expresa ella sin mirarlo y se sorprende.

— ¿Por qué?

— Es que... te estoy contando cosas que, pues... Tú estás con tus propios problemas y yo... yo te hablo de los míos...

— ¿Quieres un refresco?

— ¿eh?

— Hace calor y ya que no estamos haciendo nada. ( ¿Qué hago? Se supone que debes alejarte, Sasuke. ) — ella asiente y se levantan de la banca rumbo a una tienda cercana. Él pide una gaseosa de limón y ella un jugo de frambuesas.

— Gracias, Sasuke-kun. — seguía ese palpitar dentro. ¡Quería que terminara de una buena vez! Uchiha Sasuke no se había enamorado de Hyuga Hinata y no iba a suceder... ella estaba con el canoso.

— No tienes por qué. — caminaron por el parque, uno junto al otro. Sasuke no sabía dónde lo dirigían sus pasos, hasta que ella lo saca de su mirada vacía y pensamientos contraproducentes.

— Nuestros encuentros han sido extraños... — la mira con curiosidad — ... y has tenido un... un comportamiento raro en la mayoría de ellos... — miró hacia un costado antes de que ella note sus ojos posados en su perfil — Debo decir que... pues... hoy ha sido un día tranquilo. — se detienen frente a la entrada sur del parque y se miran — No hicimos nada entretenido, pero... hace mucho que no pasaba un lindo día. Gracias, Sasuke-kun.

Ella continúa su andar pasivo después de ofrecerle esa sonrisa que no reflejaba tristeza; él no deja de mirarla hasta que dobla la esquina.

— Hola.

— ¿Tú otra vez?

— Vaya.. ¿Acaso no me puedes saludar y ya? Podríamos ser buenos amigos.

— ¡Bah! — Sasuke continúa parado frente al mostrador de la tienda. — ¿Ahora qué?

— Vine a comprar unos auriculares para mi pareja. — su corazón brincó al oír eso.

— ¿Acaso no le sirvieron los que compraste?

— ¿De qué hablas, Sasuke-san?

— El otro día compraste unos para ella. No me trates como un idiota. — Toneri mira el tumbado del sitio y sus párpados se abren.

— ¡Ah! Te refieres a los que tenían diseño de copos... — levanta una ceja, el peliblanco tenía una idea de a dónde iba el asunto — Esos eran para Hinata-san.

— ¿Hay alguna diferencia?

— Tu crees que ella y yo... — mirándolo con asombro, echa a reír con énfasis — ¡Siempre creen lo mismo... Nunca deja de ser gracioso!

— ¡Yo no soy tu payaso! Lárgate, que no voy a soportar tus estupideces.

— ¡Vamos! — habla, aún divertido por las palabras del Uchiha — ¿En serio lo crees?

No estaba de humor para soportar el cinismo y fortuna de tener a esa chica como su novia; prometida seguramente. Han pasado más de 15 días desde que charló con Hinata. Todo le ha ido mal. No quiere ver lo positivo... Pasa molesto y se desquita con todos. Yugo se lo hizo saber ayer, pero era una plática inútil. Sasuke seguía visitando el parque; pasaba por la librería en horas de almuerzo y cuando se iba a casa; confundió a una chica en la plaza; su corazón ya no estaba calmado... Desde que decidió no buscarla o hablarle, los latidos de Naruto no han cesado y eso le quita el sueño.

— Hinata-san y yo somos buenos amigos. — palabras serenas y sin un dejo de burla llegaron a oídos del moreno, que voltea con precaución — Ella es mi mejor amiga desde el jardín de infantes. Siempre la he visto como una hermanita. ¿Ahora ya no me tienes rencor?

— ¡Hmp!

— Es mi familia, tanto ella como yo, nunca hemos sentido algo más allá que una gran amor fraternal. Incluso la ayudé con un chico.

Naruto. — pensamiento que se manifestó en un murmullo que llegó a los oído de él.

— ¿Lo conoces?

— No.

— ¿Ella te lo di-?

— Olvídalo.

— Como gustes... — mirándolo fijamente.

Luego de la transacción, Toneri estaba dispuesto a irse, pero algo lo detiene, suspira con pesadez y susurra sin que llegue a escuchar el azabache — Debo hacerlo... otra vez. — voltea.

— Mañana a las 10 de la mañana en el aeropuerto.

— ¿Qué? — no le estaba prestando atención; atendía a otro cliente.

— No estoy seguro de lo que ella siente, pero tú sí estas enamorado de ella.

— Déjate de pen-

— Mañana, aeropuerto, diez de la mañana... — camina hacia la entrada — Se irá por un periodo indefinido, Sasuke-san. Las mujeres no saben cuando son amadas, es nuestro trabajo demostrarlo. — abandona el local dejando a la mayoría de personas con la mirada en el Uchiha. Salió por la puerta trasera para evitar las caras de picardía, tristeza y asombro.

( Ella no está con ese imbécil... )

Lleva sus manos al cabello y lo tira hacia atrás con ansiedad caminando de un lado a otro en paso lento.

( No. Esto que siento no es mío, es culpa de Naruto. ¡Maldito seas, dobe! )

Toda la noche revolviendo las sábanas, bebiendo tasas de leche y tomando una ducha caliente para conciliar el sueño. Inútil tarea la que buscaba para olvidar la información que su cerebro recibió de parte de Toneri el día anterior.

— ¿Me contarás lo que te sucede? — Itachi iba rumbo a la cocina, por su desayuno, cuando la puerta entreabierta y un sonido de desasosiego lo lleva a espiar a su hermano por unos segundos. Decide ayudar y aconsejar... si Sasuke se lo permite, claro; aunque Itachi siempre consigue que su hermanito hable.

— No es algo que te importe.

— Me importa porque te involucra, Sasuke.

— Nadie puede ayudarme en esto.

— Sin duda es una chica la que te quita el dormir.

— No es lo que crees.

— Eso se llama amor, hermanito.

— Son cosas del corazón. — Itachi levantó ambas cejas — Hablo del trasplante, no es metáfora.

— Ya... — volvió a bajar las cejas.

— Me enteré que el donante iba a casarse con Hinata. — el Uchiha mayor levantó una ceja.

— Interesante.

— Si vas a analizarme como uno de tus experimentos sociales, de una vez deja la habitación. — no le hace caso y se sienta al filo de la cama.

— Lo que me quieres decir es que... ¿todo lo que crees que era amor de tu parte, en realidad es un sentimiento oculto en las células del corazón que te proporcionó una segunda vida? — detestaba y admiraba la capacidad analítica de su hermano — La mente y el corazón, la razón y los sentimientos son poderosos contrincantes, Sasuke, pero es cuestión de nosotros mantener el equilibrio. Muchas veces necesitamos un poco de ayuda para darnos cuenta.

— El amor no nace así.

— Para mí el amor es una semilla sembrada sin que te des cuenta. Alguien nota la planta cuando ya tiene un tamaño considerable y te lo da a conocer. Es decisión tuya si lo talas o no.

— Pero seguirá allí.

— Sí. Por eso depende de lo que haga tu jardinero. — maldecía sus metáforas en la cabeza e Itachi lo notó. — Lo que quiero decir es: el corazón permite que el amor llegue a tu vida, pero es la mente que te dice si lo cultivas o lo dejas morir. — se levanta del colchón y las palabras de Sasuke lo detienen en la puerta.

— ¿Qué hora es?

— Faltan diez para las nueve.

Mira el suelo de la habitación de un lado al otro con impaciencia, sus ideas luchaban contra las palabras de su hermano... una parte debe ganar. ( ¡Lo haré! )

Salta de la cama y se pone una camisa, se coloca los zapatos con rapidez y toma la billetera; los pantalones de mezclilla no se los había cambiado cuando llegó a casa anoche. Itachi ve la desesperación de su hermano y sonríe de lado. Sasuke abre la puerta principal y un taxi estaba en la entrada.

— Gracias, nii-san.

Sube al auto con el cabello hecho un alboroto y sin desayunar.

— Al aeropuerto. — sin llegar a se multado, el taxi iba lo más rápido que le daban las leyes de tránsito. ( ¡Maldita sea! ) ¿Acaso podía ser peor? El tráfico en las cercanías era agobiante, no tenía tiempo. ¡El reloj estaba en contra! Abre la puerta y se baja, dejando una buena cantidad de dinero al conductor y continúa el trayecto a pie. ( ¡No te vayas! ) Entra al edificio y se acerca a recepción agitado por las treinta cuadras que tuvo que correr.

— ¡¿El vuelo de las diez de la mañana?!

— Indique el destino o la aerolínea.

Su boca quedó muda. No podía estar más alterado y su corazón no le daba las cosas fáciles. ¡El idiota de Toneri no le dijo el vuelo! Corrió por todo el aeropuerto, preguntaba en cada punto y a cada guardia dando la descripción de ella, del imbécil paliducho o el idiota sobre-protector de Neji.

La alarma del lugar, anunciada con una melodía dulce y lenta del reloj principal, detuvo la búsqueda frente a la entrada principal. Recorrió cada centímetro del sitio, llevó sus ojos al reloj que marcaba el medio día.

Su respiración estaba muy forzada.

— ¿Se encuentra bien? — pregunta un policía al notar la reacción. Sasuke iba a responder, pero el mundo se movió bruscamente y se sostuvo de un anuncio cercano — Necesitamos una ambulancia en la sección 1, planta baja. Entrada principal.

Su pecho comenzó a oprimirse y los latidos cesaron con brusquedad. Cae al suelo.

— ¡Joven! ¡¿Me escucha?! ¡Joven!

Alguien pasaba por allí y vio la multitud de personas; la curiosidad hace presa a la mayoría.

— Denle espacio. ¡Espacio! — llegan los camilleros.

— ¿¡Sasuke-san!?

El Uchiha miraba el vació y su corazón latía cada vez menos... ( Hinata... ) Toneri se abre paso entre la multitud y pregunta por él.

— ¡Somos amigos! — expresa para subir a la ambulancia. Entre el ajetreo de los para-médicos y la sirena, el peliblanco escucha susurrar al moreno con mucho pesar y poco aliento.

— No me... dejes... Hinata...

— ¡Desfibrilador!

— Sasuke-san... resiste. No te des por vencido. — la preocupación en su rostro se hizo presente y la conciencia de Sasuke se desvaneció... junto a los latidos de su adolorido corazón.


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— ¿Oe? — una voz se escucha en la lejanía — ¡Oe! — parece que alguien se acerca corriendo, sus pasos parecen desesperados — ¡OE! ¡DESPIERTA-TTEBAYO! — una cachetada que le enrojeció la mejilla y le obligó a abrir sus ojos por el dolor. — ¡Maldición! — exclama aliviado con una enorme suspiro de tranquilidad — ¡Creí que estabas muerto, teme!

— ¿Por qué me golpeaste, tarado? — mira su entorno con asombro sin mostrarlo en el rostro — ¿Dónde estamos?

— No sé. Te desperté para que me lo digas. — se acuclilla y deja caer su peso en el suelo, cruzando sus brazos y piernas en aquel inmenso páramo cubierto de césped y brisa suave. — Llevo aquí unos meses.

— ¿Naruto?

— ¿Me conoces? — ladea su cabeza con ojos como rayitas oblicuas. Sasuke se levanta con sus ojos cubiertos por una densa sombra, toma por el cuello de la camisa al rubio y le da un golpe directo en la nariz. — ¡¿QUÉ MIER-?!

— Gracias, dobe.

— ¿EH? — mientras se soba la nariz, que se encuentra roja y adolorida, Sasuke toma asiento frente al rubio. — Me agradeces... ¿qué? — luego de observarlo con detenimiento y analizar el tono de voz, Naruto abre sus párpados hasta que sus ojos son dos platos blancos. — ¡¿Sasuke?!

El moreno asiente con lentitud. Naruto se levanta con una velocidad impresionante y abraza al azabache, quien lo empuja y golpea en el estómago; recrimina su actitud tan desvergonzada.

— Eres un zoquete, desgraciado, egocéntrico...

— ¿A dónde quieres llegar con eso, dobe? — manifiesta con un tic en la ceja y varias venas brotadas.

— ¡Eres un completo imbécil-ttebayo! — una pausa que por poco deja el ojo morado al ojiazul — Pero eres el indicado para Hinata-chan. — una sonrisa muestra la cara del chico y Sasuke se asombra lo suficiente para darlo a notar.

— ¿De qué hablas?

— Conoces lo complicado de amar, teme. — vuelve a tomar asiento y el moreno lo secunda — Desperté cuando su perfume llegó a tu olfato. Desde entonces quiero verla. — expresa con melancolía.

— En este sitio no puedes.

— No. Aunque sí logro percibir su perfume y deleitarme con su bella y melodiosa voz. — dice con un ligero tinte rojo en sus cachetes y eso le provocó un pequeño arranque de adrenalina al ojinegro. — Me tomé el atrevimiento de revisar tus recuerdos y comprendí por qué desperté dentro de ti.

— Es obvio... tengo tu cora-

— ¡NO! — mira al azabache con infinita seriedad — Estoy aquí para que la veas como yo la veía... como la sigo viendo. Así que te obligué a hacer todas esas cosas.

— Maldito... — murmura entre dientes y su rostro estaba cubierto de un manto negro — ¿Acaso no sabes que si una chica es besada por un desconocido va a-?

— ¡Oh! No quería que la besaras, teme. Es que confundí las acciones... — ríe con incomodidad — sólo buscaba que la abrazaras... jejeje...

— Usuratonkashi. — el rubio arrugó las cejas.

— De alguna forma influyo en tus acciones y decidí tomar ventaja. — al azabache le salían maldiciones a voz baja — Mira, teme, ella es tan especial como no tienes idea; no quiero que esté sola toda su vida... ¿comprendes? — el odio y las malas palabras se fueron con rapidez. Naruto mira el cielo claro y cierra los ojos para que los rayos del sol lo tocaran con delicadeza; recordando la suave piel de ella. — Soy... — abre los ojos y mira al moreno — ERA huérfano desde bebé. Nadie me tendía la mano y aún así logré salir adelante en mis estudios. El amor era algo que creí, jamás se daría en mi vida, hasta que la noté O mejor dicho, hasta que Toneri me lo dijo... — una sonrisa que demostraba en Naruto un sinnúmero de recuerdos al decirlo — Ella me quería, ¡me amaba!, desde que estábamos en primero de colegio.

Sasuke no comprendía si Naruto había nacido idiota o el amor lo volvió así.

— Por esa razón te la encargo... Hice todo lo que tenía al alcance, el resto depende de ti. ¡Suerte-dattebayo!