De pie frente a la entrada de la mansión, Rogue miraba la enorme y antigua arquitectura del edificio que en los últimos años había sido su hogar. Una hora, observando y decidiendo como hacer su entrada. No tuvo necesidad de meditar como hacer su reaparición. La puerta fue abierta.
-Bueno¿entrarás o no? –
Logan. Ella lo miró al rostro, tratando de hallar algún indicio de alivio de tenerla de regreso. O coraje, por haberse marchado de la manera como lo hizo. El solo se limitó a arquear una ceja en espera de su respuesta. Sin decir palabra alguna, entró. Cerraron la puerta tras de si y escuchó a Logan decir en voz baja:
-Bienvenida a tu casa, pequeña. –
Y ella escuchó en su voz la satisfacción de que hubiese regresado por su cuenta. Rogue sonrió. Dijera lo que dijera, sabía que ella ocupaba un lugar especial en el corazón de su lobo.
-¿Te hice falta? – preguntó ella juguetona, volteándose a mirarlo.
-Ni un carajo. – respondió él llevándose un cigarro a su boca.
Sin titubeo alguno, ella se arrojó a sus brazos y aspiró su peculiar aroma de cigarro y almizcle.
-Nunca vuelvas a hacerme eso. – le murmuró él a su oído.
Se echó hacia atrás para mirar su rostro y solo por unos segundos pudo distinguir la angustia en sus ojos color avellana. Pero tan rápido como surgió la expresión, así de inmediato desapareció.
-La cena ya esta lista. Ven para que comas algo. Me imagino que estarás hambrienta. –
-No tienes idea. – dijo ella riendo de buena gana.
Logan la llevó hacia el comedor. Sin importar lo que hubiese decidido hacer con su mutación o que Bobby no hubiese apreciado su sacrificio, era grato estar de regreso en su hogar.
---------------------------
Bostezando, Rogue miró su reloj digital que estaba sobre su mesa de noche. Era tarde en la noche. Buscando entre su recién guardada ropa uno de sus vestidos favoritos para dormir, se dispuso ir a darse un buen duchazo cuando tocaron a su puerta.
-¿Te equivocaste de dormitorio? – preguntó ella con sarcasmo marcado al encontrarse de frente con Bobby.
-Marie… - comenzó él a manera de súplica para ser bruscamente interrumpido.
-Nunca vuelvas a tener el atrevimiento de llamarme así. –
Ella maldijo en su interior el día que le dijo su nombre. Era extraño como escuchando de nuevo su nombre de su boca no le producía… nada. Y recordó la noche anterior, cuando cierto manipulador de las llamas la llamó por su nombre. Sorprendente como comenzaba a gustarle solo porque John lo dijo.
-Por el amor de Dios… -
-¿Qué? –
-Solo deseaba hablar contigo. –
-Ya nos dijimos todo lo que pensábamos decirnos. No hay nada más que decir. –
Sin esperar a ser invitado, Bobby entró y cerró la puerta. Rogue lo miró furiosa, abriendo su boca para insultarlo pero la cerró inmediatamente.
-De acuerdo Bobby, solo cinco minutos de los cuales solo te quedan tres. –
El no podía creer que esa chica que tenía frente suyo era Rogue. Alrededor de su persona ya no existía ese aire de desesperanza y cansancio como antes. No; algo parecía relucir en su interior, iluminando todo su ser con cierta estabilidad y firmeza. Su piel se veía más tersa, su cabello más reluciente y esos ojos marrones, brillaban como nunca. ¿Qué demonios le había sucedido mientras estuvo en la ciudad?
-¿Qué hiciste anoche? – él hizo una mueca de desaliento¿acaso había pronunciado en voz alta su pensamiento?
-Eso no te incumbe. – contestó con inacostumbrada agresividad.
-Disculpa… Rogue¿qué te sucede? –
Ella cruzó los brazos sobre su pecho:
-No sé a que te refieres. –
-Hay cierto cambio en ti… -
-¿Quizás que ya no soy mutante? – ella le habló como si tuviera algún grado de retardación.
-No es eso. – le replicó él molesto, -Algo te sucedió anoche. –
Rogue tensó todo su cuerpo, él no podía… No, imposible. Por supuesto que no tenía conocimiento. Su poder mutante era congelar los objetos, no leer mentes. Nunca le diría a nadie lo que había compartido con John; su único y verdadero beso. Ese sería un dulce secreto que siempre guardaría en su corazón por siempre. Solo le pertenecería a ella… y a John.
-Bueno, sí. Me sucedieron muchas cosas: me empapé bajo una fría lluvia, me dio hambre y dormí a la intemperie. – no pudo contener su lengua mordaz.
Bobby se acercó a ella. Demasiado de muy cerca para la incomodidad de Rogue. El pareció escudriñar de cerca su rostro. Esto le brindó cierto malestar a Rogue.
-¿Qué diablos buscas? – demandó ella enojada.
De improviso todo el talante de Bobby dio un giro brusco de grado, suavizándose por completo las facciones del rostro masculino.
-¿Aún no te han besado apropiadamente? – se encontró Bobby preguntándole para la sorpresa tanto de él como de ella.
Las mejillas de Rogue se tiñeron de rubor no solo ante lo inapropiado de su pregunta, también fueron las sensaciones que esa pregunta evocó en su interior. Yo te enseñaré lo que es ser realmente besada. Ella se llevó una de sus manos a los labios en un reflejo involuntario. Bobby lo tomó como una invitación y aproximó su boca a la femenina. Como despertando de un sueño, ella le dio un violento empujón.
-¿Cómo te atreves? – dijo ella entre dientes.
-Yo… - comenzó él a decir aturdido y cerró sus ojos por varios segundos, - A veces creo que fue una decisión errónea el haber terminado lo nuestro. –
Ella movió su rostro de lado a lado.
-¿A veces crees? – y una risa depredadora escapó de sus labios, - Eres un fresco, Bobby. ¿Qué pretendes¿Jugar con las dos? –
-¡No! – exclamó él avergonzado, - Solo que no estoy seguro de si amo a Kitty o a ti. –
-Fuera, Bobby. – dijo ella con una peligrosa tranquilidad, -Antes que yo decida echarte a patadas. –
El bajó su cabeza y salió de la habitación con una postura de completo desespero. No pudo dominar su furia, ella cerró la puerta con fuerza. De todos los… Era un descarado. Y si él creía que ella lo volvería a recibir con los brazos abiertos, pues no tenía idea de lo "erróneo" de su opinión de ella. Era incontrolable su deseo de gritar… Sí, un buen duchazo era lo que necesitaba. Despejaría su mente de esa oscura nube que se había cernido sobre ella.
-----------------------
Una oscura figura saltó por una ventana al interior de una habitación. Esperó varios segundos a que sus ojos se adaptaran a la inesperada oscuridad para posarlos en la figura dormida de una bella joven. Era un bello ángel de porcelana. El pecho femenino seguía el acompasado ritmo de su respiración que indicaba estaba profundamente dormida. ¡Dios! Increíble solo con ver su presencia y todo su desasosiego e incertidumbres desaparecían. Siempre ella había obrado ese milagro en él. Con sumo cuidado de no despertarla, John se acomodó a la orilla de la cama.
Amor, esa era una palabra que lo había eludido por casi toda una vida hasta que ella llegó a la suya. Nunca pudo comprender porque tanto alboroto y bullicio alrededor de una palabra como esa. Opinaba que todos eran unos tontos y que él nunca sería tan pusilánime de caer en las garras del amor. Y la vio por primera vez en el salón de clases de la señorita Munroe e inmediatamente entendió el significado poderoso de esa pequeña palabra. Toda su vida comenzó a girar alrededor de la belleza sureña. Pero inmediatamente comprendió que ella no estaba destinada para él.
No, él era la oscuridad, lo turbio y lo sucio mientras que ella era la luz, la claridad y lo limpio… Pero como él deseaba ser parte de esa claridad. Para que toda su oscuridad se desvaneciera en la luz. Hallar cobijo en toda la limpia alma femenina para alejar su suciedad de la suya.
Alzó su mano y con sumo cuidado para no despertarla, acarició con pura devoción la aterciopelada mejilla. El cerró sus ojos; tan suave como todo en ella. Si ella hubiese sido suya, nunca la hubiese dejado ir. Nunca.
Inesperadamente, ella movió su pierna y se topó con él. John se petrificó. Ella abrió sus ojos.
-¿Johnny? –
¿Fue acaso ilusión lo que él escuchó en su voz? El se mantuvo rígido, tal vez la oscuridad podría ocultarlo de sus ojos. Ella encendió la pequeña lámpara que tenía sobre su mesa de noche. El maldijo en voz baja.
-¿Qué haces aquí? –
-Visitando. –
-¿A estas horas de la noche? – ella cruzó los brazos sobre su pecho, mirándolo escéptica.
-Sí. ¿No vas a gritar? –
-¿Por qué habría de hacerlo? – esta vez lo miró aturdida.
-Soy el enemigo. –
En un tono de voz casi inaudible, ella le replicó:
-No eres mi enemigo. –
Rogue se incorporó para sentarse.
-¿No lo soy? – y una sonrisa pedante apareció en su rostro, - No sé, la última vez que miré, yo pertenecía a los Brotherhood y tú a los X-men. Creo que eso nos hace enemigos.-
-¿A qué has venido? – ella ignoró por completo su comentario.
¿Cómo respondería a esa pregunta? Quedaría como un idiota enamorado si le decía que quería verla por una última vez, asegurándose de que ella se encontraba bien. En ocasiones, una contestación honesta era todo lo que se requería.
-Rogue, yo… -
-Marie, por favor. – le corrigió ella con suavidad.
Los turbulentos ojos aguamarina se tornaron en el azul más intenso. Cuando el mar tomaba ese color, Rogue nunca sabía con certeza si estaba tranquilo o si presagiaba el comienzo de una tormenta. Una feroz añoranza de ser besada la asaltó sorpresivamente. Jamás había sentido nada igual y lo avasallante de esos sentimientos la dejó por completo perturbada.
-Marie. – fue casi una plegaria, su voz ronca. Una súplica agridulce.
-¿Por qué te fuiste, John? –
Sí, John¿por qué lo hiciste¿Cómo pudiste irte y dejar tu corazón atrás? Esa si que era una buena pregunta; una que él continuamente se había formulado desde su partida. El saltó casi fuera de la cama cuando ella tomó su mano, la acción tomándolo por sorpresa. ¡Qué menuda y blanca se veía la suave mano en la suya, enorme y bronceada! El no pudo reprimir el deseo de llevarla a sus labios para besarla.
-Johnny. – murmuró ella.
¿Acaso no sabía ella lo tentadora que se veía en ese camisón que no dejaba nada a la imaginación? Todas sus gráciles curvas clamaban con vehemencia toda su atención, lo invitaban a echar a un lado todo su sano juicio y entregarse a su llamado.
Rogue no se había percatado de que había contenido su respiración cuando dejó escapar un suspiro al sentir los brazos masculinos rodear su diminuta cintura para acercarla al compacto cuerpo. Cada una de sus delicadas formas se acopló a cada una de las partes de ese cuerpo exquisitamente firme. Ella ladeó su rostro, cerrando sus ojos.
Por varios segundos, solo se limitó a observarla, a memorizar cada detalle de ese bello rostro. El no era merecedor de tan dulce gracia y con gran reverencia aceptó su ofrecimiento. Esta vez sus labios no fueron demandantes ni violentos. Eran tiernos y amorosos. Ella le permitió acceso al interior de su boca y por poco John se deshacía por el regocijo. No; él no era digno de poder saborear todo ese dulce néctar de sus labios y boca pero no podía negarse, tanto tiempo deseando poder hacerlo.
Ella se sintió suspendida en la gloria, esa boca despertando en ella hasta los lugares más recóndito de su ser. ¿Gloria o infierno? Las llamas de la pasión parecían consumirla por completo. John era calor fulgoroso, sofocante. Con renuencia, ella permitió retirar esos ardientes labios de los suyos.
-Marie. – volvió a repetir él sobre los labios femeninos, esta vez como una declaración de los sentimientos que inundaban todo su ser.
Como si un extraño frenesí se hubiese apoderado de ella, sus temblorosas manos se introdujeron bajo la camisa de John para acariciar ese duro pecho y férreo abdomen. El tomó una bocanada de aire, esas suaves manos sobre su candente piel.
-Marie, no… -
-¿No qué, John? – preguntó ella, sintiendo de improviso un peculiar poder sobre las reacciones de John.
-No debemos… -
El se detuvo abruptamente y trató de contener un quejido lleno de deseo. Ella había levantado su camisa y sus labios crearon un camino ardoroso sobre su pecho. Rogue pudo saborear el salitre de la piel masculina e inhaló su singular aroma. Un aroma que le recordaba al sol y a la brisa de verano. La oportunidad de poder tocar y acariciar junto al hecho de que lo hacía con John, se había convertido en un fuerte afrodisíaco para ella.
Una vocecita en su interior estaba intentando llamar su atención, haciendo resonar las campanas de la alarma. Buscando fuerzas de donde creía no las tenía, la alejó de él con un poco de rudeza.
-No, Marie. No así. – y él pasó su mano por su cabello, en un gesto de desesperación, -No de esta manera. –
Como si le hubiesen vaciado sobre su cabeza una cubeta de agua fría, Rogue se dejó caer de espalda sobre la cama. Se había comportado como una mujerzuela. La vergüenza se apoderó de ella como un catalítico y toda la pasión de unos segundos atrás se esfumó… pero no por completo. ¿A dónde había enviado todo lo que sus padres adoptivos le habían enseñado? Ella cubrió su rostro con su frazada, comportándose como una niña a la que habían pescado haciendo algo indebido. Ante esa inocente actitud, John no pudo evitar reírse.
-Marie. – llamó él con suavidad, tratando de retirar la frazada del rostro femenino pero ella no se lo permitía, - No quiero que esto sea un momento fugaz de sexo para luego arrepentirnos. –
Esta vez él no tuvo que remover la frazada. Ella lo había hecho por su cuenta al escuchar esa aseveración. ¿Había escuchado bien? Su Johnny hablando como todo un caballero. Su Johnny no tomando provecho de la situación que ella le había brindado desvergonzadamente. Su Johnny… ¡Hey¿Desde cuándo se había convertido en su Johnny?
El se colocó de pie.
-¿Te volverás a ir? – preguntó ella temerosa; por una extraña razón no quería perderlo.
-¿Qué puedo hacer aquí? Recuerda quien soy. –
-Por favor, no me dejes de nuevo, Johnny. –
¡Cómo se debió haber escuchado! Una patética mujer pidiendo que no la dejaran sola de nuevo. Había sido doloroso para ella la primera ocasión que no regresó a la Ave Negra. Sin darse cuenta de ello, él se había convertido en alguien indispensable para ella. Desde su partida las cosas no habían marchado bien entre ella y Bobby, como si John siempre hubiese sido el agente adhesivo entre ellos dos.
Ese reclamo despertó en él ese sentimiento de protección. No podía abandonarla… no de nuevo. Y aún más ahora, que todo el mundo parecía estar patas arriba desde la última confrontación entre mutantes y humanos. La primera vez que decidió irse, se alejó con la seguridad de que Bobby velaría por ella. Ya esa certeza no existía. Sin decir palabra alguna, se subió a la cama y acercó el cuerpo de Rogue al suyo. Era increíble como parecían unirse como piezas perdidas de un rompecabezas.
-No me iré. –
Esas palabras le dieron toda la paz y tranquilidad que en meses no había sentido. Ella trató de conciliar el sueño, el cual no le eludió por mucho tiempo. Se entregó a la grata inconsciencia que le ofrecía, por primera vez sintiendo la certidumbre y confianza de la estabilidad de tener a John de nuevo a su lado.
-Duerme, mi amor. – dijo él dándole un beso fugaz en sus labios, -Nunca permitiré que nada te haga daño. –
Como si le hubiese escuchado, el rostro dormido se transformó con una dulce sonrisa.
