La noche paso tranquilamente para la mayoría de los pobladores pero para dos personas fue la noche más larga que pudieran pasar. Los primeros rayos del sol comenzaron a colarse en una de las grandes habitaciones del rancho Higurashi iluminando levemente un esbelto cuerpo cubierto por la ligera sábana blanca, la chica se movía inquieta mientras que ligeros suspiros emanaban de su rosada boca, casi como un resorte Aome se levanto respirando agitadamente y el cabello levemente alborotado

Se frotó su sien al tiempo que intentaba concentrarse en la realidad, al parecer aquel sueño había vuelto y ahora con mayor fuerza, las primeras dos semanas luego de que se hubiera marchado de Tonkade se la había pasado llorando y soñando en como él la buscaba y se amaban eternamente pero con el paso del tiempo se obligo a comprender que él jamás haría eso, las palabras que le había dicho habían calado hondo y por eso mismo se había prometido que no volvería a pensar en él, que así como Inuyasha había borrado todo aquel amor que juraba tenerle, ella haría lo mismo

Bufó molesta al notar que apenas pasaban de las seis y media y para un día domingo no era exactamente la mejor hora para despertar, principalmente porque había tardado eternidades para poder dormirse luego de que se encontrará visualmente con el dueño de su insomnio, talvez una buena ducha y una vuelta por el rancho la ayudarían a despejar su ya confundida mente

Algunos minutos más tarde se encontraba leyendo el periódico mientras desayunaba – MAMI – la peliazul enarcó una ceja y continuó bebiendo su café, posiblemente era Ian que no se dejaba bañar, tendría que hacerlo ella aunque eso implicará retardar un poco más su itinerario, dejo la taza sobre la mesa y a paso lento se dirigió hacia el segundo nivel esperando y rogando porque no se la fuera a poner difícil, conforme avanzaba podía comprender claramente como Suoten intentaba hacer que el pequeño se vistiera, era increíble que tuviera el mismo carácter tan terco y arrogante que él – Inuyasha – susurró nostálgica

Camino sigilosamente hasta que tomo la perilla y la giró, su expresión no podía ser mejor, estaba anonadada, desde cuando esas cosas ocurrían y en especial en su casa, la pobre de Suoten suplicaba con la mirada que la ayudará mientras se encontraba amordazada a una silla y su hijo reía maniáticamente por su hazaña, sentía como la ira se acumulaba en su ser, pero decidió que contaría mentalmente para no tener que mandar a su hijo a cuidados intensivos – vamos Aome tu puedes, solamente contrólate, es un niño, recuerda, NIÑO – bien, ahora si, respiró hondo y observó a su hijo seriamente – te doy hasta tres para que la desates y te quites la bermuda de la cabeza – sugirió amablemente

El pequeño que hasta ese momento no se había percatado de nada se tensó y sonrió nerviosamente, su mamá era la viva reencarnación del enojo cuando sucedía, así que decidió que le haría caso, no deseaba ser el blanco de desquite, en cuestión de segundos liberó a su niñera y se coloco la bermuda como debía – así te ves más bonito – sugirió Aome regalándole una sincera sonrisa, ante semejante gesto el chico dejo escapar el aire que inconcientemente había retenido, sonrió y corrió alegremente hasta su madre – hola mami – saludo el pequeño mientras era cargado por Aome – hola – contestó de igual manera y con esto se dirigieron al comedor dejando a una chica totalmente confundida, esos dos eran tan idénticos pero tan diferentes

Luego de algunas horas Aome e Ian se encontraban observando como terminaban de darles la limpieza semanal a sus muy bien criadas Jerseys – mira mami – señalaba alegremente el pequeño al tiempo que le tendía un poco de pasto a una vaca y ésta la recibía gustosa, Aome no dejaba de sonreírle al pequeño – señora, no me imagine verla acá – comentó alegremente Myoga al tiempo que terminaba de dar algunas instrucciones para comenzar la extradición de la leche – lo sé, pero quería traer a Ian – contestó mientras que el pequeño continuaba su marcha alegremente – es una buena copia de ustedes dos – murmuró el anciano algo distraído – ya lo creo – observó largamente al pequeño que corría alegremente junto al labrador que los acompañaba

Había pasado mucho tiempo desde que podía hablar abiertamente del tema con alguien, realmente nadie sabía quien era el padre del niño y de eso estaba muy segura, en su familia las únicas personas que lo sabían eran Kikyo y Souta, mientras que en el rancho era Myoga, nisiquiera sus padres sabían quien era el padre de su nieto, pero debido a que Ian comenzó a crecer el parecido se hizo más fuerte lo que inició varios problemas entre la familia, por eso había decidido regresar al rancho, al menos ahí dejaría de oír todo el sermón de sus padres

El anciano giró su arrugado rostro hasta la niña que había conocido y que ahora era todo una mujer - ¿Ya se lo has dicho? – Preguntó directamente lo que obligó a Aome a tensarse, sabía que debía hacerlo, era por el bien de Ian, pero era difícil – no, aún no – dicho esto un silencio sepulcral inundo el lugar, salieron calladamente del sitio y se dirigieron hacia los establos – deberías de hacerlo – continuó Myoga intentado hacer que al agitar su sombrero el calor desapareciera, era verano y era realmente asesino con nosotros, se quedo callada ¿Cómo iba a decírselo?, ¿Él le creería?, lo dudaba mucho – no puedo – fue lo único que salió de sus labios antes de correr para alcanzar a Ian

Myoga suspiró largamente y elevo la mirada hasta donde se encontraba la puerta del establo donde minutos antes Aome e Ian habían entrado – dale fuerzas y fe – pidió mentalmente al tiempo que se colocaba nuevamente el sombrero, al estar dentro los encontró ensillando una yegua muy peculiar, era extraño pero porque habría elegido esa yegua precisamente – Luna – murmuró curioso al estar al lado de la peliazul – si – contesto rápidamente al tiempo que terminaba de ajustar el cinturón y elevaba a su hijo hasta la silla - ¿Estás segura? – Cuestionó un tanto preocupado – si, no te preocupes – dicho esto se montó en la yegua y sonrió al anciano que había sido como su ángel guardián y que aún lo seguía siendo

El trote era constante y agradable, Ian comentaba todo cuanto veía pero Aome solo contestaba por inercia, no podía olvidar aquella mirada ambarina que había jurado odiaría, pero en cuanto lo vio el día anterior se dio cuenta de que no era así, solamente lo había logrado esconder durante el tiempo que no lo había visto pero ahora todo era confuso, no quería salir herida nuevamente – mami, no me estas escuchando – le acusó el pequeño – lo siento amor – respondió avergonzada, ella no tenía porque perder el tiempo en él, debía de dedicarse de lleno al rancho y a su hijo, se detuvieron en la orilla del río, bajaron lentamente del animal y decidieron disfrutar un poco de aquella maravilla natural, además para el agobiante calor que comenzaba a hacer, ese lugar era sumamente refrescante

No supo cuanto tiempo permanecieron en ese lugar hasta que el ruido de unas pisadas les llamó la atención – veo que aún te gusta venir aquí – comentó indiferente la silueta frente a ellos, Aome intento pasar imperturbable pero su corazón parecía querer desbocarse – si – logró contestar sonando como si no le importase, ante este comentario Inuyasha comenzó a molestarse, pero se tranquilizó, en la noche anterior lo había decidido, después de haberla visto tan hermosa con poca luz de la luna sobre ella, la iba a recuperar. No le importaba como lo haría, la recuperaría, algo en su interior le decía que debía luchar por ello – hola señor – Inuyasha giró sus dorados hasta los del chico y un sentimiento que no pudo descifrar lo embargo – hola – contestó con una sonrisa, ese chico tenía algo que se le hacía sumamente familiar pero ¿Qué era?

El silencio que le siguió fue el más incómodo en el que alguna vez se habían visto envueltos - ¿Cómo te llamas pequeño? – Inquirió inoportunamente Inuyasha, la respiración de la chica se entrecortó y de un rápido movimiento se dirigió hasta el pequeño – mi nombre es Ian H… - pero una mano impidió que terminará o al menos diera indicios de cual era su apellido, Inuyasha enarcó una ceja ante la extraña reacción de Aome, que era lo que iba a decir el pequeño como para que ella hiciera eso, no lo sabía pero estaba seguro de que ella no deseaba que el lo supiera, una sonrisa arrogante surco su rostro y Aome enarcó una ceja observándolo impávidamente

Ambos se veían intentando descifrar lo que el otro ocultaba, ajeno a esta situación el pequeño Ian veían aburridísimo la escena, no entendía a los adultos y parecía que no los entendería en mucho tiempo – mami – llamó, atrayendo la atención de los adultos – quiero volver a casa, tengo sueño – decía mientras se restregaba un ojo en señal de cansancio, la chica suavizo sus facciones y cargó al pequeño a media forma de acunarlo – adiós – dicho esto dio media vuelta y en un hábil salto subió sobre el equino, acomodando a Ian sobre su regazo, halo las riendas y se perdió entre el bosque

La silueta llevaba algún tiempo que había desaparecido pero Inuyasha no se había movido del lugar, sonrió arrogante y dirigió su vista hacia el afluente a su lado – no se que escondes pero lo voy a descubrir – que era lo que ella no quería que supiera, no lo sabía, posiblemente fuera el apellido puesto que había sido eso exactamente lo que no había dejado que dijera el infante, porque tenía que temerle a que él supiera el apellido, no lo sabía y por el momento no le importaba, la iba a reconquistar no importando si con eso se tendría que pelear con medio mundo, en especial con el padre del niño, con estos pensamientos giró sobre sus pasos y regresó a su rancho, dispuesto a comenzar una larga batalla por ganar de nuevo el corazón de la chica

Llevaban un buen tiempo que habían regresado pero la imagen tan sexy, varonil y turbadora de Inuyasha se encontraba alojada en la mente de la chica, se supone que se había propuesto no volver a pensar en él, pero parecía que su corazón no quería olvidarlo, debía hacerlo era por su bien y en especial no podía dejar que él supiera que él niño solamente contaba con su apellido, de hacerlo le daría rienda suelta a las disparatadas ideas de Inuyasha y ya estaba hasta el borde con todo lo que tenía que haber sufrido años atrás, eso sumándole que ahora el estar en la casa de sus padres era todo un reto, solamente llegaba cuando era necesario o cuando el pequeño deseaba ver a sus abuelos

Froto su sien al tiempo que bebía nuevamente el té que gentilmente Suoten le había dado, no podía seguir pensando en el, tenía cosas mucho más importantes que atender como por ejemplo la pelea que ahora estaba disputando contra Naraku – Naraku – ese nombre, la rabia se acumulaba incontrolablemente en ella y no podía evitar soltar blasfemias contra él, por ahora no mezclaría el pasado con el presente, debía defender el rancho y hacer que él no logrará echarlo a bajo, su ganado junto con el de los Taisho eran los mejores de todo el condado, pero igual forma no podía permitir que Naraku los hiciera quedar mal frente a los compradores. Por el momento se dedicaría a él y luego ya pensaría en Inuyasha, estaba segura que al menos las próximas semanas las tendría muy ocupadas en especial porque también tenía que mantenerse al tanto de la empresa de tecnología que manejaban ella y sus hermanos en la ciudad de Tokyo

La verdad es que todo se le estaba juntando y le estaba creando demasiado caos, talvez después de que todo se solucionará ella junto a Ian podrían pasar unas semanas en algún lugar del mundo, la imagen de ella, Ian e Inuyasha riendo alegremente por las hermosas calles de Sydney la hicieron que se atragantara con el líquido – esto será más difícil de lo que me imagine – murmuró dubitativa al tiempo que se dirigía al despacho para ponerse al corriente con todo cuanto ocurría en la ciudad