Capítulo 4: La cita.
Para cuando Harry se quiso dar cuenta, ya era sábado por la mañana. La semana se había diluido a su alrededor, juntándose en su estómago en forma de nudo. No sabía por qué, pero a cada minuto que se acercaba su encuentro con Malfoy, sentía que sus nervios iban en aumento de manera exponencial.
Cuando se despertó se dio cuenta de que una parte de él quería taparse con las mantas hasta la cabeza y no salir de allí hasta el lunes como poco, mientras que su otra mitad pugnaba por que saliese corriendo y dando saltos a buscar a Hermione para que le peinase y maquillase para ver a Malfoy… ¿De verdad había una parte de él que quería ver a Malfoy? Seguro que no. Serían solo las ganas de vengarse. Sí, tenía que ser eso. ¿Qué podía ser sino?
Al final se decidió por, simplemente, levantarse con aire somnoliento del colchón e irse a duchar.
Para cuando llegó al gran comedor, Hermione y Ron ya le estaban esperando.
-Buenos días –le sonrió ella.
-Hola, Hermione. –respondió escuetamente.
-¿Qué pasa? ¿No estarás nervioso?
-¿Nervioso? No exactamente…
-¿Entonces?
-¿Puedes dejar de hacer tantas preguntas seguidas a primera hora de la mañana? Me estás dando dolor de cabeza… - Soltó Ron, lo cual solo hizo que ella le lanzase una mirada de "tú calladito estás más guapo".
-Entonces, ¿ya tienes la ropa preparada? - intervino Harry para cambiar de tema.
-Por supuesto.
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Draco llevaba todo el día dándole vueltas a la cabeza. No sabía por qué, pero había algo en aquella chica que le sonaba familiar. Muy familiar.
Ya eran las cinco y media, y se estaba encaminando tranquilamente al lugar donde había acordado verse con Jamy la semana pasada.
Mientras caminaba iba pensando en qué narices estaba haciendo allí. Esa muchacha, por muy guapa que fuera (la verdad sea dicha, era extrañamente atractiva a ojos de Draco), no podía interesarle en absoluto, ¿no? Él ya se había resignado a ser de la acera de en frete hacía años, y no era algo que tuviese demasiado interés en replantearse. Desde su punto de vista, que sólo le atrajese Potter tenía muchas ventajas, empezando por que, como tenía claro desde el primer segundo tras darse cuenta de quién era el objeto de su deseo que no sería correspondido ni en sus mejores dueños, lo había asumido y se había quitado los problemas que veía en sus compañeros de si una le había rechazado a otro, o a otro le había partido el corazón la una. Podían llamarle cobarde por escudarse en el pasado de ambos para no declararse, pero él no era un Gryffindor, y no le afectaba demasiado que le echasen en cara su falta de valor.
Ya era la hora y estaba en frente de la puerta de la taberna, de modo que abrió la puerta y entró.
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Harry no se podía estar quieto en su asiento. Había llegado casi veinte minutos antes de lo acordado y desde entonces no paraba de consultar la hora.
Era la millonésima vez que miraba a la puerta cuando esta se abrió y dejó paso a un muchacho rubio, ataviado con unos pantalones negros y una camisa gris.
En cuanto le vio, se levantó y le acompañó a fuera del local de nuevo.
-Hola de nuevo, Draco. – Sonrió, pretendiendo ser coqueta.
-Buenas tarde, Jamy.
-¿Porqué no vamos mejor a dar un paseo? Así me podrás enseñar el pueblo y sus alrededores.
-Por supuesto. – Respondió él, esbozando una leve sonrisa se medio lado y haciendo un gesto con la mano invitándole a que se adentrase en el pueblo. Una vez se echaron a andar, Malfoy le guió hacia el bosque que había allí. El camino fue agradable y, según se acercaban a los árboles, se iban encontrando menos gente.
Hablaron de trivialidades: que profesores le caían mejor a Malfoy, quienes eran sus amigos de Slytherin…
Según pasaba el tiempo, Harry se dio cuenta de que el muchacho no era, ni de lejos, tan irritante y odiable como había esperado. En vez de eso, se encontró con que Draco (¿acababa de llamarlo Draco?) era cortés, educado y podías hablar fácilmente con él. A demás de que, una vez se paró a observarle con detenimiento, el muchacho era bastante guapo y no tenía un mal físico… ¿En qué estaba pensando? Él no encontraba atractivo a Malfoy. No, señor. Aquello debía de ser un efecto secundario de la poción que se había tomado.
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Draco no había pensado que estar con aquella chica iba a ser tan fácil. Era simpática, agradable y muy divertida. No creyó que le fuese a entusiasmar tanto variar de compañías, pero lo cierto es que agradecía que no sometieran cada acción que realizaba a un tercer grado de preguntas sarcásticas.
Es más, le gustaba estar con ella. Y una de las razones principales era que cuando estaba con ella, Potter desaparecía durante unas horas de su cabeza. Sabía que eso era malo, ya que significaba que Jamy comenzaba a atraerle, pero había algo que le decía que siguiese adelante, que no se preocupase, que aquello estaba bien.
La miró de soslayo una vez más, y volvió a notar aquella punzada de familiaridad que sentía desde que la vio en la taberna la semana pasada.
-Jamy, ¿no crees que nos conocemos de antes? Quiero decir, de antes de encontrarnos el otro día en el Tres escobas. – ella le miró con esos ojos verdes que le hacían ese familiar vértigo, giró un poco la cabeza nerviosamente y se retorció las manos.
-¿P-Por qué lo dices?
-Realmente no lo sé. Simplemente es que me suenas muy familiar de algo, pero debe de ser que conozco a alguien que se te parezca…
-Sí, sí, seguro que es eso. – se apresuró a contestar ella de forma atropellada. Él enarcó una ceja con suspicacia.
-¿Estás bien? De repente te has puesto muy nerviosa, ¿pasa algo?
-N-no… Es solo que estoy un poco cansada. ¿Podríamos sentarnos a descansar un momento?
- Claro… -respondió él señalando una de las muchas piedras lisas que solía usar la gente a modo de banco. Se sentaron muy cerca el uno del otro.
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Harry no sabía por qué, pero la cercanía de Malfoy le ponía extremadamente nervioso. Y el que hubiese estado a punto de descubrirle no lo ayudaba a calmarse.
Estaban sentados en una piedra mirando el horizonte y esta anocheciendo ya. Esperó a poder tranquilizar su respiración un poco antes de hablar.
-Esto es precioso… - dijo casi en un susurro.
-La verdad es que nunca me había dado cuenta, pero sí, es precioso… - le respondió en el mismo tono. Estaban cada vez más juntos. Sus brazos estaban totalmente pegados y, sin darse casi ni cuenta, Harry recostó su cabeza suavemente sobre el hombro del muchacho. Aquel sencillo y pequeño gesto le permitió al Gryffindor percatarse del olor a vainilla y a… a una fragancia que sólo pudo catalogar como "Draco".
