Siguiendo las palabras de Harry se hizo un tenso silencio en la habitación. Hermione los miraba alternativamente a él y a Ron, mientras los aurores que los rodeaban se mantenían impasibles.

"Te… ¿te ha reconocido a ti?" –le preguntó Hermione a Ron, intentando que su voz no temblase.

"No, no ha reconocido a nadie. Todavía estaba inconsciente cuando llegamos, no sabemos si por un desmaius o simplemente por las secuelas del obliviate. Sin embargo, cuando irrumpimos aquí, recuperó el conocimiento rápidamente e intentó defenderse. Le salían los hechizos sin problemas, así que recuerda que es mago, o al menos sabe hacer magia…" –explicó Ron. "Bueno, tú eres la sabelotodo" –añadió con una sonrisa. "No estoy muy seguro de si es posible hacer un obliviate parcial…".

El cerebro de Hermione comenzó a trabajar a toda prisa. Ella era una experta en obliviates… cuando había desmemorizado a sus padres para hacer que emigrasen a Australia había leído absolutamente todo lo que había caído en sus manos, obsesionada con no causarles ningún daño irreparable. Sabía que borrarle la memoria a alguien era un asunto terriblemente delicado, y que un resultado como el que veían en Harry podía ser fruto tanto del hechizo de un mago muy poderoso como, en el peor de los casos, simplemente de un hechizo mal elaborado. Esa situación era más peligrosa porque no se sabía cómo podía evolucionar el daño causado.

"Seguís sin contestarme" –se oyó la voz del salvador del mundo mágico. "Ronald me ha dicho que es uno de mis mejores amigos, y que iba a buscar a mi mejor amiga. ¿Eres tú?" –repitió con tono ligeramente borde.

Hermione cayó en la cuenta de que Harry seguía allí, desmemorizado.

"Sí, soy yo" –confirmó, asintiendo con la cabeza.

"¿Sólo somos amigos?" –interrogó Harry con voz inquisitiva, mirándola como si la evaluase, de arriba abajo y sin cortarse un pelo. Hermione enrojeció súbitamente, consciente de que los aurores que estaban en el dormitorio habían abierto los ojos como platos. Ron, en cambio, fruncía el ceño mosqueado.

"Sí, tú tienes novia, Ginny" –explicó Hermione notando cómo le ardían las mejillas y jurando que cuando Harry recuperase la memoria le iba a dar unas cuantas clases de modales para desmemorizados. "Es la hermana de Ron".

"Oh… bueno…" –repuso Harry. Por algún motivo que Hermione desconocía, parecía algo chafado. Los otros aurores observaron que Harry parecía apreciar el aspecto de Hermione de forma muy positiva. Ron se limitó a enarcar una ceja y a fruncirle el ceño a su amigo. Hermione simplemente parecía desear que la tierra se abriese con un diffindo y se la tragase.

"¿Habéis llamado a los sanadores?" –preguntó.

Ron asintió con la cabeza.

"He mandado a buscar a Luna" –repuso. Luna Lovegood, sorprendentemente, era la Directora General de Sanadores en el Hospital de San Mungo. Hermione siempre había pensado que Luna seguiría los pasos de su padre en El Quisquilloso, pero la joven Ravenclaw había decidido hacerse sanadora, profesión que Hermione en un principio había encontrado incompatible con el carácter soñador y fantasioso de la rubia. Pero Luna era algo más que lo que parecía: se había rodeado de un comité de redacción completo y profesional, había dejado sólo un pequeño porcentaje de la revista dedicado a las teorías conspirativas y las fantasías aberrantes, y ahora El Quisquilloso se había convertido en una publicación que, si bien no gozaba del prestigio y la fama de seriedad de El Profeta, tenía una pátina de credibilidad parecida y la merecida fama de ser mucho más amena y divertida. Como resultado de ello, El Quisquilloso era la revista de mayor tirada del mundo mágico, se traducía a varios idiomas y Luna estaba forrada.

"Convendría llamar también a Lupin, que para algo es experto en Defensa Contra las Artes Oscuras, y quizás no estuviese de más que viniese McGonagall también" –propuso, en voz baja.

"A mí también me parece buena idea. Kingsley estará al llegar, así que podemos consultarle directamente" –contestó Ron.

"Tonks tendrá que ponerse al frente de la Oficina de Aurores, supongo" –divagó Hermione mirando a Ron. Éste asintió.

"Si Harry no está, ella ocupa su puesto. Y es como si Harry no estuviese, ahora. Tonks también estará aquí enseguida".

"No tengo ni idea de quién estáis hablando" –gruñó el joven Potter. "¿Quiénes son Luna, Lupin, McGonagall, Kingsley y Tonks, y por qué demonios tienen que venir aquí?"

Hermione miró a Ron preocupada, pero éste se encogió de hombros. Ella suspiró profundamente y se sentó al lado de Harry, mirándolo a los ojos con gesto de resignación. Aquel Harry se parecía desagradablemente al Harry irritable, tenso y estresado con el que había compartido tantas noches en aquella vieja tienda, durante la guerra. Sabía que Ron no tenía la paciencia suficiente como para explicarle lo que le había pasado, y además Hermione había interceptado alguna mirada hostil entre ambos. Probablemente a Ron le preocupaba que Harry no recordase a Ginny y seguramente le había mosqueado la mirada apreciativa que le había lanzado a Hermione. Los celos de Ron hacia Harry parecían un asunto solucionado hacía mucho tiempo, pero ya dice el refrán que donde hubo fuego, siempre quedan brasas. Y en este caso quedaban brasas en cantidad suficiente para asar el calamar gigante de Hogwarts a la parrilla.

"Quizás sería mejor que nos explicases lo que recuerdas"

En ese momento se abrió, sin llamar, la puerta del dormitorio. Una joven de pelo pajizo vestida con la túnica verde lima de los sanadores entró como un vendaval, haciendo que los aurores levantasen las varitas y se colocasen en posición de ataque. Llevaba un maletín de cuero rojo, la varita asomando por un bolsillo de la túnica, y debajo de ella, que estaba abierta de par en par, se apreciaba un vestido amarillo limón con grandes lunares blancos. Unas sandalias de tiras moradas que ascendían por unas bien torneadas pantorrillas completaban tan discreto conjunto. Hermione reprimió la tentación de conjurar unas gafas de sol.

"Hola, Luna" –acertó a murmurar.

"¡Hola, chicos! Huy, parece que acabo de llegar en uno de esos momentos en que los torposoplos os rodean, susurrándoos cosas detrás de las orejas, como en Howarts. ¿Cómo estás, Harry? –comenzó Luna. Hablaba lentamente, con la expresión soñadora tan típica de ella, y su presencia pareció calmar algo a Harry. Mientras hablaba, se inclinó sobre la cama y apoyó en ella el maletín, rebuscando en su desordenado interior un frasco de líquido morado. Lo abrió, lo olió y se lo tendió a Harry. "Toma, bebe" –le dijo.

El auror cogió el frasco que Luna le daba. "¿Qué es esto?" –preguntó con desconfianza. ¿Y qué son los torposoplos?"

"Es una poción tranquilizante" –le explicó ella con tranquilidad. "Uno debe de sentirse un poco nervioso si lo desmemorizan, aunque no puedo saberlo con seguridad porque nunca me han desmemorizado. Y los torposoplos son seres que se meten por tus orejas y hacen que te sientas confundido" –se giró hacia el resto de ocupantes de la habitación. "Y ahora, tengo que reconocer a Harry, así que me gustaría que nos dejaseis solos…"

Hermione miró a Harry y sus ojos se cruzaron durante varios segundos. Era evidente que al joven auror no le apetecía que ella se marchase. Hermione le lanzó a Luna una mirada suplicante, pero la rubia le sonrió con condescendencia.

"Vamos, Hermione, Harry estará bien conmigo. Ahora necesito trabajar tranquila. ¿Quieres mis gafas para ahuyentar torposoplos? Veo muchos alrededor de tus orejas…" –la calmó pasándole el brazo sobre los hombros y llevándola hacia la puerta del dormitorio. Los aurores y Ron esperaban fuera a que la inefable saliese, pero antes de cerrar la puerta, Luna se dirigió a Hermione otra vez. "No te preocupes, Hermione, Harry estará bien. Incluso antes de reconocerlo, puedo decirte que está mucho mejor que la última vez que lo ví, hace unos meses; por lo menos está menos confundido que entonces"-

"Luna, lo han desmemorizado" –la contradijo Hermione pesarosa.

La sanadora sonrió de oreja a oreja. "Eso significa que va a sentirse más libre de decidir que antes, ya lo verás. Harry lleva muchos años haciendo lo que todo el mundo piensa que tiene que hacer, y ahora no tiene que hacerlo porque no lo recuerda" –insistió Luna dejando a Hermione confundida.

"Yo creo que Harry siempre ha hecho lo que ha querido" –insistió Hermione.

Luna la miró con una sonrisa cariñosa, desarmándola. Hermione se había sentido siempre algo culpable por su comportamiento condescendiente con la sanadora durante sus estudios en Hogwarts, mientras que la rubia la había tratado siempre con muchísimo afecto.

"Pues yo creo que Harry siempre ha hecho lo que ha creído que quería" –le contestó Luna. "Parece que va a estar desmemorizado un tiempo, así que ya veremos lo que hace ahora. Y ahora déjame sola con él… yo te lo cuidaré, Hermione".

La inefable quiso decir que no tenía que cuidárselo a ella, pero finalmente negó con la cabeza y renunció a hacer cambiar de opinión a Luna. Su amiga era imposible, siempre ideando teorías extrañas. Salió de la habitación y cerró la puerta con cuidado tras ella.

oOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOo

Al cabo de unos minutos, la casa de Harry James Potter parecía un estadio de quidditch durante la final del mundial. Hermione le había lanzado un reparo a la mesa de la cocina después de comprobar que se había roto de un golpe y no con un hechizo, y se había sentado allí con Ron, esperando. La primera en llegar había sido Tonks, luciendo una melena corta verde esmeralda con el flequillo trasquilado, y nada más aparecer en la chimenea se había llevado por delante un par de sillas. A continuación apareció Remus Lupin, con gesto serio y concentrado. Saludó afectuosamente a Ron y a Hermione, y le dio un suave beso en los labios a su esposa, que se abrazó a él y lo hizo sentarse a su lado. Después de que entrase Remus apareció, con una túnica en tartán violeta, la directora de Hogwarts, la profesora McGonagall, quien saludó muy afectuosamente a Hermione, su ex-estudiante favorita. El último en llegar fue Kingsley Shacklebolt, con su característico sombrero bordado y su túnica adamascada. Todos se pusieron en pie respetuosamente cuando entró.

"Vamos, chicos, que soy yo" –rechazó él con un gesto. "Podéis ahorraros toda esta tontería".

"¿Dónde está el señor Potter?" –preguntó la profesora McGonagall visiblemente preocupada.

"¿Estáis seguros de que le han desmemorizado?" –inquirió Lupin pasándose la mano por la barbilla.

"Luna lo está evaluando ahora" –aclaró Hermione. "Imagino que cuando termine podrá decirnos algo más. Cuando yo llegué no me reconoció".

"A mí tampoco" –añadió Ron. "Cuando llegamos aquí, la casa estaba en silencio. La mesa de la cocina estaba rota, y las sillas por el suelo. La mesa se había roto porque la habían golpeado con eso" –explicó señalando a un atizador de la chimenea, viendo que Tonks se ponía roja y le lanzaba una mirada furibunda-, "así que no podemos detectar restos de hechizos en los bordes. Exploramos toda la casa y vimos que lo que está roto o desordenado es por efecto mecánico de golpes o patadas, pero no hay restos de hechizos excepto en Harry. Él estaba tirado en el suelo de su dormitorio, boca abajo. Cuando llegamos, volvió en sí y se giró hacia nosotros lanzándonos expelliarmus a diestro y siniestro".

"Al menos en eso parece el Harry de siempre" –interrumpió Lupin con una triste sonrisa. Recordaba avergonzado su discusión durante la guerra sobre si los encantamientos desarmadores podían ser un ataque eficaz o eran más propios de un escolar en un club de duelo. El tiempo le había dado la razón a Harry, venciendo al propio Voldemort con un encantamiento que se aprendía a los once años.

"¿Recuerda cómo usar una varita? Eso es notable en un desmemorizado" –exclamó Kingsley Shacklebolt enarcando las cejas.

"No tanto… cuando yo desmemoricé a mis padres utilicé un encantamiento selectivo… no me recordaban a mí, pero seguían manteniendo sus conocimientos sobre Odontología, sabían francés… y seguían conociéndose el uno al otro" –expuso Hermione con el ceño fruncido. Odiaba aquellos recuerdos sobre lo que se había visto obligada a hacer.

"Pero tú no querías hacerles daño a tus padres, querida… sólo protegerlos" –la interrumpió McGonagall apretándole el antebrazo con cariño por encima de la mesa. Hermione le devolvió una mirada dulcificada y su ex-profesora le sonrió con afecto."De todos modos, Hermione tiene razón. Mi colega, el profesor Filius Flitwick podría explicarnos mucho más sobre este tema, pero el caso es que no existe un solo encantamiento desmemorizante, sino muchos. Imagino que la señorita Granger habrá utilizado una combinación de un hechizo desmemorizante parcial y un admonitus mutio, probablemente, que no es más que una transformación compleja, para conseguir que sus padres conservasen sus recuerdos y la olvidasen a ella" –Hermione asintió con la cabeza, y la profesora McGonagall musitó "brillante" de forma casi imperceptible. Ron suprimió una sonrisa. La mutua devoción entre Hermione y la profesora McGonagall y la admiración que cada una de ellas profesaba por la mente de la otra era algo que nunca dejaba de sorprenderlo.

"Efectivamente, si alguien quería inutilizar a Harry desmemorizándolo, lo más lógico hubiese sido lanzarle un potente obliviate y dejarlo absolutamente amnésico, como a Lockhart" –intervino Lupin con su sensatez habitual. "Dora, ¿hay algún motivo por el que a alguien le interese especialmente desmemorizar a Harry? ¿Estaba trabajando en un caso especialmente delicado?"

Se hizo un silencio sepulcral en la cocina. Tonks, la subjefa de aurores, miró a Ron y a Hermione, y después al Ministro de Magia. Éste asintió casi imperceptiblemente con la cabeza.

"Lo cierto es que sí" –comenzó Tonks irguiéndose en su silla. "El primer ministro británico habló esta mañana con Kingsley para explicar que habían aparecido dos cadáveres en las afueras de Londres con un mes de diferencia. El primero, una mujer joven, apareció en Tooting el 18 de marzo. El segundo, un hombre de mediana edad, apareció cerca de Wimbledon hace una semana y media, el 12 de abril. Los cadáveres estaban desangrados, no había signos de violencia, y alguien les había quitado el corazón…" –el silencio que reinaba en la cocina se hizo más tenso, más palpable. Todos se miraron entre ellos y a continuación volvieron a fijar sus ojos en Tonks, pendientes de lo que temían que fuese a decir a continuación-; "…y, por lo que parece, se lo habían quitado mientras todavía estaban vivos…".

La profesora McGonagall apartó la mirada, horrorizada. Ron y Lupin tenían la cara desencajada, y los únicos que parecían entender al cien por cien lo que aquello significaba eran Hermione y Kingsley.

"Hermione, después de hablar con el primer ministro muggle le expliqué a Harry lo que sucedía, y él me dijo que sospechaba lo que podía significar, pero que tenía que consultarlo contigo primero. ¿Hablasteis de eso?" –inquirió el Ministro de Magia.

Ella asintió.

"Sí, comimos juntos y me lo dijo. Harry ya lo suponía, pero yo se lo confirmé: son las evidencias de una maldición para crear horrocruxes".

Todos contuvieron la respiración. Se miraron unos a otros, comprendiendo lo que aquello significaba. Shacklebolt asintió con la cabeza y Lupin se pasó la mano por la frente, con expresión derrotada.

"Debemos estar preparados para lo peor" –dijo. "Diez años después de la muerte de Voldemort sigue habiendo muchos mortífagos ocultos, gente simpatizante de los sangre pura o que odian a los muggles. Las ideas siguen ahí: Volvemort está muerto pero puede aparecer otro como él…" –Tonks sufrió un escalofrío involuntario ante las palabras de Remus. Su marido parecía derrotado ante la perspectiva de un resurgimiento de los mortífagos. Minerva McGonagall, que junto a Lupin eran los únicos que habían luchado en la Orden del Fénix original y en la segunda, también tenía la cara desencajada. Ni uno ni otro pensaban que pudieran soportar una nueva masacre. "Ahora ya no tenemos a Dumbledore ni a Harry".

"Yo no estoy muerto"

Todos se giraron tan rápido que se oyó el crujir de varias vértebras. En el vano de la puerta de la cocina se encontraba la despeinada figura del salvador del mundo mágico. Tras él, Luna Lovegood con la expresión algo perdida de costumbre.

"Parece que Harry ha olvidado a las personas" –se limitó a decir, como si eso lo aclarase todo.

"¿A las personas?" –preguntó Remus. "¿Qué significa eso?"

"Harry está bajo los efectos de un obliviate parcial" –explicó Luna. "El efecto no es el mismo que el de otros pacientes que vemos en San Mungo… Harry recuerda muchas cosas, cosas que vivió y que aprendió, sitios donde estuvo… lo que no recuerda es con quién hizo todo eso. Recuerda sitios y situaciones, pero no nos recuerda a ninguno de nosotros. Es un hechizo parcial, pero lanzado por un mago poderoso, sin duda".

Se hizo un silencio en la luminosa cocina.

"¿Es capaz de saber quién es amigo o enemigo?" –preguntó Kingsley.

"No, claro que no" –repuso Luna alegremente. "Para eso tendría que tener a su lado a alguien las veinticuatro horas del día; si no, tendría que atacar indiscriminadamente a cualquiera que se le acercase porque no sabría sus intenciones, o bien no defenderse y arriesgarse a que cualquier mortífago lo pillase desprevenido".

Volvió a hacerse el silencio, mientras todos los presentes rumiaban la información. Harry, mientras tanto, permanecía serio junto a ella, con una evidente cara de pocos amigos. Hermione no tenía que esforzarse mucho en suponer que toda aquella situación lo superaba. En medio del silencio, se oyó a Shacklebolt suspirar.

"Harry, eres jefe de aurores, un mago poderoso y con muchos enemigos. No podemos arriesgarnos a que te ataquen, y si esto trasciende a la prensa, tendrás a las puertas de Grimmauld Place una cola interminable de mortífagos guardando turno para lanzarte un avada" –hizo una pausa. "Pero tampoco podemos arriesgarnos, con tu experiencia, formación y poder, a que andes por ahí lanzando hechizos aturdidores o de desarme a diestro y siniestro. Me temo que tienes que estar acompañado todo el día por uno de nosotros. Al menos, mientras no estés en el Ministerio".

"No tengo ninguna intención de llevar niñera" –respondió Harry con tono firme.

Hermione suspiró profundamente. Cuando era adolescente, Harry parecía haber heredado más genes maternos, pero a medida que había ido cumpliendo años, empezaba a dudar si los genes merodeadores no habían estado allí desde el principio, agazapados. "No se trata de tener niñera… se trata de protegerte de los mortífagos y de proteger a los demás de un ataque tuyo. Además, si no reconoces a nadie, tarde o temprano la gente se dará cuenta de que has perdido la memoria y la prensa se enterará. Rita Skeeter publicará la historia en menos tiempo del que se tarda en decir "snitch". Tendrás además un montón de preguntas y necesitas a alguien que te las conteste" –explicó con paciencia.

El jefe de aurores se quedó callado, sopesando la información. Mientras tanto, Tonks, con una casi inapreciable sonrisa, hablaba en voz baja con Kingsley y Remus. El Ministro de Magia asintió con gesto esperanzado, mientras Lupin miraba a su esposa con un cierto gesto de sospecha.

"Luna, ¿crees que podréis revertir el hechizo desmemorizante de Harry?" –preguntó el licántropo con expresión dubitativa.

"No tengo ni idea" –expuso la rubia con pasmoso entusiasmo. "Pero pondré manos a la obra a mis mejores sanadores, y Harry tendrá que pasarse por San Mungo al menos una vez al día".

"Ni hablar. Prefiero seguir desmemorizado" –gruñó Harry.

"No digas tonterías. Necesitas recordar, Harry, es peligroso que sigas en este estado" –lo reprendió Hermione con tono autoritario. "Y además estás en medio de un caso complicado que necesita toda tu atención" –continuó con una entonación más suave. Harry se revolvió el pelo y asintió.

"Yo opino igual que Tonks. La persona idónea para convivir con Harry es Hermione" –expuso Kingsley mientras tanto la auror como Luna esbozaban una sonrisilla de mutua comprensión.

"¡¿Qué?!" –exclamó la inefable. "Pero… pero… yo no tengo sitio en mi apartamento para dos personas y… bueno… ¿no sería mejor que fuese un chico el que conviviese con Harry? ¿O su novia?"

"Tonterías" –dijo Tonks. "Ron no tiene la paciencia necesaria, Remus seguirá en Hogwarts hasta final de curso y yo tengo que cuidar de Teddy. En cuanto a Ginny, se pasa demasiado tiempo viajando. Además, tú y Harry siempre habéis dicho que vuestra amistad es como la de dos chicos… o dos chicas… que no había nada de atracción entre vosotros" –continuó, ganándose una mirada fulminante de Hermione.

"¿Tú dijiste eso?" –preguntó Harry mirando a Hermione de arriba abajo. No parecía estar muy de acuerdo con la aseveración.

Mientras tanto, Ron no podía fruncir más el ceño, Tonks se lo estaba pasando en grande y Remus Lupin, que conocía la opinión de su esposa sobre la platónica pareja, se pasaba la mano por la frente, temiéndose lo peor.

"Harry, ¿tienes algún problema en que Hermione se quede a vivir aquí contigo hasta que no recuperes tu memoria?" –preguntó Kingsley con voz tranquila.

"No"

"¿Hermione?" –inquirió el antiguo auror mirándola fijamente.

Con todas las miradas puestas en ella, a la inefable no le quedó más remedio que enarbolar la bandera blanca.

"De acuerdo" –suspiró. "Pero ya no soy tan comprensiva como cuando éramos adolescentes: a la primera pataleta que le dé, me vuelvo a mi casa y otro me sustituye".

"A mí no me dan pataletas" –refunfuñó Harry.

"¡No, qué va!" –repusieron todos a coro.

La única que presenciaba impávida la discusión era Luna, que, por una vez, no veía torposoplos susurrando en la oreja de Harry.

oOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOo

Bueno, chicos, pues aquí está otro capitulillo. De momento, sabemos lo que le pasa a Harry, sabemos que quien le ha lanzado el hechizo es alguien poderoso, y que es probable que se pase una temporadita desmemorizado. También sabemos que tanto Tonks como Luna albergan ideas un tanto peculiares sobre la platónica parejita de amigos, y que el desmemorizado Harry, de momento, no ve a Hermione precisamente como a una hermana.

Pero seguimos sin saber otras cosas: qué pasa con Sirius y el velo, quién está por ahí creando horrocruxes, y quién le ha lanzado a Harry el hechizo. Pero no os preocupéis, que antes de que acabe el fic, lo sabremos todo (je, je, je). De momento, en el próximo capítulo sabremos mucho más sobre… eh… caramba, no lo recuerdo… esto de los hechizos desmemorizadores debe de ser contagioso, je, je.

Y, por supuesto, muchas gracias a Efmera, HGHP45, MegafanHP, Luna Potter Granger, Luna White 29, Smithback, y AcizeJ- HaruZuchIa por vuestros reviews. Es muy gratificante que alguien te diga que le gusta tu trabajo, pero además de que el review es un arma muy eficaz para saber lo que opina el lector de tu obra, te ayuda a saber si la trama se entiende correctamente, si hay detalles que quedan poco claros, etc. Espero que este capítulo también os guste.

Y nada más. Me despido por hoy. Un beso grande a todos.

Lara