Vi como las luces que llamaban a los guardianes se esparcían y se perdían en las montañas. La aurora boreal usada de llamada a distancia. Que chiste. He leído libros humanos que me trajeron los guardianes y me informe de mucho sobre ellos. Digamos que se lo suficiente de aparatos humanos y cosas de electrónica, unos casi trescientos años, dan para mucho, y siento curiosidad... del mundo humanos siento la necesidad de conocer algo llamado internet. Sé que con ello se navega y he podido coger las instrucciones de uno, claro si, a escondidas de Norte. Dicen que con ello se puede hacer muchas cosas y que puedes ver el mundo a través de la pantalla de un aparato llamado ordenador. Seguramente mi próximo objetivo después de conocer a Jack sea salir a ver el mundo... cosa que será complicada porque Norte no me deja abandonar el valle donde vive él.
Pero ahora llega mi plan. Mi perfecto plan para quedarme cuando Jack llegue.
Una sonrisa se dibujo en mi boca, una sonrisa algo malvada para ser yo. Desde luego estaba emocionada por ver a Jack. Sin darme cuenta se había convertido en uno de mis principales pensamientos de mi cabeza n tan solo medio año que se de él. Supongo que es lo que pasa cuando conoces a alguien que tu familia conoce y de la que habla en secreto, y tu no conoces.
Sigo preguntándome por que Norte ni los otros guardianes me quieren apartar de Jack Frost y evitan a toda costa que lo conozca.
Oí una voz que me llamaba a distancia. Busque con la mirada al responsable y vi que Norte estaba en un balcón agitando una mano y gritando mi nombre con su aguda voz y su acento ruso pronunciado. A su voz y su acento ya me había acostumbrado y en ocasiones me ha hecho reír sus pésimas imitaciones de los demás guardianes, excepto Jack, a él ni lo menciona. Bestia lo típico, pantalones negros y un jersey rojo, una cinta en la cintura y sus típicas botas marrones.
Deje de sentarme y me alce en vuelo silenciosa mientras el viento me roza la ropa y me azota el pelo. Llegué hasta donde él se encontraba pero en vez de pasar al balcón y dejar de volar, me quede flotando delante de él. Me miro durante un momento para luego decir:
-Necesito que hagas una cosa por mi.- dijo con una amable sonrisa.
Si no supiera lo que trama hubiera picado, caído en su trampa como un animal débil he inofensivo. Pero se ha topado con alguien astuto como yo y no dejare que me gane. Conoceré a Jack Frost a toda costa.
- ¿Una cosa? ¿El qué?- dije con un tono de sorpresa muy convincente.
Descendí hasta su lado y pise el suelo.
-Necesito que vayas a coger una cosa de la sala subterránea cuatro, es una cosa pequeña, una caja de madera con detalles dorados. Me la deje allí la última vez que bajamos y necesito que la cojas.- me dijo.
-¿Qué? ¿la ultima vez? La última vez que bajaos fue a comprobar el... bueno, ya sabes el que.- ese era su plan de distracción, mandarme a por una caja al otro extremo del taller- ¿Seguro que esta ahí? ¿No la habrás buscado mal y este por tu despacho o por el taller?
-No, no, no, no. Esta ahí, lo noto en mi barriga.- dijo él mientras se frotaba su gran panza con una mano.
Según él, puede notar algo en su barriguita, como si presintiera algo.
-Vale. Iré. - primera fase de mi plan completado.
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El viento me llevo donde yo le pedía.
Tenía el poder suficiente para que el viento me arrastrara con fuerza y alcanzar velocidades de vértigo y llegar a lugares mas rápido. Podía controlar el viento a mi antojo y si lo deseaba, crear una ventisca. Pero ese no era mi cometido. Sino el de hacer que todos los niños del mundo se lo pase de miedo en un día nevado.
¿A quién no le gustan esos días que cierran el colegio por ventisca o grandes nevadas? ¿O hacer un muñeco de nieve? ¿Y construir un iglú y meterse dentro y charlar? ¿Y que decir de una emocionante guerra de bolas de nieve junto con amigos?
Sí, me mola mi trabajo. Es el mejor oficio del mundo.
Pero algo va mal por el polo norte ya que nos han llamado a los guardianes para que nos reunamos de nuevo. No quiere decir que no nos reunamos, desde que me hice guardián he estado dos veces más en el taller de Santa y he de decir que sus charlas son aburridísimas para mí pero bueno, es la parte de responsabilidad que tiene mi trabajo.
La propia palabra ya me hecha para atrás.
Nuestra próxima reunión tenía que haber sido para dentro de unos meses Norte ha debido de decidir adelantarla sin avisar o mandar un mensaje... o un yeti. Espero que sea eso y no allá malas noticias o algo peor, como... no se una avalancha o unos eme peligro...
Espero, realmente, que no sea eso ultimo.
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Busca, busca, busca. Tengo que encontrarlo rápidamente o sino... ¿donde, donde, donde?
Vi de lejos una masa grande y peluda que estaba apoyada en la barandilla de una de las terrazas exteriores de el taller, mirando hacia abajo. Al acercarme, vi que no estaba apoyada, ni contemplando el paisaje sino que estaba cambiando una bombilla roja que se había fundido.
Es lo que tiene vivir en un lugar lleno de luces de Navidad, que se funden bastantes y hay que reponerlas cuanto antes mejor.
-Hey, te estuve buscando.- dije y flote para acercarme y colocarme a su lado.- Llevo buscándote un buen rato.
El yeti se volvió hacia mí y miro hacia abajo donde yo estaba, lanzo uno de esos gruñidos que suelen hacer los de su especie y se señalo a si mismo on un dedo poniendo cara de sorpresa.
-Si, a ti.- en realidad buscaba a un yeti despistado y lo encontré.- Norte tiene un recado de suma importancia para ti.
Al oírme decir eso se puso firme como una estalactita mientras hacia un saludo militar.
-Veras...-empecé a decir.- Norte se dejo una cajita de madera con adornos dorados en la sala subterránea cuatro y necesita con urgencia que me la entregues. ¿Entiendes, Darret?- Por supuesto, el yeti tiene nombre.
El asintió con la cabeza y se marcho corriente aunque tuvo que volver para recoger la bombilla fundida que había dejado en una caja de cartón. Se despidió con la mano y salió corriendo de nuevo.
Me frote las manos. Esto va como la seda, no hay nada que interfiera en conocer a Jack Frost y yo misma me encargare de hacer que nadie me descubra. De momento las fases una y dos están realizada con éxito rotundo y sin complicaciones. Solo falta encontrar el mejor lugar para poder ver a Jack Frost y no ser vista, por supuesto, en algún momento, si se encuentra solo, intentare hablar con él.
¡Que emoción!
Veamos, los guardianes siempre se reúnen en el taller de Norte en la zona del globo terráqueo. En la parte del techo hay como un almacén de regalos envueltos y listos para entregar y es ahí donde no seré vista puesto que me ocultare detrás de los regalos, ningún yeti me vera y menos esos pequeños elfos de gorros puntiagudos y sonoros.
Todo pensado al milímetro.
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Por fin llegue a la guarida de Norte.
Un gran palacio de madera con aire de casa de las montañas, pero a lo grande. Se pueden ver ventanas por donde sale la luz dorada que da brillo al valle, su tejado esta blanco de la nieve que ha debido caer en el polo norte y está adornada con millones de bombillas de colores que emiten unas luces decorativas y festivas... Desde luego, se nota que es el taller de Santa Claus y más cuando entras adentro.
Vi a Bunny de lejos salir de uno de sus agujeros y estremecerse al pisar la nieve fría.
-¡Hey Bunny!- dije desde arriba, en el cielo.
El gran conejo se volvió hacia mí para ver que era yo, y no una zanahoria gigante, el que le hablaba. Descendí para aterrizar a unos metros de él.
-¿Qué pasa?- pregunté- ¿Te sorprendí?
-No me has sorprendido.- me dijo con tono de superioridad.- Solo que no esperaba que llegaras a la vez que yo.
-¿Me estas llamando lento?- dije desafiante.
-Por supuesto que si. Soy un conejo, soy más veloz.- dijo con una sonrisa de prepotencia en el rostro.
-¿El canguro de pascua me está desafiando?- me burle de él.
Sabía que odiaba que le llamaran canguro, que a pesar de ser de Australia, no le hacía gracia el mote que le ponía. Tampoco le gusta que le llamen marmota, conejito adorable, o presa para galgos. Tenía más formas de burlarme de él, todo un arsenal de palabras ofensivas pero la de canguro era mi favorita.
-No intente desafiarme, niño.- sonrió.
-¿Una carrera?- dije yo.- El último en llegar a la casa es un perezoso.- dije al mismo tiempo que elevaba el vuelo para empezar la carrera.
-¡Eh!- grito Bunny.- ¡Eso es trampa, has empezado antes!
Yo simplemente me reí.
Digamos que esa es nuestra forma de expresar nuestra amistad. Una forma poco común pero nos funciona, de momento no hemos dejado de ser amigos.
Y ahora, a visitar a Norte
