Los personajes son de la maravillosa Rowling yo solo juego con sus vidas.
Capítulo 3. Desvío
- Creo que aún no hemos tenido la oportunidad de presentarnos correctamente – Dijo el pelirrojo rompiendo el silencio que se había instalado entre ellos – Ronald Weasley, aunque todos me llaman Ron – Dijo tendiéndole una mano.
Hermione se lo quedó mirando sin saber que decir, llevaban diez minutos sentados en el autobús, más otros cinco que habían estado esperando en la parada, y a pesar de todo ese tiempo muerto, no se habían vuelto a dirigir la palabra desde que le había pedido que confiase en él, y a pesar de que lo intentaba, después de todo le había salvado la vida, simplemente no podía, no es que fuese desconfiada ni nada de eso, lo único que la molestaba era que todavía no le había dado un porqué de sus acciones de esa noche, y hasta que no lo hiciese ella se había empeñado en no hablarle, porque sabía que si lo hacía terminaría enfadada otra vez, ya que seguramente que no le contaría nada.
Al parecer, el pelirrojo entendió el dilema interno que estaba teniendo la chica, porque bajó la mano y borró la sonrisa que había puesto en el rostro para tratar de parecerle amistoso. Sacudió la cabeza, apartando su mirada de ella, para volver a sumirse en un silencio incómodo. Hermione le oyó abrir la boca en un par de ocasiones, para inmediatamente volver a cerrarla, continuaron de esta manera durante varios minutos hasta que el pelirrojo no pudo aguantarlo más.
- Sé que quieres respuestas – Hermione, que ni siquiera se había dignado a mirarle, soltó un bufido, lo que le enfureció un poco – Y aunque no te lo creas quiero dártelas – Hermione giró la cabeza y le miró con los ojos entornados – Pero no aquí, no ahora, no es seguro.
- ¿Y se puede saber cuándo será seguro para ti? – Le dijo enfadada – ¡Estoy harta de esto! Me pides que confíe en ti, pero ¿cómo quieres que lo haga? Ni siquiera te conozco y además no me cuentas nada de lo que está pasando, ni de a dónde vamos… ¡NADA!– Era tal su nivel de indignación que había ido subiendo el volumen sin darse cuenta.
El pelirrojo agradeció que fuese tan temprano, en el autobús solamente iban ellos dos, en la parte de atrás, y un par de adolescentes, todavía disfrazados, que estaban justo detrás del asiento del conductor y que parecían dormidos.
- Tienes razón…
- ¡Pues claro que tengo razón!
- Y sé que te estoy pidiendo mucho, sobre todo después de lo de esta noche – Continuó como si ella no le hubiese interrumpido – Dame dos horas – Le pidió – Dos horas y te lo explicaré todo.
Hermione lo consideró un momento, dos horas le parecía un plazo razonable, teniendo en cuenta que llevaba toda la noche esperando una respuesta y ya que había llegado hasta allí. Pero por otra parte, y se sintió como una niña mimada cuando el pensamiento pasó por su cabeza, quería saberlo ya, y si armar una pataleta era la forma de conseguirlo, estaba dispuesta a ello. Finalmente, sacando a relucir su parte racional y tras soltar un suspiro, volvió a girar la cabeza hacia el pelirrojo.
- Está bien – Inmediatamente el chico soltó un suspiro de alivio – Dos horas, ni un minuto más.
- Te lo prometo.
De nuevo se hizo el silencio entre ellos, Hermione giró la cabeza rápidamente hacia el lado contrario, de repente se había puesto muy nerviosa cuando el pelirrojo se la había quedado mirando fijamente. Tan abrumada se encontraba que al mirar por la ventana su cara formó una mueca de confusión, pues por un momento creyó que se estaban dirigiendo a algún descampado, pero al fijarse más detenidamente comprobó que se encontraban en una de las múltiples barriadas de las afueras de Londres, en las que todas las casas eran completamente iguales. Cuando el autobús avanzó un poco más y giró en un cruce se pudieron apreciar más casas, mucho más grandes y de diversos colores, a diferencia de las que habían dejado atrás. Una pequeña sacudida en el brazo le indicó que el pelirrojo estaba intentando llamar su atención.
- Es nuestra parada. Vamos.
Bajaron del autobús y esperaron a que éste se perdiera de vista. El chico había vuelto a adquirir esa actitud vigilante que la había visto antes. Una vez se aseguró de que allí no había nadie sospechoso, se giró hacia ella.
- Quiero hacer esto bien ¿vale? – Hermione le miró confundida sin saber a qué se refería – Ahora que hemos hecho una tregua lo intentaré de nuevo – Le tendió la mano – Ron Weasley, encantado.
- Hermione Granger – Le dijo mientras le apretaba la mano y una pequeña sonrisa comenzaba a formarse en sus labios.
o-o-o-o-o-o
A unos cuantos kilómetros de distancia de donde se habían bajado Ron y Hermione, se encontraban cuatro hombres dentro de un pequeño apartamento en el centro de Londres, tres de ellos, vestidos de negro y con guantes en las manos, revolvían cada centímetro del piso, mientras el cuarto, vestido también de negro pero de una manera mucho más elegante, observaba el desorden que estaban montando los hombres, al mismo tiempo que entornaba los ojos mirando los papeles que caían al suelo, estaba buscando algo, el problema era que, al parecer, esa entrometida sabía guardar muy bien los documentos importantes.
- Señor hemos revisado cada rincón del piso, aquí no hay nada – Le informó Zabini.
- Lucius dijo que la chica tenía copias de los documentos con la información de las empresas y que se las había llevado para seguir trabajando en casa – Dijo Riddle tranquilamente – Deben estar por aquí. Volved a buscar – Ordenó.
- ¿Por qué son tan importantes esos documentos… señor? – Preguntó Goyle vacilante.
- Porque si los recupera, con toda la información que contienen y con lo que ha descubierto hoy, acabará atando cabos, lo que significa que estaremos acabados – Respondió lentamente como si fuese un niño pequeño - ¿Entiendes ahora lo importante que es encontrar esos documentos? – Preguntó con el mismo tono de antes dejando notar un deje de enfado.
Goyle asintió y volvió a la búsqueda. Habían revisado todo, el suelo de la pequeña sala de estar se encontraba lleno de papeles, fotografías de la chica y de libros que se habían roto de la brusquedad con que los habían tirado al suelo cuando los habían sacado de la estantería, la televisión apartada en una esquina, también estaba rota. La cocina no se encontraba en mejor estado, todos los armarios estaban abiertos de par en par completamente vacíos, pues su contenido también había ido al suelo. Pero sin duda, el peor trato se lo había llevado la habitación de Hermione, la cama estaba desecha, las mantas habían sido furiosamente arrancadas y toda la ropa se encontraba echa unos jirones en un lado, en un momento de desesperación, Dolohov agarró las puertas del armario y tiró de él, haciendo que impactase contra el suelo con un gran estruendo.
- ¿Es que estás loco? – Le gritó Zabini, mientras él, Goyle y Riddle entraban en la habitación.
- Creo haber dicho que no queremos que nos descubran, Doloh… - Comenzó a decir Riddle, pero se calló al instante, pues había vislumbrado una carpeta con el logotipo de Malfoy's Company donde antes había estado el armario – La próxima vez ten más cuidado – Dijo mientras cogía la carpeta y examinaba los documentos que se encontraban en su interior al mismo tiempo que sonreía satisfecho, estaba seguro de que Weasley les había oído a Lucius y a él hablar de esos documentos antes de mandarle a por la chica y no iba a permitir que se apoderase de ellos – Buen trabajo Dolohov – Le felicitó – Vámonos de aquí antes de que algún vecino llame a la policía.
Uno a uno fueron saliendo del apartamento, siendo el último de ellos Zabini, que cerró la puerta intentando que no se notase el pequeño rayón que tenía la cerradura cuando había sido forzada, para no llamar la atención de ningún vecino o de la policía si es que venía. Ya en la calle, se montaron en los dos coches en los que habían venido, y se alejaron de allí.
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Después de bajarse del autobús, Ron había arrastrado a Hermione hasta un pequeño callejón, que la chica creyó que era un atajo, pero después de pasar por un segundo y un tercero empezó a sospechar que era una estrategia de despiste por si los habían seguido, lo cual era una tontería, eran los únicos que se habían bajado en esa parada, no había personas por la calle, no era de extrañar siendo tan temprano, y tampoco había coches, aun así, el pelirrojo se detenía cada vez que llegaban al final de uno de los callejones y miraba atentamente a cada lado de la calle antes de agarrarla firmemente del brazo y llevarla casi corriendo hasta el siguiente.
Al llegar a la siguiente calle el chico se quedó más rato que en las anteriores mirando, Hermione desde detrás simplemente le observaba, sin atreverse a decir nada, pero considerando aquello una pérdida de tiempo, y se preguntó si no estaría haciendo eso para alargar el plazo que le había prometido, porque si era así, ella no lo iba a consentir, a cabezota no la ganaba nadie, y menos cuando su curiosidad y sus ganas de saber se encontraban en medio. Iba a decírselo cuando notó que la volvía a agarrar del brazo y tiraba de ella calle abajo.
Pasaron por delante de varias casas, todas ellas pintadas de colores suaves, con grandes jardines en los que sus dueños habían plantado rosales, lirios, y en una había hasta un manzano. Continuaron caminando casi hasta el final de la calle, donde, apartada un poco de las demás, se encontraba una casa de dos pisos de color blanco, estaba rodeada por una valla que les llegaba hasta la cadera también de color blanco, y por encima de ella sobresalía apenas por un centímetro un seto, en el porche se podían vislumbrar dos sillas y una mesa con un jarrón lleno de margaritas en el centro. La primera impresión que tuvo Hermione fue que se trataba de una casa habitada, puesto que las luces, de lo que supuso sería la sala de estar, estaban encendidas, miró a Ron con la duda en la mirada, pero el chico ya había alcanzado la puerta de la verja y con la mano le indicaba que le siguiese, llegaron a la puerta, y soltado un pequeño suspiro, el chico llamó a la puerta.
En el interior de la casa se oyó como alguien susurraba y unos pasos se alejaban de la zona del vestíbulo, después de un par de minutos de silencio absoluto, la puerta se abrió, dejando frente a ellos a un hombre de pelo negro azabache desordenado, ojos verdes y cara de dormido, a medio vestir, con una taza de café en una mano y un biberón en la otra. Al ver al pelirrojo, sus ojos se abrieron con sorpresa para pasar inmediatamente a la furia, soltando un gruñido les cerró la puerta en las narices.
Soltando otro suspiro, esta vez de frustración, el pelirrojo volvió a llamar a la puerta, esperando pacientemente mientras en el interior se oía como volvían a susurrar. El hombre les volvió a abrir la puerta, y esta vez pudieron ver que detrás de él se encontraba una mujer pelirroja con un bebé de unos nueve meses en brazos.
- ¿Qué es lo que quieres? – Preguntó el hombre malhumorado, fulminando al pelirrojo con la mirada.
- Necesitamos vuestra ayuda – Pidió Ron suplicante.
- Son las cinco de la mañana, ¿Qué clase de ayuda quieres a estas horas? – Preguntó el hombre utilizando el mismo tono de antes.
- Harry, por favor – Suplicó el pelirrojo.
- Harry déjale pasar – Dijo la mujer pelirroja, hablando por primera vez.
El hombre, al verse acorralado por el pedido de su esposa, se hizo a un lado dejando pasar a Ron y a Hermione, a quién miró con curiosidad. Antes de cerrar la puerta echó un vistazo a la calle, tal y como había estado haciendo el pelirrojo.
- Vamos a la cocina, estaba preparando el desayuno – Dijo la mujer.
Pasaron por la sala de estar, que era bastante grande, a un lado había dos estanterías llenas de libros, justo al lado, una chimenea, y en frente de ésta, un cómodo sillón de color beige. En el centro de la habitación había un sofá de tres plazas, también de color beige, con la televisión en frente, y en otra de las esquinas, se encontraban los juguetes del bebé, puestos todos encima de una manta que estaba rodeada de cojines, para la seguridad del niño.
Finalmente llegaron a la cocina, que al igual que la sala, era muy grande, con una mesa lo bastante amplia como para comer ocho personas sin problemas, y se podía apreciar el delicioso olor de un bizcocho que se estaba horneando, mezclado con el de café.
Ron entró sin ningún tipo de pudor en la estancia, al contrario que Hermione, que se encontraba avergonzada y se preguntaba quiénes serían esas personas, aunque podía jurar que la mujer se trataba de la hermana de Ron, pues se parecían bastante. Oyó un pequeño carraspeo, e inmediatamente se giró hacia el hombre de los ojos verdes, que se encontraba mirando fijamente al pelirrojo. Ahora que les veía de cerca se dio cuenta que Harry, creía que ese era el nombre que había oído, era media cabeza más bajo que Ron, aunque igual de musculoso, y a pesar de la cara de enfado que tenía en ese momento, parecía una persona amable.
En cuanto a la mujer, era unos centímetros más baja que ella, su pelo, de un brillante rojo y largo hasta la media espalda le daba, junto a las múltiples pecas, un aspecto muy juvenil, y sus ojos marrón chocolate reflejaban una dulzura similar al dulce con el que compartía color, aunque esa mirada rápidamente se convirtió en una de furia al observar a los dos hombres. Por lo que dejó al bebé en la trona, dejando más que evidente a la vista que estaba embarazada, y puso los brazos como jarras esperando que la conversación se desarrollara.
- ¿Otra vez dejando embarazada a mi hermanita, Potter? – Preguntó Ron intentando eliminar el silencio incómodo que se había instalado.
- No empieces con eso otra vez, no estás en condiciones de reclamar nada – Le contestó Harry fríamente.
- De todas formas, felicidades – Le dijo a su hermana - ¿De cuánto estas?
- De cinco meses – Le respondió ella – Me enteré el día que tu… - Se calló bruscamente, unas pequeñas lágrimas comenzaron a salir de sus ojos.
- Ginny tranquila – Dijo yendo a abrazar a su hermana.
- ¿Qué es lo que quieres? – Dijo Harry – Y lo más importante, ¿Quién es ella? – Preguntó haciendo que Hermione se ruborizara cuando notó que los tres la miraban.
- Harry, sabes que no soy lo que dicen, no soy un delincuente, que llevo meses intentando demostrarlo – Comenzó el pelirrojo.
- Yo lo único que sé es que un día eras uno de los mejores policías de Londres, y al día siguiente eras el criminal más buscado del país – Le reclamó elevando un poco la voz – Asuntos internos estuvo detrás de mí por defenderte, todavía lo está, me han abierto un expediente, me han negado el ascenso, ¡nos vigilan! – Continuó, esta vez gritando, mientras señalaba a su mujer y a su hijo – Y aún así sigo confiando en ti, porque eres mi mejor amigo, Ron, pero hasta yo necesito una explicación.
- Vale, si, está bien – Dijo Ron levemente emocionado porque su amigo todavía le defendiese después de todo por lo que estaba pasando – Ginny, ve arriba con Hermione y déjale algo de ropa, por favor.
- Primero acláranos quien es – Repuso rápidamente Harry – No pienso dejar que una desconocida esté a solas con mi esposa.
- Lo hubiese hecho si no me hubieses interrumpido – Repuso Ron fingiendo estar ofendido – ¿Te acuerdas de Lestrange y de sus negocios turbios? – Harry asintió – Pues a presentado a Riddle – Harry abrió los ojos ante la mención de ese nombre – y a Malfoy, y se llevan tan bien que van a hacer negocios justos.
- ¿Pero donde entra ella en todo esto? – Preguntó Harry, señalando a Hermione, sin ver la conexión - ¿Ella también trabaja para Riddle? ¿Le ha traicionado?
- No – Respondió Hermione, hablando por primera vez – Yo trabajo… trabajaba para el señor Malfoy. Esta noche escuché demasiado y… han intentado matarme.
- Oh Dios mío – Exclamó Ginny llevándose las manos a la boca – Pero… ¿estás bien? ¿Estás herida? – Preguntó mientras se dirigía hacia ella y la examinaba en busca de alguna herida.
- Estoy, estoy bien, algo asustada… y cansada.
- Pues claro que lo estás, es normal. Anda vamos arriba – Le dijo mientras la agarraba del brazo – Te dejaré algo de ropa en lo que tarda en hacerse el bizcocho y después os quedáis a desayunar – Dijo dirigiéndose a los dos, Ron sonrió al ver el parecido que tenía su hermana con su madre, para finalmente poner la vista en su marido – Harry cielo, dale de comer a James ¿sí? – Le pidió haciendo un puchero y arrastraba a Hermione escaleras arriba.
Harry se giró para terminar de preparar el biberón que todavía llevaba en la mano, vio que Ron había sacado al niño de la trona y le ponía caras, haciendo que la cocina se inundase con el sonido de su risa. Con una sonrisa en la cara, puso la leche a calentar, al mismo tiempo que vigilaba que el bizcocho no se pasase. Tosió levemente al mismo tiempo que el microondas anunciaba con un leve "clin" que la leche ya estaba caliente.
- ¿No puede esperar mi sobrino cinco minutos para tomar el biberón? – Preguntó el pelirrojo abrazando con cariño al niño.
- No, que luego llora y le tengo que calmar yo – Le contestó Harry sujetando al niño – Él también te ha echado de menos – Le dijo mientras le daba el biberón al bebé – Ron… - Su rostro se había puesto serio, el pelirrojo comprendió lo que le estaba pidiendo.
- Después de que asuntos internos abriese ese expediente sobre mí, de que echase por tierra mi reputación con esas pruebas falsas y de que tuviese que huir como un delincuente, me di cuenta que la única manera de salvarme era resolviendo este caso, pero me estoy dando cuenta que hay mucho más de lo que creíamos.
- ¿Qué estás queriendo decir? – Preguntó Harry intrigado.
- Siguiendo con la historia que habían creado sobre mí, empecé a frecuentar los bares de la zona roja.
- ¿Qué? – Gritó Harry, haciendo que el bebé se asustase un poco y que casi comenzase a llorar, pero su padre logró calmarlo enseguida - ¿La zona roja? ¿Estás loco?
La zona roja era como coloquialmente se conocía al uno de los barrios más peligrosos de Londres, en el que se juntaban todo tipo de negocios ilegales, drogas, prostitución, préstamos especiales… Era el sitio donde, no importaba el servicio que se necesitase, darle una paliza a alguien, un ajuste cuentas, o negocios con la mafia, allí si se tenía dinero, se pagaba las cuentas, y no se hacía enfadar demasiado a nadie, siempre sería bienvenido. En cambio, si no se cumplían esos requisitos, la mayoría de las veces, por no decir siempre, se terminaba muerto, normalmente, esas muertes era muy violentas, lo que había dado su nombre a la zona.
- Me costó lo mío que confiasen en mi, aparte debía andarme con cuidado de que ninguno a los que había detenido me reconociese – Siguió contando Ron ignorando la cara de preocupación que ponía Harry – Pero finalmente me enteré que Lestrange estaba buscando a Riddle para presentarle a su cuñado. No pude estar presente en la reunión porque fue en una sala privada del club Paraíso con seguratas en la puerta y todo, en vez de ser en Cabeza de Puerco, que es donde normalmente Riddle hace sus negocios. Pero días después me enteré que Malfoy había vuelto a la zona buscando un servicio muy especial – En ese momento una bombilla se encendió en la cabeza de Harry.
- Buscaba un asesino a sueldo – Comprendió.
- Exacto – Concordó el pelirrojo, se sentía como en sus primeros años de policía, que junto con Harry, habían llegado a ciertas conclusiones de algunos de sus casos de la misma forma en la que lo estaban haciendo ahora – Así que me presenté, le conté la versión que les había contado al resto, y a los cinco minutos estaba contratado, fue demasiado fácil.
- ¿Hace cuanto que pasó todo esto? – Preguntó curioso Harry.
- Un mes. Me dijo que todavía no me necesitaría pero que quería dejarlo todo preparado – Le aclaró – Hace dos días me avisó de la reunión de anoche – Sacó el teléfono ante la mirada que le lanzó Harry – Es de prepago, el mío lo di de baja el mismo día que huí y lo tiré al río.
- ¿Y qué es lo que ella sabe? – Preguntó dirigiendo su vista hacía el techo dando a entender que se refería a Hermione, que estaba en el segundo piso.
- Conoce a muchos de los que estuvieron presentes en la reunión porque son trabajadores de la empresa como ella, y sabe que están metidos en un negocio turbio – Explicó.
- Tengo la sensación de que hay algo más – Dijo Harry.
- Yo también lo creo – Acordó el pelirrojo - ¿Sabes cuál era su departamento? – Harry negó con la cabeza, intrigado – El administrativo-legal, antes de ir tras ella oí como Malfoy le decía a Riddle que tenía copias de documentos muy importantes en su apartamento y algo de una campaña muy importante.
- ¿Quieres decir que sin ser consciente de ello descubrió algo importante y por eso quieren matarla? – Preguntó Harry esperanzado.
- Más bien creo que lo que más les preocupa es de lo que puede llegar a darse cuenta, si lo une todo.
- ¿Dónde crees que están esos documentos?
- Seguramente en su piso, aunque estoy seguro de que Riddle ya ha ido a echar un vistazo, además, no me quiero arriesgar, es posible que haya dejado vigilancia – Le comentó, sabiendo que seguramente a esas alturas ya habrían revisado el apartamento de la chica y encontrado los documentos.
- Así que tienes a una testigo, una que ha tenido acceso a información muy importante además.
- Si, y si quiero demostrar mi inocencia no puedo permitir que le hagan daño, o peor, que la maten, y que luego me maten a mí, porque entonces sí, irán a por vosotros, tú, Ginny, James, mis padres… – Por primera vez en la noche, una sombra de miedo cruzó por un segundo el rostro del pelirrojo.
- No nos pasará nada – Dijo Harry poniéndole una mano en el hombro en señal de apoyo – Recuerda que yo también soy policía, sé cómo proteger a mi familia.
- Si, pero no puedes protegerme a mí, ni a Hermione, es otro motivo por el que he venido aquí – Harry le miró fijamente, esperando a que continuase – Necesito un lugar seguro donde quedarnos unos días, hasta que encuentre algo más seguro lejos de Londres – Harry comprendió lo que le estaba pidiendo.
- Ron no te la puedo dejar, asuntos internos ya ha ido dos veces, ¿crees que no irán una tercera? – Le dijo Harry en tono desesperado – Además, ¿Riddle cree que está muerta no? – Preguntó empezando a asustarse.
- Sabe que está viva, antes de venir aquí Hermione y yo fuimos testigos de una pequeña reunión que tuvo donde la había "matado" – Dijo haciendo comillas con los dedos – Mató a uno de sus matones y dijo que quería la dirección de los dos.
- Y a tu casa no podéis ir, está vigilada siempre por un oficial – Le informó Harry.
- Lo único que me interesa ahora es que la gente de Riddle no sepa nuestro paradero, Harry, y Grimmauld Place es el lugar perfecto, yo ya me he escapado antes de asuntos internos pero no quiero meter a Hermione también en esto – Le dijo intentando convencerle.
- Ron…
- Sólo unos días, por favor – Pidió suplicante.
- Vale, pero… - Empezó antes de que Ron pudiese interrumpirle – Quiero el número de ese teléfono, por si acaso.
- De acuerdo, gracias Harry – Dijo abrazándole.
- Sí, bueno, toma, sujeta a James, voy a por las llaves.
Aquí os dejo un nuevo capítulo. Espero que os guste, gracias por leer.
