Otra vez aqui yo

ahora no dispongo de mucho tiempo asi que hare mas bien pocos comentarios.

la historia de naruto como cazador se encuentra con una encrusijada, stella se encarga de poner al rubito entre la espada y la pared. Hana (la hermana de kiba) y Kisuke, un OC de Tenshiko, siguen con sus cosas, que no me olvido. Y claro continuamos con la historia de Cenicienta.


CAPITULO 4

El cofre

I.

― Su señoría, el cazador ha vuelto.

― Oh. Déjelo pasar.

Stella sonreía complacida mientras miraba a Naruto entrar por la gran puerta de su habitación real. Pero lo que más le satisfacía era aquel pequeño saco de patatas sin papas, que realmente no estaba vacío. Tenía un pequeño bulto al final de este, del tamaño exacto de un corazón.

― He cumplido ― dijo el chico severamente dejando el corazón en una mesa con cuidado. Enseguida se quito el casco del traje de metal y lo dejo al lado del saco ― ahora me iré.

― No tan pronto ― interrumpió la rubia. Naruto detuvo su paso y se quedo en silencio mientras la reina se levantaba de su asiento y se acercaba al muchacho ― primero voy a guardarlo. Y entonces te irás.

― Esta bien.

La mujer tomó entonces la bolsa de la mesa y metió la mano en ella sacando un corazón, aun cubierto un poco con sangre.

Lo miraba fascinada, con un brillo especial en sus ojos mientras lo alzaba en el aire con signo de victoria. Entonces lo tomó entre sus manos y caminó hasta llegar al otro extremo de la habitación, a un lugar donde había un gran cuadro de ella sobre un trono con una sonrisa de superioridad. Pero ahí no se detuvo, dio unos pasos más, hasta la pared desnuda de un lado, y empujó uno de los ladrillos con delicadeza.

El ladrillo cedió ante la presión y se hundió un poco, pero entonces toda la pared comenzó a moverse, era como si uno por uno los ladrillos comenzaran a desaparecer dejando en su lugar una habitación oscura. Con un tronar de dedos el lugar se ilumino. Estaba todo hecho de oro puro, era una especie de altar. Las paredes parecían estar conformadas por varias cajas pequeñas y doradas, y en el centro, sobre una pequeña columna de mármol que no le llegaba a la reina mas allá de la cadera, solamente había un pequeño cofre, un cofre de oro.

A paso veloz la mujer entró al altar y alzó con ambas manos el corazón, justamente sobre el cofre. Pero nada sucedió. Naruto entonces comenzó a preocuparse, no sabía cómo lo sabia pero sabía que aquella mujer descubriría su treta. Descubriría que aquel corazón era realmente de un venado.

― Este ― murmuró la mujer volviendo a alzar el corazón de la misma forma ― ¡No es el corazón de un humano! ― gritó histérica dándose media vuelta y mirando con ojos asesinos a Naruto.

El chico sabía que estaba perdido, pero aun así tenia que intentarlo. Empuñó su espada y corrió contra la bruja.

― ¡Muere!

― ¡Iluso! ― exclamó Stella moviendo su brazo derecho bruscamente hacia la derecha cortando el aire. Exactamente al mismo tiempo Naruto salió volando hacia el mismo lado estrellándose contra una mesa y rompiendo un jarrón en cientos de pedazos que crujían bajo su peso. ― ¿¡De que es este corazón!? ― exclamó acercándose al chico que ahora por acto de magia estaba suspendido en el aire, con la espalda pegada a la pared. Sostenía aquel corazón con una mano, mientras lo apretaba firmemente logrando sacar un poco de sangre la cual lentamente se escurrió por su brazo ― ¡¿De qué?!

― De… un venado. ― respondió con dificultad, ya que sentía como si el aire le faltara, como su hubiera una mano rodeando su garganta impidiéndole respirar. Asombrado miró como la chica fruncía el ceño pronunciadamente, luciendo aun más molesta, y al mismo tiempo el corazón comenzaba a quemarse en su mano hasta convertirse en cenizas las cuales lentamente se iban con el viento.

― De un venado ― repitió la mujer mascullando entre dientes y apretando la mandíbula ― ¡¿Dónde está Hinata?! ― gritó histérica rodeando con su delgada mano el cuello del rubio.

― Ella… huyo al bosque… ya está lejos… Dattebayo.

― Tú... la dejaste huir.

Si la mujer antes parecía enojada ahora lo estaba mucho más. Entonces movió su mano libre rápidamente llevándola hasta el corazón de Naruto y la encajó en su pecho. El chico gritaba de dolor. Aquel era el dolor más horrible que jamás había sentido, era como si alguien comenzara a escudriñar entre tus órganos y de pronto llegara a tu corazón comenzando a apretarlo como un pedazo de plastilina hasta detenerlo. Pero entonces el dolor se detuvo y la mujer retiró su mano ¿ahora iba a morir? No comprendía que sucedía, solo que su corazón estaba ahí, en la mano de aquella mujer brillando en un tono amarrillo intenso.

― ¿Qué me hiciste? ― preguntó Naruto respirando otra vez. Stella se había retirado, lo había soltado y dejado en el suelo de nuevo. Él se sentía perfectamente bien, de hecho, si no mirara su corazón ahí frente a él pensaría que aquella mujer no le había hecho nada. ¿Así era como se sentía morir? No estaba tan mal.

― Ahora eres mío ― dijo con voz de ultratumba Stella sonriendo malignamente mientras tomaba firmemente el corazón, pero sin apretarlo. ― Vas a ir a buscar a Hinata ― comenzó a decir con un tono que de cierto modo dejaba claro que le hablaba a una mascota ― La vas a encontrar en el bosque y la vas a traer hacia mí. Entonces la vas a matar ante mis ojos.

― ¿O si no que? ― retó Naruto frunciendo el entrecejo.

― Si no. ― apretó ligeramente el corazón.

― ¡Aaah! ― gritó de pronto Naruto encorvándose sobre si mismo mientras apretaba su mano contra el pecho ― ¡¿Qué me pasa?! ― Stella apretó aun mas aquel corazón amarillo ― ¡Detente!

Su gritó fue tan estruendoso que retumbó por varios segundos en la habitación, pero no se repitió, ya que Stella dejo de apretar el corazón amarillo. Ahora ella lo miraba a él con superioridad mientras con dificultad el chico recuperaba el aliento.

― ¿Lo entiendes? Tu vida está en mis manos, ahora tú eres mi pequeña mascota. Y te ordeno, que traigas a Hinata.

― No lograre encontrarla pronto ― dijo Naruto mientras respiraba agitadamente ― ya debe estar lejos ´ttebayo.

― Entonces tienes una semana, no más. Y la quiero aquí mismo. O si no. ― puso mano firme en el corazón, pero sin apretar.

― Entiendo.

Stella comenzó a reír de una manera escalofriante que podía helarle los huesos a cualquiera, en un tono grave y volumen bajo que fue aumentando hasta ser una sonora risa tintineante que resonaba en todo el castillo. Aquella era una risa malvada, nacida desde el más profundo rincón de aquel maligno ser.

Antes de hacer nada más, y aun riéndose, la rubia se dirigió a la habitación dorada y alzó el corazón amarrillo sobre el cofre… esta vez el cofre abrió plenamente. La mujer guardó el corazón con delicadeza y lo cerró, girándose para ver como Naruto aun seguía asombrado en el suelo respirando con dificultad. Cuando la bruja salió de la habitación, las luces se apagaron, y la pared volvió a aparecer, cerrando la habitación.

Naruto estaba seguro de algo en ese instante. Ahora sí que tendría que matar a Hinata, porque no había manera de que se interpusiera entre la bruja y ella. Por más que lo deseara.

Cruzando el mar

II.

Hana y Kisuke habían pasado la noche en aquella posada, donde una amable señora risueña los había atendido, parecía contenta de tener clientes ya que al parecer no muchas personas llegaban a esas áreas a quedarse. Durmieron en habitaciones separadas bastante cómodas y económicas, levantándose con las energías cargadas después de una buena noche de sueño. Y ahora después de desayunar una comida deliciosa estaban listos para continuar su viaje por el mar.

― Bien. Ahora a esperar a que el camino amarillo aparezca de nuevo ― decía la chica mirando el mar desde la posada.

― Yo solo espero que aparezca ― comentó Kisuke suspirando ― llevamos aquí toda la mañana y aun no aparece.

― Me pregunto porque habrá desaparecido ― indagaba Hana comenzando a mirar mas allá, a lo lejos, donde parecía haber una pequeña mancha café sobre el mar. ― ¿Ese será un barco?

― No tengo idea de cómo luce un barco ― dijo como respuesta Kisuke. Hana suspiró con desesperación y se subió a su caballo ― vamos, hay que ir a ver.

― ¡Espérame! ― gritó el hombre de paja subiéndose al lomo del gran perro blanco.

En efecto, aquellas eran unas embarcaciones, parecían estar subiendo provisiones para comenzar a zarpar, habían muchos hombres musculosos subiendo grandes cajas de madera por una rampa que conectaba la tierra y el barco. Hana y los demás observaban desde lejos, ocultos entre los maizales que aun abundaban en aquel lugar.

― ¿Quién creen que viaje en ese gran barco? ― preguntó Kisuke. Akamaru lo miró como si dijera que no tenía ni idea.

― Alguien importante ― afirmó Hana ― aquella ― dijo apuntando una carroza que comenzaba a llegar al lugar ― es la carroza de un noble.

― ¿Cómo puedes estar tan segura? ― preguntó Kisuke.

― Porque yo soy lista y tu tonto ― respondió Hana sonriendo con burla. ― Ahí baja.

Cuando la chica dijo esto, todos agacharon aun más las cabezas para ocultarse.

La puerta de la carroza se abrió y de ella bajó un joven de largo cabello oscuro atado en una cola de caballo baja y ojos grandes y perlados, sonreía mientras miraba la gran embarcación y suspiraba. Hana pensó que seguramente aquel era un soñador, y que el sueño más grande que tenia era viajar en barco.

― Amo Neji ― dijo de pronto un hombre de cabello café corto cubierto en un gran sombrero y ojos verdes, su boca estaba cubierta por un paliacate blanco, tal vez ocultando alguna irregularidad en su rostro, pensó Hana, ya que desde donde estaba podía ver que sobresaliendo de la manga derecha había una horrible cicatriz en su mano ― Estamos listos para zarpar. ― el hombre tenía una voz ronca que lo hacía lucir sospechoso.

― Gracias. Disculpa… Tú eres el capitán ¿cierto? ― indagó Neji.

― Así es. ― afirmó el hombre quien antes lo había recibido. ― Capitán Kakuzu a sus órdenes.

― Solo quería comprobarlo ― Neji asintió y comenzó a caminar hacia la rampa.

― Me parece conocido ― murmuró Hana mirando al chico de largo cabello ― Neji… puede ser que mi hermano lo haya mencionado alguna vez.

― Ya se va el barco ¿querías subirte en él? ― le preguntó Kisuke.

― No ― respondió rápidamente Hana ― es que pensé que tal vez eran los culpables de que el camino amarrillo desapareciera.

― ¿Y eso por qué?

Hana quedó en silencio mientras observaban como el barco comenzaba a salir de la costa. Estuvieron unos minutos en silencio hasta que la embarcación estaba suficientemente lejos y entonces…

― ¡El camino amarillo! ― exclamó Kisuke aplaudiendo, Akamaru ladró contento.

― Lo sabía.

― ¿Cómo lo supiste?

― Me parece que el camino amarillo solo aparece cuando solo hay presentes personas que tienen deseos puros… seguramente aquel barco iba en busca de dinero.

― ¿Deseos puros? ― inquirió Kisuke.

― Si, así como yo salvar a mi reino. Y tú obtener tu cerebro.

― Ala… ¡Pues qué bueno!

― Aun que podría equivocarme… Vamos, hay que partir.

Diciendo esto la chica se subió al caballo y el hombre de paja al gran perro. Entonces caminaron por la arena hasta llegar a la orilla del mal sobre el cual estaba el camino amarrillo, solido y consistente. Y comenzaron a cabalgar rápidamente.

El permiso

III.

Akane acababa de terminar de hacer sus tareas normales del día e incluso varias mas, ya era de tarde y faltaban tan solo cinco horas para el baile del príncipe, así que era mejor que se apurase para poder terminar el hermoso vestido que había estado cociendo la noche anterior. La verdad era que aquel era un vestido de la madre de Sumire que le había prestado la chica la tarde anterior para que pudiera arreglar, y es que la mujer era varias tallas menos de escote y tenía que arreglarle algunos detalles como los adornos. Pero Akane sabía que lograría terminarlo. El problema ahora era preguntarle a su madre si la dejaba ir al baile.

A esas horas de la tarde las dos mujeres se encontraban en la sala de estar, tomando tranquilamente té mientras leían las noticias, era el momento perfecto ya que Akane llevaría el té mientras su madre leía el periódico y entonces ya que saldría el tema podría preguntarle si la dejaba ir. Y todo salió como lo planeó.

Se acercó con la bandeja con las tazas y la jarra de té y cuando la colocó en la mesa su madre paso la pagina, justamente a la que decía sobre la fiesta del príncipe.

― ¡Irumi! ― gritó de pronto sonriendo ampliamente y levantándose del sillón individual donde se encontraba. ― ¡Mira lo que encontré! ― exclamó acercándose a su hija adoptiva y mostrándole el periódico ― ¡El príncipe tiene una fiesta para por su cumpleaños! Y va a escoger a una chica para ser su esposa ¿No es esto increíble?

― ¡Por dios! ― exclamó de pronto emocionada la aludida ― Vamos a ir ¿verdad?

― ¡Por supuesto que sí! Vamos anda, vete bañando que yo te preparare el mejor vestido que tengas. No, mejor te doy uno mío que son más elegantes. ¡Pero anda hombre, a desnudarse! Cenicienta, prepárale el baño por favor.

― De acuerdo. ― dijo Akane asintiendo y dándose media vuelta. Pero entonces se detuvo y se giró de nuevo apretando los puños con fuerza ― Disculpe.

― ¿Sigues aquí? ― inquirió la mujer, Irumi también la miro despectivamente.

― Quería saber… si yo también podría ir a ese baile.

Ambas mujeres la miraron incrédula y luego se miraron entre ellas. Y rompieron en risas.

― ¡Por dios! ― exclamó Irumi ― por supuesto que…

― Si ― interrumpió la madre de Akane ― puedes ir.

― ¡Pero Misae! ― chilló Irumi pateando el suelo.

―A callar ― le dijo a la chica ― mira Cenicienta. Puedes ir ― Akane sonrió y estaba a punto de agradecer cuando… ― con una condición. Tienes que limpiar el ático. Y por supuesto conseguir un vestido apropiado.

Akane asintió con convicción. Sabía que aquel lugar estaba muy sucio y que tardaría unas cuantas horas pero lo lograría, y si lo hacía rápido seguro que podría también terminar de agregarle el encaje a su vestido.

― ¡Gracias! ― entonces subió corriendo las escaleras.

― ¿Pero qué te pasa madre? ― indagó Irumi molesta ― esa chiruza en el baile ¡Seremos el hazme reír!

― Tranquila. ― dijo la mujer con una sonrisa ligeramente malvada. ― jamás lograra terminar… ¡Kenta! ― llamó al niño que estaba jugando con unos juguetes de madera en el suelo ― ¿No quieres ir con tu hermanita Akane?

― ¡Si! ¡Si!

― Vamos, ve y juega mucho con tu hermanita.

El niño comenzó a caminar hacia las escaleras y las subió gateando, aquello era un acto peligroso pero a la mujer realmente no parecía importarle.

― Le buscare niñera a Tobio mientras tú te bañas. Anda.

― Si madre.

El Hada madrina

IV.

Era increíble lo limpio que le había quedado aquel ático asqueroso, las cosas estaban en su lugar, acomodadas por orden de uso y función, no había una sola mota de polvo, un solo animal rastrero, ni siquiera había una sola hoja de libro fuera de lugar. Akane se limpió el sudor de la frente y sonrió. Pero sus ánimos se vinieron abajo cuando se miró en el espejo ahora reluciente y se encontró llena de polvo.

― No importa ― se dijo convencida ― ¡Yo lo lograre! Vamos Kenta ― susurró acercándose al niño que ahora se encontraba dormido en un sillón viejo. Lo tomo en brazos y salió con cuidado de la habitación.

Su madre era muy mala y trucha, había mandado al pequeño para que la entretuviera y le desordenara las cosas, pero ella fue aun mas lista. Le puso al niño una caja de música que encontró por ahí y en poco rato callo dormido. Y así había logrado terminar todo a tiempo. Aun le quedaba media hora para la salida así que tenía que apresurarse a bañarse y cambiarse. Aun que era una pena, no podría agregarle los adornos al vestido.

No bajo muchos escalones para llegar a su habitación, en realidad estaba ahí cerca, solo a una puerta de distancia, era una parte del ático que se había separado para hacerle un cuarto a la servidumbre hace mucho tiempo. Quién iba a decir que terminaría usándola ella para dormir. Entró y dejo al pequeño en su humilde cama. Entonces ingresó al baño, un pequeño cuarto con un tambo de agua, ahora no estaba completamente lleno, pero era suficiente para darse un baño rápido.

Al terminar se envolvió en una toalla y se miró en el espejo roto del baño, ahora se miraba mejor, claro, se miraría mejor si no necesitara usar esas gafas pero que hacerle. No tardó nada en cambiarse con el lindo vestido esponjoso, muy simple pero hermoso, con hombreras preciosas y piedritas cristalinas adheridas al dorso y a la orilla de la falda. Le quedaba perfecto, menos mal que había logrado arreglarlo la noche anterior de las medidas.

No se maquilló porque no contaba con lo necesario, pero no había necesidad, aun si no quisiese admitirlo ella se miraba preciosa. Por último se puso unos zapatos blancos que Sumire le había conseguido y tomó al niño en brazos saliendo del cuartito donde solamente dejaba su cama, un baúl con su poca ropa y un mueble con una maquina de cocer sobre él.

― Listo, hora de irnos ― dijo la madre de Akane sonriendo con satisfacción ― te he dicho que esa no iba a lograrlo.

― No se como pude dudar de…

― ¡Espérenme! ― Gritó de pronto Akane bajando rápidamente por las escaleras ― deje a Kenta con la niñera en el cuarto de Tobio por eso me tarde. Ya estoy lista.

― ¿Has terminado los deberes? ― preguntó Misae intentando mantenerse serena y no mostrar su sorpresa.

― Si. Todo está impecable en el ático. ― Akane se miraba segura.

― Esta bien. Yo he prometido que irías si lo hacías y conseguías un vestido… y lo has hecho.

― ¡No madre! ― chilló Irumi ― ¡No puedes dejarla ir con nosotras! ― gritaba desesperada jalando la falda de Misae como si de una pequeña niña se tratase.

― ¡Tranquila! ― gritó molesta ― Yo lo he prometido. Y no incumplo a mis promesas.

― No es justo.

― Gracias ― agradeció Akane.

― Bueno querida vamos… espera. Irumi…

― Mande.

― ¿Ese vestido no te parece familiar? ― inquirió la mujer,

― ¿Ese ves…? Oh ¡Es cierto! Ese es el que le di a la vecina hace unos meses ― reflexiono abriendo ampliamente los ojos ― ¡Devuélvelo ladrona!

Akane no supo exactamente que sucedió, solo que se vio atacada rápidamente por su hermanastra quien antes de que la de pelo anaranjado pudiera hacer algo mas, rasgó el vestido, rompiéndole una manga.

― Dios mío ― fingió asombro Misae ― ese vestido esta arruinado.

― Ups.

― Pero ella lo hizo ― replicó Akane.

― Lo lamento querida. El trato era con vestido, y tu no lo llevas. Lo siento. Vámonos Irumi. ― la muchacha salió alzando al falda de su estridente vestido rosa que parecía saltar mientras ella caminaba haciendo ver como si su trasero se levantara constantemente con el movimiento― Buenas noches cenicienta.

La puerta de la casa se cerró y Akane miró asombrada la manga de su vestido, que ahora estaba en el suelo. Lentamente se agachó y la tomo apretándola entre las manos. El timbre sonó.

― Akane ¿no iras al baile? ― preguntó Sumire luego que la aludida abriera la puerta.

― No ― respondió Akane en un estado ausente ― ellas se fueron sin mí. Arruinaron mi vestido.

― No es justo ¡No lo es! Ellas siempre se salen con la suya. Si pudiera hacer algo Akane yo… ¿Te llevo? Anda y te presto algo.

― No puedes hacer nada ― interrumpió sonriendo ― lo lamento por el vestido. Prometo arreglarlo y dejarlo como nuevo.

― Pero ese era para ti. No tienes que hacerlo.

― Gracias. Pero no lo merezco. Mira, te hablan tus padres, será mejor que vallas al baile.

― No. No iré sin ti Akane.

― Estaré bien. Anda ve. Te llaman.

― Akane.

― Yo… quiero que te diviertas.

― Pero ― la madre de sumiré gritó desde la carrosa de la chica que se apurara ― En el próximo iremos sin falta. ¿Entendido? Ahí nos veremos.

Akane sonrió y asintió aun que no estaba convencida. Sumiré se despidió con un abrazo y salió corriendo sintiéndose verdaderamente mal por dejar a su amiga así. Por su parte Akane cerró la puerta de la casa con cuidado y suspiro con pesadez.

Sin poder evitarlo las lagrimas comenzaron a emanar de sus ojos, no estaba triste para nada, estaba desesperada, decepcionada, muy molesta. ¿Cómo era posible que su madre fuera tan malvada? ¿Qué le había hecho ella para que se comportara así? Sin fuerzas se dejo resbalar hasta quedar sentada en el suelo donde se cubrió el rostro con las manos y comenzó a llorar desconsoladamente pensando en cada momento de su vida, en cada desgracia por la que su madre la había hecho pasar, y pensando en que, en ningún momento, ella había hecho nada malo. Seguro era solo porque era la hija de su padre.

― No llores querida ― escuchó que le dijo una persona frente a ella. seguramente la niñera ― Todo va a salir bien ― agregó acariciándole el cabello.

― ¿Cómo va a salir bien? Todo está mal. Aquí me odian. ― contestó entre lagrimas mientras se limpiaba los ojos, lo menos quería era que una niñera anduviera mirándola llorar.

― Esto no es todo lo que puedes hacer Akane. No es todo a lo que estas destinada.

La chica se sorprendió ya que nadie más que Sumire conocía su verdadero nombre, y la niñera no podía saberlo así que se limpió las lagrimas con la manga del vestido y miró hacia arriba. Se encontró con una hermosa mujer, de cabello negro ondulado y místicos ojos rojos, quien la miraba con compasión. Compasión sentía Akane al ver aquel vestido rosa… bueno, pero al menos tenia vestido.

― ¿Quién es usted? ― indagó parándose lentamente.

― Yo soy tu hada madrina ― dijo sonriente mostrándole su varita. ― Mi nombre es Kurenai y estoy aquí para ayudarte.

― Mi hada madrina ― repitió incrédula Akane. ― ¿Puedes llevarme al baile?

― Puedo hacer todo lo que desees querida ― afirmó la mujer riendo entre dientes ― Solo necesito que realmente lo desees. ¿Lo deseas?

― Por supuesto. Ahora, más que nada.

― Entonces cierra los ojos.

Akane así lo hizo, cerró los ojos y apretó los puños y esperó a que la magia se hiciera, en su mente solo rondaba un pensamiento, ir al baile tan hermosa que su madre se arrepentiría de tratarla así, que viese que no era solo la sirvienta, que sabia comportarse y podría brillar en sociedad. Pensaba en hacer amistad con el príncipe y pedirle ayuda para salir de ahí, no importaba que no se enamorara de ella, pero ella quería bailar con él para tener la oportunidad de mejorar su vida.

― Aquí vamos… ― anunció Kurenai alzando su varita sobre la cabeza de Akane.


En el siguiente sigo con naruto y cenicienta, y la introduccion del principe azul de cenicienta que para aquellos que hayan leido nishasentaku sera facil de sabr quien es..

¡Gracias por los reviews en cuanto tenga tiempo los contesto!