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Capítulo 3: El Escape(2)

Despertando rápidamente me cambio sin hacer ruido, dejo mi morral con mis cosas y mis monedas de oro sobre la cama y una botella de ron del más caro, tomo pocas monedas, en fin, ese dinero yo no lo necesito. Bajo al pequeño mostrador y tomo una capucha del perchero, camino por el aura del amanecer hasta el muelle y compro un pase para ir directo a Inglaterra. Sé que no podré lidiar con esto, lo sé perfectamente.

Los días en este barco se pasan largos y aburridos, contando con varias paradas a puertos cercanos. Llevo dos semanas y media leyendo el mismo libro de historia que me dejó mi madre, incluso me lo sé de memoria, la historia de Asia, la de Europa, y algunas cosas de La Gran Rusia. Me recuesto en mi cama un rato, no mucho y escucho a las gaviotas, salgo del lugar y lo primero que veo es una bandera británica. Tomo mi morral, mi capucha, y bajo del barco, sin mirar a nadie, cruzo el muelle, tomo una carta y en diez minutos llego al castillo. Veo a mi padre que pasea por el jardín de rosas, me destapo el rostro y camino rápido hacia ella.

- ¡Katy! –grita y corre hacia mí, suelto mis cosas y la abrazo –hija, estábamos tan preocupados por ti, supimos lo del barco, incluso mandamos a más marinos a buscarte a las islas… oh, cariño, pero ya estás aquí.

- Sí, mamá, yo también te extrañé.

- Hueles mucho a sal, ven, debes querer tomar un baño burbujeante.

- La verdad que sí –le digo y rápido me llevan a ducharme, había olvidado estos baños. Cuando salgo me visten con vestido pero no aprietan mucho el corsé, pues tengo unos extraños dolores en el abdomen, madre cree que es por el pescado que estaba tal vez mal cocido. En fin, eso se debe pasar en dos días.

Le he dicho a mi madre que me han de quedar pocos días de vida, dice que no bromee con eso, pero con estos dolores no me gustaría bromear, pues llevo exactamente un mes y semanas con estos dolores desde que regrese a casa, contando con que tengo fiebre. Beth, mi sirvienta, entra a la habitación, al parecer va a cambiar las sabanas.

- Vamos, querida, te ayudaré a levantarte.

- Está bien –le digo con las pocas fuerzas que me quedan, me carga un poco y reprimo un grito y un sollozo, Beth se asusta y me recuesta de nuevo –quiero vomitar –le digo, levanta la sabanas para poder llevarme, pero me mira con pánico, pues mi entrepierna y las sabanas están empapadas de un rojo tan oscuro que lo único que hago es volver a quedarme inconsciente.

- Mi reina, es lo más seguro, no quise que llamaran al doctor, por lo mismo, ya le dimos un baño, ya deshecho todo lo que debía… ¿se lo dirá?

- Sí, pero que quede claro que esto quedará entre nosotras, y probablemente entre su hermano, él también sufrió molestias cuando ella.

- Está bien, mi reina.

- Gracias, Beth, ahora ve a hacer tus deberes –escucho decir a mi madre, me cubro completa con las sabanas, siento la mano de mi madre sacudirme un poco.

- ¿Hum?

- Querida, sé que estás despierta, necesito decirte algo.

- ¿Y qué es? –le digo, me destapo, y mientras lo hago me restriego los ojos por mis lágrimas, me mira sorprendida, mi madre nunca me ha visto llorando, solo de pequeña, mi cara le demuestra que ya sé lo que pasó, solo me abraza.

- ¿Papá lo sabe?

- No, y no tiene por qué enterarse, solo lo sabe Beth.

- ¿Y Françoise?

- No, pero tiene derecho a saberlo, sabes que a él le duele verte así, en parte, también sintió los dolores, cariño.

- Esta tarde se lo diré.

- Primero ¿cómo te sientes?

- Mentalmente tengo un desastre, y físicamente, mejor que antes.

- ¿De quién era, querida, si se puede saber?

- Si él se hubiese quedado en la realiza no habría ningún problema.

- ¿James? Debe ser él ¿quién más? Sabía que te lo toparías.

- Ustedes me dejaron a la libre con piratas –le digo con coraje, pero no deja de abrazarme.

- ¿Al menos te topaste con tu tío?

- Mamá… Barba Negra, murió.

- Oh… supongo que te lo dijo James.

- Sí –murmuro.

- Bueno, era de esperase –dice con la voz ronca –querida, debo irme, toma un poco de aire fresco, has dormido bastante, y díselo a tu hermano –besa mi cabeza, me sonríe y se va.

- Si madre no te lo dijo directamente ¿cómo lo supiste?

- He leído bastante sobre biología y sobre reacciones en anatomía, era obvio, los síntomas concordabas bien, y el aborto, fue por la fiebre, conté los días, y el embrión tenía dos meses, era débil, por eso mejor se desechó.

- Lo dices demasiado cruel, Katherine.

- ¿Y cómo quieres que lo tome? No pienso deprimirme por esto.

- ¿Y las últimas semanas que lloraste? Sé que lo hiciste, si tú lo haces inconscientemente me da un enorme remordimiento, no me es gracioso, no me es para no sentir nada, y si esto lo hago un regaño es porque no sé por qué razón te alejaste de Jack ¿Sabes cuantos años estuvo buscándote como para que de un día a otro te fueras? Tú te la pasas de viaje, casi nunca estás en el reinado, a ninguno de nosotros se nos hace que raro que no estés aquí, solo rezamos porque regreses sana y completa, sabemos que no te la pasas de bonita en los cruceros, te escapas y subes a barcos de investigación, Katherine, tenemos personas que nos pasan lo que sucede cuando el crucero regresa.

- ¿A quieres llegar con todo esto? –recojo mi vestido para subir las escaleras.

- ¿Se lo dirás?

- No.

- Entonces yo sí.

- Te mataré si se lo dices.

- Tiene derecho a saberlo, y si me matas, sabes bien que tú morirás al poco tiempo. Se suponía que tenía que encontrar a la bruja.

- ¿Y específicamente tiene que ser ella?

- Tu eres quién tanto deseaba encontrarla, Katy.

- Lo sé pero, es tanto camino por recorrer, y no es fácil encontrarla… aparte, tendrías que ir conmigo, y eso no creo que lo permitan. Ella solo se vincula con piratas, por cierto –me mira y alza una ceja.

- ¿Y qué esperas, a qué él te busque?

- No, ni siquiera se ha de acordar de mí, es un vago mujeriego.

- ¿Recuerdas qué siempre digo que no me gusta que hablen mal de mis amigos?

- Lo lamento pero es la verdad.

- Bueno, no quiero asustarte, pero Jack si es capaz de venir a buscarte –me dice y sonríe, yo no –bueno, hermanita, me voy, el comodoro Thomas ya viene a "platicar".

- Al sí me gustaría mandarlo a la horca por acosador –le digo y reímos, pues este hombre ambicioso y vanidoso nos fastidia.

Capítulo 4

Jack.

- Aun no entiendo por qué se fue.

- Tal vez con las monedas de oro intentó decirte algo, Jack ¿no lo has pensado así?

- No, y dime Turner ¿Qué podría decirme con las monedas?

- Que tal vez solo la querías por su dinero.

- Katherine no es así –dice Swan, mientras entra a mi camarote.

- ¿Y tú qué sabes de ella? –le pregunto indiferente bebiéndome otra botella.

- Fuimos amigas desde la infancia, Jack, y por lo que conozco de ella, siempre que quiere disculparse lo hace con regalos, no porque pensara que solo querías su dinero, lo más probable es que te haya dejado sus cosas porque va a regresar.

- Por eso ¿entonces por qué se fue sin decir nada?

- Tú una vez lo hiciste –dice William.

- Sí, tal vez es el karma haciendo efecto sobre ti… aunque por una parte, agradezco que no la hayas lastimado… por cierto ¿no te dijo por qué andaba por aquí? Digo, ella siempre sale en busca de algo.

- ¿Ah sí?

- Sí, ella nunca sale sin un motivo

- Pues no, no me lo dijo.

- Entonces no te tenía mucha confianza, por eso se fue, obtuvo lo que quiso y luego huyó, típico de la princesa de Inglaterra –dice irónica, entonces si la conoce.

- ¿Crees que sí esté en Inglaterra?

- ¿Dónde más podría estar? Si no consiguió lo que quiso debe estar con su hermano.

- Entonces no me desvió del camino –les digo al escuchar las gaviotas, miro la botella de ron que Katherine dejó y bebo un poco de ella.

- Ya están bajando los botes, Jack –dice Turner, asiento y me preparo para lo que viene.

- ¿Estás seguro de esto? –pregunta Gibbs.

- Sí, pero primero quiero pasar a una cantina.

- ¿Y oliendo a ron se presentará ante la señorita Breton?

- Así me conoció… y no me presentaré ante nadie, esta vez sí la voy a raptar como debe ser.


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