Naruto © Masashi Kishimoto

Capitulo 2 parte 2


- Sakura-san veo que ya ha decidido descansar. –Comentó Juugo al verla recostada mientras le dejaba su equipaje junto a la cama –.

- Juugo estoy buscando una de las muchas canciones que escribí mientras viví aquí. Encontré muchas de ellas pero no la que necesito.

- Debería intentar buscarla en algún lugar donde guarda cosas que no desea que los demás encontremos –le sugirió mientras se acercaba a encenderle una lámpara, pues suponía que Sakura necesitaría la luz si encontraba lo que buscaba –.

- Quizás tengas razón.

- Me retiro Sakura-san debo levantar los platos de la cena.

- Gracias Juugo, estuvo delicioso.

- Con su permiso –al quedarse sola se puso de pie y camino hasta una pequeña estatua de una grulla que adornaba su tocador. Nunca antes había sentido la necesidad de esconder algo, pero en algunas ocasiones pensó que si algún dia debía esconder algo… seria allí. Levantado con cuidado una de las plumas de jade encontró un diminuto agujero del cual sobresalía un pergamino. Lo tomó y fue a sentarse a la silla junto a la lámpara que Juugo le había dejado encendida. Con cuidado comenzó a desenredar el pergamino azulaceo. Antes de comenzar a leer observó la caligrafía dorada; reconociéndola como suya, sin más comenzó a leer. –.

Él tenía razón. Solo ella podía haberla escrito y no solo por que reconociera la caligrafía, pero por que en toda ella podía percibirse así misma de una extraña manera. Si, ella la había escrito ya no podía dudarlo. No podía negarlo. Y más por que con esos dedos suyos había escrito en la esquina del pergamino el nombre de Sasuke. Siempre escribía la fuente de su inspiración en la esquina del pergamino... siempre. Y esa esquina tenía el nombre de Sasuke. Sasuke…

De nuevo poniéndose de pie, sopló para apagar la lámpara y se marcho en busca del emperador de esas tierras. Al ir llegando a sus habitaciones se detuvo; sentándose en el suelo junto a una fuente. Llevando sus manos cubrió su rostro, insegura de sus acciones. ¿En verdad estaba dispuesta a escuchar su historia? ¿A ver su historia? Respiró profundamente; poniéndose de pie. Y de nuevo comenzó a caminar con un semblante más tranquilo. Si lo que él decía resultaba cierto lo aceptaría como tal no quedaba más remedio. Le encontró sentado en el jardín de flores de loto que rodeaba sus habitaciones, fumando de una pipa. Al verla acercarse, vacio el contenido de la pipa y dejo esta sobre la mesita.

- Quiero pensar que has encontrado las letras de esa canción. –habló con tono suave, denotando algo parecido a la esperanza –. ¿Las has leído?

- ¿Cuánto tiempo le tomara mostrarme todo eso que usted dice se ha borrado de mis pensamientos?

- Es una vida completa… y una a medias. Una vida pasada y una en este presente. Quizás me tome más de un dia. ¿Estas dispuesta a escucharme? ¿A verlo con tus propios ojos?

- Si no lo estuviera, no estaría aquí…en medio de esta oscuridad… con el perfume de las flores… debo escuchar. Debo verlo…

- Sígueme–le pidió acercándose a ella para ofrecerle su mano y ayudarla a subir a una pequeña barca que los mecería entre las aguas rodeadas de flores. Todo mientras él contaba y mostraba su historia. Una vez sentados Sasuke llevo ambas manos a las sienes de Sakura y le preguntó– ¿Entonces por donde debo empezar?

- Por lo más lejano… lo primero… Por el primer principio a eso que le llama pasado.

- Bien entonces cierra tus ojos. –Sakura los cerró y de manera inmediata escucho la voz de Sasuke en su cabeza, comenzando a relatarle. Pronto dejo de escucharla y las imágenes comenzaron a fluir con rapidez, mostrándole esa vida en el pasado. Una vida que jamás supo que tuvo… una vida unida sin duda a su presente.


La sala del trono aguardaba en silencio, pues el emperador había consentido a la petición del gran emperador. Esperar a que la princesa fuese a cambiarse y se presentara con las ropas reales y no con las de un general.

- Amo… ¿Aun perdido en sus pensamientos? –le susurró Juugo –.

- De pronto se torna imposible dejar de pensarla…. –le admitió a su sirviente – Y la única persona que conoce esta parte de mi vida se encuentra muy lejos. No puedo platicarlo con él siquiera, al menos no frente a frente. Y este exilio lejos de terminar, no me permitirá verlo ni en cientos de años.

- Si lo que desea amo, es empequeñecer la pena que el dia de hoy lo invade, puedo y si usted lo permite, ser los oídos que presten atención al recuento de esa parte de su vida.

- Si en verdad puedes escuchar esta, mi historia llena de fallas, lo apreciaría mucho Juugo. Siento que reviviendo toda esa parte de mí, me mostrara con claridad que es lo que debo hacer con toda esta incertidumbre.

- Cuando usted esté listo amo, yo le escuchare.

- Gracias Juugo - su sirviente de nuevo lo miro con compasión. Recordar como su amo acababa con la vida de sus enemigos y escucharlo tan perdido de pronto se volvía un interesante contraste. ¿Seria posible lo que veía? ¿En verdad seria posible que esa mirada perdida fuera la misma? Mirada que con frialdad tan siniestra, absorbía la vida y existencia de cada uno de esos enemigos que morían. Morir siendo testigos de su propia muerte en esas grandes, rojas y temibles pupilas.

El sonido vibrante de un gran gong anuncio que un miembro de la realeza se acercaba. El ministro del gran emperador se aclaro la garganta y anuncio.

- Ante nosotros se presenta Sakura-ko Hime hija de los emperadores del agua. –marchando de nuevo con la frente en alto, se acerco a hacer una reverencia. El gran emperador dio un gesto aprobatorio, indicándole que se sentase junto a él y no con sus hermanas y hermanos provenientes de otras madres. Sus ropas indicaban un gran rango ante todos, pues era la única de todas las princesas, que vestía un lujoso vestido de brocados dorados en la tela roja. Al sentarse junto a su abuelo, disimuladamente llevo un pañuelo hasta su nariz para limpiarse unas gotitas de sangre. Sasuke la observaba con detenimiento, suponiendo que esa sangre se debía a la fuerte bofetada que había recibido. Jamás pensó que la volvería a ver y menos sentada junto a un trono en donde él no podía ni siquiera ponerse de rodillas.

Tan pronto hubo terminado la ceremonia, Sakura se retiro tras hacer una reverencia al gran emperador y a su padre. Al ponerse de pie tras hacerle una reverencia a su madre, le sonrió quedamente.

Después de que se retiraran los emperadores, la multitud comenzó a disiparse. Con Sasuke caminando a prisas en busca de Sakura. Juugo siguiéndolo muy de cerca, trataba de darle alcance para detenerlo. El pelinegro se detuvo al ver que Sakura ingresaba a los patios que conducían a las habitaciones de la emperatriz. Un lugar al que el tenia prohibido entrar.

- Amo será mejor que regresemos a sus habitaciones. Sugiero que primero se calme y después intente encontrarla.

- Supongo que tienes razón… no puedo verle aun. No sé que es lo que haría si la tengo frente a mí una vez más. A pesar de que en estos minutos he logrado entender gran parte de su desaparición… no puedo evitar sentirme consternado. Me consterna haberme enterado de este origen desconocido. De este parentesco con los emperadores del agua.

Al regresar a sus habitaciones la comida ya los esperaba.

- Amo según mi parecer, la princesa no siente mucho afecto por el emperador.

- Si los rumores son ciertos y el emperador termino con la vida de todos los hijos varones de la emperatriz, no veo por que deba tener a su padre en alta estima. Después de mirarla sonreírle a su madre, supe que en verdad le ama, que en verdad es su hija. ¿Entonces por que se convirtió en mi esposa bajo el título de princesa del país de la tierra?

- Amo enseguida iré a traerle un poco de té, sin duda le ayudara a tranquilizar su mente.

Al regresar con el té, encontró a Sasuke sentado en el balcón de su habitación. Se le veía inquieto mientras escribía sobre un pergamino. El quedo viento le ondeaba sus cabellos, mientras la pluma iba y venía.

- He regresado con el té amo –anunció mientras depositaba la bandeja junto al pergamino donde escribía el pelinegro – ¿Le escribe a su hermano amo?

- Si... tan solo un poco de lo que hoy ha sucedido. Le explico que no podre decirle más, pues aun no tengo respuestas.

- Amo, el té se enfriara, le suplico, lo beba.

- Siéntate Juugo… acompáñame. Me gustaría ser escuchado en estos momentos. Solo hablando del pasado podre saber que hacer en este mi presente.

- Amo si en verdad necesita que yo un simple servidor, lo escuche, así lo hare. Permita que este humilde sirviente lo escuche.

- Eres más que un humilde sirviente Juugo, toma asiento y también sírvete un poco de té.

- Amo, usted hable que yo escuchare –aseguró al sentarse frente a Sasuke –.

- Supongo que es esencial empezar un poco antes de que la conociera –comenzó tras darle un sorbo a su té. – Mi tío Madara era el general de nuestros ejércitos en aquel entonces. Nuestro ejército, era el más fuerte de toda la región del norte. Madara siempre predico con algo de obsesión que era el país del fuego, el que debía ser el más fuerte de entre todos los reinos. Promesa que mantuvo y hasta la fecha gracias a esa prerrogativa, el reino es aun el más poderoso. Incluso si él es ahora nuestro enemigo. Por aquellos días el país de la tierra comenzaba a ganar poder y Madara no tardo en darse cuentas que era mejor tenerlos como aliados que dejar que alguna asperidad se formase. Una alianza era lo más conveniente, mas no podía ser por medio de Itachi. No podíamos darle ese tipo de poder político al país de la tierra. Así que lo más conveniente era que fuese yo quien le diera esa validez a la alianza. Mi esposa como en todo acepto nuestra separación sin pensarlo y se marcho a su país. Me dijo estar cansada de ser solo un adorno y que no podría soportar que yo tomase a otra mujer. Muy a pesar de que sabía que ambas serian ignoradas por mí en igualdad. Francamente no me importo que se marchara, pues siempre fue un matrimonio político. Incluso como hoy en dia… en aquel entonces quería ser quien otorgase ventajas al reinado de mi hermano, importándome poco quien fuese mi esposa. El emperador del país de la tierra no tardo mucho en responder a nuestra petición, dándome a escoger de entre dos de sus hijas. Y así sin más en caravana, Itachi y yo nos dirigimos al palacio del reino de la tierra. Madara quedándose a proteger la ciudad.

Nuestro viaje resulto más interesante de lo que llegue a imaginar, pues al llegar nos recibieron con la noticia de que una de las dos hijas que el emperador tenía pensado ofrecerme, había fallecido. Tan pronto nos hubieron mostrado nuestras habitaciones comenzó a nevar. La primer nevada en cientos de años, me aseguraron muchos.

Pasamos varios días en nuestras habitaciones, pues el emperador no podía recibirnos por estar de luto. Y aun faltaban un par de días para que los funerales terminaran. Se nos informó que debíamos esperar. Como sabes la nieve jamás se ve o se verá en el país del fuego. Así que naturalmente estaba fascinado por ella.

Un dia finalmente el aburrimiento me invadió y decidí salir a caminar. Estaba tan maravillado a pesar de tener frio que camine y camine entre los patios interiores. Camine hasta que me di cuenta que termine en un lugar alejado de nuestras habitaciones. Frente a mi estaban lo que parecían ser las habitaciones reales de la emperatriz. Y a las afueras, frente a la puerta estaba un cuerpo haciendo una reverencia, la nieve cayendo sobre él. Y este no se levantaba. Decidí marcharme, pues no podía discernir si era correcto indagar sobre el asunto. Pero supuse que lo mejor era dejarlo ser, pues ya que debía haber una poderosa razón por la cual, frente a esa puerta y con toda esa nieve, estaba postrado así sin más. Al siguiente dia regrese y aun estaba allí, pero esta vez estaba de pie mientras la emperatriz le dirigía unas palabras. A su lado había dos damas de compañía que le suplicaban que se marchara. Algo debió conmover a la emperatriz pues le vi mirar a la figura compasivamente. Parecían haberse entendido y la emperatriz regreso a sus habitaciones.

La figura despidió a sus damas de compañía y se quedo de pie allí por unos minutos, observando el agua de la fuente que ahora era hielo. Percatándose de mi presencia se volvió a mirarme y después se marcho. No logre verle por completo, pero bajo la capa distinguí lo que parecían ser cabellos rosados. Naturalmente mi curiosidad despertó, mas no hubo mucho que yo pudiera descubrir. Fue hasta el dia del último funeral que descubrí quien era esa mujer. Mi hermano y yo fuimos requeridos en el funeral, pues la hija del emperador pudo haber sido mi esposa. Justo antes de que se dispusieran a comenzar los ritos el emperador se dirigió a mí.

- Me apena mucho Uchiha-san haberle recibido con estas noticias.

- No tiene por que apenarse. Por contrario soy yo quien siente pena, pues usted ha perdido algo preciado mientras que yo vengo a llevarme también algo que le es preciado.

- Mi hija murió a manos de espías del país del hierro. A quienes no dudare en declarar la guerra. Pero eso no podrá ser aun. Mis tropas y ejércitos aun deben fortalecerse. Y con usted aquí es realmente una fortuna, pues usted ha venido a fortalecerme en estos tiempos de angustia. Usted ya sabe muy bien que aun me queda una hija para ofrecerle.

- Gran emperador no se preocupe y hablemos de la alianza después de los funerales. Es un momento que debí respetar y no poner ese tema frente a nosotros con mis palabras.

- Por el contrario Uchiha-san ha hablado en el momento indicado. Mi tristeza no se irá muy pronto, pero como la fuerza de estas mis tierras, debo dejarla a un lado. Dentro de unos momentos podrá conocer a quien se convertirá en su esposa, el puente de nuestra alianza. Solo que lo hará de lejos, pues ella es mi hija con una de las concubinas reales y no con la emperatriz. La emperatriz a pesar de quererle aun no logra perdonar que nuestra hija haya muerto salvándola a ella. Pero como vera para un padre eso no importa, ellas eran hermanas ante todo. Saber que una de ellas daría la vida propia para salvar a la otra, reconforta mi corazón y la tristeza logra disiparse, al menos un poco.

La emperatriz le ha permitido cantarle a su hermana, mas no debe sentarse junto a nosotros… no hoy. –el emperador guardo silencio mientras el cuerpo de su hija era llevado frente a ellos. Después de varios ritos y rezos, los inciensos fueron apagados. Y una voz acompañada con un instrumento de cuerdas comenzó a escucharse. El origen era la otra hija del emperador, sentada muy lejos del cuerpo de su hermana. Su voz lo atrapo por completo y en cada palabra cantada pudo darse cuenta del amor que sentía por su hermana. Su hermana ahora un cuerpo tendido sobre oro y jade que muy pronto seria sepultado para no verse mas. Todos los presentes comenzaban a llorar, incluida la emperatriz que tan pronto la música hubo cesado, se puso de pie. Camino hasta la joven para ayudarla a ponerse de pie y llevarla a sentar junto a su padre. El emperador sonrió con melancolía, hablando quedamente en voz baja al tener a su hija frente a él.

- Gracias mi querida hija. Estoy seguro que tu hermana hubiera amado esa canción. Ella era la luz.

- Gracias padre… gracias emperatriz por permitirme despedirme de ella esta ultima vez. –al acomodarse en el palco, se volvió a mirar a Sasuke quien también la miraba. Lo miró por unos segundos para después desviar su dolida mirada al cuerpo sin vida de su hermana.

Después de eso no volvió a verla por un tiempo. De igual manera al emperador, quien a diario les enviaba una disculpa por no recibirles. Les pedía que esperaran un poco mas pues aun los ritos funerarios estaban llevándose a cabo –.

- Itachi ¿Crees que nos reciba pronto?

- Quizás… mas no importa el tiempo que tarde. Debemos esperar…

- Ahora entiendo cómo deben sentirse aquellos que nos visitan y no se les concede una audiencia hasta una vez que varios días han pasado.

- Si, es verdad. Quizás esta experiencia nos deje aprender alguna lección.

- La nieve es realmente hermosa, pero pronto se nos dificultara mantener nuestro chakra estable en estas circunstancias.

- Lo sé… más aun así, si mi chakra se exhausta deseo seguir viendo como cae.

- Igual yo aunque no lo parezca. Iré a caminar Itachi. Antes de que nos traigan el desayuno.

- No vayas muy lejos. Aunque no se nos ha prohibido nada será bueno mantenernos alejados de las habitaciones reales.

- Tan solo iré al jardín de los ciruelos.

- Abrígate bien.

- Así lo hare hermano –tomo la enorme capa de piel que les habían ofrecido el mismísimo dia que comenzó a nevar y salió. A pesar de que la nieve tenia días cayendo esta no se acumulaba demasiado. Quizás se debía a que parte del dia los tres soles de ese reino lograban derretir un poco de ella. Al llegar al jardín, se refugió bajo el techo de un pequeño templo. Dedicándose a observar los copos que se convertían en agua al tocar el piso del templo.

Inesperadamente observo una figura que corría por el patio con pergaminos y pluma en mano. Corría descalza por la nieve, vistiendo un kimono que dejaba gran parte de su cuello y pecho descubierto. Era esa mujer… la que se convertiría en su segunda esposa. Se sentó de rodillas bajo un enorme ciruelo, llevando el pergamino hasta sus piernas para que le sirvieran de apoyo. Su cabello se ondeaba con el frío viento mientras ella perdidamente escribía sobre el papel. Estaba sumida en postrar con urgencia sea lo que fuese que ocupara su mente en esos pedazos de pergamino. Cuando finalmente hubo terminado vio como esta, sorprendida, observaba sus dedos ennegrecidos por la tinta. Como si apenas hubiera entendido que la rapidez e intensidad con que había escrito había sido irreal y etérea. Se puso de pie, pensativa y enrollo los pergaminos, no dándose cuenta que él caminaba hasta ella. Al volver su vista al frente, lo observo petrificada no sabiendo cómo reaccionar.

- ¿Acaso no tienes frío? –le preguntó con curiosidad genuina al tiempo que tomaba una de sus manos para observar sus dedos con cuidado. Estos estaban negros a causa de la tinta y no solo eso. Algunos parecían tener unas pequeñas cortadas, mismas que también podían observarse en las yemas de sus dedos. Su dedo mas lastimado era el meñique. Envolviéndolo también con su meñique intento darle algo de calor al sentirlo helado. – ¿Puedes sentir como el calor fluye? – le preguntó aun obteniendo solo silencio –Supongo que tu silencio y tus pies descalzos me dicen que no… que en realidad no tienes frio. Reaccionando finalmente se soltó de su mano y le miró profundamente antes de alejarse de allí corriendo. Sasuke la miró mientras se alejaba dejando un gran rastro con el arrastrar de su kimono, el cual iba disipando un poco las huellas que con sus pies descalzos iba dejando en la nieve. Le pareció curioso como de toda su mano tan solo el meñique estaba helado. Se rió de sí mismo al darse cuenta que se había comportado muy extraño. Quizás haberla visto de esa manera no había sido de lo más correcto, pero pensó que había sido algo bello de ver. Pues seguramente una vez que se convirtiera en su esposa perdería la libertad de correr por los jardines. Perdería las ventajas de ser una princesa libre para convertirse en esposa.

No habría más días como ese; disfrutando de estar sola con ella misma. Pronto tendría a varias damas de compañía siguiéndola por doquier; prohibiéndole incluso a su sombra, estar a solas. ¿Se marchitaría por completo de la misma manera que su primera esposa?

Al llegar a las habitaciones su hermano le esperaba, al parecer de muy buen humor.

- Itachi tenía tiempo sin verte sonreír tan libremente.

- No siempre puedo darme el lujo de poder descansar. Es realmente exhaustivo ser el emperador. Ver por nuestro pueblo es algo que disfruto y nunca vería como una obligación o deber, pero la vida en el palacio absorbe gran parte de mi existencia; dejándome muchas veces sin energía. Es por eso que gracias a este viaje que hemos hecho… me he dado cuenta que por mi bien deberé alejarme del palacio con mas frecuencia. No solo me ayuda a reflexionar y aclarar mis pensamientos. Pero también a meditar. En estos días he pensado en la condición de este nuestro mundo. De por que debemos oponernos a los dioses tan insistentemente. Es absurdo estar en su contra. Sobre todo cuando ambos mundos podrían beneficiarse mutuamente si tan solo ambos lados tuvieran oídos atentos para escuchar. Escuchar y llegar a ese entendimiento. Dos mundos unidos por un bien común y por el cielo medio.

- No todos comprenden tu simpatía por los dioses, a veces ni yo mismo. Pero de pronto un dia me di cuenta que hemos sido nosotros quienes más les hemos dañado. No ellos a nosotros. Fue allí que comprendí que quizás tú tenías razón… que debíamos buscar la forma de entablar un lazo con su mundo.

- Me alegra que empieces a comprenderlo. Mira –levanto su mano, mostrándole un libro – tan pronto termine de leerlo, espero tu también puedas darte algo de tiempo. Es la historia de los seis reinos y como estos se unificaron para formar un solo imperio aquí. Dando origen a el país de la tierra. Es fascinante darse cuenta que el país del fuego y sin duda los demás países, tienen mucho en común con esta historia. Después de todo, todos logramos la unificación de nuestras gentes.

- ¿Quién te lo ha traído?

- El emperador, me lo ha enviado. Y junto a él noticias que sin duda te alegraran. En dos días ofrecerá un banquete en nuestro honor. Sera en el palacio de las seis rocas, según entiendo, allí no cae nieve ¿No es fascinante?

- ¿Qué cosa?

- Que en todo el reino, los pisos se llenen de blanco, pero que en ese palacio, ni siquiera un copo logre verse.

- Entonces supongo que será algo que disfrutaremos ver. Aunque aquí donde estamos nosotros hay mucho menos nieve que en otras partes del palacio, cosa que también llama mi atención.

- En el banquete también estará tu futura esposa. Quiero suponer entonces que su unión no demorara mucho. Espero tener la oportunidad de escucharle cantar de nuevo. Me sentí culpable al disfrutar de su canto en una situación tan triste, pero su voz es muy hermosa Sasuke. Es reconfortante saber que esa voz vivirá en mi palacio. Debes permitirme escucharla de vez en cuando. Sin duda todos en el palacio viviremos más felices, si nos permites escucharla.

- Nunca dijiste lo mismo de mi primera esposa.

- Mego-hime nunca se mostro interesada en nadie, menos en los súbditos. Siempre estuvo alejada de todo; evitándonos. Aunque…quizás era porque no quería que nadie pudiera percibir su infelicidad.

- ¿Qué te hace pensar que mi segunda esposa será feliz en nuestro palacio?

- Tengo la esperanza de que a ella si desees hacerle feliz. Sana y olvida Sasuke…pero sobretodo mira en otras direcciones. Contempla el sin fin de horizontes que se postran frente a tus ojos. Aprende a amar a quienes pasan por tu camino. Aun si fueron forzados a caminar en el…pues no debes ni dudar siquiera, que tu futura esposa, no ha decidido caminar por voluntad. Quienes lo hemos decidido hemos sido nosotros… nosotros y su padre. Así que si hay algo que puedes hacer por ella, es en definitiva, no solo intentar amar esta vez. Intentar no es digno para ella. Veo en su mirada que merece más. Así que no solo debes intentar. Es tu deber amar.

Es muy hermosa… la mujer más hermosa que he visto en mi vida… más que sea hermosa no garantiza que yo llegue a amarla. Amar ya lo hago… lo he hecho desde que tengo memoria… y en estos momentos aunque la mujer más bella de este mundo este frente a mi… no podre dejar de amarle… y eso tú lo sabes. –ante tal respuesta Itachi suspiró tras dirigirle una mirada compasiva. Volvió su vista hacia su lectura cuando Sasuke se alejo hacia su recamara, donde supuso dormiría; soñando con esa mujer a la que él insistía aun amaba. ¿Qué acaso aun no lo veía o, no quería verlo? ¿Amarla? ¿Aun? Hubiera querido tomar en serio esas palabras pero no podía. ¿Cómo hacerlo?


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