Condujo hasta que salió de la ciudad en donde se encontraba, no le importaba a donde ir, no tenía nada en mente, solo alejarse y cambiar de vehículo lo antes posible. Llegó a una zona donde había un pequeño bosque donde se introdujo hasta encontrar un despeñadero, sin importarle nada bajó a su jefe y todas sus cosas y soltando el freno de mano dejo ir el vehículo hasta que cayó al fondo. Caminó con el quejumbroso castaño de nuevo hasta la carretera donde se sentaron a descansar un poco, mientras esperaban un aventón a la próxima estación de servicio.
-No era necesario tirar la camioneta por un despeñadero, nadie sabía que la teníamos, podríamos haberla dejado en la siguiente ciudad y no estar aquí varados- volvió a recriminar el ojiazul por milésima vez.
Pero esta vez la paciencia de Yami se terminó.
- Usted es el culpable, le dije que usara una línea segura y no me escuchó, no podemos dejar la camioneta a simple vista pues la rastrearían hasta nosotros, ¿o que no piensa que sería sospechoso que una camioneta fuera robada justo enfrente de donde estábamos y en el momento en el cual escapábamos?, no se necesita ser un genio para relacionar una cosa con otra, lo entiende o se lo explico con manzanitas- simplemente explotó, necesitaba descargar un poco su frustración, Kaiba se quedó en silencio un rato.
Por suerte para ambos una pareja de ancianos los recogió y amablemente los llevó a una gasolinera donde el ambiente no era muy bueno, ya que estaba justo al lado de un pequeño bar de motociclistas.
-¿A dónde vas?- preguntó el ojiazul cuando vio al guardia ir en dirección de la taberna.
-Tengo hambre y necesitamos un vehículo- dijo el tricolor, ya estaba más calmado y las ideas volaban en su mente.
Entró al lugar, estaba tal y como pensó, llena de hombres borrachos de mala pinta, se dirigió a la barra donde una mujer pasada de peso y poco agraciada se le acercó.
-Aquí no se permiten niños- le dijo la mujer molesta.
- No se preocupe bella dama, le aseguro que ya soy bastante mayorcito, ¿me daría una cerveza y algo de comer?- dijo sonriente el guardia, mientas le extendía un billete el cual la mujer tomó sin pensarlo. Le sirvió la cerveza y éste comenzó a beber, Seto no lo había seguido, pero estaba seguro que no se contendría y entraría tarde o temprano y de verdad confiaba en que lo hiciera para que su plan funcionara, ese tipo era predecible, de no ser porque no tenía confianza con ninguno de los presentes, apostaría a que el castaño se metería en problemas antes de que él terminara su tarro de cerveza.
Notó como era observado, casi lo devoraban con la mirada, no era algo que le gustara pero sabía que solo le faltaba un ingrediente a su plan. Justo cuando estaba por dar el último sorbo a su bebida el castaño entró y como siempre miró a todos con sumo desprecio, mala manera de presentarse en un lugar como ese, éste caminó con pasos molestos hasta donde estaba sentado su empleado muy quitado de la pena.
-¿Se puede saber qué haces? – preguntó el castaño.
-Tomo algo mientras me preparan algo de comer- respondió sencillamente el ojos rojos.
-Tienes un trabajo y no lo estás cumpliendo – le reprochó.
-Bueno usted no me lo pone muy fácil ¿o si?- Yami también podía reprender.
-Yo soy el jefe- al parecer Kaiba había olvidado donde estaba.
-Oye, no molestes con tus gruñidos de novia celosa- dijo un robusto hombre de barba fastidiado de las tonterías que alegaba el CEO.
-¿Y a usted qué le importa?- mala respuesta, el sujeto y dos hombres se levantaron de la mesa, no estaban dispuestos a dejarse insultar por ningún extranjero. Las cosas rápidamente se pusieron peor, el castaño en lugar de controlarse con tanta desventaja en contra, se puso más altanero, claro era solo el orgullo el que lo mantenía en pie, en el fondo le preocupaba que los sujetos sacaran navajas o armas de fuego.
-Ya basta, no es necesario pelear- dijo el tricolor interponiéndose en medio de la disputa.
-Mira muñeca no te metas, deja que le rompa la cara a tu novio y en un momento te atiendo preciosa- respondió haciendo gestos muy sugestivos, Yami sintió nauseas.
-Qué le parece amable caballero si nos evitamos problemas, le propongo hacer una apuesta- era momento de llevar a cabo su jugada.
-Dime que propones- el hombre se interesó en el juego.
-¿Tiene una navaja?- preguntó el guardia sonriente, el tipo saco una de doble filo- esto es lo que le propongo, el tablero de dardos que está al fondo del salón lo usaremos, el que atine al centro o lo más aproximado posible gana – explicó.
-¿Y qué gano yo?- preguntó el motociclista.
-Yo quiero que deje de molestarnos, nos podremos marchar tranquilos cuando termine mi comida, en lo que a usted respecta decida qué premio quiere- solicitó Yami tranquilamente.
-Bien yo quiero que te vuelvas mi perra y que tu novio mire en silencio cómo te hago gemir aquí mismo – todos los presentes estallaron en carcajadas de solo imaginar el espectáculo.
-Bien, yo acepto el trato- dijo el escolta, algo así esperaba que le propusieran
-¿Estás loco?, estos son unos animales van a destrozarte- aseguró el castaño abrumado.
-Usted debió mantenerse callado- dijo seriamente el tricolor, mataría dos pájaros de un tiro, obtendría trasporte gratis y le daría una lección a su imprudente jefe. Kaiba solo se quedó callado, si fuera más expresivo posiblemente admitiría que sentía culpa. Yami y el motocicleta se pusieron a una distancia de 15 metros del blanco y la contienda dio comienzo. Alrededor de ellos el resto de los presentes se puso a observar, estaban muy animados por el espectáculo.
-El primer intento puede ser de práctica – pidió el tricolor con inocencia.
-Claro muñeca, ve calentando para mí, jajajaja – se burló el hombre. Yami se puso en posición, se concentró y lanzó con mucha fuerza, todos volvieron a reír al ver como el cuchillo caía a suelo sin dar en el objetivo.
-Jajajaja miren nada más, hoy comeré zorra roja – se burló el hombre, él se colocó a la distancia y lanzó la cuchilla, dio en una orilla del tablero, de haber sido el juego real hubiera ganado en ese instante.
-Puedo superar eso, solo necesito más practica- trató de defenderse el japonés.
-Lástima que ya no tienes más oportunidades, el siguiente tiro lo define todo- sentenció ya saboreando la victoria.
-Con un mejor incentivo me esforzaría más – el tricolor quería un premio mayor.
-Aumentemos la apuesta, si yo gano no solo serás mi perra, además le despedazamos las piernas a tu novio con nuestras motos – así de seguro estaba de ganar, el castaño no dijo nada, él solo estaba callado, con una mano en el puente de la nariz y con los ojos cerrados, solo quería que todo terminara rápido.
-Bien, yo quiero la mejor motocicleta que tengan- una burla se escuchó nuevamente.
-Está bien, pero ahora yo empiezo- dijo el sujeto y se prepara a lanzar, estaba vez estuvo a solo 4 centímetros del centro, eso lo puso en extremo eufórico – mejor ríndete, y comienza a desvestirte – le propuso, el tricolor solo estaba serio, ya era hora de dejar de jugar. Sin decir nada tomó su posición, miró el tablero y con calma lanzó, dando justo al centro, todos quedaron boquiabiertos del asombro.
-Hiciste trampa, tú sabias lanzar y me engañaste para robarme- de inmediato lo acusó.
-Eso ya no importa, tú hiciste una apuesta y debes cumplirla- dijo cabalmente el guardia.
-No te daré mi moto, mejor toma mi puño- y se lanzó contra él, a Yami solo le tomó un golpe en la nariz para dejarlo inconsciente en el suelo en medio de un charco de sangre que no paraba de brotar, el tricolor se acercó al cuerpo tirado y sacó las llaves de la bolsa, nadie se atrevió a detenerlo y caminó a la puerta.
-Señor ya podemos irnos- dijo el guardia al ojiazul el cual solo caminó a la salida- acércate- le pidió Yami a otro sujeto del bar, el cual obedeció con algo de temor- lleva a ese hombre al hospital, no morirá pero perderá mucha sangre y eso lo hará sentir mal- el hombre obedeció, Yami lo observó, era muy delgado – dame tu chaqueta.
-¿¡Qué?!- dijo sorprendido.
-Quiero tu chaqueta- repitió y el otro se la quitó y se la entregó, una vez con ella continuó caminado y en la repisa que estaba al lado de la puerta había unos cascos tomó dos y justo cuando iba a salir la voz de la mujer lo detuvo, ella estaba parada justo atrás de él cuándo volteó, ella le entregó una bolsa de papel donde le había puesto la comida para llevar.
-Gracias preciosa- dijo y continuó con su camino, afuera tomó la motocicleta que ganó y sacó las cosas del anterior dueño dejándolas en el suelo, guardó las suyas, le dio un casco a Kaiba y ambos montaron, pero antes de arrancar el castaño quiso hablar
-Yo… - pero parecía que las palabras se negaban a salir.
-Solo quiero que confié en mí- dijo Yami tranquilo.
-No soporto no tener el control- admitió y Yami se giró sobre el asiento para poderlo mirar, abrió la boca pero tampoco dijo nada, solo se acercó a Kaiba y le ofreció sus labios, se fundieron en un profundo beso, después de eso se pusieron los cascos y continuaron el camino sin decir nada más.
HOLA ¿como estan? saludos.
GRACIAS A:
usagi moonie: hola que gusto tu mensaje, espero continúes leyendo. Saludos
kimiyu: hola me alegra que te guste la historia, ya sabes yami siempre en lindo. Saludos
dudas, quejas o comentarios son recibidos
gracias a quien lee :-)
