EL RESIDENTE MÁS JOVEN DE HOGWARTS.

Título Original: The youngest resident of Hogwarts

Autora: alliekatgal

Pareja: SS/HP

Advertencias: Slash, Chan, No Mpreg.

Esta traducción cuenta con la autorización de su autora.

Cáp. 4. Molly.

Cuando Harry despertó, Severus ya se había ido y la bebé estaba dormida; se duchó con rapidez y encontró sus ropas preparadas a los pies de la cama, incluyendo unos bóxer de seda negra limpios que se veían sospechosamente similares a los que estaba usando Severus la noche anterior.

Una camisa blanca limpia había sido puesta junto a sus pantalones. Harry reconoció que debería pertenecer a Severus cuando, al ponérsela, encontró que le quedaba un poco grande, especialmente en el largo de las mangas. Aún así, estaba limpia y planchada y ni de cerca le quedaba como la ropa de Dudley.

Terminó de vestirse y rebuscó dentro de la pañalera, localizando un pequeño mameluco de suave material blanco con pequeños patos bordados a lo largo del pecho. Sacó a Iris fuera de la cuna y la acostó encima de la cama para cambiarle el pañal y la ropa, despertándola en el proceso; más que llorando, ella observaba intensamente como le hablaba con suavidad mientras la vestía y la envolvía en una manta.

Colocó su saco y corbata dentro de su maleta, revisó alrededor del cuarto antes de tomar la pañalera y la bebé, agarró su capa y se fue. Tenía un poco de tiempo antes que el desayuno comenzara, así que se dirigió hacia la torre de Gryffindor para ver a Ron y Hermione y ponerse una túnica limpia para el día. La sala común rebosaba en ruido y actividad pero todo se detuvo tan pronto Harry entró con la bebé.

Hermione llegó hasta él y miró a la bebé entre sus brazos:

-Harry, ¿fue por esto que ella te llamó? ¿Es tuya?

El chico sonrió ante el desconcierto en su voz. Ya les había contado a sus amigos sobre Caitlin, pero nunca les había dicho que tan íntimos habían llegado a ser ellos dos.

-Sí, ella es mía. Nació ayer- removió la manta para que Hermione pudiera ver a la bebé mejor.

-Oh, Harry, es hermosa, pero, ¿por qué está aquí contigo? ¿Dónde está su madre?

-Caitlín dijo que no podía hacerse cargo de ella y planeaba darla en adopción: De hecho, ella va a vivir conmigo, el director está preparando unas habitaciones diferentes para nosotros. En verdad voy a necesitar ayuda, Hermione; por favor, no te enojes conmigo, es sólo que no me siento cómodo compartiendo todo lo que ha llevado a este bebé a estar aquí. Y no, no sabía de ella hasta ayer.

-Oh, Harry, por supuesto que te ayudaremos. Estoy segura que podré encontrar algunos libros sobre desarrollo infantil, y si le preguntamos a Madame Pince de seguro conseguiremos algunos libros sobre paternidad, alimentación y todo eso.

-Gracias, Hermione. ¿Siempre puedo contar contigo, no?

Harry se sitió mejor sabiendo que tenía su apoyo, incluso si ello implicaba que hiciera una investigación sobre el bienestar de su hija.

Ron bajó del dormitorio y se detuvo allí, boquiabierto, cuando vio a Harry sosteniendo a la bebé entre sus brazos.

-Harry, ¿quién es la pequeña?

El chico sólo le sonrió, levantó a la bebé y presionó su mejillita contra la suya.

-Oh no, no, no, no, no. Dime que estoy equivocado, que esa niña no es tuya, porque sé que me contarías si te hubieras acostado con esa muggle.

-Esa muggle era mi novia y la madre de Iris; tú eres mi mejor amigo, Ron, pero eso no significa que deba contarte todos los detalles acerca de cualquier relación que tenga.

-¡Pero yo te hubiera contado, Harry!

-Ron, tú creciste con cinco hermanos, ustedes se cuentan todo. Esto era personal, entre Caitlin y yo, y no quería degradarla al compartirlo en una de las charlas dentro de la ducha.

-Bien, bien. Lo siento. Sólo que me sorprendí un poco, eso es todo. ¿Por qué está aquí, contigo?

-Va a vivir conmigo; créeme que no tuve más opciones que traerla conmigo. Me iré de la torre hoy porque necesitamos un lugar más silencioso y con una par de cosas más para la bebé.

-Entonces, ¿qué vas a hacer con ella? ¿Crees que Dumbledore dejará que se quede cuando aún faltan semanas para que terminemos la escuela? No creo que los profesores vayan a estar entusiasmados por tenerla en clases, sin mencionar que no sería muy seguro para ella.

-Volvimos anoche y Dumbledore no tuvo ninguna objeción en que Iris se quede, él fue quien sugirió que podíamos llamar a tu mamá y preguntarle si podría venir y cuidarla durante el día, hasta que yo termine clases- miró a Ron con aprehensión, no muy seguro de cómo sería recibido ese trozo de información. Sabía que Ron podía llegar a ser un poco irracional a veces y no quería que se enojara por preguntarle a su madre si podía cuidar de su hija.

-Fabuloso, a mamá le encantará, odia el que todos estemos ahora lejos y mantiene la esperanza de que Bill o Charlie se enlacen con una buena bruja y le den nietos para mimarlos.

-¿Hermione, podrías sentarte con ella por un minuto? Necesito terminar de vestirme y luego debemos bajar a desayunar.

Ella tomó a la bebé con cautela y se sentó en uno de los sofás.

-Umm, Harry, creo que los elfos han podido darte una camisa equivocada, se ve un poco grande para ti.

El chico se limitó a sonreír y corrió escaleras arriba a su dormitorio. Pronto, Hermione fue rodeada, todo el mundo quería ver de cerca a hija de Harry.

Regresó correctamente vestido para el día y Hermione, renuente, le devolvió a la bebé. Juntos bajaron al Gran Comedor para desayunar. Harry ignoró lo mejor posible los murmullos que se oían alrededor de él, mientras hacía su camino hasta su silla en la mesa de Gryffindor; dejó la pañalera en el suelo detrás de él cuando vio aparecer un tetero frente a su plato.

Iris estaba comenzando a alborotarse, su boca dejaba escapar pequeños gritos de queja y fruncía su ceño. Rápidamente, Harry puso la tetilla en su boca, agradeciendo que estuviera hambrienta en lugar de mojada; por supuesto, no pasaría mucho tiempo antes de tener ese problema también, al menos ella no estaba bebiendo su leche de un solo trago. Harry deslizó el pequeño gorrito de su cabeza para acariciar su suave pelito negro.

-Harry, lamento si te metí en problemas, pero estaba muy preocupado por ti y nadie sabía a donde habías ido. Fui uno de los que le dijo a Dumbledore que estabas perdido- le dijo Neville desde el otro lado de la mesa, mostrándose lleno de remordimiento.

-Está bien, Neville. Aprecio mucho el que te preocupes por mí, yo no sabía nada de Iris cuando me fui ayer, Caitlin había llamado y dicho que me necesitaba y nadie iba a dejarme salir de la escuela a ver a una muggle con la que estuve saliendo el verano pasado. El director fue muy comprensivo, incluso no me castigó por haberme ido.

Iris había terminado su leche, así que Harry la alzó, la puso sobre su hombro y dio golpecitos en su espalda hasta que ella eructó, le puso de nuevo el gorrito en la cabeza y la acomodó en un brazo mientras intentaba comer lo mejor posible con el otro. La mayoría de los Gryffindors estaban entusiasmados con la bebé, pero Harry los decepcionó al no permitir que ninguna otra persona la sostuviera.

-Ella no tiene ni un día de nacida y no creo que sea seguro que ella pase por todos los que quieren arrullarla.

-H… H… Harry…- El chico miró sobre sus hombros cuando vio a Neville pálido y comenzando a titubear. El Profesor Snape estaba de pie detrás de él, imponente en sus túnicas negras de diario.

-Señor Potter, el director quisiera verlo en su oficina, podrá recoger a la señorita Potter en mi despacho cuando salga- la voz de Snape era fría y estricta, pero a los oídos de Harry sólo se escucharon los tonos cálidos que el hombre había utilizado la noche anterior.

Harry sorprendió a todos, excepto a Severus, cuando dio la vuelta y puso a la bebé en sus manos.

-Acaba de comer, por lo que estará tranquila por un rato. ¿Desea su pañalera?

-No creo, estaremos en mi oficina- se deslizó fuera del salón a una menor velocidad de la usual en él, con la bebé asegurada entre sus brazos.

-Harry, no puedo creer que acabas de dejar que ese bastardo se lleve a tu hija, ¿por qué dejaste que él se la llevara cuando ni siquiera permitiste que la sostuviéramos nosotros?

-Ron, él sabe como cuidarla. Siempre ha estado ahí, protegiéndome, aún si ha pasado años reprendiéndome y demostrándome todo el odio que siente por mi padre y Sirius; confío completamente en él. Iris y yo estuvimos con él anoche y en realidad cuidó de ambos.

Agarró su mochila y se levantó de la mesa, dejando a sus amigos impactados y preguntándose si había perdido la cabeza. ¿Desde cuándo Harry confiaba más en Snape que en sus amigos?

Harry se encontró con la profesora McGonagall en la entrada a la oficina de Dumbledore.

-Tiene que subir, señor Potter, el director está esperándolo.

-Sí, Señora- se apresuró a subir las escaleras y entrar al despacho, encontrando a Dumbledore de pie al lado de la chimenea, hablando con Molly Weasley.

-Harry, acabo de decirle a Molly que necesitabas hablar con ella, te daré unos minutos, ¿bien?

Él intentó tragarse el nudo que se le formó en la garganta y su corazón estaba latiendo enloquecido, había tenido la esperanza que Dumbledore le diría sobre Iris, pero parecía ser que Harry no tenía tanta suerte.

-Hola, querido, ¿Está todo bien?

-Umm, hola, señora Weasley. Ah, la otra noche, acabo de enterarme, um, bien, tengo una hija.

-¡Harry!- hizo una mueca de dolor ante el fuerte alarido-. Quédate ahí. Sólo dejaré mi delantal y voy para allá.

Unos instantes después, Molly Weasley salía de la chimenea; olía a pan fresco y naranja, como si hasta ahora estuviera haciendo el desayuno.

-¿He escuchado bien, Harry? ¿Tienes una hija? ¿Cómo puede ser? ¿Dónde está?

-Por el momento está con uno de los profesores. Umm. Estuve saliendo con una muggle durante el verano, yo no sabía que estaba embarazada, y sólo se puso en contacto conmigo hasta ayer, me dijo que teníamos una hija que había nacido ese mismo día. Pero yo la criaré; ella quería ponerla en adopción, yo no podía dejarla hacer eso y esperaba que usted pudiera ayudarme a cuidarla, sólo hasta que las clases terminen.

-Oh, Harry, por supuesto. Arthur estará complacido de tener un bebé de nuevo en casa. Ella puede vivir con nosotros en La Madriguera y tú puedes pasar los fines de semana con nosotros.

-En realidad, sólo necesito que alguien la vigile durante el día, es mi hija y deseo ser quien la cuide y pasar el mayor tiempo posible con ella. Si pudiera cuidarla mientras estoy en clases, yo estaré en condiciones de ocuparme de ella el resto del tiempo.

-Bueno, supongo que podría hacer eso, querido. Tú puedes traerla a La Madriguera en las mañanas y yo la traeré cuando termines tus clases por las tardes. Es obvio que no puedes permanecer en la torre, la bebé necesita paz y tranquilidad y podría mantener a los chicos despiertos en la noche.

-Sí, el director está preparando algunas habitaciones para nosotros, no las he visto todavía, pero de seguro en seguida iremos y podrá conocer a Iris.

-Iris, que nombre tan adorable, cariño. Vamos a buscar a Albus para poder ver tus nuevas habitaciones.

Como si esa fuera su señal, el director apareció.

-Harry, Dobby te mostrará las habitaciones. Molly, que agradable verte.

Dobby apareció con un plop, comentando emocionado sobre los nuevos dormitorios. Harry y Molly lo siguieron, bajaron al vestíbulo y luego subieron por unas escaleras.

Dobby se detuvo delante de un retrato de Sir Pendleton y le pasó la contraseña a Harry, "Dixies danzantes". El chico entró para encontrarse dentro de un salón de tamaño moderado; había una gran cama, una cuna pequeña y un guardarropa empotrado contra uno de los lados de la habitación. El otro lado tenía un escritorio, un pequeño sofá y una mecedora. Había una chimenea con ventanas arqueadas en cada lado, que dejaban entrar el sol de la mañana.

El baúl de Harry ya se encontraba a los pies de la cama, y al echar un vistazo al armario, se encontró con su escasa gama de prendas de vestir ya en las perchas. Un arco de los lados daba a una pequeña cocina con un área para comer, mientras que una puerta al otro lado de la habitación daba lugar a un baño con ducha y una pequeña tina.

-Sí, esto deberá ser suficiente para ti, Harry. Ahora, estoy segura que vas a necesitar algunos suministros para tu hija, ¿Te gustaría que yo fuera a conseguirlos? Necesitará ropa, mantas, una pañalera, pañales, teteros, jabón y polvos, juguetes, libros… - Harry la interrumpió gentilmente.

-Sí, señora Weasley, lo que usted crea que ella va a necesitar, le daré la llave de mi bóveda para que tome lo que usted crea que va a costar.

-Está bien, querido. La sacaré hoy y cuando tengamos todo lo enviaremos aquí. Ahora, creo que es tiempo de conocer a tu hija.

Harry lideró el camino hasta las mazmorras y atravesó la puerta abierta del despacho del profesor de Pociones. Severus había transfigurado su silla en una butaca grande y maciza, en la que estaba sentado con la bebé en su regazo, mirándola dormir, un dedo largo acariciaba su mejilla y su expresión era una que Harry nunca había visto antes, era una mezcla de anhelo y tristeza.