Disclaimer: No, nada en el mundo de Harry Potter me pertenece, por desgracia; solo soy la triste autora de esta historia.
Summary: Siempre escuchas el glamour de la vida de un auror, pero lo que no te dicen es todo aquello que tienes que pasar para poder llegar a la cima. Los días en la Academia son conocidos como el infierno, y mucho más si eres cierta metamorfomaga en un mar de testosterona.
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Bienvenida a la Academia
Por: Jess Grape
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Welcome to Counseling
La mujer se encontraba sentada tomando algo parecido a café.
Ugh, asqueroso.
No podía ver su cara, pues se encontraba tapada por una capa color rojo. Seguramente la tiñó con sangre de sus víctimas.
Para los hombres, una mujer no representaba más amenaza que un niffler: "sólo debes cuidar tu oro". En el Mundo Mágico era muy fácil subestimar cuán letal podía llegar a ser una mujer, Tonks era un claro ejemplo de ello, al igual que aquella figura encapuchada.
Y esa era la causa de las peores caídas de los hombres. Siempre tan confiados, siempre tan condescendientes… Aquella mujer anónima trabajaba con una asociación criminal internacional.
Después de una extensa investigación, había descubierto que aquella figura femenina era inglesa y que se dedicaba a vender información clave a los rusos.
Una espía.
Tonks se encontraba asqueada de ese tipo de personas: los traidores. Y esa mujer pagaría muy alto el precio de su pequeña jugada. Aún no sabía su identidad, pero eso no era tan importante para la aurora: sólo quería encontrarla con las manos en la masa para proceder a un arresto y dejar a los dementores encargarse del resto.
Lo que la llevaba al presente: tenía un encantamiento desilusionador y había tenido extremo cuidado de no hacer ruido, lo cual no era tan difícil, ya que el bar se encontraba lleno (¿quién toma café en un bar?); pero para ella –alguien que solía tropezarse con el aire- era toda una proeza.
Pero nadie había hecho el mínimo amago de acercarse a la mujer durante las dos horas que había estado en el lugar y Tonks comenzaba a impacientarse. La traidora se levantó repentinamente, dejó un par de galeones en la barra y se dirigió a la salida.
La aurora la siguió con cautela hasta un callejón oscuro. ¡Te tengo! Pensó entusiasmada. Pero el lugar estaba vacío: la mujer estaba parada, sin mover apenas un músculo.
¿Será comunicación telepática? Pensó desconcertada, pero antes de que pudiera llegar a una conclusión, la mujer comenzó a hablar: — A veces— esa voz…— tenemos que hacer cosas que no queremos por el bien propio. Y otras veces, nos toca hacer cosas que realmente ansiamos, como ahora— se dio la vuelta, bajando la capucha y enfrentando a una muy sorprendida –e invisible—Tonks.
— ¿Profesora Mawson?
La mujer le dedicó su desdeñosa sonrisa. —Te lo dije, hay trabajo sucio que debe hacerse… ya sabes, gajes del oficio.
Tonks estaba tan congelada que ni siquiera tuvo tiempo de protegerse del rayo verde que iba a toda velocidad hacia ella…
Se despertó con un gritito y llena de sudor, hiperventilando.
— ¡Lo sabía! Es una de las malas. Ya decía yo que esa sonrisita era tan buena como los huevos podridos— dijo secándose la frente.
Echó a una ojeada a su reloj para encontrarse con la fantástica noticia que le quedaban tres horas para dormir, se volvió a acostar y cerró los ojos para hundirse en –por favor- mejores sueños.
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Llegó al edificio a eso de las cuatro y media de la mañana de muy mal humor, había estado teniendo pesadillas que involucraban a la profesora Mawson siendo la villana y siempre le ganaba a Tonks, incluso aunque fuera la buena de la historia.
Las malas noches de sueño, sumadas al hecho de que su consejero la había citado a las ¡cinco de la mañana en un jodido sábado!, tenían sus nervios a flor de piel. ¿Quién demonios se despierta temprano en un sábado?
Los aspirantes y estudiantes de la Academia obtenían un consejero, un auror experimentado que sería su mentor durante los cinco años y medio de estudio, algunos incluso se mantenían apoyando después de la graduación. Cada auror recibía cinco aprendices al inicio de su primer semestre, Tonks había sido asignada a Alastor Moody y se suponía que se conocerían en las primeras semanas.
¿El problema? Moody se negaba a conocer a sus aprendices sino hasta el tercer año de estudio; lo cual causaba que no hubiese tenido ninguno, pues todos habían pedido ser transferidos, todos menos Tonks. Al enterarse que el gran Alastor Moody sería su mentor, ella decidió que valdría la pena enfrentar los primeros cuatro semestres sola si al quinto conocería a la gran leyenda.
Así que se sentó en el aula 217, esperando pacientemente –si por paciente entiendes que estuvo mordiendo sus uñas, golpeteando sus pies contra el piso y canturreando una melodía de las Weird Sisters-, de repente escuchó un golpe seco detrás de ella y trató de girarse con toda la agilidad que poseía y sí, pueden imaginarse el resultado.
Tonks terminó en el suelo, sus pies enredados en su mochila, y una silla medianamente rota bajo ella.
El causante del ruido no era más que Alastor Moody, la persona más intimidante que jamás había conocido, y ahora, él la miraba desde arriba con desdén.
¿Por qué a mí?
—No creo poder trabajar contigo— ladró el auror y salió cojeando por la puerta. Ella sintió su corazón dejar de latir y antes de darse cuenta, estaba corriendo tras el hombre. —Aléjate, niña, no pienso entrenarte.
—Ni siquiera me conoce, no sabe de lo que soy capaz, yo…— Alastor se detuvo, dio media vuelta para encararla y la interrumpió:
—Déjame adivinar, eres lo mejor que le ha pasado a la Academia en toda la historia y tú, con tus nuevas ideas podrás ayudar a hacer el mundo un lugar mejor—rió entre dientes y retomó su camino—. No eres la única que tiene tanta fe en sí misma, Tonks, y no pienso soportarlo.
—¡Déme una oportunidad para demostrarle que yo si puedo ayudar a mejorar el mundo! — habló firmemente la chica. No estaba dispuesta a perderse de las asesorías de ¡Alastor Moody! Si, el hombre estaba lleno de cicatrices y falto de algunos miembros, y tal vez algunas funciones básicas de socialización… y mucha paranoia, pero era ¡Alastor Moody! ¡Él la ayudaría a llegar lejos!. —Estoy dispuesta a soportar todo lo que usted diga, pero quiero que me dé una oportunidad. Por favor.
Alastor la evaluó con la mirada. —Bien, te daré una semana: si eres capaz de atacarme de manera sorpresa, te aceptaré. De lo contrario tendrás que buscar un nuevo mentor, ¿entendido? —Tonks asintió entusiasmada, ¿qué tan difícil sería sorprender a un auror tan viejo?
Como descubriría en los siguientes días, la respuesta a esa pregunta era: difícil, muy difícil. Más difícil que terminar una taza de café. O de lograr que Charlie escribiera una carta sin mencionar a sus dragones. Más difícil que lograr que Snape se lavara el cabello.
¡Más difícil que hacer que a Dumbledore le dejaran de brillas los ojos de esa manera tan extraña!
Salió cojeando de la unidad de medimagos de la Academia, hasta ahora había intentado diferentes ataques a Moody que no habían sido exitosos:
¿En el baño?: Experiencia incómoda y olores incómodos, y un terrible dolor de cabeza después de haber sido enviada de golpe contra el lavamanos.
¿A la hora de la comida?: Su estúpido ojo siempre estaba alerta, y había terminado con un plato de guisado en la cabeza y unos cuantos rasguños en la cara.
¿Cuándo estaba en su club de lectura?: ni siquiera tuvo tiempo de atacarlo, él supo de su presencia de inmediato, le sonrió y la obligó a quedarse a discutir sobre una novela romántica que estaba de moda ¡por dos horas!. Que no se diga que Alastor era un hombre que se quedaba estancado en sus gustos de juventud.
¿De compras?: el hombre desapareció y ella tuvo que terminar de comprar su comida.
¿Cuándo llevaba a pasear a su perro?: No tuvo el corazón para crear un escándalo cuando estaba el perrito presente: ella amaba los caninos.
¿Mientras dormía?: su casa tenía los hechizos más avanzados de protección, ¡había tenido que pagar el viaje de Bill Weasley para que los quitara! Y claro que su torpeza la traicionó al golpearse el pie contra el sofá de Alastor, lo que terminó en toda una operación de aurores creyendo que el hombre había sido atacado por enemigos y ella con unos cuantos huesos rojos y el tobillo luxado.
Iba pensando alguna nueva manera de sorprenderlo mientras caminaba hacia la salida cuando vio al hombre de sus pesadillas esperándola en las escaleras.
—Siempre estoy atento a cualquier sorpresa. No lo vas a lograr, niña.
—¿Es eso un reto? Porque sólo hace que se me ocurran más ideas—respondió obstinadamente, negando a rendirse. Él levantó una ceja.
—No, no es un reto. Es una lección— el corazón de Tonks se detuvo… ¿era lo que ella creía? —Para ser mi aprendiz, siempre tienes que estar alerta. ¡ALERTA PERMANENTE!
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Rayos, me tardé mucho tiempo en actualizar, pero aquí está el cuarto capítulo, personas.
Espero que les hay gustado, la verdad es que me había olvidado totalmente de fanfiction y por mucho tiempo me dediqué a otras cosas, y hace unos meses volví a pensar en mis traducciones que aún no termino, en mis historias y me di cuenta que aún me falta mucho por contar. Me emociona decirles que esta historia está terminada, bueno, ya la terminé de escribir, y en los próximos días subiré el capítulo que queda y el epílogo (que la verdad hizo que se me saliera una lagrimita).
En serio espero que les haya gustado este capítulo, no sé si estoy plasmando la esencia de Tonks, pero hasta ahora me ha gustado mucho lo que he escrito. Espero que tengan un día muy precioso y si sus deditos se quedan pegados al teclado para dejar un comentario, me haría feliz jaja, ¡Saludos!
Por cierto, los invito a leer mi nueva historia: Wonder, tiene personajes originales y es una reescritura de los libros de JK, ojalá que la disfruten si deciden leerla. Ahora si, ¡adiós!
Welcome to Counseling
