A la comida del cuarto día, los ánimos seguían igual. Como era habitual, hicieron aparecer las bandejas en el suelo junto al campo de energía de máxima seguridad que protegía de fugas cada celda. Loki miró de reojo la comida, sentado en su sillón leyendo otro tomo sobre Pitágoras. Pronto devolvió la atención al libro con indiferencia.

- Trae mi bandeja hasta la mesita.

Irya se había pasado toda la mañana dormitando en silencio, aburrida. Cuando vio la comida se relamió, estaba hambrienta. Al escuchar su orden suspiró, cubriéndose con las mantas para transformarse de nuevo en humana y comenzar a vestirse. Ya con la ropa puesta, se levantó y caminó hasta los dos platos, cogiéndolos y acercándole uno.

- Las he visto más rápidas.- apuntilló Loki con mala intención, conteniendo una sonrisita maliciosa.

Irya suspiró una vez más. Santa paciencia.

- Tenía que vestirme antes - Le entregó el plato con indiferencia y de nuevo caminó hasta su jergón, sentándose en él para comenzar a comer. La única parte buena del día.

Loki bufó sarcástico.

- ¿Tiene uno que vestirse para dar dos pasos?- dejó el libro sobre la mesita donde le esperaba su plato y entonces se le ocurrió algo, volviendo a mirar a la joven.- No te he dado permiso para empezar. ¿Desde cuando los siervos comen antes que sus señores?

Irya alzó sus ojos hacia él, sin poderse creer que de veras lo dijese. Pero al ver su expresión comprendió que sí, que el muy cerdo iba en serio. Se armó de paciencia por enésima vez para alejar el plato y dejarlo sobre el suelo en silencio. Su mandíbula estaba tensa, sus colmillos luchaban por crecer, pero, al menos de momento lograba contenerse.

Loki sonrió ladino y posó su plato en el regazo, cogiendo la cuchara para el pudin, tomándose su tiempo en probarlo, haciéndose de rogar. Y paró antes de llegar a su boca, volviendo a bajarla para atender de nuevo a Irya, dentro de su retorcido juego.

- Ahora que lo pienso... Tú no necesitas cubierto. Las fieras salvajes no los utilizan.- razonó antes de chasquear los dedos y hacer desaparecer la cuchara de ella.

Irya bajó la mirada a su plato y, al ver su cubierto esfumarse, sintió como todos los músculos de su cuerpo se tensaban. Se levantó para pasear de un lado a otro, intentando ignorarle, relajarse. Si lo que buscaba es que pasase la mayor parte del día convertida en la bestia, no iba a darle el gusto. Y, aún así, cada vez era más difícil.

- Transfórmate en loba y no volverás a ser quien eras nunca más.- amenazó como si tal cosa, de nuevo a lo suyo con su plato, probando los primeros bocados.- ¡Vaya! Esto está... tan asqueroso como siempre.

Irya se cubrió los oídos luchando por no escucharle.

- ¡Déjame en paz! - Presionarla tanto no era bueno. Tenía hambre y le había prohibido comer. Necesitaba convertirse en la loba salvaje y tampoco podía hacerlo. Terminaría por volverse loca.

Loki rotó los ojos mirándola de reojo. Empezaba a conocer sus límites y la poca capacidad que disponía la chica para controlarse. Estos salvajes... Con un gesto indiferente de mano, cedió.

- Ya puedes empezar con tu plato.- Con tal de no verla moverse de un lado a otro, lo que fuese.

Irya se giró, corriendo hacia su comida. Tras sentarse, rápidamente tomó el cuenco. Poco le importaba no tener cubiertos, se moría de hambre.

Loki siguió comiendo tan tranquilo evitando mirar el lamentable espectáculo que estaba efectuando Irya con la comida, manchándose manos y boca. Muy femenino no era, desde luego. Y aun así podía notar los ánimos crispados de ella. Se recordó que tenía que andarse con cuidado o por mucho que su enorme transformación lo tuviese en un pedestal, su ira ciega podría causarle un buen susto.

Pese a que tras terminárselo, el estómago de Irya estaba más tranquilo,seguía sintiéndose alterada. Era incapaz de soportarle. Clavó los ojos en él, ya siendo incapaz de controlar sus palabras.

- Entiendo que te encerrara. Yo también me avergonzaría de un hijo tan malvado.

En cuanto escuchó eso último, Loki olvidó sus propios consejos mentales y se volvió con una mirada asesina hacia ella. Adiós autocontrol.

- ¡Que yo no soy su hijo!- gritó poniéndose en pie sin recordar el plato, que se volcó en el suelo. Ignoró ese detalle, caminando hacia ella, amenazante.- ¿Quien te crees que eres para hablar de asuntos de los que no tienes idea, estúpida? No eres nadie, ¡no tienes derecho alguno a hablar sobre mi!

Irya por primera vez le plantó cara de verdad. Lanzó a un lado su cuenco vacío, levantándose.

- ¡Ni tú para gobernarme! Aquí sólo eres un prisionero más. ¡Un delincuente que se pudrirá entre estas cuatro paredes, como todos! Tus propios aires de grandeza te impiden ver la realidad. Tú mismo reconoces que no eres hijo del rey. ¡Así que tampoco tienes ninguno de tus derechos de príncipe! - Gritaba tanto que toda la mazmorra podía escucharle. Sus colmillos ya estaban completamente extendidos y, aun así, lograba controlar a su otra parte.

Loki no podía creer que le estuviese plantando cara. A ÉL. Nadie lo había hecho, nadie por debajo de él, en la vida.

- ¡Sigo siendo príncipe!- rugió colérico sin ser consciente de la magia que corría a su alrededor, demasiado tiempo reprimida como para poder ser controlada en momentos así.- ¡Debí matarte, puta desagradecida! ¡No eres nadie!¡Nadie! ¡Pero a mi me temen, me respetan porque saben que podría aplastarlos sin pestañear siquiera! Y es lo que voy a hacer contigo... Vas a temerme hasta el último de tus alientos.- prometió con un siseo y mirada asesina, dispuesto a cualquier cosa. Y en ese momento, el reposa pies voló contra ella a gran velocidad.

Irya fue incapaz de esquivar el objeto, el cual la golpeó contra la pared. La chica cayó al suelo, pero antes de que su cuerpo se extendiera sobre él una enorme loba negra se incorporaba y dirigía un fuerte arañazo directo al pecho de Loki. En mitad de su ira, no parecía haberle reconocido. Sólo sentía ganas de defender, de matar.

Loki tuvo que reaccionar en cuestión de milésimas de segundo, saltando hacia atrás para no ganarse el zarpazo de la bestia que repentinamente estaba frente a él. Ya la había liado. No... Había sido Irya esta vez. Ella le provocó, maldita fuese. Quizás hubiese buscado este enfrentamiento desde el principio la muy... astuta. El hechicero pronto lanzó un haz de magia, pero no fue de ataque, sino de defensa. Una semi cúpula frenó los siguientes ataques antes de desvanecerse. Loki tenía muy claro que utilizar su poder contra ella no ayudaría de otro modo que enfureciéndola más.

Irya golpeó con fuerza el haz de defensa: zarpazos, mordiscos, empujones, todo con tal de intentar llegar a él. Cuando ésta se desvaneció, la loba jadeaba agotada y, aun así, comenzó a acercarse a él. Todo su oscuro pelaje estaba erizado y sus extraños ojos parecían brillar. El animal no tenía muy claro el porque de sus sentimientos, pero necesitaba destrozar, desgarrar.

Loki tragó saliva y retrocedió lentamente, alerta de cualquier otro movimiento de ataque. Hasta que la reducida celda no le permitió más y su espalda tocó la pared, tropezándose con la mesita que por poco le hace trastabillar. Y es que en ese momento, su vista se nubló por unos segundos, igual que su mente. ¿Qué había sido eso? Viéndose acorralado, levantó una mano, dispuesto a seguir defendiéndose.

- No hagas esto más difícil, estúpida criatura. Ambos sabemos quien va a vencer.- No, no lo tenía nada claro, no después de que otro mareo lo aturdiese.

Irya se alzó a dos patas sólo para golpearle con una de ellas. Aprovechó el mareo para lanzarlo al otro lado de la mazmorra. Era lo único que se merecía, morir destripado entre sus fauces.

Loki salió lanzado, golpeándose con fuerza contra la pared del fondo, dejándolo más mareado aún, en el suelo. Parpadeó varias veces para volver a la realidad, intentando incorporarse demasiado lento, demasiado pesado. Nunca se había sentido así. Como si estuviese drogado.

La loba se acercó a él aun jadeante y, entonces, reconoció su olor. Olfateó un par de segundos con fuerza y pareció serenarse. Algo la alteraba, pero no podía atacarle a él, él era su amigo. Aulló confundida y miró a su alrededor retrocediendo, sin entender nada. Esa chica tenía un serio problema.

Loki recordó que acababa de ingerir el pudin, y cayó en la cuenta. Al principio de su estancia allí no había probado bocado creyendo que querrían envenenarlo o simplemente escupir en su comida. ¿Porqué había olvidado sin más dejar de alimentarse? Le había tocado al fin el plato envenenado que tanto había temido. Ahora si que estaba bien jodido.

Irya se acercó hasta el cuerpo del asgardiano y olfateó entre sus ropas, golpeándole débilmente con la pata, instándole a que éste se levantase. Pero no lo hacía. ¿Tan fuerte le había pegado? Aulló con debilidad, sintiéndose culpable, una bruta. Se tumbó a su lado intentando darle calor, rodeándole con una de sus enormes zarpas y mirando a su alrededor, vigilante. No dejaría que nadie le hiciese daño.

A Loki le pesaban terriblemente los párpados. Intentaba enfocar la mirada, pero tampoco podía. Y su pulso era más pausado por momentos, impidiéndole entrar en el pánico que necesitaba para reaccionar. Hacer algo, utilizar su magia para extraer la droga de su organismo. Pero no lo conseguía, estaba actuando demasiado rápido.

- Irya... Es una trampa... No debes...- dejar que nadie entre. Eso quiso decir, pero sus palabras murieron al caer inconsciente.

Irya alzó las orejas sin comprenderlo, pero notó la angustia en el tono de su voz. Intentó calmarlo a base de lametones y, al ver que no se movía, comenzó a aullar y a golpearle débilmente, intentando despertarle. Miró a su alrededor buscando alguna cura, pero no había nada que hacer. Solo el destino decidiría.


Los minutos pasaron y se convirtieron en horas. Y Loki seguía sin reaccionar. Ni siquiera lo hizo cuando el gran portón de las mazmorras se escuchó abrir una vez más para dejar pasar a dos guardias escoltando a un nuevo preso. Y cumpliéndose los miedos del príncipe caído, los tres pararon frente a la celda, esta vez dispuesto a hacer entrar allí al recién llegado criminal. Un nuevo compañero.

Irya no se había separado del cuerpo de Loki ni un segundo, pese a haberse quedado dormida algún que otro rato. Sentía su débil pulso, estaba vivo, no le abandonaría. Y, cuando escuchó los portones, ésta alzó la cabeza, mirando a los guardianes y al nuevo inquilino en silencio. Al ver que se acercaban, comenzó a gruñir amenazante, colocándose delante del cuerpo del asgardiano, protegiéndolo.

El criminal era un ladrón de poca monta acusado de asesinar a una familia de campesinos en un intento fallido por dejarles sin riquezas. Tenía claras órdenes, directas de Odin, aunque al Rey no lo hubiese visto ni de lejos. Debía matarla a ella, solo a ella, tan rápido y eficazmente como pudiese. Y sería libre de cargos. El criminal aceptó encantado, ya que solo se trataba de una jovencita. Por eso, al ver a la enorme bestia, se giró hacia ambos guardias, sin entender nada, con cierto pánico.

- ¿Dónde está la muchacha? Eso no es una muchacha ni por asomo, joder.

Los guardias se miraron entre si, sin decir nada. Y entonces lo empujaron dentro. Irya captó eso como una invasión de su terreno y se adelantó con un rugido, mostrando los colmillos. Como se le ocurriese hacer algo a ese criminal, se comería sus tripas.

El hombre fue encerrado dentro pero no tardó en retroceder todo lo avanzado, cagándose de miedo en cuanto vio más de cerca al animal, enjaulado con él. Se volvió rápidamente hacia los guardias y gritó.

- ¡Sacadme, esto es un error! ¡Aquí no hay ninguna chica!

Irya comenzó a acercarse a él. Vaya, parecía que al final sí iba a poder sosegar sus queridas ansias de matar. Pero el destino le estaba gastando una broma pesada, porque fue entonces cuando, tras tantas horas transformada, su cuerpo comenzó a jugársela. Ella, al notar que sus fuerzas menguaban por la amenaza de volver a convertirse en humana, aulló y corrió tras la cama, intentando mantener la forma por todos los medios.

El criminal se enfrentó al animal después de que los guardias lo ignorasen por completo y marchasen de allí. Que sorpresa y alivio el suyo ver que la loba retrocedía asustada. ¿De él? Aún incrédulo, el muy ignorante se envaró creyendo que se debía a su presencia. Y entonces sacó el fino cuchillo de plata, tan afilado que dolía solo de verlo. Con él mataría a la bestia.

En ese momento, reparó en el cuerpo de Loki, aún inconsciente en el suelo. Si, también le habían nombrado al príncipe. Entonces... no debía ser la celda equivocada. Se acercó a la loba y sonrió de lado mostrando sus dientes mellados y alguno de oro.

- Así que tú debes ser ella...

Irya se encogió tras el mueble, sintiéndose agotada. No aguantaría mucho más con esa forma. Y fue entonces cuando vio el arma. Con sus últimas fuerzas se tensó y se lanzó sobre él, intentando derribarlo contra el suelo.

El hombre reaccionó a tiempo, lanzándose a un lado en cuanto vio que el animal aún quería plantarle cara. Incorporándose tan rápido como pudo, no dudó en clavar la hoja donde alcanzó primero.

Irya aulló con fuerza cuando sintió el arma hundirse en lo más profundo de su pata trasera derecha. La plata le quemaba con fuerza y le impedía alejarse de él y, en apenas unos segundos, delante del delincuente había una pequeña muchacha ya manchada en su propia sangre. Se cubrió la herida con la mano entre chillidos de dolor. Toda la celda se llenó de un desagradable olor a carne quemada.

El criminal rió ante la victoria y pronto se puso en pie, dispuesto a clavarle el arma en un lugar más letal, pero primero tenía que regodearse un poco.

- Estabas bien escondida entre tantas pieles, muchachita. Y bien bonita que eres para ocultarte así.- dijo relamiéndose lascivamente los labios al estudiar su desnudez.- Odín no debería quererte muerta, pero me ha prometido demasiadas cosas buenas, ¿sabes?

En ese momento, a unos metros de ellos, alguien más había captado los gritos y el desagradable olor. Loki abría los ojos lentamente.

Irya temblaba por culpa del dolor. Luchaba por volver a transformarse, pero la plata había surtido efecto y le había eliminado ese poder. Comenzó a alejarse de él, intentando mantener la poca dignidad que le quedaba.

- ¿Odín quiere matarme? ¿Y ese es vuestro rey, un cobarde? ¡Que venga él!

El asesino se encogió de hombros, siguiéndole tranquilo el paso.

- No me meto en las cuestiones de un rey. Seguramente tenga cosas más importantes que atender. Quizás ya no se le levante como a mi...- Sonrió perverso y rápidamente le agarró de la pierna herida, arrastrándola hacia él sin escapatoria.- Perdona, monada, pero mi religión me impide matarte antes de probarte.- dijo ya sobre ella, agarrándole una teta mientras ponía la navaja en su cuello, rasgando levemente su piel con la hoja abrasadora.- Siempre me han atraído los monstruitos.- susurró a su oído antes de mordérselo con sus sucios dientes.

Irya gimió de dolor cuando le cazó de la pierna herida. Pese al dolor, le empujó con las pocas fuerzas que le quedaban, quejándose por el nuevo corte en el cuello, defendiéndose a arañazos lanzados al aire, logrando herirle en una de las mejillas. Podría haber chillado el nombre de Loki, pero no sólo habría sido una situación mucho más humillante al pedir su ayuda, sino que, además, seguro que ni despertaría.

Sin contar que ni aún despierto le ayudaría.

El criminal rió como si aquello fuese un juego, macabro y excitante para él.

- Vamos, gatita, pórtate bien.- Inmovilizó sus manos y apretó más el cuchillo. Pero el arañazo llegó a recibirlo y su cachondeo pasó a venganza personal.- Vas a arrepentirte de esto.- masculló antes de ir directo a morder sus pechos esta vez, dispuesto a llevarse un pezón de recuerdo.

Irya gritó ante el nuevo contacto de la plata, si iba a matarla que fuera ya. Se veía mutilada y violada por ese degenerado.

Pero unos dedos de acero impidieron al violador alcanzar la fina piel de ella. Con un brutal tirón hacia atrás de cabellera que por poco le rompe el cuello al criminal, Loki lo mantuvo así inmovilizado el tiempo necesario, justo tras él.

- No. El que se va a arrepentir eres tú.- le dedicó con asco antes de romperle el pescuezo con otro tirón hacia atrás, dejando el gaznate colgando. Lo dejó caer como el saco inerte que era ahora y se sentó a un lado, aún mareado.

Casi como una ilusión, Irya vio que en cuestión de segundo el delincuente caía muerto a su lado. Tardó en reaccionar, mareada por la plata y, al ver a Loki, sólo pudo suspirar aliviada y sorprendida. Le miró con los ojos llorosos, aún asustada.

- Me... me has salvado la vida - Y pese a que sí había sobrevivido, la herida le hizo quejarse de nuevo. Ya había olvidado ese terrible dolor.

Loki aún se sentía débil y con la mente obturada, costándole pensar con lucidez, pero sus palabras las entendió a la perfección. Con la mirada perdida, apoyó la espalda en la pared más cercana.

- Puede que Odín crea que te ha metido en el lugar más peligroso de todo Asgard, pero no puede estar más lejos de la verdad. Estando yo aquí, nadie te tocará.- murmuró entre dientes. Era una promesa, o quizás solo otro desafío más ante su enorme ego, pero Loki estaba dispuesto a cumplirlo.

Irya escuchó sus palabras, atónita, sin poder creérselas. Sólo se acercó hasta él y le abrazó con fuerza. Era la primera vez que alguien se preocupaba por ella, que le ayudaba. O al menos ella se lo había tomado así.

- Gracias... - Y entonces se percató de su estado. Se separó sólo unos centímetros, observándole - ¿Qué es lo que te ha pasado?

En otras condiciones, Loki la habría apartado hecho una fiera, tan negado al contacto físico con otros y más ahora que nunca, tan abstraido en si mismo. Pero en aquellos momentos solo cerró los ojos unos segundos y reconoció el nostálgico agradable calor de un abrazo. Contacto físico después de tanto tiempo. No lo devolvió, pero ya fue un enorme progreso permitirlo. Por ahora. Levantó la mirada hacia ella y se encogió de hombros.

- Nada, un poco de droga en el pudin. Me querían fuera de juego precisamente por esto.- señaló con la mirada el cadáver.

Irya entonces se paró a pensar en todo lo que había pasado. Miró al muerto y luego a él, incrédula, bajando la mirada a su herida, la cual no le permitía ponerse en pie.

- Sólo soy una delincuente más aquí, no soy importante... ¿Por qué tu pad... Odín quiere matarme? - No lo entendía, no le cabía en la cabeza. ¿Por qué gastar sus energías en ella?

Loki rió sin fuerzas, haciéndole gracia lo ingenua que llegaba a ser.

- ¿Aún no lo has entendido? No quiere que des constancia del derramamiento injustificado de sangre que está creando en tu mundo. Conseguir el Okur no es razón de peso para matar a nadie, no aquí.- Se fijó entonces en las heridas de ella, sobre todo la de la pierna, la más grave, y no dudó en acercar su mano allí, sin llegar a posarla sobre la carne abierta. Una cálida luz surgió al momento, bañando toda la quemadura sangrante. Cuando la magia se disipó, solo quedaba una cicatriz cerrada aún por desaparecer.- No he podido hacerlo mejor.- se disculpó pues no aceptaba hacer las cosas a medias.- Anda, ayúdame a llegar a la cama.- y sin más, intentó incorporarse apoyándose en la pared.

Irya pareció asustarse en el primer instante, pensando que iba a golpearle o algo, pero al sentir el agradable calor de su poder, se quedó quieta. Cuando este retiró la mano, sólo pudo sonreír al ver que apenas quedaba rastro de la cicatriz, gratamente sorprendida.

- Quizás hasta vayas a caerme bien, asgardiano - Le ayudó a levantarse, aunque le costó un poco. Aún se sentía algo débil - Me has salvado... Creo que te debo una disculpa por lo de antes - Se sentía completamente en deuda.

Loki se dejó caer tumbado sobre el jergón, derrotado, pero aún tuvo fuerzas para responderle, ya dándole la espalda.

- No lo he hecho por ti. Esto es entre Odín y yo. Desgraciadamente para ti, tú estás en medio.

Mejor que fuese así, mantener las distancias en todo momento. No podía dejar que nada lo uniese a aquella carga, que nada afectase sus sentimientos como al idiota de Thor. O sería débil y perdería el pulso.

Irya tuvo que conformarse con esa palabras antes de volver a su rincón, tropezándose "por accidente" con el cadáver, al que por consecuencia, pateó.

Al menos Loki no había vuelto a enviarla al infierno. Y con ese pequeño progreso ella ya estaba contenta.


A los pocos minutos de la muerte de ese cerdo, habían aparecido dos guardias para recogerlo, sin decir ni una palabra. Y sin más incidentes, desaparecieron con el cadáver.

Irya se había vuelto a vestir. Su atuendo tenía una enorme raja desde la falda hasta el muslo y un tirante se había roto, aunque logró arreglarlo con un nudo. Tras eso, había terminado quedándose completamente dormida.

Y pasaron las horas.

Hasta que el sonido del portón de las mazmorras la despertó y, en pocos segundos, vio a cuatro guardias delante de ellos. Tragó saliva mientras se levantaba, corriendo hacia la cama del asgardiano.

- Loki... - Casi ni le salía la voz, se temía lo peor.

Loki ya se había deshecho de cualquier residuo de droga que le quedase en el organismo, y para entonces, permanecía despierto pero meditativo con los ojos cerrados. Por eso, nada más escuchar la energía de la celda cediendo a una nueva entrada, el príncipe los abrió automáticamente. Sin moverse de allí, observó a la visita, ignorando a su temerosa compañera. Aunque agradecía en silencio que se colocase a su lado. Así la tendría mejor protegida.

- ¿Para que se requieren cuatro hombres? Para traen una noticia solo se necesita uno, y para plantarnos cara...- rió burlón antes de incorporarse en su asiento.- No os ofendáis, pero con vosotros solo nos da para el entrante.

Irya se giró hacia él, sin poder creer que se lo tomase tan a la ligera. Uno de los guardias dio un paso hacia delante.

- El Padre de Todos nos envía. Va a comenzar el juicio contra la bestia. - Todos miraron a Irya y esta retrocedió asustada, escondiéndose tras las espaldas de Loki mientras los guardias avanzaban hacia ella. - No lo pongas más difícil, prisionera. Además... - el guardia se aclaró la garganta, odiando esta clase de misiones suicidas- él... - Miró al príncipe, con la voz más aguda de lo normal - Él también viene.

Loki no perdió su soberbia sonrisa, llena de intenciones ocultas. Porque realmente, aquella noticia no le extrañaba en absoluto.

- Esto promete un interesante paseo hasta el purgatorio.- miró de reojo a Irya- Vamos, ni que te fuesen a matar. Solo es un juicio.- y con esa ironía de la vida, dio un par de pasos hacia los guardias y les mostró sus muñecas unidas.- ¿A qué estáis esperando? Me muero por volver a ver al Padre de Todos.

Su compañera posó sus violetas ojos en los de Loki, incrédula. Estaba completamente loco. Los guardias dieron un paso hacia él mientras sacaban las cadenas, indecisos. Demasiado fácil. Siempre había algún truco oculto con el Dios del Engaño. Por esta vez, el mentiroso se vio en el deber de decepcionarlos. Quería acabar cuanto antes con aquel circo montado por el Rey.

Con Irya no se lo pensaron tanto. Los otros dos no tardaron en sujetarla para encadenarle con plata. Y ella también les sorprendió contestando con un tremendo mordisco en la mano de uno de ellos.

Entre gritos y maldiciones ajenas a él, Loki rotó los ojos. Menudo espectáculo estaba montando la lobita. Era vergonzoso que la relacionasen con él.

- ¿Para qué resistirse? Vamos a acabar allí de todos modos.- le dijo con tanta lógica como desgana mientras los guardias lo inmovilizaban de pies a cabeza como la última vez, en su propio juicio. Era humillante pero a la vez gratificante, pues entendía uno el grado de respeto y temor que imponía su gran poder. Y aunque mostrase esa seguridad, la incertidumbre empezaba a cosquillearle. Odín no debía tener preparado ningún plan precisamente agradable para él.

Irya pareció ignorar sus recomendaciones, pero de poco le sirvió, porque terminó encadenada en pocos segundos. Chilló dolorida al sentir la plata de la cual ya casi no recordaba su tacto. En pocos minutos los dos eran guiados escalones arriba.

- Se supone que es mi juicio. ¿Por qué te llevan a ti también? - Por un lado lo agradecía. Su compañía le hacía sentirse relativamente segura y, a la vez, le ponía nerviosa. ¿Qué pretendía su padre?

Loki recorrió el pasillo con paso firme y cabeza bien alta, pues aún con grilletes incluso en los tobillos, seguía manteniendo su pose de príncipe, con un orgullo que no dejaría que nadie pisoteara. Escuchó a Irya a su lado y bajó de soslayo la mirada hasta ella.

- En Asgard aún no está bien visto el asesinato. En este caso no valdrá la escusa de la defensa propia.- concluyó conociendo los planes de Odín demasiado bien.

Irya resopló, sin atreverse a contestar. ¡Claro que era defensa propia! ¡Habían intentado matarla! Pero esos pensamientos desaparecieron cuando llegaron hasta las enormes puertas del salón del trono.

Sólo pudo tragar saliva al ver como se abrían ante ella y mostraban la larga sala repleta de altísimas columnas. Era toda ella tan bella como imponente. Y ahí, justo al final, sobre un trono enorme, los esperaba Odín con aires de grandeza. Irya no lo había visto nunca antes, pero encajaba perfectamente con la descripción que había formado en su cabeza.

Loki había encontrado por el camino la parte buena de todo aquello: poder respirar una vez más el aire libre que recorría cada sala del palacio que un día fue su hogar. Aún así, cuando llegaron ante Odín, no se sentía despejado como debería. Más bien abrumado. Sin entender muy bien el porqué, levantó la mirada hacia el rey, pero no su rostro, dándole un aspecto retador.

- Me alegra saber que ansiabas otra agradable charla de las nuestras. Siempre son tan cercanas...- Una sonrisa cínica adornó su rostro, y consiguió que Odín soltase un leve suspiro de hastío antes de hablar.

- Lamento contradecirte, Loki, pero vuestro juicio no os va a resultar agradable en ningún sentido.


¿Preparados para apuntar a Odín en el primer puesto de vuestras listas negras?

Como novedad del siguiente capítulo... ¡Primera aparición de Thor! Una de tantas, aunque eso ya lo iréis viendo más adelante.

Ah, si, y también habrá sangre .-.

Y ATENCIÓN: El próximo capítulo será publicado la madrugada del jueves hora española. Ya que hay mucha actualización de fics a principio de semana, pues por variar un poco (?

Y nunca me cansaré de decir esto aunque sonará repetitivo pero... ¡Muchas gracias a todos los favs, follows y reviews que dejáis! Nos vemos en el siguiente