Bueno aquí traigo nuevo capítulo, hoy subiré dos, así que más tarde tendréis el siguiente ^^.
No olvidéis de comentar, ya sean críticas, lo que os parece, o lo que os gustaría esperar…etc.
Como siempre daros las gracias a aquellos que me comentan como: gencastrom09, lauinogaga, harpohe1989, algunos anónimos y todos los que siguen y leen esta historia.
PD: La cursiva, son los pensamientos de nuestras chicas.
CAPÍTULO 4. PERDIENDO LA CABEZA
¿Qué acaba de pasar? - ¿Regina? ¿Estás ahí? – se mueve buscando a su morena por todo el apartamento. Siempre hace lo mismo, está y de repente desaparece. Pero lo peor de todo no es eso, ¿qué se supone que es? Si fuera un vampiro me habría mordido, pero si no lo es, ¿cómo pude acertar en lo del brazo? ¿Casualidad? No, no creo.
Emma no paraba quieta, de allí para allá, buscando restos, necesitaba algo con lo que poder buscarla, tenía que volver a verla.
Ya era muy tarde para una mísera mortal y el cansancio empezaba a hacer huella en el cuerpo de la rubia. Sin embargo, si hacía caso a sus instintos, sabía que solo podría hallar a Regina en la noche, solo que ya eran las cuatro de la mañana y quedaban tan solo dos horas para que saliera el sol. Así pues, decidió que mañana tras salir del trabajo visitaría la Biblioteca y se empaparía de todos los libros sobre vampiros, hombres lobos y demás seres que creyera serle útil. Eso sí, solo hasta que oscureciera, pues esas horas ya no las iba a dedicar a dormir.
Regina corría sin rumbo alguno, solo pensaba en alejarse, alejarse todo lo que pudiera, parecía inconsciente, con la mirada perdida, vacía. Se detuvo así frente a un acantilado, y decidió que ya había corrido lo suficiente.
No me entiendo – decía apoyándose sobre las rocas, se encontraba en su lugar favorito (sí, pese a ser un vampiro, tenía unos pocos sentimientos, bueno más bien eran un amago de sentimientos) – ¿por qué he salido corriendo? Esta situación la he vivido millones de veces, ¿qué ha cambiado ahora?
Ni siquiera me tenía miedo, no se había dado cuenta del cambio en mi respiración, en mi fuerza ni en mis ojos. Yo lo he sentido como nunca antes, siempre había sido consciente de todo, pero hoy…de un impulso lo que era yo quedó ahogado por lo que soy como monstruo – Regina hablaba en voz alta, le hablaba al viento, a las rocas, al vacío, se encontraba ahora de pie en el borde del acantilado – Sin embargo recuerdo esta sensación…es la misma que tenía cuando empezó todo, cuando me mordieron, cuando me convirtieron en un ser sin alma, cuando me lo quitaron todo. Pero de eso hace siglos, ¿Emma, que me has hecho? Me has vuelto en algo peor, ahora cuando estoy contigo me pierdo, lo peor de todo es que lo hago en todos los sentidos, me pierdo en ti, pero también pierdo esa pizca de humanidad (si es que aún la tengo) que me distingue de las bestias. No digo que tenga consciencia, no la tengo, me gusta ver el terror en los ojos ajenos, y más si es por mí, pero contigo…
Regina se había pasado dos horas así, inmóvil en el acantilado, a veces pensando, otras gritando, otras simplemente en blanco y en silencio. Nuestra Reina había olvidado la hora que era, y poco a poco el cielo empezaba a aclararse. La morena que nunca había visto el amanecer empezaba a cerciorarse de lo que estaba ocurriendo. Sin más preámbulos empezó a correr entre los árboles pues era fácil ocultarse de la luz del sol, no obstante, pequeños trazos la marcaban como si de fuego se tratase. Su piel era rápida curándose, pero pronto requeriría de algo para alimentarse.
Había llegado en menos de cinco minutos al margen del bosque, y se encontraba frente a una ciudad que empezaba a despertarse. Se podían divisar algunos coches, unas cuantas personas caminando a paso rápido, con café en mano y maleta en otra… La luz del amanecer abrazaba ya casi todo el espacio entre el bosque y las calles de la ciudad. Regina debía actuar con cautela, pues no podía dejarse ver por simples humanos, pero con rapidez, pues le quedaba poco tiempo.
Emma que no había conseguido pegar ojo en toda la noche, y cansada ya de la situación. Se levantó, se duchó y vestida ya con su característica chaqueta roja, salió por la puerta.
En su camino hacia su extraordinario escarabajo amarillo (un coche con una larga historia tras de sí) paró como cada mañana en la cafetería de la abuelita.
- Buenos días abuelita – saludó a la anciana con una gran sonrisa.
- ¿Y esa sonrisa Emma? – a la abuelita nunca se le escapaba nada.
- Es una larga historia… - sentenció así la ojiverde.
- ¿Lo de siempre? –la abuelita captó el mensaje: dejarían dicha historia para más adelante.
- Por favor. – asintió a la vez.
Emma ya con su desayuno en mano se despidió
- Gracias y ¡hasta mañana!
Habiendo dejado su desayuno en la guantera del coche, con el aire acondicionado refrescando el lugar y con libro en mano, a Emma se le cortó la respiración. A unos metros por delante de ella, situada en la linde del bosque, podía ver la figura de una mujer difícil de olvidar: de cabellos morenos y piel pálida, vestida con su singular traje negro, que Emma reconoció como el de la noche anterior. Supuso pues que no había dormido en casa, y con suma decisión, arrancó el coche y se dirigió hacia ella.
- ¿Te llevo a algún lugar? – preguntó con cara curiosa. ¿Qué hará esta mujer en la linde del bosque y con la ropa de anoche a estas horas?
- Swan. – contestó una más pálida Regina, con un tono más duro y a la vez más bajo que de costumbre.
- Sube. – La miró directamente a los ojos, mas no pudo descifrar nada.
Ya dentro del coche…
- ¿Dónde debería llevarte?
- Mi apartamento está cuatro calles en dirección norte.
- Puedo preguntarte…
- No – la interrumpió Regina
- ¿Por qué no? Te parece normal que desaparecieras y que dos horas más tarde te encuentre parada bajo la sombra de un árbol en la linde del bosque?
- ¿Siempre tienes que ser tan molesta Swan?
- ¿Y tú tan desconsiderada? – suspiró Emma.- ¿No vas a decir nada verdad? Te he salvado ya dos veces y no puedes si quiera entablar una conversación conmigo, no te estoy pidiendo ni un gracias, que no vendría demás pero…
- Mira, cómo te dije la primera vez, no te he pedido tu ayuda, no la necesitaba. Y si desaparecí fue simplemente porque quise, me estaba aburriendo contigo, ¿vale?
- Sí, aburrirte… Mira, que seas un maldito vampiro o una chalada aficionada a intimidar a la gente, a insinuarse y a aparecer cuando alguien sangra…esto lo puedo aguantar, aunque no lo entiendo…pero ¿dejarme como me dejaste anoche? No.
- Oh, así que se trata de eso… ¿nunca le han rechazado señorita Swan? -preguntó con sorna la Reina.
- Cómo a todos, pero no me refería a eso señorita Mills, me refiero a la confusión del momento, a mí me das una explicación al instante y ya está, no desapareces y listo.
- Para el coche.
- ¡NO! ¡Dime porqué te fuiste, y no me vengas con excusas baratas! – chillaba Emma dejando el coche a un lado de la acera pero sin la más mínima intención de dejarla salir.
Sin previo aviso, Regina se subió a horcajadas sobre sus piernas y la besó intensamente. Emma tardó un segundo en reaccionar pero le devolvió el beso de forma aún más apasionada. Quería más, prefería quedarse sin aire a dejar de besarla. Emma la necesitaba más cerca, cogiéndola de la cintura se apretaba más. No entendí cómo ni porqué, pero la había cautivado, había algo en su aroma, esa esencia que la volvía loca.
Regina perdía la cabeza, se embriagaba de la dulce fragancia de la rubia, pero aún lograba ordenar sus ideas. Hago esto para que se calle, pero he de parar ya. Al contrario de lo que pensaba, la Reina estaba venciendo a la racional Regina en la batalla, dejándose llevar.
- Regina – gimió Emma – será mejor que subamos a tu casa, estamos en medio de la calle – respiraba con dificultad.
- Subamos pues. – su voz, ya había cambiado. Sus ojos, seguían el mismo camino. Y su apetito se abría camino por su cuerpo hasta llegar a sus afilados colmillos.
